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DEL TECHO, Nicolás S.J.
HISTORIA DE LA PROVINCIA ECLESIÁSTICA DEL PARAGUAY Vol. I
LIEJA, 1673; Traducción: Manuel Serrano y Sanz, Madrid, 1897
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DATOS DEL AUTOR Y SU OBRA
NICOLÁS DEL TECHO nació en Lille, en 1611. Su verdadero nombre era Nicolás Du Toict; pero sus compañeros jesuitas se lo españolizaron en la forma en que se lo conoce en la historia. El padre Techo, desde 1630, profesó en la Compañía de Jesús. Se especializó en la enseñanza de humanidades. Arribó al Paraguay en el año 1649 y llegó a provincial de la Orden en 1680. Durante este transcurso escribió su famosa Historia de la Provincia del Paraguay y de la Compañía de Jesús, cuyo manuscrito, primorosamente hecho por indios guaraníes, imitando los caracteres de imprenta, se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. Esta obra fue impresa en la ciudad de Lieja, en 1673. Su cubierta y colofón dice: “Historia Provinciae / Paraguaie Societates Jesu / P. Nicholao del Techo, ejusden Secretatis Sacerdote fallo Belga-Insulensi”. Más abajo se halla el escudo del editor. En el año 1897 fue impresa en Madrid una versión castellana del libro del padre Techo, versión debida a Manuel Serrano y Sáenz. Su publicación, bajo el título genérico de "Biblioteca Paraguaya", se deben a la librería asuncena de Uribe y Cía. Es la tercera edición. Fue editada en cinco tomos y lleva un prólogo de Blas Garay. El padre Techo falleció en 1680. La crítica ha descubierto que mucho de la Historia de la Provincia del Paraguay, del jesuita francés (o belga), es una copia de otro trabajo análogo debido a la pluma del padre Juan Pastor, ilustrado antecesor del padre Techo como cronista de la Compañía de Jesús. Esta obra quedó hasta hace poco manuscrita, dice Paul Groussac, y es el padre Lozano quien ha señalado, el primero, aquel detalle importantísimo a que nos referimos. También en el Paraguay, en el año 1900, Manuel Gondra se ocupó de este asunto en sus estudios de crítica histórica. Es posible que el propio padre Juan Pastor se haya valido de los trabajos del padre Boroa, que ocupó antes que aquel el cargo de cronista de la Compañía de Jesús, así como es posible que el mismo padre Boroa haya hecho otro tanto con los del padre Romero, quien le precedió en el mismo oficio. Y anotamos estas posibilidades teniendo en consideración que los cronistas de la Orden de Loyola se ocupaban, especialmente, en exaltar lo que sus integrantes realizaban en forma colectiva, buscando la ocultación sistemática de todo lo personal, salvo casos en que esto pudiera servir a la buena fama de la cristiana entidad. Las crónicas hacían prevalecer siempre a la organización sobre el individuo. De allí que no se hayan ocupado ni de sus propios autores. Difícil es hallar en ellas, por ejemplo, datos referentes a los padres Romero y Boroa, citados mas arriba, en el carácter de historiadores. Se conocen, sí, sus andanzas de misioneros. Del padre Juan Pastor apenas habla Lozano para decirnos que su inédito trabajo mucho sirvió al padre Nicolás del Techo.
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