Biblioteca Virtual del Paraguay

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JUAN BAUTISTA RIVAROLA PAOLI

 

LA ECONOMIA COLONIAL

Asunción - Paraguay

 

COLECCIÓN: Tratado de Historia Económica del Paraguay.

 

© Juan Bautista Rivarola Paoli

Edición al cuidado del autor

Composición y armado a cargo del autor

Diseño gráfico de tapa: Jorge González Saborido

Hecho el depósito que establece la Ley 94

Se acabó de imprimir el 12 de abril de 1986

en los Talleres gráficos de Editora Litocolor

Asunción, Paraguay

 

 

AGRADECIMIENTO

 

Agradezco a todas aquellas personas que, directa o indirectamente, hicieron posible la elaboración de este libro: A la Dirección del Archivo, Museos y Biblioteca de la Nación, y especialmente a los funcionarios del Archivo Nacional, señor Aníbal Solís, e infatigables colaboradoras: la Sra. Cristina y Srta. Norma; al Archivo General de la Nación (Arg.); al Dr. Enrique Barba, Presidente de la Academia Nacional de la Historia; al señor académico Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas de la República Argentina; a los Dres. Enrique de Gandía, Jorge Crespo Montes y Alejandro Olmos Gaona, por el envío de importantes y valiosas obras documentales del pasado colonial; al señor Eduardo Saguier, Director del Instituto de Historia Argentina y Americana "Dr. Emilio Ravignani", de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, por sus invalorables envíos de decenas de libros referentes a este trabajo; al Prof. Dr. Oscar Luis Ensink, de Rosario (Argentina), por su aporte al conocimiento y comprensión de la economía regional, mediante el envío de sus obras; a la Sra. Laura Gutiérrez Witt, Directora de la Benson Latin American Collection, University of Texas at Austin (EE.UU.); al señor Luis María Calvo del Archivo de la Provincia de Santa Fe, y a los incontables investigadores e historiadores compatriotas que me facilitaron documentación, publicaciones y oportunos consejos. Todo esto no hubiese sido posible, sin la tolerancia, amor y afecto de mi esposa y de mis hijos, quienes al restarle gran parte de mi tiempo, soportaron estoicamente los avatares que conlleva un trabajo de tan largo aliento.

EL AUTOR

 

 

INTRODUCCION

 

Al elaborar un estudio sistematizado de la Historia Económica Colonial – prescindiendo de algunos hechos suficientemente repetidos por historiadores que nos han antecedido, – creemos haber cumplido con el objetivo propuesto. Para ello, hemos recorrido en primer lugar, la fuente documental, realizando una intensa, persistente y tenaz investigación cuyos frutos se recogen en las páginas de este libro. Millares de folios han sido compulsados pero debido a lo extenso y costoso del emprendimiento, hemos tenido que resignarnos al recurso de la cita concisa y al comentario breve.

En lo fundamental, participamos de la frase que Lewis Hanke se complace en citar atribuida al historiador sueco Severker Arnoldsson, según el cual: "Los problemas económicos, sociales y raciales que surgieron durante la conquista del Nuevo Mundo persisten todavía. La conquista, por tanto, es en el sentido amplio, un pasado con vida" (1).

En otras palabras "Las bases económicas y políticas que se echaron en siglos ya remotos, de acuerdo con los principios de gobierno imperantes en España y en el mundo para la época de la colonización de las Indias Occidentales, constituyen el origen de nuestra organización social y perduran aún en nuestras costumbres, a pesar de los cambios profundos ocurridos en la esencia de nuestras instituciones. Punto por punto podrían señalarse en las leyes y usos de antaño, los antecedentes precisos de prácticas actuales, consustanciadas de tal modo con nuestro carácter nacional que logran ejercer mayor impulso sobre nuestras acciones que todas las teorías modernas adquiridas en las aulas, en los libros, en la prensa y en el contacto frecuente con el mundo exterior" (2).

El sistema inicial de España para con el Nuevo Mundo, fue el régimen del Monopolio, mediante el cual los colonizadores se beneficiaban con el comercio de sus dominios. "Desde España debían partir las mercaderías y regresar a ella las naves cargadas con los productos intercambiados; solamente los nacidos en la península podían dedicarse al tráfico y nada más que sus barcos tocar en los puertos americanos; los diferentes dominios ni siquiera podían comerciar entre ellos salvo excepciones, expresa Sergio Villalobos R. Y prosigue: "Las manufacturas americanas fueron úchas ueces sacrificadas en beneficio de los metropolitanas y algunos cultivos prohibidos para asegurar el mercado a los productos españoles. El papel de América, según la doctrina mercantilista, era el de retribuir el comercio con metales preciosos y materias primas.

"Pero la existencia del monopolio, para que éste se cumpliese adecuadamente, exigía una serie de factores sin los cuales el sistema sería una simple ilusión. Debía la metrópoli, en primer lugar, tener una flota mercante y de guerra poderosa a fin de asegurar La atención del comercio y su resguardo; poseer una industria desarrollada con que responder a las necesidades de los dominios; competir en un plano de igualdad o de superioridad en el comercio con otras potencias; mantener sus colonias aisladas de interferencias extrañas, etcétera. En el caso de España ninguna de estas condiciones se cumplió, y por eso el régimen establecido distó mucho de la realidad; su crisis tenía que producirse tarde o temprano" (3).

"Los barcos que se dirigían a las Indias, salían de Sevilla, adonde eran sometidos a estricto control. El sistema de flotas fue introducido en los años 40, esto es, medio siglo después de los viajes de Colón, como respuesta a la pérdida creciente de barcos en manos de piratas y corsarios, refiere el economista brasileño Celso Furtado. Y prosigue: "en 1548, durante la guerra con Francia, se estableció que solamente los barcos de más de 100 toneladas y en grupos de 10, podían partir para las indias. Cada flota era protegida por un barco de guerra, financiado por un impuesto cobrado a los comerciantes cuyas mercaderías estaban siendo transportadas. Finalmente en 1561 se estableció un régimen de las flotas anuales (4). Salían cada año dos flotas, una en Enero y otra en agosto, destinadas respectivamente a Tierra Firme y a Nueva España. La venta de mercaderías transportadas por las flotas también estaba sometida a control; una vez liberadas por las autoridades locales, las mercaderías eran ofrecidas en venta en un local preestablecido, dando lugar a las famosas FERIAS DE FLOTAS. Esa forma de organización del comercio permitió que se constituyese una clase comerciante local, que se abastecía directamente en las ferias anuales y pasaba a disfrutar de una situación de monopolio (u oligopolio) en la reventa de las mercaderías". (5).

Es oportuno recordar aquí, que la Real Cédula del 8 de setiembre de 1501, no fue derogada nunca en su espíritu. Para comerciar, como para trasladarse o establecerse en Indias, tanto nacionales como extranjeros necesitaban permisos especiales. Estos daban el rey o los oficiales de la Casa de Contratación, nos recuerda Diego Luis Molinari. (6).

Si se analizan los datos de ese comercio –continúa Furtado–, considerando los envíos de metales preciosos por personas privadas, y las importaciones de bienes provenientes de España, se constata que estas últimas cubrían apenas una fracción reducido de los mismos. Si se consideran medias para periodos prolongados, se ve que el valor de los envíos de metales preciosos que realizaba el sector privado, era cerca de cuatro veces mayor que el valor de las importaciones (7). Parece fuera de duda, por tanto, que el trabajo realizado en tierras de América tenía como principal objetivo crear un flujo de recursos a ser acumulado en España. El elevado saldo positivo de la balanza comercial, pone en evidencia que la clase de encomenderos se permitía ahorrar una parte substancial de su renta, parte esa transferencia para España. (8).

La Provincia del Paraguay, lejos se hallaba en las primeras décadas de asumir un rol protagónico de importancia vital para la consecución de tales objetivos, propios del régimen Mercantilista, cuya premisa fundamental era, de que el poder estaba dado por la riqueza, y ésta por los metales preciosos, y a su vez los metales preciosos dados por una balanza comercial superavitaria. Como veremos en el curso de este libro, al despejarse la ilusión del oro, España fijó sus miras en la mano de obra indígena. Sin embargo, ésta se redujo a la artesanía local y a la explotación de los ricos yerbales naturales, especialmente en las Misiones Jesuíticas, donde si se dio un sistema comercial de características netamente definidas como monopolísticas.

De allí que Ricardo Levene haya expresado. "No es fácil pronunciar un juicio de conjunto sobre la España económica de los siglos XVI y XVII. Estamos aún entre los términos extremos de quienes proclaman su postración y de quienes afirman su prosperidad.

"Puede aceptarse la demostración de que la prosperidad económica de España fue ostensible en el siglo XVI y sobre todo en la primera mitad (9).

Por su parte Luis Roque Gondra afirma: "Inglaterra inició su colonización cuando empezaba su preponderancia mundial; España la suya cuando empezaba su decadencia". "El colono inglés emigró al nuevo mundo por motivos políticos y religiosos y llevó sus ahorros, sus costumbres políticas y sus hábitos de trabajo. El español, en cambio, fue de preferencia el aventurero, el hidalgo famélico en busca de fortuna fácil o de un cargo rentado en la administración colonial, señalados y saheridos por los más insignes escritores de la madre patria, o el burgués que buscaba destino en la covachuela u ocupación entre los mercaderes beneficiarios de un monopolio roído por el contrabando." (10).

La colonización inglesa –dice Gondra–, fue accesoriamente una empresa de conquista y principalmente de colonización, de organización permanente del trabajo productivo. La española, por el contrario, fue principalmente empresa de conquista, «algo así como un capitalismo de Estado de tipo burocrático, y accesoriamente, obra de población y organización del trabajo".

Puiggros por su parte expresa al respecto. "El abastecimiento de América estaba nominalmente en manos de unas cuantas familias de grandes de España a las cuales el monarca había entregado ese monopolio. Pero como no poseían industrias y carecían de inclinaciones comerciales, esas familias arrendaban sus derechos a fabricantes y comerciantes holandeses, franceses, portugueses, italianos, ingleses y flamencos, quienes resultaban ser, en definitiva, los verdaderos proveedores aunque sometidos al régimen mercantil impuesto por la Corona. El mercader extranjero que llevaba a Cádiz o Sevilla el producto destinado al Nuevo Mundo no podía venderlo directamente a ninguna de las poblaciones americanas. De esa manera quedaba un enorme beneficio en las arcas de los intermediarios y el precio de la mercancía puesta en su lugar de origen se multiplicaba infinidad de veces antes de llegar al consumidor de ultramar. La estructura político administrativa del imperio colonial español resguardaba con su coraza de hierro la intangibilidad de tales ganancias sagradas e inmerecidas".

"El comercio libre o directo –prosigue Puiggros–, entre los países industriales y los consumidores americanos, significaba la ruina y desplazamiento de las familias españolas que se enriquecían con el monopolio. Existían en la península, por consiguiente, poderosos intereses que defendía el régimen del mercado cerrado, único y exclusivo. El comerciante que se apartaba de la norma caía dentro del calificativo de contrabandista o pirata". (11).

Visto el contexto global de las relaciones de la Madre Patria con sus Colonias,. es de advertir las contradicciones e implicaciones ideológicas que dejaron tres siglos de dominación. Así se ve el marcado carácter de sojuzgamiento del indígena sometido al encomendero, que se analiza bajo el sistema de las Encomiendas; la venalidad de los distintos gobernadores –salvo excepciones–; el enfrentamiento del hijo de la tierra, el mancebo frente a la poderosa organización jesuítica detentadora del cuasi monopolio del principal producto de exportación provincial: la yerba: la situación de dependencia tributaria proveniente de Sisas y Arbitrios injustamente cargados sobre el comercio provincial. Formuladas a grandes rasgos tales imposiciones, es fácil advertir el casi nulo desenvolvimiento de la Provincia del Paraguay, y sí la búsqueda de una frenética lucha por medios de subsistencia, que no dieron lugar a su extinción.

Así, el Capítulo I, se ocupa de la Etapa de la Conquista, abordando someramente, aspectos relativos al Descubrimiento, la Conquista de la Provincia, Fundación de Asunción, los primeros trueques, la llegada de las primeras mercaderías, la creación de monedas, la ilusión del Oro, y el papel del Gobernador Domingo Martínez de Irala, en una rápida visión de las primeras décadas de desenvolvimiento social, político y económico de la Provincia del Paraguay.

El Capitulo II, se ocupa de las Instituciones de Derecho Público, sin cuyo conocimiento, al lector poco familiarizado, le resultan de gran importancia para el conocimiento de los órganos y autoridades que regían tanto en la Madre Patria, como en la Provincia.

El Capítulo III, contempla la situación de la Organización Fiscal y los Oficios Consejiles. Una importante novedad constituye el estudio de la percepción fiscal, a cargo de los Oficiales Reales que fueron cuatro funcionarios: el Tesorero, Contador, Factor y Veedor.

El Capítulo IV, se ocupa de la expansión fundadora, la incorporación al Virreinato del Perú y la canalización de todas las actividades de la Provincia por la ruta que llevaba a esa Ciudad, y la fundación de Buenos Aires (1580), mediante la cual se completan y se enlazan las dos corrientes de la conquista.

El Capítulo V, se ocupa del embrionario desarrollo del Paraguay Provincial, con la primera mercadería americana: el esclavo aborigen. Las "Indias Moneda", y el estancamiento del Paraguay alrededor de 1600, y el sistema restringido de las permisiones (1602).

El Capítulo VI, se ocupa de las Misiones Jesuíticas, buscando las raíces económicas de su existencia hasta su expulsión.

La Segunda Parte del libro, trata de la Etapa de la Colonización, del comercio portuario y el contrabando. La clausura de Buenos Aires al comercio interprovincial. De la España del Siglo XVI – Decadencia de los Habsburgos y apogeo de Francia, y las economías en la época de Felipe IV y Carlos II. La División del Paraguay en dos Gobiernos y sus consecuencias perniciosas para el comercio provincial. El Transporte y los Navíos de Registro.

El Capitulo II, refiere el Sistema de las Encomiendas, las leyes generales sobre las mismas, las Ordenanzas y "Visitas", los conflictos entre encomenderos y jesuitas, la decadencia de las mismas, y la situación social de Mulatos y Pardos, la Trata de Negros y la venta de esclavos. El Capitulo III, se ocupa de los bienes Económicos, es decir a aquellos objetos o cosas cuyas cualidades tienen la capacidad de satisfacer necesidades. De ahí que se imponía el estudio de los medios satisfactores de los primitivos conquistadores: La Ganadería, el Caballar, las Vaquerías, gl porcino, Carneros y Cabras. En este mismo Capitulo hemos incluido, el inicio de la producción y comercio colonial integrados por el Azúcar, el Algodón, La Yerba, y otros productos. Establecidos con abundante documentación inédita las bases de sustentación de los primitivos habitantes de la Provincia, pueden trazarse pautas y formularse apreciaciones ciertas del contexto económico – social de la época colonial.

Por último, en el Capítulo I V, se abordan las Sisas y Arbitrios, ese candado económico impuesto a la suerte de la Nación Paraguaya en el Puerto Preciso de Santa Fe, y que tanto perjuicio causara a su desenvolvimiento. Es de advertir, que en este primer volumen, no se agotan los diferentes temas que han sido estudiados en los tres siglos de vida. colonial. Sólo que por razones de espacio, y de método, hemos tenido que subdividir el mismo en diferentes tomos, que –Dios mediante–, saldrán a la luz de acuerdo a nuestras posibilidades.

De allí, que no adelantaremos juicios definitivos sobre la Historia Económica Colonial, hasta examinar otros aspectos que fueron analizados, hasta ser publicados en su totalidad. Entonces, sí tendremos una plena conciencia global del proceso social de la colonia.

Por último, vayan nuestros sinceros agradecimientos a aquellas personas e instituciones que han colaborado para el mejor éxito de esta obra.

EL AUTOR

Asunción, marzo de 1986

 

 

CAPITULO I

LA ETAPA DE LA CONQUISTA

El Descubrimiento

 

No pasarían diez años cuando comenzaba después del descubrimiento de América, la carrera del Sur entre Castilla y Portugal. Hojeda, Vicente Yañez Pinzón, Diego de Lepe, en los viajes menores, tocan hasta Venezuela y el norte brasileño. En el año 1500 descubre el Brasil Alvarez Cabral llegando a la tierra de Vera Cruz (16º 30’). En ese tiempo no existía una clara demarcación y delimitación de la línea de Tordesillas, que constituía el límite de las dos Coronas, y por consiguiente como refiere Morales Padrón, estos viajes eran clandestinos y no se tiene un conocimiento exacto de sus alternativas (12).

Es indudable que el objetivo que impulsara a las Coronas Europeas, era el de evitar dar la vuelta al Cabo de Buena Esperanza para llegar a Indias.

El viaje mandado por Gonzalo Coelho y como piloto acompañante a Américo Vespucio, iniciado en 1502, y que tocara Río de Janeiro y Montevideo, hizo que el nuevo mundo fuese denominado AMERICA (13).

Aparece en escena un desconocido personaje Juan Díaz de Solís, de vida agitada y misteriosa, que realizara algunos frustrados viajes, pero quien a raíz de la muerte de Américo Vespucio en 1512, es designado para sucederlo.

Desde entonces, el Rey en 1511, le otorga una capitulación por la cual Solís debía dirigirse al Oriente "a fin de fijar la demarcación con la corona de Portugal". Pero, Portugal trató en vano de recuperar para sí a Solís, y después de suspensión del viaje, inicia en 1513, uno clandestino, llegando hasta el Mar Dulce. A pesar de ser discutida la veracidad de este viaje, hoy día la historiografía moderna, se rinde a la evidencia inconstrastable de su existencia.

Sin embargo, la Corona portuguesa no se dormía y en 1514, despachó una armada dirigida por Nuño Manuel, Cristóbal de Haro y el piloto Juan de Lisboa. Llegaron hasta el grado 86, altura del gran río, llamado entonces del Jordán, que creyeron era un golfo. Una tormenta los obligó a singlar hacia Europa (14).

Con tres naves, en noviembre de 1514, es Solís quien debía descubrir la otra parte de Castilla de Oro. Las instrucciones recibidas por el piloto mayor eran: "Habéis de mirar que en esto ha de haber secreto y que ninguno sepa que yo mando dar dinero para ello ni tengo parte en el viaje. 2. No tocar a ninguna tierra de la Corona de Portugal. 3. Tomar posesión de las tierras ante escribano y testigos, hacer un edificio aunque pequeño y levantar una horca (15). Llegando a la Castilla de Oro, informar por vía de Pedrarias".

También el 22 de julio de 1515 el Rey nombra Contador y Escribano de la armada de Solís, expedido a Pedro de Alarcón. "e que tengas cuenta é razón de toda la gente que en ellas fuere, é de todas las cosas que á Nos pertenecieren, así de lo que se llevare para el rescate, como de otras cualquier cosas, é seais presente á las pagas que se ficieren de las cosas, que fueren en las dichas naos é carabelas, así en la mar como en la tierra..." (16).

La flota fue a las Canarias, cruzó el Atlántico, bogando después la costa brasileña. Pasó por la bahía del Genelo y la costa de la Cananea. El 12 de febrero de 1516 llegaron a la Isla de Lobos recalando en un puerto que nombraron de la Candelaria (¿Maldonado?). Luego estuvieron frente al "grandísimo río" de que nos habla Oviedo.

"Entraron luego –relata Herrera– en un agua, que por ser tan espaciosa y no salada, llamaron, Mar Dulce, que pareció ser después el río que hoy llamamos del Plata, y entonces dijeron de Solís".

"Había descubierto Solís uno de los ríos más grandes del mundo, llamado hasta entonces de Jordán, y que él nombró Mar Dulce y posteriormente recibiría su nombre. El futuro Río de la Plata y sus afluentes se incorporan firmemente a la cartografía pero con rumbo errado: no corren de Norte a Sur sino de Este a Oeste, apareciendo como un paso del Mar del Norte al del Sur (17).

El Descubrimiento del Estrecho de Magallanes, salido éste de Sanlúcar el 20 de setiembre de 1519, encontró el estrecho que comunica los dos Océanos. Sebastián Elcano, por su parte, dio la primera vuelta al Mundo, haciendo un paso fugaz por el Mar Dulce, estuvo en Santa María (Punta del Este), y exploró el Río Uruguay.

La leyenda transmitida por los indígenas referente a fabulosas riquezas existentes en el Imperio del Rey Blanco, la sierra de la Plata. Tratábase del Imperio de los Incas, pero desconocido aún por los españoles. "Al pasar por las costas brasileñas –nos refiere Rodolfo Puiggrós– las cuatro naves del veneciano Sebastián Gaboto, enviado por los reyes de España a recorrer la ruta descubierta poco antes por Magallanes y Elcano alrededor del mundo, los náufragos de Solís, informaron a los expedicionarios de la existencia de aquel Imperio, lo que determinó una modificación del itinerario de la armada" (18).

"¿Y la SIERRA DE LA PLATA? –se pregunta Manuel Domínguez–. Y se contesta: "Era un imán que atrajo de Santa Catalina a Alejo García, compañero de Solís y descubridor del Paraguay. Varió el rumbo de Gaboto, la buscó el capitán César y después Pedro de Lobo, llamó á Ayolas y después á Irala en 1548. Aparte de que las noticias de su existencia esparcieron en España las declaraciones de Gaboto, Diego García y Melchor Ramírez y en Portugal Enrique Montes, todos tres antiguos compañeros de Solís".

"La famosa SIERRA ó era Potosí, explotado por los Incas, cuyo nombre vale CERRO BROTADOR DE PLATA, ó en todo caso, los Andes" (19).

 

LOS ADELANTADOS

 

"El sistema de los adelantados se utilizó repetidas veces para la conquista rioplatense, comenzando por las célebres capitulaciones que Carlos V firmó en Toledo los días 4 y 21 de mayo de 1534. En ellas quedó dividida la mayor parte de la América del Sur en cuatro grandes distritos cuya dirección se confió a Francisco Pizarro, recibieron el título de adelantado (20) junto con los de gobernador y capitán general".

"Don Pedro de Mendoza – continúa Zorraquín Becú –, destinado a la conquista del Río de la Plata, era "adelantado de las dichas tierras y prouincias que assi descibrieredes y poblaredes", y "bouernador y capitan general de las diechas tierras y prouincias y pueblos del dicho Río de la Plata y en las dichas dozientas leguas de costa del mar del sur. Este último título llevaba además aparejada la facultad de "determinar todos los pleitos y causas ansi ciuiles como criminales que en las dihas tierras y prouincias y pueblos ansi entre la gente que lo fuere a poblar como entre los naturales della houiere y nacieren" (21), podía nombrar además lugarteniente para ejercer en su nombre el gobierno del distrito, así como los demás oficios que estuvieran vacantes o fuese necesario proveer hacer pesquizas, ejecutar las decisiones judiciales y desterrar "con muy gran causa". Todos estos oficios eran concedidos en forma vitalicia y con facultad para transmitirlos a un heredero (22).

Rómulo D. Carbia, llega a establecer que de Cádiz salieron once naves. y que en las Canarias se agregaron tres más. pero en cambio, aunque no haya formado parte de la armada propiamente dicha, se agregó a ella una nave alemana enviada por los Welser (23).

El Rey otorgó la Capitulación a don Pedro de Mendoza, nacido en Guadix en 1499, siendo hijo de Fernando de Mendoza y Constanza de Luján. Tenía 5 hermanos. En 1524 ingresó a la Orden de Alcántara y luego a la de Santiago.

El 21 de mayo de 1534, en Toledo la Corona otorga a don Pedro de Mendoza las capitulaciones de conquista, suscritas por el emperador Carlos V, que viene a ser como el nacimiento de la "Provincia Gigante de las Indias", que comprende toda la cuenca del Plata, desde la selva amazónica hasta el río Negro, en la Patagonia, y desde el océano Atlántico y la línea de Tordesillas hasta doscientas leguas de litoral sobre el Pacífico, teniendo Presente al Sur la jurisdicción atribuida por esa fecha a Diego de Almagro (24).

El 19 de julio de 1534, el Rey, le otorga a Pedro de Mendoza, el Título de Gobernador y Capitán General, cuyo documento se encuentra en el Archivo Nacional de Asunción, y está entre los más antiguos del Río de la Plata (25).

Debía llevar 1535 hombres, 100 caballos y yeguas, bastimento, armas y artillería, todo a su costa y misión, según Konetzke (26).

El Rey le nombraba Gobernador y Capitán General de las tierras y provincias del río de la Plata y de las 200 leguas de la costa del Mar del Sur. Se le otorgaba el título de Adelantado de dichas tierras y alguacil mayor. Entre otras ventajas acordádales a Mendoza y sus herederos, estaban la liberación de impuestos, concesión de solares, promesa de encomiendas de indios, distribución de las riquezas rescatadas menos el quinto real.

Los objetivos de la expedición fueron: poner el pie en el Río de Solís; impedir que los portugueses entrando por él alcanzaran los dominios del Rey Blanco y buscar y ganar por esa vía la Sierra de la Plata para Castilla.

Razón tiene Puiggrós cuando afirma de las intenciones de Mendoza: "Al fundar la Ciudad de Buenos Aires, el 3 de febrero de 1536, don Pedro se proponía levantar una plaza fuerte que asegurase para su patria el dominio de la ruta que conducía al legendario reino, mientras algunos de sus capitanes se internaban por el Río Paraná en procura de las riquezas tan ansiadas. "Carcomido por la lúe, el fundador murió en alta mar, en viaje de regreso a la península, el mismo día que Juan de Salazar de Espinosa y Domingo de Irala se reunían en el Alto Paraguay, luego de haber ensayado por rutas distintas llegar a la sierra de la Plata" (27).

Don Pedro de Mendoza, nombra a Ayolas, como lugarteniente de gobernador y capitán general y a Francisco Ruiz Galán, gobernador del puerto de Buenos Aires y en el Real de Buena Esperanza y Corpus Cristi (28).

Y lo más curioso de su testamento, es la venta de sus derechos: "Si Almagro, como lo hizo con Pedro Alvarado – para que se volviese – quiere comprar la gobernación, que se le venda en 150.000 ducados y hasta en 100.000, siempre que no haya otra cosa que hacer." Al comienzo la autorización es para negociar las 200 leguas sobre la Mar del Sur pero líneas abajo esto se amplía "dejo lo hagáis por todo en el Río de la Plata también. Allí hemos levantado un asiento, éste, dicho en alemán, es: buen viento (también) hemos traído desde España sobre dichos catorce navíos setenta y dos caballos y yeguas y han llegado al susodicho asiento de Buenos Aires" (29).

 

LA CONQUISTA DE LA PROVINCIA

 

El descubrimiento del Paraguay, por Alejo García, acompañado de los indios, nos describe Julio César Chaves, diciendo: "Ha andado cerca de 200 leguas por la mejor de las rutas posibles. la que los carios siguen para mantener contacto con sus parientes tupíes. (30). Cruza el Paraná y se dirige hacia el otro gran Río, al cual llega. Sabe que subiendo por él encontrará la tierra desde la cual tiene que penetrar al Oeste. Es también el camino itinerario de sus abuelos y padres, para atacar a sus viejos enemigos, los caracaráes, y vengar sus fracasos anteriores. "Y como García –dice el padre Techo– conocía algunas lenguas habladas por los indígenas, y era ducho en el trato de éstos, consiguió que casi dos mil indios espontáneamente se pusieran a sus órdenes." (31).

"Estando ellos en el puerto de Itatín –informará un indio– pasó por allí el dicho García con el cual él y otros dos hermanos, fueron en busca del dicho metal con los dichos guaraníes." (32).

Después de recorrer a lo largo del río Paraguay, la alucinante tierra de los Mbayaes, que después se llamó Chaco (33). Fueron encontrando a su paso diversas parcialidades indígenas de diversas lenguas. Pero ante el apresto guerrero de las poderosas parcialidades indígenas, García carecía de hombres, medios y armas para vencerlas. Prudentemente decidió regresar para buscar refuerzos, apelando como apeló a sus compañeros de la Isla de Yurú-minrín: "dijo se volvía para traer más cristianos para volver con ellos por el dicho metal." Anota Ruiz Díaz de Guzmán que la vuelta "padecieron muchas necesidades, hambres y guerras que tuvieron hasta llegar al Paraguay" (34).

"Salidos los portugueses a los llanos con toda su compañía, cargados de despojos de ropa, vestidos y muchos vasos, vajillas y coronas de plata, de cobre, y otros metales, dieron la vuelta por otro más acomodado camino que hallaron, en el cual padecieron muchas necesidades, hambres y guerras que tuvieron hasta llegar al Paraguay, y pasados algunos días se congregaron algunos indios de la tierra para matarlo, y así lo pusieron en efecto los mismos que fueron con él a la jornada. Una noche estando descuidado le acometieron donde él y sus compañeros fueron muertos sin dejar ninguno a vida excepto a un niño hijo de Alejo García, que por ser de poca edad no le quisieron matar, al cual yo conocí y comuniqué llamado como su padre Alejo García (35).

Y así acabó en 1525 – nos dice Manuel Domínguez –, el descubridor del Paraguay y Charcas, el primero que se internó en la tierra de los mbayaes, el primero que llegó a los Andes peruanos, el primero que penetró en los dominios del Inca, terminando su carrera cuando Pizarro no empezaba todavía la suya. (36) Cruzó Curitiba 17 años antes que Alvar Núñez (37), visitó el Paraguay 4 años antes que Gaboto (38), exploró el Chaco 13 años antes que Ayolas (39). La historia le da este lauro a aquel gentil aventurero (40).

Aparece Sebastián Gaboto, nacido en Venecia hacia 1479. Fue nombrado Piloto Mayor del Reino en febrero de 1518. Lo cierto es que navegó Modificando su primitivo rumbo, violando la capitulación y enderezó sus naves hacia el Río de Solís. Llegó en junio a Pernambuco, pequeña factoría portuguesa. Allí se informó de la riqueza que había en el dicho Río de la Plata. Reanudaron la marcha a fines de setiembre, llegando a un lugar que bautizaron Santa Catalina.

En marzo se hallaba Sebastián Gaboto, en la Isla de San Gabriel y luego arribó a la confluencia de los ríos Carcarañá y Coronda, donde construyó el fuerte denominado de Santi Spiritus. Posteriormente, siguió navegando por el Río Paraguay, y dobló hacia el Río Paraná hasta unas 15 leguas arribando a Santa Ana (Itati). Luego, bajaron nuevamente y por el Río Paraguay, penetraron en el Río Ipetí (Bermejo).

"Dos veces Gaboto llega hasta el Imperio del Rey Blanco, y el fracaso de sus tentativas, así como la destrucción de Santi Spiritus, incendiado por los indios, lo desalentó y obligó a volver a España, donde debió afrontar las iras de los armadores de los navíos y de los parientes de los tripulantes perdidos en la malograda empresa – expresa Puiggrós –. Uno de sus jefes – continúa el mismo autor – el fantasioso Capitán Francisco César que había encabezado aquellas desdichadas expediciones al interior del continente, difundió por Europa la historia maravillosa recogida de los indígenas y aseguró, con pelos y señales, haber llegado a la urbe de la que, desde entonces fue epónimo: apareció en el ensueño de los aventureros la ciudad de los Césares".

"El engaño se abrió camino en Europa. Ya no cabía la menor duda en ambas cortes ibéricas de que, llamándose sierra de la Plata, Imperio del Rey Blanco, ciudad de los Césares, Lilín, Talán, Trapalanda o como fuera, se ofrecía a la avidez de la conquista un almacén de riquezas inconcebiblemente más valioso que el saqueado ea México y Perú. Tras la fantasía pujaban España y Portugal, y de esa manera, idealizada hasta lo sublime su entraña sin secretos, la pampa fue teatro de una aventura más prosaica que la peruana y la mexicana, aunque pronto plena de una esperanza distinta, en medio de penurias de los primeros europeos que violaron su pureza salvaje. Tanto los monarcas españoles como los portugueses comenzaron a preparar con todo sigilo sendas armadas con el propósito de ser los primeros en apoderarse del deslumbrante manantial de metales preciosos. Carlos V, enterado por sus espías de la trama de su rival, no dejó en manos de éste la iniciativa".

"España ganó la partida, pero al ganarla destruyó la leyenda" (41). Juan Alvarez habla de las condiciones imperantes en la región durante el transcurso de la dominación española: "La pobreza más espantosa fue en todo tiempo característica del coloniaje español en el Río de la Plata: faltaba moneda circulante, faltaban colegios, faltaban materiales de construcción, faltaba todo" (42).

 

EN EL PAIS DEL HAMBRE

 

Paul Groussac llama a la entrada de Pedro de Mendoza la expedición al país del hambre (43).

"Pronto se conjugaron una serie de factores – dice Chaves – para hacer terrible la situación. La primera y principal fue la falta de alimentación. Se habían acabado los víveres, y la caza y pesca no tenían perspectivas. No se disponía de tiempo para sembrar y esperar la cosecha. Además, los indios le vedaban el acceso a la llanura. El segundo factor negativo fue la hostilidad firme y decidida de los naturales que a poco de la fundación mataron a ocho cristianos a la vera del Riachuelo. El tercero fue el zarpazo feroz de las fieras que más allá de las empalizadas, aguardaban hambrientas su cosecha de carne blanca".

"A mediados de 1536 la situación en el nuevo pueblo era dramática. Los cristianos estaban amenazados en forma constante por los indios que no le daban tregua ni de día ni de noche. La mortandad había sido terrible; según Schmidl de los dos mil quinientos expedicionarios sólo quedaban 560 Pero el flagelo era el hambre que dio su nombre a la región. Es imposible describir lo que allí pasó a punto que los cristianos se comieron a los cristianos y los hermanos a los hermanos. La crítica histórica moderna encuentra que es pálido reflejo la versión de conquistadores y cronistas sobre lo sucedido en el país del hambre, donde la realidad superó a la leyenda" (44).

En el año 1612, el Procurador de Villa Rica pide se haga saber a S.M. sobre el proceder de los indios que comen carne humana y para remediar esa barbarie (45).

Schmidl –testigo presencial– relata que "fue tal la pena y el desastre del hambre que no bastaron ratas ni ratones, víboras ni otras sabandijas; también los zapatos y cueros, todo hubo de ser comido..." y el teutón nos ofrece esta anécdota escalofriante: tres españoles robaron un caballo y se lo comieron, por lo cual se los colgó de la horca. Al día siguiente se comprobó que a los cadáveres le habían cortado los muslos y otros pedazos del cuerpo para comerlos" (46).

Engordaban a los prisioneros de guerra para devorarlos (dice un autor). Isabel de Guevara, una de las mujeres de la expedición cuenta: "Que fue tamaña la hambre, que a cabo de tres meses se murieron dos mil; esta hambre fue tamaña que ni la de Jerusalén se le pudo comparar" (47). Cuenta Villalba en su carta que "la gente estaba tan flaca y debilitada que apenas se podía mantener en pie... por lo cual se mandó que todos estuviesen "asentados en sus casas, con las armas en las manos, porque los indios no viesen la necesidad y flaqueza de la gente." (48).

 

FUNDACION DE LA CIUDAD DE LA ASUNCION

 

La fundación de la Ciudad de la Asunción, fue acordada. "Y así vinieron – léese en la probanza de G. de Mendoza – por este río abajo y llegados a este puerto de Nuestra Señora de la Asunción se acordó y determinó hacer y asentar en el puerto y pueblo porque carecía al dicho capitán Juan Salazar y Espinoza y al dicho Gonzalo de Mendoza que era cosa que convenía al servicio de Dios y su Magestad, que les parescia bien e cosa muy útil y provechosa a esta conquista e ansi visto lo susodicho, asentaron paz e concordia con los dichos yndios desta tierra e les dieron que de buelta que por aqui bolbiesen se haría una casa e pueblo." (49).

Así testifica Salazar: "de vuelta por aquí hice y fundé una casa de madera en esta dicha ciudad"..." (50)

Confirma plenamente Ribera:

"El dicho capitán Juan de Salazar se bajó por el río abajo y con mi parecer y acuerdo de otras personas hizo y asentó una casa fuerte en este puerto de la Asunción, refugio y amparo de la gente cristiana..." (51).

"Los fundadores del nuevo fuerte Mice J.C.Chaves – fueron Salazar y Mendoza que actuaron como pares cumpliendo lo preceptuado por las ordenanzas de Indias" (52).

El pequeño fuerte, sólo una casa de madera, recibió el nombre de Nuestra Señora de la Asunción, por haber sido erigido en su día: "Nos desembarcamos en este pueblo –escribe el clérigo Andrada– adonde agora está asentado este pueblo que se dice la ciudad de la Asunción, porque en tal día se comenzó a asentar y edificar..." (53).

"El capitán Ribera tomó parte en la expedición al mando de Salazar de Espinoza que salió de Buenos Aires en seguimiento de Ayolas y al pasar por la tierra de los guaraníes, fue uno de los que aconsejaron a Salazar la fundación de un fuerte (54), determinación que se puso por obra al retornar de Candelaria. Es inútil decir que dicho fuerte es el principio de la capital del Paraguay, "Nuestra Señora Santa María de la Asunción".

Ruy Díaz de Guzmán, refiere sobre el particular: "Esta ciudad (Asunción) está fundada sobre el mismo río del Paraguay en 25 grados equinoscial. Es tierra muy fértil, y muy buen temperamento, abundante de pesquería, caza y mucho género de aves. Dánse en esta tierra todo género de frutas de Castilla, y mucho de la tierra, en especial viñas y cañaverales de azúcar, de que tienen mucho aprovechamiento" (55).

Juan Francisco Aguirre, establece mediante pruebas documentales que la ciudad de Asunción, fue fundada, según el siguiente documento del cual extraemos sus partes principales: "En el puerto de Na. Sa. de la Asunción, que es en la provincia del Río de la Plata, en 16 días del mes de Septiembre, afio del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo de mil quinientos y cuarenta y un años, los señores Domingo de Irala, teniente de Gobernador de esta provincia por su magestad y García Venegas tesorero, y Alonso Cabrera, veedor y Carlos Dubrín, Factor, Oficiales de su Magestad de esta provincia. dijeron: que por cuanto en las instrucciones que su magestad mandó dar á sus oficiales de esta Provincia, hay un capítulo por el cuál les encarga y manda tengan especial cuidado acerca de la buena población y pacificación. é visto que hay mucha necesidad de haber los oficiales dichos para que entiendan en las cosas tocante á la buena Gobernación de este pueblo é puerto los cuales é puedan hacer los ordenanzas ó estatutos que sean necesarios á la buena Gobernación de él acerca de los pesos y medidas y de las carnicerías y pescaderías y de los otros mantenimientos que en dicho pueblo se vendieron...(56). Aguirre trae la nota puesta al pie de la página (57).

"La fundación tuvo lugar el 15 de agosto de 1537, día de la Asunción, dice Enrique de Gandía (58). Los españoles, "en concordia destos indios carios" (59) levantaron "una casa fuerte do todos se metiesen... escribe Villalta– con gran trabajo e necesidad traiendo los palos acuestas".

Fulgencio R. Moreno, por su parte expresa: "Con este compromiso los expedicionarios continuaron su marcha río arriba hasta el puerto de Candelaria, donde Irala les dio las primeras noticias del viaje de Ayolas al interior, y de donde regresaron poco después al "paraje de la Frontera" a fin de efectuar la fundación prometida a los guaraníes: "E ansí, agrega Salazar en la declaración citada, de vuelta este testigo con los pareceres que dicho tiene, e del dicho capitán Gonzalo de Mendoza hizo e fundó una casa de madera en esta dicha ciudad".

"Esta fundación tuvo lugar, según parece, el 15 de agosto de 1537, y la ciudad fue denominada Nuestra Señora Santa María de la Asunción" (60).

"Tal fue el origen de la Capital Paraguaya".

"El fuerte que estableció Salazar sobre la barranca del río –prosigue Moreno–, con la colaboración de los Guaraníes, no difería de las viviendas indígenas, en cuanto a los materiales de construcción. Era, según el testimonio de su mismo fundador "una casa de madera", con su techo de paja, indudablemente. Pero el modesto recinto fortificado debía tener alguna capacidad, porque dentro de él se concentraron todos los elementos de la naciente población. Allí estaban la artillería y el parque, las moradas de los pobladores, la iglesia con sus dos clérigos, la herrería y el depósito de víveres" (61).

"El núcleo primitivo –prosigue Moreno–, de la ciudad Ha ciudad misma – fue, según se ha visto, la casa fuerte edificada por Salazar, y en sus cercanías se fueron levantando paulatinamente después las moradas de todos los conquistadores. En la adjudicación de los sitios intervenía indudablemente la solicitud o el deseo de las partes, que el gobierno habría contemplado, aunque fuera en favor de sus adeptos. Y a este hecho no ha podido ser extraña la configuración paulatina de la ciudad, cuyo crecimiento debió seguir la dirección marcada por el interés y las conveniencias de los pobladores" (62).

"Este interés estaba del lado del río, de las cercanías del fuerte, de las proximidades de la actividad gubernativa e industrial, que era la zona más segura y más directamente accesible a un aprovisionamiento fácil, de pesca, sobre todo. Y de ahí que la Asunción se asentara originariamente sobre la barranca del río, y adquiriera gradualmente la forma de una larga franja adyacente a la misma. Allí se concentró después lo más activo de su vida urbana, y aunque su extensión creciera un tanto en otras direcciones, conservó durante siglos ese rasgo saliente de su formación inicial" (63).

"Asunción, fundada en 1537 y erigida en ciudad en 1541, era la más antigua población española del Paraguay y también la capital de la intendencia y residencia natural de sus autoridades. Sus características e incluso planta urbana, fueron descriptas, por los oficiales de la demarcación y estudiadas en trabajos posteriores", nos dice Ernesto J. A. Maeder (64).

Es importante destacar lo remarcado por Hildegard Thomas de Krüger, quien afirma: "De acuerdo con la historiografía paraguaya Asunción presenta en este caso características peculiares. Sin réplica se viene repitiendo que el deslinde de la jurisdicción asuncena se habría realizado recién en o 1598, atribuyéndosele a Hernando Arias de Saavedra la delimitación de los términos de la ciudad en un radio de 100 leguas a la redonda". (65).

"Un estudio minucioso de la documentación del año 1598 –prosigue Hildegard de Krúger –, nos dio la respuesta buscada. El 17 de diciembre de 1598 el procurador de la ciudad de Asunción, Diego de Olabarrieta, presentándose ante el gobernador Hernando Arias de Saavedra expresó que "como cabeza e primera e más antigua fue esta ciudad en esta gobernación fundada y tomó por jurisdicción e distrito más de cien leguas por todas partes asi el gobierno de ellas encomendando hizo de repartimiento como aprehendiendo posesión e jurisdicción en el dicho término e distrito aunque no parece por autos e diligencias en la dicha razón." (66).

"El documento habla por sí solo –prosigue esta misma autora–, especificando claramente, que a Asunción, le fue adjudicado un territorio municipal de 100 leguas (67) a la redonda, adjudicación que fue llevada a cabo al ser fundada la ciudad por Irala. Este, al establecer el Cabildo con nombramiento de Alcaldes y Regidores (68), transformó legalmente en república de pobladores los que hasta allí había sido una casa fuerte.

Cumplida esta legalidad, Irala repartió tierras y estableció la jurisdicción asunceña, dando comienzo al verdadero asentamiento de los pobladores de la nueva ciudad".

"Al cabo de dos décadas, en el año 1617, Felipe III, sancionó la demarcación municipal llevada a cabo por Hernandarias, elevando los límites urbanos a la categoría de provinciales (69), consumándose así la división de la Provincia del Río de la Plata en dos gobernaciones independientes, que, como ya lo expresa Moreno (70), se realizó por agregación de ciudades, sin respetar en lo más mínimo los criterios económicos y políticos de la zona. Prevaleció el principio meramente administrativo de la Corona de España. Asunción que había sido el primer logro estable de la conquista rioplatense y punto de partida de innumerables jornadas colonizadoras, se vio enclaustrada, determinando a partir de entonces factores geopolíticos el desarrollo de sus instituciones, de su economía y de su sociedad".

"Cabe destacar –concluye Hildegard de Krüger–, que la demarcación municipal llevada a cabo por Hernandarias tuvo fines preponderantemente económicos" (71).

Las leyes españolas ordenaban –dice Juan Agustín García– que se reservaran alrededor de las nuevas ciudades tres cantidades de tierra, de propiedad común e inajenables: el ejido para recreo de los pobladores; las dehesas, confinando con el ejido para pastoreo "de los bueyes de labor, caballos y ganados de la carnicería y para el número ordinario de los otros ganados que los pobladores por ordenanza debían tener", y los propios del municipio. Era prohibido sembrar estos terrenos baldíos (72).

 

LOS PRIMEROS TRUEQUES

 

"El Trueque –dice Branislava Susnik– puede tener dos concomitancias: trueque-reciprocidad y trueque-adquisición; el verdadero trueque implica el contacto de las parcialidades de diferente tipo cultural; empero, las "Visitas" interparciales, o intertribales permiten una distribución organizada de bienes más característicos de una determinada área habitada".

"Poco antes de la conquista hispana existía una "ruta de trueques entre Samaipata incaica y el área de los Xarayes, trayendo los "truequistas" Chanés varios objetos-adornos de metal, cuyo conocimiento difundióse ampliamente bajo el término de "señor de Candiré" entre los Itatines y otras parcialidades guaraníes; las plaquetas-adornos de metal atraían a los indígenas y provocaron importantes incursiones-migraciones. La inclinación de los Guaraníes al trueque, antes y después de la conquista, se menciona en todas las fuentes documentales, diciendo Doblas que ".teniendo por mengua el que los consideren incapaces de comprar y vender." (p.31). La conquista hispana intensificó el trueque de los indígenas con los blancos y también intertribalmente ya que las tribus asentadas en vecindad con el ambiente criollo servían de intermediarios. Los primeros contactos de los Guaraníes con los españoles basábanse en "trueque-regalías", los españoles buscando abrirse los caminos y asentarse pacíficamente, y los Guaraníes deseando adquirir "las novedades" en metal y abalorios; no hesitaban a entregar a sus mujeres si de esta manera pudieron establecer un "trueque-reciprocidad" o un "trueque-servicio". No existían un principio de la evaluación de bienes, predominando el interés de "pacificar con baratijas" por una parte, y por otra, la simple volición inmediata de elementos utilitarios o simplemente ostentativos" (73).

Ricardo Levene opina que "la primera forma del comercio indiano se inició con los rescates o cambios que hacían los españoles con los aborígenes, de bagatelas por metales preciosos y frutos de valor de América, de que ya habla Colón en su primera epístola".

"El 6 de mayo de 1497, se dictó una amplia provisión en virtud de la cual se concedía general franquicia de todos los derechos de importación y exportación para las Indias. En 1501 se reiteró esta prescripción. Para fomentar la colonización de tierra firme en 1512 se eximía del pago de todo derecho de la importación y exportación de géneros y efectos por el término de cuatro años, pasados lo cuales debía cobrarse siete y medio por ciento".

"Desde la creación de la Casa de Contratación, en 1503 (74), Sevilla tenía privilegio, con respecto a los demás puertos españoles, para el comercio de Indias. En 1524 fray García de Loaisa, presentó al Emperador un memorial exponiendo las ventajas de establecer en la Coruña la Casa de Contratación para el comercio de la especería, alegando que tales negociaciones debían hacerse con naves grandes (75). Quedando habilitados, a partir de 1529, nueve puertos de la Península al comercio directo con las Indias. (76).

 

LA LLEGADA DE LAS PRIMERAS MERCADERIAS

 

Un piloto saonés, León Pancaldo, que iba en busca del estrecho de Magallanes, en el mes de abril de 1538, llegó al surgidero del Riachuelo, de "arribada forzoza, la nao mercante Santa María, "y no pudo pasar y entró en el río: venía cargada de mercaderías y muchos vinos y algunos bastimentos, con lo cual se reformó la gente que allí residía", nos relata el Padre Hernández. Sobre tales mercaderías cobraron los tenientes de tesorero y contador los derechos de almojarifazgo, en sedas, paños y lienzos.

"El arribo inesperado de Pancaldo y su socio, Juan Pedro Vivaldo, mercante genovés, con la Santa María, –nos refiere Luis Roque Gondra–, no sólo había servido para que se reformasen los habitantes del real; dejó también en ella su secuela de pleitos e incidencias triviales. Habían formalizado sociedad en Cádiz, por escritura pública del 1 de agosto de 1536, ante el escribano Alonso de Medina".

"Allí se hicieron a la mar, probablemente a fines de aquel año o a principios de 1537, con dos naos, la nombrada Santa María y la Concepción, al mando de Vivaldo, con buena carga de víveres, vino, especias, telas, vestidos, en demanda del estrecho de Magallanes. En la boca del río Gallegos perdióse la Concepción, el 80 de noviembre de 1537, por culpa de Vivaldo, según su socio, y patrón, con toda la carga que conducía. La Santa María no pudo tomar el estrecho, y dio vuelta, llegando de arribada forzoza al puerto del Riachuelo".

"Aquí se dio fin –prosigue Gondra– a la empresa, vendiéndose los restos del cargamento a los habitantes y las autoridades, después de satisfacer, como se dijo, los derechos reales de grado y por fuerza – y acaso más por fuerza que de grado –, a pagarse, cuando los compradores mejorasen de fortuna, "del oro o plata que se hubiese en esta provincia del Río de la Plata, o en las doscientas leguas de costa que le pertenecen en la mar del sur a esta conquista, del primer repartimento o repartimentos que se hicieren de oro y plata y otras riquezas en esta conquista entre los conquistadores de ella, pagados en cualquier parte de esta provincia".

"Con esto y con la obligacion que los compradores contraían, "son comunidad" y con renuncia de muchas garantías que las leyes concedían a los deudores, debe suponerse que quedaron satisfechos los vendedores. Así consta en numerosas cartas de obligación y reconocimientos de deuda, otorgados en Buenos Aires, en 1538, por valor de muy cerca de 1000 pesos de que sólo él justa y perfecta ley de a cuatrocientos cincuenta maravedíes cada uno".

"Mas con todo ello la sociedad no pudo liquidar en paz; y Pancaldo, representando por Melchor Ramírez, demandó a su socio Vivaldo, ante Ruiz Galán por cobro de 16.000 "pesos de oro de justa y perfecta ley de a cuatrocientos cincuenta maravedíes cada uno" en que estimaba el valor del cargamento perdido en el río Gallegos, por culpa del demandado, y los intereses, pérdidas, daños, menoscabos, etc., con más las costas".

"Ignoramos – concluye Gondra –, qué suerte tuvo la demanda, más allá del traslado que mandó correr el señor teniente de gobernador, y adonde fueron a parar las cartas de obligación que Pancaldo (el cual murió poco después) recibió, en pago el cargamento vendido, en esta primera actividad comercial del puerto de Buenos Aires. No debía ser, sin embargo, tan cruel la suerte de la población, cuando sobraban tiempo y ánimo para tales negocios, pleitos y especulaciones" (77).

Las expediciones españolas llegadas a estas tierras traían en sus "bastimentos" –como daban en llamar entonces a las mercaderías–, toda clase Jp productos que intercambiaban con los naturales de los países a conquistar. Así ocurrió en el Paraguay, cuando trataron de reducir a los indios diseminados por toda la Provincia. Este intercambio fue denominado "rescate" según Alvar Núñez, quien su libro "Los Comentarios", describe numerosos testimonios de tales contrataciones (78).

"La moneda no se usaba entre los guaraníes: siguiendo la costumbre primitiva, permutaban mercancías por mercancías, sistema más apropiado a la simplicidad natural, afirma Peramás" (79).

La palabra "rescate", es utilizada también por Ots Capdequi: "De ordinario en las capitulaciones de descubrimiento nuevo y población de los primeros tiempos vemos que se concede al descubridor el privilegio de un corto plazo –dos años– de que sólo él pueda rescatar con los indios, pagando a la Corona únicamente el quinto de lo que rescatase" (80).

"Esta es una gente y generación que se llaman los guaraníes, son labradores que siembran dos veces en el año maíz, y asimismo siembran cazabí (llamaban así a la mandioca); crían gallinas a manera de nuestra España, y patos; y tienen en sus casas muchos papagayos, y tienen ocupada muy grande tierra, (81). También los guaraníes, poseían variados comestibles, "vino de maíz, batatas y pan", árboles frutales como el limón, piña, etc.

En la región portuguesa ocurría otro tanto, según describe Fernández: No caso do pau-brasil, realizaba-se um comércio de troca entre indios e civilizados. Estes constituianno costa um pequeño abrigo fortificado, deixando nele alguns homens e aí os indios de regiao depositavam as toras de pau-brasil que cortavam em troca de objetos que os europeos, portugueses ou franceses 1hes ofereciam, Nestes abrigos, chamados feitorias, ficavam as toras de pau-brasil até que chegase um navio para levá-la á Europa. Os europeos que viviam nas feitorias eram poucos; geralmente viviam junto aos índios, amasiavamse con suas mulheres e nao tinham nenhum poder sobre eles; ao invés de impor os costumes europeos, eram eles que tendiama adorar os costumes indígenas" (82).

 

CREACION DE MONEDAS

 

En fecha 3 de octubre de 1541, a escasos días de su fundación, el Cabildo de Asunción, dictó su primer Ordenanza de Monedas, que en lo substancial determinaba de que "Visto que no hay oro ni plata ni otras cosas en la tierra para poder contratar en manera de moneda, e que por esta causa se dejan vender e contratar la hacienda de su Magestad que en esta tierra se cobra así cochinos, maíz, frijoles, mandioca y aves, y otras que se cobran de los diezmos y quintos de S.M. pertenecientes y no se halla precio ninguno de oro y plata porque en dicha tierra de presente no la hay, a esta razón e porque no haya engaño mandaron que de aquí adelante valga un anzuelo de malla un maravedí, o un anzuelo de rescate valga 50 maravedises y una cuña de marca que aquí se acostumbra hacer valga 50 maravedises y una cuña del ayunque de la que aquí se acostumbra hacer valga 100 maravedises, se contrate e pague en las dichas cosas en lugar de monedas y que ninguno las pueda desechar por los dichos precios." (83).

"La antigua experiencia de Cabeza de Vaca sobre las cosas más apetecidas de los indios –dice Woodine Parish–, y sobre sus usos y costumbres, le fue del mayor provecho en todo el curso de este notable viaje. Sabía que a sus ojos los dones más preciosos eran hachas, navajas, tijeras, puntas de flechas y otros objetos semejantes, para surtirlos con los cuales llevaba una fragua portátil, y cada soldado, a más de su mochila y equipo (portaba) una pequeña cantidad de hierro en barra, para ser trabajado según se precisase. Anhelaban tanto los indios estos instrumentos o útiles, que por obtenerlos acudían de grandes distancias, ofreciendo a los españoles toda clase de auxilios " (84).

Domingo Martínez de Irala, creó las famosas "cuñas", descompuestas en monedas de hierro de 25, 50 y 100 maravedises, y "fue la primera medida de los valores; y el mismo pedazo de hierro que circulara como moneda, servía para batir el bosque, preparar la tierra, y someter al indio" (85).

El 7 de noviembre de 1544, el Cabildo fijó hasta nueva disposición los precios de los víveres siguientes: dos gallinas caseras a tres cuchillos de marca; ocho huevos, un cuchillo; tres libras de pescado de espinel, un cuchillo, y dos libras de pescado de red, un cuchillo. (86).

En el año 1577, se emite una Cédula de Andres Benítez para que se le den a Sebastián de León, cierto número de cuñas de hierro, cuchillos y anzuelos para una expedición contra unos indios rebeldes (87).

Por esa misma época, el Cabildo de Santa Fe, el 17 de enero de 1575, había establecido la vara de lienzo como moneda a falta de la moneda de plata, fija en una vara de lienzo el precio de un par de espuelas y en tres el de unas tijeras; mientras que por cada diez cuchillos correspondía uno al herrero (88).

 

LA ILUSION DEL ORO

 

En 1543, el Factor Dorantes escribía al Rey, diciendo. "...estaua en costumbre de cobrar quinto de lo que se rrecaudaua de los yndios y en especial se cobraba de las personas mas principales y aun sobre ello ay ordenanqas de teniente de gouernador y oficiales que aca estauan lo cual era y es muy contrario a lo que yo he visto en otras partes de las yndias e sobre ello el contador lo pidio e paso lo que vuestra magestad vera por testimonio y aunque dizen que andando el tiempo an de valer mucho el quinto de la manteca de pescado e cueros de venados e pellejos de nutria que se rrescatan y compran en los tynbas e otras generazones del parana..." (89).

"A la incomunicación y falta de moneda, decíamos en aquel trabajo, se unieron bien pronto las consecuencias inevitables de la ILUSION DEL ORO. El futuro filón –nos dice Fulgencio R. Moreno–, que los conquistadores contaban hallar enseguida, influyó de tal modo en los negocios, que hasta se modificó la forma ordinaria de los contratos, reemplazándose los plazos fijos por la fecha incierta del primer repartimiento de oro. Y puede calcularse lo que ocurrió, cuando esa fecha no llegaba nunca".

Todavía se conservaba la esperanza cuando "el muy magnífico señor Capitán Francisco López, Teniente de Gobernador de esta Provincia del Río de la Plata", se vio obligado a intervenir por los extraordinarios precios que alcanzaban las mercaderías vendidas por ciento, dice la resolución de dicha autoridad. Las deudas se multiplicaron. En 1545 el Gobernador y el Cabildo de la Asunción comisionaron a Martín de Orué para trasladarse a España y solicitar del Rey la aplicación del quinto de los repartimientos en la amortización de las deudas de los conquistadores. Hasta el pago de los impuestos se hizo un problema".

Y era, sin embargo, tal la obsesión por el metal precioso que todavía en 1580 escribía al Rey el canónigo Segovia, noticiándole que según los peritos, no había región de América tan rica en minas de oro y plata como el Paraguay! (M.S. del Archivo de Indias)" (90).

"Un feroz egoísmo se apodera de aquellos corazones endurecidos por el sufrimiento y el desengaño: el factor económico aparecía casi omnipotente en la sociedad en formación provocando malquerencias que degeneraban a veces en oscuras tragedias", nos refiere don Fulgencio R. Moreno (91).

"Los primeros castellanos que entraron en el Paraguay no dudaban que allí se encontrarían grandes riquezas –dice el Padre Charlevoix–. No acertaban a comprender cómo un país tan cercano al Perú no encerrase cantidad de minas de oro y plata; y aunque muy luego se descubrió la falsedad de las noticias que habían acreditado este error, como lo diré en el discurso de esta historia, todavía después de pasado un siglo se hablaba del Paraguay como de un país abundante en minas. Puede juzgarse de ello por el título de ARGENTINA que dio a su obra D. Martín del Barco, como si todo el país no fuese más que una vasta mina de plata. He aquí lo que a este propósito escribía al Rey Católico D. Pedro Esteban Dávila, Gobernador del Río de la Plata en 1637 (92). "La fertilidad y abundancia que prometen las dichas Provincias (93) promete mucho, en que se cree hay metales y piedras preciosas, como más particularmente lo tengo avisado a Vuestra Majestad y remitidos papeles auténticos en esta razón, que me consta están en ese Real Consejo, si bien en tiempo del Gobernador Ruy Díaz Melgarejo, poblador de la Villa Rica, se tuvo esta confusa noticia, é hizo vivas diligencias, y halló incierta la relación; y últimamente, siguiendo ese mismo intento Manuel de Frías, su yerno, primer Gobernador del Paraguay en la división que se hizo de estos dos gobiernos, hizo empeño con Vuestra Majestad; en que parece prometía el seguro de hallar estos metales, sobre que hizo (según estoy informado de personas de crédito) vivas diligencias de que no surtió efecto alguno; y los informes que refiero tengo remitidos á Vuestra Majestad y me consta estar en ese Real Consejo los tengo en poco crédito por dos cosas: la una, por las vivas diligencias que se hicieron por los sobredichos; la segunda, por tener por personas apasionadas los testigos, y no afectas á la Compañía, y no de las obligaciones que se requieren para la verdad de los informes que se deben hacer á Su Majestad" (94).

Hay que tener presente que lo que Pierre Chaupu, llama el "ciclo de oro" al período bastante corto (1494-1525), durante el cual se explotó el oro en las Antillas, es decir, las Islas de Santo Domingo, Puerto Rico y Cuba. Esto comenzó por el "drenaje" del oro existente en el territorio de los indios que no lo utilizaban como monedas sino en forma de joyas. P. Chaunu estima que en dos o tres años, se drenó "todo el oro producido por los indios de las islas en mil años" (95).

Se conoce a partir de 1503 las entradas exactas de metales preciosos en la "Casa de Contratación" de Sevilla, por donde en principio, todo debía pasar. Earl J. Hamilton, ha reconstruido las llegadas por quinquenios, estableciendo los siguientes guarismos:

-de 1503 a 1510 llegan a 4.950 kilos de oro

-de 1511 a 1520 llegan a 9.153 kilos de oro

-de 1521 a 1530 llegan a 4.889 kilos de oro (96).

Después de 1533-35, las llegadas de oro aumentarán hasta alcanzar 42.600 kilos durante el decenio 1551-1560 (97).

España se encontró sometida en el Siglo XVII a trágicas catástrofes monetarias. De manera figurada se ha podido decir que después de haber conocido "la edad de oro" (hasta 1545), luego la edad de plata (hasta 1600–1610), cayó en la edad de bronce. Entendemos con esto una moneda en la cual varias aleaciones contienen cada vez más cobre (98).

La proporción entre la cantidad de metal llegado para el Rey de España y la que llega para los particulares, es la siguiente siguiendo datos de Hamilton ya nombrado –de 1503 a 1660, las llegadas representan 447.000.000 de pesos: 117.000.000 para el rey y 330.000.000 para los particulares. Es decir, algo más del cuarto para el rey: pero esta parte del rey, aunque es menor, es también la de mayor alcance internacional, ya que rápidamente se reparte por Europa por las deudas contraídas por el Soberano (99).

De manera pues, que al hacer este corto comentario, lo realizamos con el propósito de demostrar que cuando los conquistadores y colonizadores del Río de la Plata, venían con la ilusión de oro, en España se habían prácticamente agotado todas cecas conocidas y vivía una aguda crisis económica y financiera.

Hay que destacar también, que en los ricos yacimientos de plata de México y Perú, se produjo una innovación técnica, el método de separar de la plata mediante su amalgama con el azogue. En la obtención del oro, inicialmente los conquistadores se apropiaron de los tesoros indígenas. Luego se extrajo el oro de los lavaderos fluviales con el concurso del trabajo aborigen. Y, posteriormente, la explotación de minas de veta y el empleo de mano de obra negra.

El historiador francés Pierre Chaunu ha ensayado construir una cronología histórica racional observando los movimientos de expansión y de depresión del tráfico comercial Atlántico, es decir construyendo un modelo cíclico. Estos ciclos coinciden con los de Hamilton. Chaunu distingue en el tráfico atlántico cuatro grandes ciclos:

1. Un interciclo de alza (Fase A) entre 1504 y 1550.

2. Una gran recesión (Fase B) de 1550 a 1562-3.

3. Un segundo interciclo de expansión entre 1562 y 1610.

4. Una fase de depresión de medio siglo a partir de 1610.

Chaunu puntualiza la existencia de dos tendencias opuestas en el Atlántico español-americano: una tendencia ascendente desde el comienzo del siglo XVI hasta 1610 y una tendencia descendente de pendiente simétrica, más allá de 1610, las cuales se superponen a la curva de Hamilton. Chaunu insiste, sin embargo, en que estas observaciones reposan en una generalización a POSTERIORI pues el empleo de un modelo cíclico como tal significaría presunciones de la ciencia económica en la maso de hechos (100).

Podemos preguntarnos –nos dice Germán Colmenares–, si, por las condiciones que determinaron la expansión geográfica y la búsqueda incesante de yacimientos de metales preciosos, la implantación de economías mineras – un hecho reconocido para toda Hispanoamérica – no se debió a un puro azar. Para explicar este hecho se ha insistido en el carácter deflacionista de la economía europea durante la Baja Edad Media y el "hambre" de metales consiguientes. EI tesoro americano habría remediado esta situación y favorecido el auge de un capitalismo primitivo provocando una subida de los precios" (101).

Para Cristóbal Colón el oro se convirtió en una obsesión y a falta del metal, se planteó la posibilidad de convencer a la Corona de la explotación de la mano de obra indígena, como forma de justificar su empresa (102). La presencia del oro era una garantía de recuperación del aporte de la Corona. Esta certidumbre debió animar también a los inversionistas privados de las subsecuentes empresas de conquista. Según Alvaro Jara (103), la necesidad de recuperar rápidamente el capital privado invertido en estas empresas habría encauzado la atención de los conquistadores hacia la explotación de metales preciosos. A este factor añade un elemento sicológico, la aspiración de los conquistadores de mantener un tren de vida señorial" (104).

 

LA CEDULA REAL DEL 12 DE SETIEMBRE DE 1537

 

Alonso Cabrera, veedor de fundiciones, traía un documento sensacional: la Cédula del 12 de setiembre de 1537 otorgada por doña Juana y don Carlos. Decía la Cédula textualmente:

"Por cuanto vos, Alonso Cabrera, nuestro veedor de fundaciones de la Provincia del Río de la Plata vais por vuestro capitán en cierta Armada de dicha provincia en socorro de la gente que allí quedó, que proveí en Martín de Orduña o Domingo Sonoza, y podría ser que al tiempo que don Pedro de Mendoza, nuestro Gobernador de dicha provincia difunto salió de ella no hubiese dejado lugarteniente o el que hubiere dejado, cuando vos llegaresdes fuera fallecido, o al tiempo de su fallecimiento, o antes no hubicese nombrado Gobernador, o los conquistadores, y pobladores no lo hubiecen elegido, vos mandamos que en tal caso y no en otro alguno hagáis juntar los dichos pobladores, y los que de nuevo fueren con vos, para que habiendo primeramente jurado elegir persona cuál convenga a nuestro servicio y bien de dicha tierra, elijan por Gobernador en nuestro Nombre, y Capitán general de aquella provincia, a persona, que, según Dios, y sus conciencias pareciere más suficiente, para el dicho cargo, y la persona, que así eligieren todos de conformidad o la mayor parte de ellos, use y tenga el dicho cargo: al cuál por la presente damos poder cumplido para que los ejecute cuanto a Nuestra Merced y voluntad fuere. Y si aquél falleciere se torne a proveer otro por la orden susodicha: lo cuál vos mandamos que así se haga con toda paz, y sin bullicio, ni escándalo, apercibiendoos que de lo contrario nos tendremos por deservidos, y lo mandaremos castigar con todo rigor, y mandamos que en el cualquiera de los dichos casos, halladaredes en la dicha provincia nombrado Gobernador de ella, le abodescais, y cumplais sus mandamientos, y les deis todo favor o ayuda. (105).

"Conocida la Cédula Real, la Ciudad de la Asunción, en uso de sus facultades, asume, pues, por primera vez en estas tierras, el ejercicio de sus privilegios cívicos".

"Sin duda, la situación creada por las pretensiones de Ruiz Galán, que aducía sus derechos de lugarteniente de don Pedro de Mendoza las disidencias que provoca el hecho, y los embrollos de Alonso Cabrera, no podían ofrecer ambiente propicio a los mandamientos de la Real Cédula, "con toda paz y sin bullicio, ni escándalos". Con todo, los Oficiales Reales y gente principal reclaman su ejecución, siendo confirmado don Domingo Martínez de Irala, lugarteniente de Juan de Ayolas: "Ansy mismo sabe que al tiempo quel dicho juan de ayolas entró por la tierra adentro dexó por su lugarteniente á domingo de yrala, al qual dexó todo aquel poder que tenia de don pedro de mendoza, con una instrucción que dezía que cualquier capitán ó capitanes que viniesen en su seguimiento cumpliesen y estuviesen debaxo de la ovediencia del dicho domingo de yrala al qual dexó en el Rio del Paraguay" (106).

Domingo Martínez de Irala (107), se hizo cargo del Gobierno el 23 de junio de 1539. Sus objetivos se centrarán en la búsqueda de la sierra de la Plata, mantener paz y concordia con los carios y, establecer comunicaciones con España y resolver el problema de Buenos Aires.

Irala después de luchar con los indios, e ir en socorro de Buenos Aires, se produjo la despoblación de Buenos Aires a fines de enero de 1541.

El 5 de agosto de 1540, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Caballero de Jerez de la Frontera, es nombrado Adelantado en condiciones análogas a las de don Pedro de Mendoza.

Alvar Núñez llega a la Asunción el 11 de marzo de 1542, después de un portentoso viaje por tierra desde Santa Catalina, que dura un año. El 13 de marzo presta juramento ante el Cabildo haciéndose cargo de sus funciones. El título le fue conferido en caso de fallecimiento de Ayolas, en Madrid el 15 de abril de 1540 (108).

Las instrucciones recibidas de los reyes por Irala, establecían entre otras cosas, que no haya letrados ni procuradores (en el Plata) porque de su presencia siguen diferencias y pleitos; los repartimentos de tierras quedarán perpetuos a quienes la hubiesen poseído cinco años, los castellanos pueden tratar y contratar con los naturales, libertad para los vecinos de venir a España; los pueblos podrán elegir Alcaldes, durante 4 años no se ejecute a nadie por deudas reales, excepción a los vecinos del derecho de almojarifazgo por diez años; las apelaciones vendrán al consejo y en este caso, se guarden las leyes del reino, no se impida a nadie escribir al rey, que el uso del río sea común y por último no se pague quinto real sino sobre el oro y la plata (109).

Por fuerza tuvo que despertársele la vocación política –expresa E. Cardozo–, para saber regir su destino en las muchas azarosas circunstancias que le deparó la historia. Y por una paradoja, la monarquía dio base legal a la democracia en el Paraguay. Esta provincia fue la única del imperio indiano donde la teoría española del origen popular del poder tuvo realidad legal. Por la famosa Real Provisión del 12 de setiembre de 1587, el emperador Carlos V, otorgó al Paraguay la facultad de designar, por el voto del pueblo, gobernantes en caso de vacancia. Esta fue la verdadera carta constitucional del Paraguay durante dos siglos (110).

 

LA NOCHE DE SAN MARCOS

 

El día 11 de marzo, día de San Marcos, salieron de sus casas los principales oficiales, y acometieron sobre Alvar Núñez, quien se encontraba enfermo en cama. "El paso más indecoroso que se registra en la historia del Río de la Plata..." califica Juan Francisco Aguirre donde había sido preso un adelantado del rey, subvertido el orden legal, y abiertas las puertas de la anarquía en la Provincia del Paraguay.

"Triste amanecer para la provincia aquel día de San Marcos de 1544 –nos relata Julio C. Chaves–. La naciente comunidad que en medio de dolores advenía al concierto mundial quedaba escindida en dos bandos que iban a disputar supremacía fieramente y perseguirse con saña durante una década. Se abría la porfía de grupos, movidos por odios o ambiciones que iba a empurpurar a lo largo de cuatro siglos la tierra. La sombra de Caín se extendía sobre el Paraguay. La lucha de bandos –prosigue Chaves–, grupos, partidos, que inútilmente han tratado de mimetizarse bajo rótulos de ideologías, para que el pabellón cubra la mercancía introducida de contrabando" (111).

"Pero un acontecimiento cuyo estallido se preparaba desde largo tiempo, pareció por un instante echar por tierra los proyectos y esperanzas que todos comenzaban a forjarse con las noticias traídas por Irala. Los Oficiales Reales celosos y ofendidos de que el Gobernador no consultase con ellos los asuntos tocantes al gobierno de la Provincia y promulgaba bandos y mandamientos sin solicitarles su opinión, le presentaron el 2 de abril un extenso escrito en que le requerían que se juntara con ellos para tratar las cosas de la Gobernación y que derogase los bandos que había dado sin pedirles su parecer, nos cuenta Enrique de Gandia.

"Alvar Núñez contestó una semana después –prosigue Gandía– con otro escrito voluminoso y severo en que se hacía valer las razones que tenía para prescindir de su consulta en los asuntos de gobierno, y al mismo tiempo les prohibía que cobrasen el quinto de los mantenimientos que los conquistadores rescataban de los indios con sus propios dineros. Estas disputas continuaron de las iniciadas a fines de 1542, y durante el mes de enero del año siguiente, en que Alvar Núñez humilló el orgullo de los Oficiales Reales, acrecentaron siempre más el odio y la incomprensión que entre unos y otros existía" (112).

Lo cierto es que Alvar Núñez, fue procesado en España, y suspendido perpetuamente como Adelantado del Río de la Plata, desterrado de las Indias y condenado a servir cinco años en Orán, con sus armas y caballos (113). Con relación al final de Alvar Núñez, refiere Ruiz Díaz de Guzmán: "Y en la sentencia de revista, fue declarado libre, con sueldo de dos mil pesos, digo ducados anuales, para su sustento en Sevilla, en cuyo consulado murió después quieta y honradamente" (114).

 

SEGUNDO GOBIERNO DE IRALA

 

"Luego que Domingo de Irala recibió los pliegos, cédulas, y demás providencias de su Majestad convocó a los oficiales reales y demás capitulares de la República y en presencia de todos fue leída la Cédula de su Majestad en que le hacía merced del gobierno de aquella provincia (115) en cuyo obedecimiento luego fue recibido al ejercicio de tal empleo y demás privilegios que se le concedían con aplauso universal. Leyéronse asimismo otras cédulas y provisiones que venían a favor de los conquistadores como era habérseles de encomendar los indios, nombrar personas suficientes para el consejo, oficiales de real hacienda y utilidad así de los españoles, como de los indios de la jurisdicción para encomendarlos como estaba dispuesto, para lo que se determinó que saliesen cuatro personas a empadronar los indios de toda aquella jurisdicción con toda distinción tomando cada uno diferente camino; y habiendo vuelto se halló número de 27.000 indios de armas situados a 50 leguas circulares al norte y sur, etc., hasta el río Paraná, excepto los que estaban al oeste que por ser de diferentes naciones, tan bárbaras no se pudieron empadronar y repartir por entonces, por cuya cantidad de que se lastimó no poco el gobernador por no haber podido complacer su genio que era naturalmente largo y generoso inclinado a hacer bien a todos con que vino a ceñirse a gratificar a los que pudo según las ventajas de sus méritos estos fueron 400, dando a unos 30 a otros 40 y dejando a los demás para beneficiarlos en otras poblaciones y conquistas, que en adelante ocurriesen, porque con el corto número de indios, no le fue fácil gratificar a todos a proporción de los grandes trabajos que les había visto pasar, y de modo que pudiesen darlos los indios necesarios para una regular congrúa; y hecho el repartimento hizo para el buen régimen de indios y encomenderos ciertas ordenanzas que hasta hoy se observan, por haberlas confirmado su Majestad" (116).

Según opina Félix de Azara: "Disfrutaban los españoles estas encomiendas, y no tuvo Irala que hacer repartimientos entonces sino sancionar las ordenanzas sobre las que ahora estaban repartidas y arregladas. Por consiguiente creo que se equivocan Ruy Díaz lib. 3 cap. 1 y Lozano lib. 3. cap. 1. diciendo que Irala despachó cuatro diputados por rumbos diferentes, y que habiendo regresado con las listas que contenían veinte y siete mil indios capaces de tomar las armas, fueron estos los que se repartieron en encomiendas. También se equivocan comprendiendo en este reconocimiento y reparto a los indios del Mediodía en el Paraná porque Irala no llegó á sujetarlos ni a reducirlos á servidumbre. Aún creo exageran diciendo fueron cuatrocientas las encomiendas; porque tengo antecedentes para creer que no llegaron entonces á la mitad ni los indios al número que suponen. Ningún papel he leído que apoye lo que dice Rui Díaz y copia Lozano" (117).

"Este (Irala) a principios de 1556, repartió "en trescientos y veinte o más ombres para que les ayudasen a sobrellevar sus trabajos... Hasta veinte mil indios" (carta de Irala al Marqués de Mondéjar, abril de 1556) (118).

"Las ordenanzas de Irala, de mayo 14 de 1556, establecían la obligación de "servir a las personas a quien fueren encomendados en sus edificios labores y reparos labranzas y crianzas cazas y pesquerías y otras grangerías", prohibiendo a los indígenas que se ausentaran y que sirvieran a otros españoles " (119).

Es indudable que Irala, imprimió a la Provincia de su mando un carácter de particular fecundidad. Así, edificó el primer templo, la primera escuela; enseñó los métodos europeos para roturar la tierra; perfeccionó los telares de algodón; patrocinó la entrada de los primeros inmigrantes, creó el primer sistema monetario con escalas de 25, 50 y 100 maravedises. Luego interrumpe la conquista y se dedica con igual ahínco a la colonización. Reparte tierras a los pobladores; diseña las calles asuncenas, y por fin dicta la primera ordenanza de Encomiendas el 14 de mayo de 1556, que transformaría profundamente el derrotero inicial de la labor colonizadora y civilizadora de la Provincia del Paraguay, y que permitiera decir al insigne argentino, a quien los paraguayos debemos gratitud perenne, "La verdad probada es que la riqueza que los españoles buscaban y encontraran en Sudamérica tenía por causa el trabajo, no el suelo" (120).

El único Gobernador que cobró sueldo en el siglo de la conquista, o a lo menos que me conste, – dice Aguirre – hasta los años de 90, fue Irala, el oue recibió el primer tercio de su primer año que concluyó el 28 de Dbre. G55, y fue de 300 mrs. en dos libranzas: la 1a. contra el Tesorero Andrés Hernández el Romo y la 2a. de 7 de Feb. de 1556 del contador Felipe Cáceres contra el Tesorero Juan de Salazar. No consta en las especies que se le pagó. No cobró más porque era circunstancia que la hacienda Real propia de estas atenciones la debía producir la tierra. Con todo aunque ellos muriesen sin cobrar quedaban acreedores por sí y sus herederos a lo que produjese el tiempo y en efecto Irala a sus herederos les mandó como parte de su esencia (sic) los sueldos que alcanzó al rey. Es natural que jamás se cobrasen" (121).

 

LA TRANSCULTURACION EN EL SIGLO XVI

 

"Hasta las Ordenanzas de Irala en 1555 –dice la Dra. Branislava Susnik–, los indígenas –los Guaraníes y los chaqueños vecinos de Asunción–, enfrentaban la conquista plenamente endoculturados según sus antiguas pautas de vivencia y creencia. Por otra parte, los conquistadores en necesidad de volverse colonizadores, experimentaban las consecuencias implícitas en una estructuración práctica de los valores ideales de "vasallo del rey, implantador de la Cruz, aventurero potencial del oro y del poder". El endoculturado indígena en una estructura sociocultural neolítica enfrentábase así con un nuevo "educador" quien aún estaba en el proceso adaptativo americano".

"En esta fase del impacto sociocultural, los hombres de la Iglesia igual que los colonizadores no tenían por su meta inmediata una educación sino una "pacificación" de los indígenas por medio del bautismo, el trabajo y la obediencia a los representantes de una tipológica civilización cristiana".

"De esta manera se observan tres rumbos formativos:

1) Los indígenas de servicio personal y del yanaconato posteriormente debían participar de las pautas de la casa de sus amos, adecuándose a las exigencias impuestas a los criados nominalmente bautizados con supuesto beneficio de educarse en "policía y fe" como dicen los documentos; los hijos de estos criados indios sufrieron una trans-endoculturación por ser distinta la nueva realidad ambiental observada; y primaba el proceso de esta trans-endoculturación sobre una educación orientada".

2) Los indígenas libres de esta directa dependencia de la casa del cristiano civilizador buscaban acomodos psicomentales, viendo que sus pautas antiguas no resultaban satisfactorias frente a su encierro local, éste casi una negación cataclísmica de su antigua libertad en busca de nuevas rozas y nuevas fundaciones comunales; la cruz y el trabajo les fueron los elementos tangibles de la "novedad" sociocultural cristiana, no encontrando las respuestas a su propio desequilibrio emocional.

3) Muchos adolescentes y jóvenes indígenas acompañaban a los conquistadores en sus expediciones transchaqueñas recibiendo experiencias nuevas de esta convivencia guerrera hispano-guaraní sin por esto adquirir nuevas pautas frente a la vida sociocultural. Dos factores intervinieron notablemente en esta fase cultural: la unidad comunicativa en la lengua guaraní entre el indígena, el colonizador y el misionero; el guaraní se refugió en la esperanza de un YVY MARA’EY, el que, desprovisto ya de su condición real y dinámica de la preconquista, adquirió las facetas de una expectativa volitiva; ambos factores citados significan una tácita abertura indígena hacia el proceso de la "vida civilizada y cristiana".

"Desde las Ordenanzas de Irala –continúa la Dra. Susnik–, hasta las Ordenanzas de Hernandarias y la intervención del visitador Alfaro, la situación sociocultural de los colonizadores y de los indígenas llegó a definirse en sus objetivos. La fundación de los pueblos indígenas coloniales permitía un control social de los mismos y su concentración facilitaba indudablemente la realización de un plan formativo cristiano del indígena, tarea ésta encargada a los religiosos franciscanos y jesuitas luego, sin excluir la actividad de los clérigos. Más adelante, apunta la misma escritora: "Si los indígenas antes veían en el conquistador un "señor" con arcabuz y caballo, en ql colonizador "un hombre blanco" en convivencia y en el misionero un "payé" andante a semejanza de los héroes culturales, con la nueva planificación formativa, los indígenas debían enfrentar el "táva-pueblo" modelador rígido y ordenador en su vivencia global" (122).

"Si el misionero llevó su evangelio, su fe, sus oraciones y su cultura, el soldado cargó otros elementos civilizadores necesarios para ejercer el segundo aspecto de su personalidad. Porque el conquistador, de mero guerrero nómada, se transforma en poblador sedentario (123).

"Hasta el momento semeja que el conquistador se adentra en América a buscar. Busca, en efecto, pero también lleva. No hablamos de la transculturación, sintetizada en un solo Dios y una lengua, ni del mestizaje físico. Fuera del aporte cultural y biológico, el conquistador porta un bagaje civilizador que va sembrando al mismo tiempo que adquiere lo que las Indias le ofrecen (124).

América enriquecerá la vernácula lengua castellana: huracán, canoa, chocolate, cacique, maíz... La América indígena contribuirá con su legado en el arte, en las instituciones, etc. Y la naturaleza, rica en nuevos productos, transformará la economía de occidente. El maíz, la patata, y el tabaco serán de los primeros elementos que tome el español. A cambio el pobl