Biblioteca Virtual del Paraguay

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Juan Bautista Rivarola Paoli  LA ECONOMIA COLONIAL

Asunción - Paraguay

 

 

 

CAPITULO III

LOS BIENES ECONOMICOS

LA GANADERIA

Debido a las serias investigaciones realizadas por Emilio A. Coni, se está en la certeza de la primera partida de animales vacunos introducidos a la Provincia del Paraguay.

"Es bien conocido –dice Coni–, el párrafo de LA ARGENTINA", de Rui Díaz de Guzmán, en el que relata la introducción al Paraguay de las llamadas "siete vacas de Coes", y que ha servido hasta hoy de irremplazable introito a la historia de nuestro ganado bovino".

"Interesado en comprobar si la aseveración de Rui Díaz era exacta, he efectuado una prolija revisión de todos los documentos de la época, llegando a 1a conclusión de que lo afirmado por el cronista es muy verosímil a pesar de no encontrarse el documento concreto y categórico que lo ratifique" (1033).

"Scipion Goes y Vicente Goes, hijos de un caballero –nos dice Rui Díaz de Guzmán– de aquel reino llamado Luis Goes; estos fueron los primeros que trajeron vacas a esta provincia, haciéndolas caminar muchas leguas por tierra, y después por el río en balsas, eran siete vacas y un toro a cargo de un fulano Gaete que llegó con ellas a la Asunción con grande trabajo sólo por interés de una vaca que se le señaló por salario de donde quedó en aquella tierra un proverbio: más caras que las vacas de Gaete. Llegados ante el general el Capitán Ruy Diaz de Melgarejo y Salazar fueron muy bien recibidos, sin hacer memoria de las antiguas diferencias que entre ellos habían tenido" (1034).

"Ahora –dice un historiador brasileño– admiten de forma general, los historiadores que el primer ganado vacuno introducido al Brasil aportó la Capitanía de San Vicente, en 1534, por iniciativa de doña Ana Pimentel, esposa de Martín Alfonso de Sousa" (1035).

"En cuanto a las siete vacas –las célebres "siete vacas de Gaete"– es un punto pacífico que, muy por el contrario, no fueron los paraguayos que los trajeron al Brasil, y sí, fueron los brasileños que los llevaron para las planicies platinas" (1036).

Otro historiador brasileño da cuenta de que "En un artículo divulgado en JORNAL DO COMERCIO del 6-4-1968, Joao Leáes Sobrinho rebatió juiciosamente dos errores cometidos por una publicación de conocimientos generales, que afirmaba en primer lugar, que la criación de ganado bovino habría comenzado en San Vicente, con siete vacas y un toro venidos del Paraguay. Cosa que no es cierta" (1037).

Lo cierto es que en el año 1567, hemos leído en el Archivo Nacional de Asunción, una reclamación de los bienes de Vicente de Goes, formulada por sus herederos, su hijo Luis de Goes y su madre María de Mendoza, recordando ser su padre el primer introductor del ganado vacuno en la Provincia y solicitando se reconozcan la reproducción lograda en el tiempo gracias a aquellas primeras vacas (1038).

"Según Garay –expresa Luis Roque Gondra–, cuando él llegó a la Asunción, en 1568, una vaca salía 300 pesos. Si se tratase de pesos o duros (reales de a ocho), como cada uno de éstos valía entonces $ 1,31 o/s. valor relativo: 1/12,13 poco más o menos, resultaría que la vaca costaba entonces $ 393 o/s. La exageración salta a la vista. Quince años después, según el mismo Garay, valía cuando más 2 pesos, es decir, $ 2,62 o/s. Como el poder de compra era en 1583 dos veces y media mayor que en 1914, el valor de la vaca ascendía entonces a $ 6,55 oro sellado, poco más o menos: valor muy probable. Fuera como fuese, no hay duda que la importación de ganado vacuno hecha por el mismo Garay en 1568, al venir del Perú, y su multiplicación posterior contribuyeron a provocar un fuerte descenso de su precio" (1039).

"Según se desprende de varios documentos –prosigue Coni–, parece que en 1552 habían salido ciertos españoles de la Asunción, en viaje a San Vicente, en la costa del Brasil, con el fin de traer vacas, inexistentes hasta entonces en el Paraguay. Llevaban para la compra cantidad de piezas laabradas de oro y plata tomadas de los indios y provenientes del Perú. No era cuestión de llevar para la compra moneda corriente entonces en a Asunción: cuñas de hierro o varas de lienzo, siendo necesario ofrecer a los portugueses algo más positivo" (1040).

"Las vacas de San Vicente debían valer un Perú entonces, y además la rivalidad hispanoportuguesa no podía ver con buenos ojos el hecho de que se llevaran los españoles un factor de progreso como el vacuno, y por esto el Gobernador del Brasil manifestó a los expedicionarios que sin licencia expresa del Rey de Portugal no se movía ni una vaca".

"Parece que los españoles resolvieron prescindir de la licencia y traerlas sin ella, según se desprende del siguiente párrafo de una carta del clérigo Martín González, fechada en la Asunción a 3 de enero de 1559, que dice así: "Otro sy esta mandado por el diho "el Rey de Portugal" que no saquen Bacas ni otro ganado ninguno de ss tierras para otras partes so pena de la vida y asy los españoles que vinieron de san vicente las truxeron contra su voluntad" (1041).

"La segunda introducción al Paraguay fue la efectuada por Felipe de Cáceres y sus acompañantes en 1568, desde Santa Cruz de la Sierra, con lo que el vacuno, introducido al Perú por el Pacifico, vino a juntarse en la Asunción con el entrado por el Atlántico".

"Felipe de Cáceres había sido designado Gobernador del Paraguay por el Adelantado Ortiz de Zárate en virtud de su convenio con la Corona, en el cual se había comprometido a introducir desde sus estancias de Tarija "cuatro mil cavezas de vacas".

"Mis investigaciones efectuadas sobre copias de documentos del Archivo de Indias (1042), –prosigue Emilio A. Coni –, me permiten afirmar que Ortiz de Zárate no cumplió, ni tampoco sus sucesores con la obligación. Esta, en cambio, fue llenada en parte por los pobladores, entre los cuales figuraba Juan de Garay, el futuro fundador de Buenos Aires. Garay ha dejado escrito, que al llegar a la Asunción la expedición Cáceres, valía allí una vaca trescientos pesos (1043), lo que demuestra que la descendencia de las "siete vacas de Goes" no debía ser aún muy numerosa. No hay constancia del número de cabezas que se trajeron de Santa Cruz de la Sierra; pero parece que excedió de varios cientos".

"Reforzado el rodeo asunceño con este nuevo aporte, su desarrollo fue rápido y de él habían de salir las semillas que poblarían todo el sur del Continente, empezando con Santa Fe y siguiendo con el Chaco, San Juan de Vera, Buenos Aires, Las Misiones y la Banda Oriental".

"Consta, en efecto, que Garay, al fundar en 1573 la ciudad de Santa Fe, llevó allí ganado vacuno procedente de la Asunción, y poco después envió a Córdoba al capitán Juan de Espinoza quien por su orden trajo vacuno a esta ciudad (1044).

Jaime Rasquin pondera las perspectivas de las pampas porteñas y santafecinas dos décadas después de la primera fundación de Buenos Aires: "Será lo mejor, pues tendrán dehesas para criar infinitos ganados..., hay en esta provincia tantos campos y dehesas que tendría por imposible poblarlos en doscientos años" (1045).

Poco antes de la fundación de Santa Fe en 1573, un redactor anónimo pondera el porvenir ganadero de las comarcas de Santi Spíritu, donde podrán fundarse "dehesas de inmensa grandeza por ser tierra rasa en la cual por maravilla se hallarán árboles", y termina diciendo que para poblar de ganados la tierra "podrán traerse del perú y de tucumán y de la ciudad de la asunción tanto número dellos que en diez años, su multiplico hinchará toda aquella tierra" (1046).

"Siete años después de fundada Santa Fe, Garay puebla de nuevo a Buenos Aires, abandonada desde 1541, y lleva de la Asunción 300 cabezas vacunas, según unos, 500 según otros (1047), y posteriormente unos vecinos traen nuevas partidas de Córdoba para reforzar el rodeo porteño". Más adelante prosigue Coni: "Por medio de los diezmos cobrados en 1585, cinco años después de la fundación de Buenos Aires, he reconstruido la masa diezmada llegando a la conclusión de que el rodeo porteño sólo constaba de 675 cabezas" (1048).

"En l604 el vacuno es todavía escaso en Buenos Aires, pues el gobernador Hernandarias, para su expedición a los Césares, se ve obligado a traerlo de la Asunción, (1049), y al año siguiente una vaca vale en Buenos Aires tres pesos y medio, mientras que en la Asunción sólo llegaba su valor a peso y medio (1050).

A. Coni, da cuenta también de que con la fundación de la ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes, en 1588, adonde se llevaron 1.500 cabezas de la Asunción (1051), las que al reproducirse, permitieron a los jesuitas poblar con ellas todas sus Misiones del Uruguay en ambas bandas (1052).

Por otra parte, en la región del Chaco, no sólo se repartían tierras para los conquistadores, según consta en los repartos hechos por Martín Suárez de Toledo, Tte. de Gobernador y Justicia Mayor, en la otra banda del río en fecha 17 de agosto de 1573, (1053). sino que además se traían ganados vacunos y caballar para la venta en la ciudad de la Asunción, en fecha 9 de diciembre de 1591 (1054).

"Fue ganadero progresista de su época, afirma Roberto Quevedo de Gabriel Riquelme de Guzmán, por sus servicios y el de sus mayores el gobernador Sarmiento le otorgó en 1663 la mayor merced real de tierras de la provincia, se extendía desde Quiindy hasta el río Tebicuary. Tierras que heredaron sus hijos, y otras fracciones posteriormente fueron vendidas por el mismo don Gabriel, a los González Freire, Garcia de Roa, Cavañas y Ampuero y Fernández Montiel, quienes a su vez formaron las primeras estancias del Paraguay; a finales del siglo XVIII fueron sus últimas poseedoras dos nietas de don Gabriel" (1055).

EL CABALLAR: El primer ganado existente en el Río de la Plata –dice Fulgencio R. Moreno–, fue el caballar, que como es sabido, vino con la expedición de don Pedro de Mendoza. A pesar de hondas investigaciones hechas acerca de esa época, no se ha podido establecer en forma definitiva, el número de animales que arribaron entonces a las plazas rioplatenses. Schmidel, dice que en esa expedición vinieron "72 caballos y yeguas, cifra cuya exactitud no ha sido comprobada y en la que parece no incluirse los caballos de guerra pertenecientes a varios capitanes e hidalgos (1056). Pero de cualquier modo, el ganado que trajo el Adelantado lejos de prosperar disminuyó bastante en medio de las calamidades que azotaban a los conquistadores. Y cuando se efectuó la despoblación de Buenos Aires en 1541, los caballos y yeguas existentes, en número de 44, según el cálculo más probable, fueron abandonados por sus dueños en los campos circunvecinos. Dicho ganado pertenecía, según un testigo que pudo apreciar, medio siglo después, su extraordinaria multiplicación", a las castas de Córdoba y Xeres de la Frontera" (1057).

Según el P. Lozano, "los caballos trajo el primero de Andalucía a estas provincias, el infeliz adelantado don Pedro de Mendoza, cuya gente al despoblar el primer sitio de Buenos Aires, para trasladarse a la ciudad de la Asunción, dejó abandonados, año de 1537, en aquel país de que huían como desgraciados, siete caballos y cinco yeguas, por no hallar comodidad para conducirlos, pero les probaron tan bien para su multiplice los pastos y el terreno que en menos de sesenta años no cabía su número en el guarismo..." (1058).

"Esos animales –dice Gilberti–, como los posteriormente introducidos, eran sacados de Andalucía, cuya caballada había sido mejorada por el árabe, entonces la mejor cabalgadura del mundo" (1059).

Hablando de Juan de Garay –escribe Juan Francisco Aguirre: "La primera disposición que hemos visto de él es la ordenanza que publicó para la mejor cría de los caballos y yeguas concejiles. Es menester advertir que desde la entrada de estos animales en la provincia se destinaron (tal vez por el Adelantado Cabeza de Vaca que era el dueño de todos) algunos para la carga del servicio del Rey en cuyas crías llamadas manadas consejiles andaban también las que obtuvieron los demás vecinos, sea por compra o de cualquiera modo. Es natural que para el tiempo de la ordenanza de Garay ya estuviesen las más de las crías separadas de la consejil en las tierras de sus respectivos dueños, pero siempre había muchas mezcladas con aquélla, y como en esto" hubiese confusión para las hierras sucediesen robos y los mancebos perdiesen varios caballos por las sobas con que solían afligirlos, "se trató de poner remedio en todos tiempos. Garay renovó la ordenanza de que se hiciesen las hierras en el corral consejil con presencia de los dueños, pagándose a costa del común los guardas y yeguarizos e imponiéndose varias penas con el fin de conservar y adelantar aquellos animales (1060).

"Pero no es cierto, como algunos creen – dice Fulgencio R. Moreno – que ningún otro ganado, existiera en la Asunción hasta la introducción del vacuno, pues en 1542, llegó a la capital paraguaya con la expedición de Alvar Núñez una pequeña partida de padrillos y yeguas, que fue el origen de la riqueza caballar de esta parte de la provincia".

"Las autoridades intervinieron desde el principio en la procreación del ganado, señalando los animales que debían servir de padres cuyos dueños cobraban por cada potrillo o potranca que nacía de las yeguas la cuarta parte de su precio. Los mejores padrillos y yeguas pertenecían al Adelantado" (1061).

"Cinco yeguas y siette cavallos delos quales el dia de oy auido tanto moltiplico enmenos de sessenta años q. no se pueden numerar, por q. son tantos los cavallos y yeguas q. parecen grandes Montañas y tiene ocupado desde el cauo blanco hasta el fuerte de Gauotto q. son más de ochenta leguas y llegan a dentro hasta la Cordillera" (1062).

"Groussac ha demostrado el error de Ruiz Díaz de Guzmán que ha suministrado el dato de las cinco yeguas y siete caballos. Entre los años 1536 a l581 de aquel plantel inicial no resultarían más de 5.000 cabezas. En cambio, el Contador Montalvo dio la cifra de 80.000 cabezas para el año 1585. El error está en "la base ínfima sugerida por Guzmán: bastaría en efecto, atenernos a la de 44, indicada por Rivadeneira (admitiendo que en efecto hubiera 4 padres, que es proporción excesiva) para acercarnos a las 80.000 cabezas..." (1063).

El caballo español gozaba desde el siglo X de un justo renombre. Entendidos como Thomas Blundeville. el rnarqués de Newcastle. el barón de Eisenberg o Robichón de la Guerniére ensalzaron sus condiciones. Y aún entrado el siglo XVII, en cualquier corte Europea se decía "parece español" para ponderar la calidad o belleza de un caballo (1064). Estos famosos animales, que galoparon por casi todas las calzadas de Europa, se transportaron a Indias como factor bélico o como mero semental parte de toda una generación acreditada. Los servicios que en la lucha prestaron fueron considerables, se les cuidaba con mimo y se les mataba con dolor cuando era necesario, bien porque estaban heridos o para servir de alimentos (1065).

Más adelante prosigue Morales Padrón: "Alcanzaron algunas de estas bestias precios fabulosos por su escasez –30.000 pesos el más caro–, pero cuando procrearon en Indias descendieron muchísimo en su valor, pudiéndose comprar uno por ochenta pesos (1066).

El Cabildo asunceno en un extenso memorial elevado al Presidente y oidores del Real Consejo de Indias, afirma en una de sus partes... "por el mes de ote de cinquenta y nueve llegaron a esta cibdad y puerto setenta ombres de los vos casados y solteros q fueron con el capitan nufrio de chaves ala población delos xaraya con honze navios y setenta canoas y cirto numo de cavallos y setencientos yndios de los que qles vario desta trra Dieron qta al gobernador y oficiales de su mt..."

"ebel año pximo p de sesenta y dos seacordó y determinó... se fuese a los reynos del peru a dar aviso de las cosas convenientes al Real servicio e pa q en los confines delas sierras en la pte q mas comoda y provechosa se pudiese ser se fundase un pueblo... todos los mancebos hijos Dla trra en q quisiere yr con su armas y cavallos y estdo el negocio entermio de partida... salieron de esta cibdad pa este efeto hasta qenta españoles e veynte mancebos hijos dela trra con sus armas e muchos cavallos y el mejor... más de setencientos cavallos E yeguas y más de myll yndios Delos naturales encomendados..." (1067).

El Cabildo asunceno, en fecha 29 de octubre de 1596, acordó que todos los vecinos y moradores de la ciudad que tienen yeguas y cavallos en las manadas consejiles vayan a Recoger las yeguas/cavallos y potros y cada uno tiene en las dichas manadas/ todas las veces que se hicieren los dichos Rodeos de los dichos ganados y que el señor de ganado que no acudiere a hacer lo que es obligado como los demás y la persona que en nombre de la real Justicia se hallare presente puedar dar y de a los que lo travajaren su premio y paga de su sudor y travajo de los ganados que entraren en los dichos Rodeos de los dueños que no hubieren ydo o enbiado y que no produjeron proveyereon y mandaron lo firmaron de sus nombres de lo cual se ade ebtebder que la paga a de ser del ganado que estuviere por herrar y no de lo herrado." (1068).

Para festejar y solemniar el día de Corpus Cristi, el Cabildo de Asunción, el día 12 de mayo de 1587, en honra "y reverencia del santisimo sacramto como otros aos se suele hazer y para qe suso dho se aninie y lo haga con mas voluntad, acordaron sele den seys potros de las q están aplicados por este cabo para obras pías las cuales tome y se le den enel corral y manada grande..." (1069).

En fecha 25 de febrero de 1557, una Cédula Real ordena a la Justicia y regidores proveer de ejidos para los ganados de la ciudad (1070).

"Después de esta ordenanza –continúa Aguirre– publicó Garay el 17 de octubre de 1578 sobre los ganados vacunos: mandó "que todos los señores de vacas desde el río de el Tobaty hasta el que sale de la laguna de Tapaiguá, hasta donde entra el Río del Paraguay, hagan corrrales donde metan el ganado de noche y de día le tengan con guarda porque hacen daño a las rozas y labranzas de los indios comarcanos de esta ciudad que es causa padezcan grandes necesidades y hambres y desamparen sus asientos y se vayan a partes remotas apartándose de la doctrina cristiana y servicio de los españoles á quienes están encomendados. Que estén hechos los corrales dentro de ocho días y que se cumpla so pena de que por cada res del ganado que esté sin guarda de día y sin corral de noche se han de pagar 4 varas de lienzo, la tercera parte para el alguacil de campo que lo denunciare y lo demás para gastos de guerra".

"Aquí tenemos claramente –comenta Aguirre– un estado de la provincia en tiempo de Garay: su bando manifiesta que los indios aún no se habían reunido en pueblos y expresa los extremos que abrazaban las estancias".

"Es muy digna de citarse por último propósito la Ordenanza del Adelantado Juan Ortiz de Zárate de 24 de agosto de 1575, mando "que habiéndose quejado los vecinos de las zonas de que les hacían daños las vacas y que yendo como va el dicho ganado en aumento que se saque de sus heredades y rozas y se lleve al campo grande donde hagan sus corrales y estancias teniéndolas con guarda para que no hagan perjuicio, pena de perdimiento de las vacas que se venderán en almoneda pública para pagar perjuicios" (1071).

Fulgencio R. Moreno, desconocía a Aguirre, de ahí, su falta de información sobre la situación de la ganadería incipiente en los primeros años de la Colonia, y coloca en primer lugar al ganado porcino, afirmando que los caballos y yeguas que vinieron en la expedición de Mendoza fueron abandonados por los conquistadores en las Pampas de Buenos Aires. Aunque esta última aseveración resulta exacta y coincidente con la opinión de Vedoya quien dice: "Nosotros sostenemos y creemos poder demostrarlo documentalmente que el origen del capital comercial porteño RADICO EN LA EXPLOTACION DE LAS MANADAS DE YEGUARIZOS CIMARRONES, descendientes de aquellos alzados cuando se despobló la primera fundación de don Pedro de Mendoza que en 1580 se calculaba en ochenta mil cabezas que corrían libremente por la pampa".

"En consecuencia –dice más adelante Juan Carlos Vedoya–, si algún aliciente hubo cuando se levantó el rollo de la segunda fundación, lo constituían los yeguarizos, única riqueza positiva de la tierra tan considerable y apreciada como para justificar que por su explotación todos los enrolados en la empresa de Garay los fueran exclusivamente "a su costa y misión". Lo prueba, y sin discusión, el Acuerdo del Cabildo realizado el 16 de octubre de 1589 donde al referirse a esos caballos cimarrones los regidores decían: "que de derecho son suyos (de los vecinos) y debajo de esta merced vinieron a poblar con el fundador de esta ciudad" (1072).

Pero según F. R. Moreno, la abundancia relativa del ganado pecuario correspondió a años posteriores y fue el proveniente del Alto Perú traído por Juan Ortiz de Zárate. Una de las condiciones impuestas a este último fue la de "meter en la dicha Gobernación por la Provincia de las Charcas donde tiene su casa y vecindad quatro mil cabezas de vacas, quatro mil ovejas, caballos, yeguas y cabras". El encargado de la traslación del ganado fue el Teniente Felipe de Cáceres, por la vía de Santa Cruz de la Sierra, el año 1568 (1073). El lote traído debió ser importante para que en 1573, se constituyeran campos de uso común – ejidos – para el pastoreo de los animales.

En cuanto al ganado caballar, el Gobernador Ortiz de Vergara llevó al Perú en 1564, alrededor de 700 caballos, habiendo podido sacar dos mil sin la tierra hacer falta" (1074). Posteriormente fueron extraídos de la provincia para la fundación de Buenos Aires y Santa Fe, desde 1582, hasta 1588 alrededor de cuatro mil caballos (1075).

El 29 de mayo de 1595, el Cabildo dispuso. "de común consentimiento de que su (md del alld/andres lobato degodoy tome asucargo la solicitud que fuere necesaria/pa q consu buena orden se amansen las yeguas de la manada grande/y q haga Enello todo aquello q pa elRemedio dello combenga/pa lo cuál y los gastos dello... Y asimismo las demás manadas de toda la tierra y q las pagas y gasto sea del ganado por herrar y lofirmaron (1076).

Ell 2 de junio de 1595, el Cabildo pareció presente/franco camelo Residente Enesta Cabdad y se obligó/primer en su custodia y guarda todos los cavallos y potros q Están Enla derecha de lambaré e/conlas condiciones q las antenido asu cargo los demás q hasta/aqui los an guardado (1077).

El 26 de junio de 1595, el Cabildo asunceno trató un petitorio presentado por el procurador de la ciudad en que trata acerca de la carnicería está abastecida de carne, porque es de extrema necesidad a los pobres padecen solo por lo cual... mandaron se notifique al dho Antono dela vega/q parezca Eneste Cabido /ahacer la fiança q el (uso y costumbre/dando por cada un peso deaocho Reales.quarenta y cinco libras/de carne/como es costumbre/y q como ttayga/cada sabado/quatto Ressen grandes/seEntienda/aver cumplido consu obligación y que no le fuerçen/amas/aunq falte alguna cosa)".

El 10 de julio de 1595, el Cabildo resolvió "q por quanto como es puco y notorio Enesta Cabdad/antiguamente seherravan las yeguas por herrar con un hierro que tenia. El nombre y voz deste Cabildo/y aunque sus mds. lo an procurado/no lo an podido hallar por averlo perdido, y no saben quien/ni quandoseperdio y conviene sehagan diligencias apara amansar los dhos ganados por la esttema necesidad q la tierra tiene de cavallos pa acudir.alas cosas tocantes ala guerra y pacificación delos naturales Reveldes contta. por lo cual mandavan y mandaron sebuelvan ahacer/dos hierros semejantes alos q primero avia/con q se hierren las crias g an parido las dhas yeguas herradas, con los hierros pasados del dho cabi pa que sea conocido por Estar como Esta enlites. El dho ganado y se de y Enttiege ala persona q dr mente le tocare y perteneziere y de como asi lo proveyeron." (1078).

El 31 de julio del mismo año, el Cabildo iwelve a reiterar de que atento a que en las manadas corsejiles ciertos ganados yeguas y cavallos herrados con un hierro que ha mandado hacer este Cabildo fue hecho antiguamente... conviene y es necesario se de cargo dello a una persona de confiança q lo administre y beneficie y tenga/a su cargo herrando todo aquello q pareciere ser tocante y perteneciente al dho ganado y procedido delo que sehallare herrado con el Hierro deste cabi, tiniendo.En ello quenta y Raçon y libro En q lo tenga por asientoconla mas claridad posible por lo cual nombraban a agustin cantero... dieron comision para que hierre los ganados y los haga curar/y pague los diezmos cada un año... de cada seys cabeças q herrare machos o hembras una cabeça como saliere pa lo qual la davan sus (mds licencia pa q luego comience a herrar el dho ganado (1079).

El 7 de agosto de 1595, al Cabildo compareció Juan de Quintana persona ha obligado a amansar el ganado de las yeguas y potros de guarnipitán (Hoy Villeta) (1080).

En el año 1596, se presentó un interrogatorio a la Audiencia de Charcas por los vecinos y pobladores de Buenos Aires, en el pleito que siguieron con el adelantado Juan de Torres de Vera y el Fiscal de S.M. sobre el aprovechamiento de los potros y cavallos procediso de las Yeguas cimarronas, de las que quedajaron los Conquistadores y pobladores que entraron en aquella tierra con el Sr. Don Pedro de Mendoza, Gobernador del Rio de la plata q. los tenían como suyos en virtud de md, que les hizo por sus servicios el Genl. Juan de Garay, cuyo interrogatorio está firmado por Pedro Sanchez de Luques. Los Dhos Sres. de la Real Audiencia hubieron por presentado dho interrogatorio en 9 Dizre. de 1596 as. y mandaron y declararon asu tenor los testigos y firma: Fernando de Medina y se halla corrediocen el original por Jome Sosa. En la 2a. pregunta de dho interrogatorio tiene una foxa; consta que de esta Ciudad de la Asunción del Paraguay fueron sesenta hombres casados y solteros por los años 1580 a poblar la Ciudad de Buenos Aires llevando pertrechos, cavallos y demas necesario todo a su costa sin que S.M. les hubiese dado socorro alguno ni el dho Adelantado Torres y que los mas de esas todos estos sesenta pobladores eran hijos y nietos de aquellos que entraron en esta tierra del Paraguay con el referido Sr. Gov. Dn. Pedro de Mendoza. Se registró en la Asunción 11 de febrero de 1793 por mi Juan Baleriano de Zevallos, Alcalde ordinario de 1º voto. Luego se procedió a varias preguntas, contestando los testigos de que llevaron yeguas y de las que por aquellas savanas se les quedaron fueron multiplicando orejanas sin hierro ny señal de cuyos aprovechamientos... en cuya posesio quieta y pacifica han estado. En el Plata nueve de diziembre de mill y quinientos noventa e dos años. En Audiencia puca.ante los ss. presidente y oydores se presento este ynto. Los dhos ss mandaron declaren por el Fernando de medina" (1081).

Se inició en 1573, con la fundación de Santa Fe, habiéndose llevado 55 caballos según el Factor Pedro Dorantes. Salieron también dichos ganados para Buenos Aires, Concepción y San Juan de Vera de las Siete Corrientes. Para esta fundación Alonso de Vera, llevó 1.500 vacas, e igual cantidad de caballos.

En 1582, Garay volvió a sacar de Asunción, para su expedición al Perú más de 1.000 caballos de los cuales cedió 300 a don Alonso de Sotomayor, gobernador de Chile (1082). Concepción del Bermejo fue fundada llevándose de Asunción, en 1585, 1.000 caballos. Poco después fue llevado a Corrientes otra partida de 1.500 caballos (1083).

El 28 de enero de 1680, el Cabildo resuelve sobre un "potrero cercado y acabado con corral" en el valle de Tacumbú para guardar caballos de guerra y designó a dos cuidadores: "se les señalaba a dichos potreros para su saca y trabajo, que todas las veces que se sacase un caballo, sea obligado su dueño a darles y pagarles (a los cuidadores) un pollo o su valor en cualquier moneda o fruto de la tierra" (1084).

Juan Alonso de Vera y Zárate, hijo del fundador de Vera, en representación hecha al Rey, fija en mil quinientas vacas y bueyes y mil quinientos caballos y yeguas, el número de animales traídos del Paraguay por Saavedra. Sospecho que la cifra es exagerada –prosigue Manuel Florencio Mantilla–, pero lo consigno a falta de prueba contraria. Eran de propiedad del Adelantado, quien los puso al servicio de los pobladores, reservándose los derechos de dominio. De esta reserva procedió la merced hecha el 5 de junio de 1633 por Juan Alonso de Vera y Zárate a la Compañía de Jesús "de los ganados que poseía en e1 distrito de la Ciudad de Vera, en las siete corrientes" (1085).

Al promediar la conquista, el vacuno y el yeguarizo comenzaron a cobrar su verdadero valor de cambio. Ya no se pensaba sólo en las riquezas del Potosí, sino que los antiguos pobladores, tomaron en serio sus derechos de propiedad sobre ellos, y dieron nacimiento al primer partido político que se recuerda en estas comarcas, el partido de los HEREDEROS, cuyo dirigente fue, en cierto modo, Hernandarias, casado con una hija de Juan de Garay.

"El partido de los HEREDEROS –nos cuenta Puigross– reivindicaba para los descendientes directos de los españoles que fundaron los poblados y trajeron los animales domésticos luego abandonados, la propiedad exclusiva de las bestias que provenían de aquellas importaciones iniciales. En consecuencia, consideraba delito y ordenaba que se castigara como tal, la matanza y cuereada de la hacienda cimarrona. Los HEREDEROS pretendían ser los únicos que legalmente podían no solamente sacrificar el ganado, sino también vender sus productos". Quienes lo hacían sin pertenecer al mencionado partido, o sea, sin ser hijos o nietos de conquistadores, eran considerados ladrones o contrabandistas".

"Dos resoluciones ayudaron a los HEREDEROS a hacer respetar el derecho que invocaban: a) en setiembre de 1606 el Cabildo porteño "hizo pregonar que ninguna persona de ninguna condición y estado que sea, aunque sea obligada, no mate ni venda res alguna a persona, si no fuere herrada o señalada de hierro o señal (marca) so pena de seis pesos de multa y la carne perdida", y b) el 22 de abril de 1609 el Cabildo abrió un registro de los accioneros, vale decir las personas, legalmente autorizadas a matar ganado en la campaña, en que se inscribieron 40 vecinos".

"La marca de las haciendas –concluye Puigross– y la calificación de los accioneros constituyen las bases originarias de la ganadería rioplatense" (1086).

Este incipiente comercio ganadero rioplatense daría lugar a fabulosos contrabandos realizados a la Madre Patria, sin pagar impuestos como veremos más adelante. Aunque carecemos de estadísticas ciertas sobre el volumen de la Ganadería en el Paraguay, la importancia de estos puede apreciarse por vía indirecta mediante el vertical descenso de precios. Cabe admitir que el valor disminuyese por aumento de la oferta. Giberti, nos trae este interesante cuadro:

PRECIO DE UNA VACA EN PESOS

AÑOS

PERU

ASUNCION

Bs. As.

1550

100

   

1554

17

   

1559

5

   

1568

 

300 (#)

 

1583

 

1,50

 

1585

   

10-12

1588

   

8-10

1604

 

1,50

3,50

1660

   

0,50

 

#) Gondra (1943, pág. 81) estima exagerado este precio

Fuente: Coni (1930), Gondra (1943), Pillado (1908) (1087).

"Aunque los precios no sean estrictamente comparables por el distinto poder adquisitivo de la moneda en las diversas épocas –consecuencia de la inflación que provocara la avalancha de metales preciosos– proporcionan clara idea sobre el aumento numérico atribuible a importaciones y proceso. Obsérvese como el valor baja primero en el Perú, centro inicial de colonización; una vez que los vacunos alcanzan allí precio bastante razonable, se los lleva al Paraguay, donde su escaso número más los sacrificios necesarios para introducirlos desde el Perú, el Alto Perú o España se traduce en valores altísimos; poco después se logran niveles que permanecen estables a través del tiempo. Buenos Aires, poblada posteriormente, pasa por períodos similares".

"Cuando los rodeos vacunos excedían la demanda local de carne, su precio bajaba considerablemente por la absoluta imposibilidad de utilizar el producto. Cuero, grasa y sebo, factibles de conservar y susceptibles de demanda más elástica, pasaban entonces a defender el valor de los animales; quedaba también la posibilidad de exportarlos por vías legales o clandestinas. Cualquiera fuere la causa del valor mercantil –carne, cuero, etc –, manteníase la propiedad del ganado como medio más efectivo para asegurarse el usufructo de los bienes resultantes".

"En 1602 –continúa Giberti–, Felipe III, permite a las provincias del Río de la Plata, por el término de 6 años, extraer frutos de su cosecha en avíos propios, hasta completar 2.000 fanegas de harina, 500 quintales de cecina (1088) y 500 arrobas de sebo, con destino al Brasil, Guinea e islas circunvecinas, para traer de retorno tejidos, calzado y metales, (Coni, ps. 15-17), cuya labor de filtro histórico es admirable, destaca que el hecho motivó el equivocado juicio de muchos historiadores sobre la capacidad productiva de Buenos Aires" (1089).

La costumbre de la provincia –afirma Aguirre– ha sido llamar una merced de Estancia (1090). 3 leguas de frente y una de fondo, si así se hubieran gobernado, el derecho de la media anata era justo lo que no es en la Provincia de Buenos Aires, que estando impuestos igualmente por frente dan poco a este y agrandan mucho el fondo. Con prevención dije que la costumbre de la del Paraguay era de llamarla o de nombre porque en la práctica no se puso, ni era posible, siendo sus terrenos llenos de montes y otros mojones que se prescribieron en los títulos como era natural y comprendían los campos y lugares que sacaban por merced. Tan antojadizos como hoy se admira en la merced llamada de Riquelme, la cual comprendía desde los arroyos del Acai al Ibicui, el Mbuyapei, el Tevicuari y el Paraguay que es la mejor tierra de la provincia. No sé cuándo le fue dada pero creo fue por los años 1680. Su extensión se admirará en la carta que se puede ver".

Hacienda que baja de la Villa. Aún en tiempo que existían las miserables ciudades de arriba me constan diferentes partidas redituadas a S.M. y algunas de ellas remitidas a la Caja Real de Buenos Aires. Dn. Luis Salcedo oficial real en este puerto / acusando en globo el recibo de una cantidad de hierba de estas ciudades escribía en 17 de mayo de 1624 al Capitán Dn. Juan Bautista Corona su Teniente en la Asunción "embiase simpre cuanta hacienda sobrara a S.M. porque eran tantos los gastos que hacía en el puerto que pasaban de veinte mil pesos" (1091).

Sin embargo, ante la escasez de ganado en la Provincia del Paraguay, se estima que en 1650, una vaca vale en Asunción casi 4 pesos fuertes y en la vecina Corrientes se regalan por unos reales, siendo la relación de precios de 1 a 48 entre las dos ciudades. A estar por un Acta Capitular de Corrientes, una vaca de dos años vale una libra de yerba y en la misma época, esa misma vaca se vende en Asunción a 4 pesos fuertes, es decir 12 pesos corrientes, o lo que es igual, 96 reales corrientes y la libra de yerba vale 2 reales... (1092).

En febrero de 1695, el Gobernador de la Provincia D. Sebastián Félix de Mendiola, nombra al Capitán José Abalos y Mendoza Administrador en la repartición de ganados traídos de Corrientes, y que sumaban a unas 2.900 cabezas. Al mismo tiempo, se recaudaron los derechos de Alcabala sobre los mismos (1093).

"La gran escasez de ganado –afirma Manuel Florencio Mantilla–, sentida en el Paraguay en 1717 nulificó la orden prudente, porque le opuso el espíritu de lucro excitado por la constante demanda de los paraguayos. Cuando acordaron contenerse, ya era tarde: estaban en plena carestía. Los habitantes (de Corrientes) se vieron precisados a gestionar ante el Cabildo, por intermedio del Procurador de ciudad, una providencia general del Gobernador para que de todas las tropas de ganado que cruzasen el territorio con destino al Paraguay fuese vendido un tercio por vía de repartimiento a los vecinos", solicitud que el Cabildo tomó a su cargo y que Zabala despachó favorablemente en 1727" (1094).

El 14 de noviembre de 1723. el Gobernador de la Provincia del Paraguay, ordena sobre la distribución y administración de los ganados traidos de la Ciudad de Corrientes y vayan a la tablada de Ñanduá (1095).

Según Juan Alvarez, el ganado en el año 1714, no tenía valor en Rosario, ya que se cotizaba a poco más de un peso por cabeza, bien que no se trate de venta sino de estimación prudencial. "En vida del titular de la merced (1685, abril 12), los cabildantes de Buenos Aires reputaban precios razonables: res en pie nueve reales, un cuero dos reales, una lengua medio, la arroba de sebo dos, igual una tercera, y el cuarto de carne real y medio; pero en junio de 1720 un vecino de Santa Fe ofrece al mismo Cabildo seis mil cabezas a siete reales pieza" (1096).

El 27 de febrero de 1771, Juan Bautista Lasida, vecino de la Ciudad de Buenos Aires, suplica a S. Magestad sobre permiso para introducir mulas en el Brasil por vía del Paraguay, la cantidad de 25.000 mulas durante cuatro años (1097).

En el año 1771, se planteó un curioso cobro de un supuesto gravamen que impusieron las autoridades de Buenos Aires, desde el año 1766, por el jIlgTeso de partidas de mulas, caballos, yeguas y vacas, según una información recibida por mercaderes en el Juzgado de 2do. Voto. Según una presentación de uno de los ganaderos, de fecha 11 de setiembre de 1771, la "Licencia", era otorgada en forma precaria y el pago no ingresaba en la Real Hacienda, y desaparecía en las arcas particulares de los distintos Gobernadores de aquella época (1098).

LAS VAQUERIAS

"Eran las vaquerías –nos explica Giberti–, incursiones en los campos, para cazar el ganado cimarrón que pastoreaba libremente. El procedimiento resulta peculiar: se reunía un grupo de hombres, muy buenos jinetes, con abundante número de perros; salían todos a la campaña y al toparse con vacunos cimarrones los rodeaban ayudados por los perros; corriendo tras ellos los herían en el garrón con un instrumento especial, el desjarretadero (1099), compuesto de una filosa media luna atada al extremo de una caña. Seccionados los tendones del miembro posterior, el animal, imposibilitado de correr, caía al suelo. Terminada esta etapa, volvían los jinetes sobre sus pasos y mataban las reses, sacándoles cuero, sebo y lengua; el resto quedaba sin aprovechar, para alimento de fieras y perros salvajes que pululaban por la campaña. Otra forma de vaquear consistía en enlazar o bolear los animales para sacrificarlos después".

"Las vaquerías eran empresas de riesgo, por el peligro del indio y la combatividad del ganado cimarrón; en ellas no participaban los esclavos cuya escasez elevaba grandemente su valor mercantil".

"Las vaquerías tuvieron su origen en correrías que efectuaban los estancieros por terrenos vecinos a sus propiedades, en busca del ganado huido; pero con frecuencia esas incursiones no se limitaron a recuperar los anima alzados: arreaban también vacunos orejanos (sin marca). Cuando la difusión del procedimiento provocó conflictos entre hacendados y amenazó extinguir una fuente de riquezas, las autoridades tomaron cartas en el asunto" (1100)

Para Emilio A. Coni el origen de las vaquerías está en lo siguiente: "Nueve años después de fundada la ciudad viene un fraile pretendiendo las vacas alzadas, a lo que los vecinos contestan por acta de Cabildo del 16 de octubre de 1589: En lo que toca a las vacas que dice ser mostrencas, que en esta ciudad no hay ninguna, porque todas son de los vecinos de esta ciudad y que si han dejado por descuido de herrar alguna se han aplicado a San Martín nuestro patrono, porque de otro pueblo no entra aquí ganado vacuno ni puede entrar". En esas pocas vacas domésticas huidas y cuya existencia negaba el Cabildo, por razones obvias, estaba el germen de las vaquerías porteñas".

Es importante establecer el sistema utilizado en Buenos Aires, referente a las vaquerías, ya que poco es lo que sabemos al respecto de la Provincia del Paraguay, por la escasez de documentación.

Así por ejemplo Coni, expresa: "La primera mención de que el vacuno cimarrón existe en Buenos Aires en cantidad apreciable, la encontramos en 1608, es decir, veintiocho años después de fundada la ciudad, año en que el Cabildo concede el primer permiso a Melchor Maciel. Con fecha 29 de marzo del año siguiente se presentan ante el Cabildo otros dos interesados solicitando licencia para hacer matanza en él".

"Esta solicitud sirvió al Cabildo para sentar la doctrina de que proviniendo el ganado cimarrón del doméstico alzado, los dueños de este último debían ser los primeros en gozar de sus frutos. Por esto se abrió la matrícula en base de las declaraciones juradas de los vecinos, contando el número de cabezas que se les habían huido. Estos vecinos se llamaron accioneros y transmitieron su derecho por herencia, donación, o venta hasta el siglo XVIII, llegando a confundirse la propiedad de las tierras con la acción de vaquear" (841).

El Padre Nicolás del Techo también nos da cuenta de las mismas prácticas: "Otros entraban a vaquear (así llaman el recoger este ganado), para hacer copiosas cargazones de corambre que se conducían no sólo a España, sino a Francia y otros países extraños, y así como en unas como en otras entradas era imponderable el estrago que causaban en las vaquerías, porque para tener sujetos por la noche muchísimos millares de vacas cerriles, o como acá llamamos CIMARRONAS, que cada tropa de gente iba recogiendo no había otro cerco o corral, sino el que forman de las reses, que cada noche mataban y en circuito muy grande les pegaban fuego, para que sus llamas contuviesen en un lugar las recogidas lo cual duraba meses enteros; la carne de las que mataban, o para corambre, o para sólo sacar sebo y grasa, se dejaba perdida por los campos, fuera de eso, cada uno de los peones vaqueaban, y eran muchísimos, o de los viandantes, mataban por su antojo la vaca que mejor les parecía por sólo sacarle ya la lengua, ya otro bocado de su gusto, abandonando todo lo restante para sustento de las fieras y de las aves de rapiña".

"Este desorden ocasionó la ruina total de aquella masa que parecía infinita de ganado vacuno, con que no teniendo que echar mano muchos vecinos de Buenos Aires y Santa Fe; que para enriquecer se dedicaron a este ejercicio de vaquear, abrieron otra vaquería, que de la otra parte del Río de la Plata, entre el Uruguay, el mar y el Brasil, se había formado así de las vacas que abandonaron los indios de nuestras Misiones cuando, horrorizados de las hostilidades mamelucas, desampararon su provincia del Tapé, para retirarse a las del Paraná y Uruguay, como de otras que fueron metiendo de nuevo los mismos indios" (1102).

"Sin embargo, –dice Coni– los rodeos cimarrones crecen más lentamente que los apetitos de los vecinos, y es necesario tomar medidas para evitar su menoscabo, tal como se había hecho en 1612. En 1615 el gobernador Hernandarias de Saavedra, exagerando la nota, dice "que los vecinos han quedado más pobres por haver consumido todos los ganados de la provincia", y dos años después manifiesta el mismo: "E puesto mucho cuidado en que no se pagan matanças de ganado vacuno en que avia grande desorden porque matavan las terneras y las reses hembras con que a ydo en mucho augmento en estos dos años" (1103).

Este gobernador Hernandarias de Saavedra instó a los pobladores para que, en vez de matar el ganado cimarrón, para utilizar sólo el cuero y el sebo, lo utilizaran para poblar estancias, y tomó severas medidas para que sus disposiciones se cumplieran, llegando hasta confiscar los desjarretaderos (1104). Así se llamaba a una filosa media luna colocada en la punta de una caña, y con la cual desde a caballo se cortaba el jarrete de las vacas, imposibilitándolas de huir, hasta el momento de ultimarlas".

De 1619 a 1621 los vecinos de Santa Fe recogieron, gracias a la previsión de Hernandarias, más de 50.000 cabezas vacunas, con las cuales poblaron sus estancias (1105).

Las primeras vaquerías de los pobladores asuncenos, fueron realizados hacia el Chaco, lugar de asentamiento natural del ganado. Pero, es recién en 1626, que tenemos noticia de una contrata para realizar una vaquería (1106). Con posterioridad, (1639), la situación de los indios infieles, convertirá tales correrías en factor de absoluta inseguridad, y mirar la Provincia del Paraguay, de abastecerse de fuente correntina. (1107).

Sin embargo, por una orden de Hernandarias del 26 de setiembre de l621, se confiscaron las "desjarretaderas", cuando prohibió las vaquerías, fue en realidad la supresión del uso libre del instrumento de la explotación ganadera vacuna, para proteger así su explotación ordenada por la clase hacendada. En este sentido –dice Juan Carlos Vedoya–, fue una clásica expropiación de instrumentos de producción, realizada en beneficio de una determinada clase social" (1108).

"El siglo XVII señaló el hallazgo de un producto que pronto se transformaría en mercancía básica de la vida económica de las poblaciones y campañas rioplantenses: los cueros".

"Los vacunos y yeguarizos introducidos por los conquistadores se ha criado y multiplicado a campo abierto, lejos de los cuidados del hombre, y constituían una riqueza potencial. Nada valía, sin embargo, puesto que no los demandaba el mercado exterior y abundaban al punto de estar alcance del primero que los quisiera".

"Al principio se mataban esos cuadrúpedos con el sólo fin de comer su carne casi cruda y sin sal, abandonando el resto sin utilizarlo. Más adelante la carne se empleó también cortándola en tiras y haciéndola secar, vendiendo el producto así obtenido –la cecina– a las tripulaciones de los barcos o enviándolo a las costas del Brasil para consumo de los esclavos negros".

"Luego se sacó provecho del cuero y del sebo, especialmente del primero. Como se desconocía el procedimiento para curtirlos, los cueros eran usados AL PELO, o sea en estado natural. Aplicáronse a diversas funciones: sacos, retobas de fardos y cajones, guacas, correas, sogas y hasta en vez de clavos en la construcción de las casas. Perdíanse gran número de ellos, por los estragos que hacía la polilla, pero su abundancia era tal que compensaba con creces esas pérdidas. Generalizóse tanto su uso que un escritor ha denominado a esa época del Río de la Plata, la civilización del cuero".

En 1605. salió de Buenos Aires la primera exportación de cecina y tasajo con destino a Cuba y Brasil; en 1607, 50 cueros tuvieron igual destino; en 1609, la cantidad aumentó a 80, y en 1625, llegó a 27.006. A fines del siglo la exportación adquirió un vuelco tan extraordinario que en 1670 partieron de Buenos Aires veintidós barcos holandeses cargados de cueros" (1109).

Sin embargo, esta etapa de abundancia, decayó notablemente con la extraordinaria exportación de cueros, experimentando un retroceso notorio la existencia de ganados. En 1718, el ganado cimarrón había casi desaparecido, y esto causó una seria preocupación a las autoridades del Plata (1110).

Las Misiones jesuíticas por l720, abastecían cómodamente a sus pueblos por medio (le grupos de indios que arreaban el ganado necesario, pero luego dice un testigo "entraron los españoles a esta gran vaquería a hacer faenas, no de carne, que harto tienen de esto en sus ciudades, sino de cueros para cargar los navíos de España, y ha sido tanto el desorden junto con la codicia, que ya no hay vacas" (1111).

Cuando formuló sus acusaciones respecto a la yerba, Bolaños representó también sobre la prohibición de extraer cueros que existía en el Paraguay con el pretexto que eran indispensables para hacer zurrones y petacas para la yerba, el tabaco, etc., y para formar embarcaciones del tráfico fluvial, en que estos productos eran transportados a Buenos Aires. La prohibición tenía visos de irregularidad y había que hacer lo posible para levantarla y fomentar la exportación de cueros. A simple vista, se sabía que el Paraguay –dice Tjarks –, contaba con 1.200.000 cabezas de vacuno aproximadamente, con un procreo de unos 300.000 animales por año. De ellas, se sacrificaban unos 10.000 para los 20.000 zurrones de yerba de exportación y otros 10.000 para las petacas y el forrado de los barcos, o sea que si se sacrificaba el remanente, habría la friolera de 280.000 cueros sobrantes, que forzaban a pedir la autorización para el giro en beneficio del erario, del comercio local, y nacional. Para la yerba y el tabaco bastaban los cueros de vaca y apolillados que no se podían negociar y también mermaría el consumo para usos navales cuando se reglamentara la navegación y todas las barcas tuvieran su cubierta de madera, en vez de toldillas de cuero.

El expediente pasado al diputado de Asunción, fue girado al gobernador Rivera, quien a su vez mandó que los ministros de real hacienda asentaran las exportaciones de cueros registradas. Surgieron cifras interesantes: En 1796 se extrajeron 5.062 cueros de garra y 700 redondos, en 1797, fueron 4.623 de garra y 576 redondos; en 1798, salieron 4.447 de garra y 630 redondos. Ello sumaba un total de 14.182 cueros de garra y 1.900 redondos. A continuación se copiaron declaraciones de varios comerciantes asunceños, que coincidieron en afirmar que nunca se habían experimentado dificultades para exportar a otras provincias o a la capital, información que corroboraría el ayuntamiento local. Todos estos informes complementaban el del diputado, quien recordaba que durante la gobernación de Melo de Portugal se había prohibido la exportación en forma temporaria, para suplir a la demanda local de envases, mas a pesar de ello se siguieron sacando cueros en licencia. Sebastián de Aramburu y dos o tres comerciantes más, venían realizando una exportación más o menos regular de corambre. Las licencias se regularizaron durante el gobierno de Alós, pero fueron muy pocos los que usufructuaron de ello, por desconocer los beneficios de ese comercio o considerarlo labor poco honrosa y "con desprecio". Tenían dificultades de transporte y el terrible inconveniente de "estar expuestos a la polilla de que abunda el territorio" pero solucionados con el reglamento los problemas de navegación, se esperaba el aumento en el tráfico de cueros, "teniendo a la mano la facilidad de beneficiarios con curupay, para preservarlos de polilla, cuyo costo deve sin duda influir a su mayor estimación, de este modo se dará salida a tanto ganado detenido, pues no ay quien compre a quatro rreales la cabeza en partida, ni quien quiera pagar dos rreales por cada cuero de garra en los mismos pueblos". Por falta de mercado los hacendados iban descuidando los hatos de ganado y paxa estimular otra vez su interés –decía la Cerda– convenía abrir una "fábrica de suelas... por los experimentos que han hecho dos zurradores de tal qual inteligencia". Con artesanos eficientes fácilmente se pondría en marcha una "tenería capaz de dar anualmente de treinta á quarenta mil zuelas". Tal era la abundancia de materia curtiembre en la jurisdicción, que estaba por salir con destino a Santa Fe un buque, cargado de "cáscara" (curupay) para la tenería instalada en aquella ciudad. Bastaba hallar dos maestros curtidores con 600 pesos anuales, casa y comida, para que enseñaran el oficio a los artesanos locales. Todos esos datos llegaban a la Junta el 9 de junio de 1799. El síndico de la Cagigas observó que los informes de Cerda no coincidían con las declaraciones del conciliario Bolaños, de lo que resultaba con absoluta seguridad que no existía tal prohibición de ex cueros. El Consulado no tenía fondos para mantener una curtiembre, pero el proyecto podía realizarse si el diputado estimulaba a los vecinos pudientes, para que instalaran tal fábrica y se proporcionaran maestros a su costa. Esa también fue la opinión de la Junta, al conformarse con el dictamen (1112)

La necesidad de curtiembre –nos dice Tjarks–, se manifestó también en el Paraguay, donde la polilla producía grandes estragos. Un informe del representante consular en Asunción, Gregorio Tadeo de la Cerda, pedía la instalación de una fábrica de suelas en esa provincia en la que abundaba la "cascara" (curupay), que se enviaba a Santa Fe "para la tenería que allí se ha establecido". De la Cerda requería el envío de maestros curtidores, de cuyo salario y manutención se encargarían los pueblos indígenas a quienes enseñarían ese arte y pensaba instalar la primera fábrica en el pueblo de Yaguarón, cuyo administrador ya tenía todo dispuesto para poner mano a la obra, no bien llegaran los técnicos. El plan del diputado consular fue ampliamente apoyado por el gobernador Ribera, pero no había artesanos en Buenos Aires para enviar a aquella región. La guerra y otras dificultades impidieron atender más adelante en forma conveniente este interesante proyecto del diputado De la Cerda (1113).

Por investigaciones realizadas sobre propiedades y testamentos en el Archivo Nacional de Asunción, arribamos a la conclusión de que la consolidación de las primeras estancias hacia el Norte del Paraguay, fueron realizadas sobre la dirección de los jefes militares de los diferentes fuertes y presidios de esa zona. En la lista que veremos más adelante desde luego, aparecen los nombres de los principales estancieros de la época.

Una de las principales estancias de la zona Norte, fue la denominada Estancia del Rey, que se pobló con 2.019 cabezas de ganado, realizada par donación de los vecinos de Asunción, y se hallaba ubicada a 1 legua de la Villa Real de la Concepción, y de una extensión aproximada de 5.500 Hás. (1114).

La función primordial pues de las estancias en la época colonial según Wisner de Morgenster, fue el abastecimiento de carne y caballos a las tropas fronterizas, de cueros a las curtiembres y beneficios de yerba y carne a las familias indigentes (1115).

En el "Repartimiento de terrenos", en la Villa Real de la Concepción entre 1792 y 1806, se concedieron 56 mercedes reales para "puesto de Estancia", variando las mismas según su extensión siendo las mismas de 25.000 Hás., las de tipo latifundistas; de esta a 10.000 Hás., las más grandes; y de estas a 5.000 Hás. las regulares; y de éstas a 1.000 Hás. las pequeñas y las menores de 1.000 Hás. (1116).

Si bien se llegaron a formar algunas grandes estancias en la zona de Concepción, Ycuamandiyú o Villa de San Pedro y los fuertes del Río Apa, fueron debidos a los diferentes jefes militares que se convirtieron en importantes hacendados. En 1797, la invasión de los indios Mbayaes produjo una dispersión de casi toda la zona ganadera del Norte, motivo por el cual el Gobernador encomendó al Comandante Juan Bautista Rivarola a repoblar las antiguas estancias abandonadas, la mayoría de las cuales no fueron repobladas quedando en estado de abandono (1117).

Como puede apreciarse, la suerte de la ganadería en el Paraguay, a fines del Siglo, comienza a cobrar una importancia mayor, y se comienzan los primeros embarques de cueros al pelo realizados por primera vez desde Asunción, en los años 1796, 1797 y 1798 (1118).

El Gobernador Militar y Político del Paraguay y Misiones, en fecha 2 de marzo de 1809, ordenó cortar de raíz los crecidos robos de animales que se hacían en las campañas, obligando a los hacendados a presentar una relación documentada de sus marcas al Alcalde Provincial o jueces comisionados, bajo pena de una multa de 12 pesos. Se prohibió, a la vez, a los herederos la fabricación de marcas sin permiso previo del Alcalde Provincial, y se Ordenó la contramarcación del ganado entregado al diezmo, o que fuera objeto de venta, donación y permuta. Se estableció el tiempo de rnarcación entre marzo y agosto para evitar la apropiación indebida de ganado, bajo pena de perderlo en beneficio del Rey, si pasado dos años se hallase orejano. Hay que destacar que los robos de ganados entre los propios estancieros era lo común por falta de alambradas (1119).

Según Aguirre, a fines del siglo XVIII el sueldo de un peón de estancia ascendía a dos pesos plata, pagaderos inicialmente en géneros o ganado y posteriormente en efectivo (1120).

Hay que destacar que los capataces y peones de las estancias estaban exentos del servicio militar, según una disposición del 15 de octubre de 1789, pero contribuían al Ramo de Guerra, con una prestación de 20 pesos anuales, por su liberación de la prestación del servicio militar (1121).

El 24 de enero de 1792, el Gobernador dispuso que tanto los capataces como los dueños de estancia se hallaban exonerados del impuesto de 10 pesos plata anual y del servicio militar, bajo la sola condición de entregar una res por cada quinientas cabezas de ganado de su propiedad. Esta liberalidad les fue concedida gracias a las múltiples y continuas colaboraciones de los hacendados hacia la mantención de los fuertes y presidios existentes (1122).

Estancias que se hallan sobre la costa del río, desde la Angostura hasta la cayda del Tibiquari.

Bedoya Achucaxxo

Puerto de este Juan Osoxio

El Rey Pedro Jph. Recalde

Chapxxo Frano. Xavier Recalde

Noguera el Dor. Almada

Sandobal Pexo Guayxeño

Ayala Gaspar Fernández

Lugo Población de Remolinos

Gexónimo S. Migl. Jose Ayala Pedro Jph. Tillexía

Reynoso Melchor Tillexia

Juan dela Crux Acosta Meza

Toxarles Dámaso Rodxiguez

Nuñez Gauto

Casco el P. Rexalaga

Don Juan Cipriano Delgado Loxenco Benitez

Samaniego Baxxreto

Bauptista Machuca Gonzalez

Manuel Nuñez Chevexxía

Caxeres Moxa

Caxlos Rodas Dn. Pastor Toxxrez

Pasqual Machuca Don Jose Espinola

Melchor Alegre Juan Franco Lescano

Chxristobal Belasquez Salvador Gonzalez

Gaxcía Lucas Delgado

José Ramón Amaxilla Don Roque Recalde

Juan José Rodas Don Franco Poxtillo

Silvestxe Amaxilla el Pueblo de Atixa

El Pueblo de Guaxambaxé

Baldovinos MANL. GAXCIA"

Pexeyxa

El Yexno de Baldobinos.

Asumpon y Junio one de mil setecientos noventa y uno" (1123).

Todas estas estancias de particulares, desaparecerían por completo en 1818/9, al advenir la larga dictadura de Francia, al efectuar una comparación con dicho período (1124).

 

"Razón de los sugetos que han pagado el derecho de alcabala en la Receptuxia de esta capital y en la Villa Rl. de Concepción por ventas que han vexificado de ganado bacuno y otros animales sacada de los cuadernos de los mismos receptores a sabex:

 

En esta Capital

Ns. de pdas. del Gno.3

FECHAS

 

81

Mayo 17

Dn. Domingo Franco Rodriguez

114

Septxe 14

Don. Igno. Bexasategui p. Alejandxo Aguinaga

1782

 

209

Novxe 27

Dn. Matías Saldívar

 

1783

 

29

Frebxexo 11

Dn. Vicente Chapaxxo

65

Maxzo 26

Dn. Loxenzo Garzete

104

Mayo 24

Dn. Toxibio Maxia

107

Mayo 24

Dn. Ramon Rivaxola

111

Junio 5

Juan de Villalba

129

Junio 20

Ramón Flecha

126

Junio 20

Dn. Santiago Baez

128

Junio 26

Gxegpxop de Acosta

205

Ocbxe 30

Da. Rosa Antonia Osuna

239

Dbxe 23

Dn. Felipe Segovia

230

Dbxe 23

Dn. Juan Tomas Pexez Segovia

 

1784

 

48

Enexo 19

– – – – – – –

48

Maxzo 1

Dn. Franco. Ygno. de Roxas

56

Maxzo 29

Dn. Franco. Duarte

74

Mayo 8

Dn. Franco. de Ysati

111

Julio 16

Dn. Juan Ygno. Villasanti

149

Octxe 3

Dn Lauxeano Baxxeto

 

1788

 

22 (Gno. de Yexxa)

Dicxe 19

Dn. Pedxo Pablo Leon

 

1789

 

5

Enexo 9

Dn. Pedxo Pexeyxa

15

Enexo 14

Dn. Pasqual Palabisino

77

Mayo 22

Dn. Juan de Roxas

139

Agosto 22

Dn. Diego

193

Novxe 9

Dn. Felipe Ysca

222

Dicxe 7

Dn. Pedxo Pexeyxa

231

Dicxe 10

Dn. Félix Oxtiz

10 (Gno. de Yexxa)

Dcre. 24

Dn. Pedro Nolasco Domecq

 

1790

 

47

Maxzo 10

Dn. Domingo Balenzuela

72

Junio 4

Dn. Antonio Maxt. Viana

113

Svxe 28

Dn. Juan Riquelme

156

Nvxe 6

Dn. Loxenzo Gomez

 

1791

 

23

Febrero 8

Dn. Domingo Balenzuela

151

Novxe 28

Dn. Miguel Anto. Fexxeyxa

161

Dizxe 3

Dn. Domingo Balenzuela

 

1792

 

113

Septxe 28

Dn. Domingo Balenzuela

173

Dizxe 14

Dn. Juan Guillexmo. Admor. del Real Hospl.

 

1794

 

60

junio 1

Dn. Juan Bautista de Goyas

 

1795

 

43

Abril 14

Dn. Juan Anto. Montiel

102

Agosto 20

Dn. Antonio Cxuz Fexnandez

 

1796

 

28

Abril 3

Dn. Juan Loxenzo Gaona

49

Junio 14

Dn. Tomas Roxas

89

Octxe 5

Dn. Juan Loxenzo Gaona

3 (Gno. de Yexxa)

Febxexo 3

Dn. José de Ysasi

 

1798

 

24

Febxexo 23

Dn. Matías Maiz p. Dn. Franco. Maiz

31

Maxzo 5

Dn. Sebastián José Mixanda

161

Novxe 5

Dn. Juan Lorenzo Gaona

 

1800

 

19

Febxexo 6

Dn. Franco. Gaciga

129

Julio 19

Dn. Franco. Vexdejo

181

Novxe 4

Dn. Fexnando Anto. de la Moxa

230

Dicxe 19

Dn. Juan Loxenxo Gaona

 

1801

 

129

Sepvxe 12

Dn. Juan Loxenzo Gaona

 

1803

 

41

Julio 16

Dn. Ysidro Xaques

51

Septxe 1

Dn. Loxenzo Roxas P. Dn. Ramón Roxas.

EN VILLA REAL

Año de 1788

 

23

Julio 10

Dn. Juan estevan Roxas

30

Julio 29

Dn. Ygnacio Maldonado

31

Agosto 13

Dn. Juan José Bogado

 

1789

 

24

Abril 28

Dn. Juan Santos Hexxexa

28

Mayo 16

José Ygno. Cuanca

47

Septxe 16

Dn. Maxtín Tomás de Mendiola

 

1794

 

23

Abril 22

Dn. Gexaxdo Ugaxte

40

Sepvxe 22

Dn. Juan Bautista Espinoza

42

Sepvxe 22

Dn. Anselmo Sanguina

43

Sepvxe 23

Dn. José Ayala

26

Agosto 21

Dn. Juan Manuel Gamaxxa

28

Sepxe 4

Dn. Juan Ygn. Cavallexo

41

Octxe 24

Juan Masiel

43

Octxe 30

Dn. Franco. de Mesa

48

Novxe 5

Dn. Juan Andxés Gaxcía

53

Dicxe 29

Dn. Juan Asencio Ocampos

16 (Gno. de Plata)

Dicxe 4

Dn. José Teodoro Aguax

 

1798

 

5

Maxzo 10

Dn. Manuel Ant. Coene

15

Junio 9

Dn. Juan Gelli

 

1799

 

2

Febxexo 5

Dn. Martin Rodxiguez

9

Febxexo 21

Dn. Gaspar de Escobax

50

Octve. 28

Dn. Luis Maxtin de Caminos

1 (Gno. de Pta.)

Febxexo 9

Dn. Juan Franco. Lezcano

2

Febxexo 5

Dn. Vicente de Castxo

 

1800

 

49

Mayo 29

Dn. José Anto. Rivarola

51

Junio 4

Dn. Maxiano Bogaxín

80

Otre 27

Dn. Maxiano Bogaxín

 

1801

 

81

Dicxre 14

Dn. Ramón Lopez

 

1802

 

14

Maxzo 13

Dn. Franco. Quevedo

61

Novre. 22

Dn. Aslonso Ramos

79

Dicxe 22

Dn. Alonso Ramos

 

1803

 

29

Maxzo 24

Dn. José Ant. Gaxcía pr. Dn. José Espinola

34

Mayo 7

Dn. Anselmo Ramos y pox él Dn. Fexnando de la Concha

31

Junio 1

Dn. José Anto. Gaxcía

81

Dicxe 29

Dn. Ramón Espinola pr. Dn. José Espínola

Asunción del Parag.y de Agosto de 1804

BARNABE GONZALEZ JPH ZAQN. DE GOYBURU" (1125)

 

EL PORCINO, CARNEROS Y CABRAS

 

Según Fulgencio R. Moreno, atribuye la aparición del porcino a una carta de Irala del año 1541, antes del abandono del Río de la Plata. Y de allí sin duda, procedió el primer plantel de dichos animales en la ciudad de la Asunción (1126).

"Por delicadeza no lo incluimos en el epígrafe, pero el cerdo forma, con las otras dos bestias, la trilogía animal de la conquista. El ganado porcino sirvió como elemento de conquista y de colonización, al contrario que la vaca utilizable sólo para la colonización, nos dice Francisco Morales Padron. El cerdo podía formar parte de las expediciones bajo dos personalidades: como tocino o como tal cerdo que vivo y apreciado, marchaba en largas recuas a retaguardia. Su facilidad para multiplicarse, y los abundantes pastos que allí, hizo de él un factor importante y familiar prontamente transformado en cimarrón (1127).

Resulta por demás elocuente, la venta de una puerca en mayo de 1544, según un documento que dice: "Conozco yo min de orue escrivano de governación que vendo a vos pedro de corral estante en esta ciudad media puerca que yo tengo y me pertenece de vna puerca que tenemos de compañia entre mi e diego de tobalina e lope de vgarte e los suso dichos thenían la otra mitad de la dicha puerca e por concierto que entre mi e voz el dicho pedro de corral ha avido os he vendido e vendo la dicha media puerca/por Razón que por ella me deys e pageys dos cochinos embras destetadas e por que yo os devia... quesfecho en la ciudad de la asunción a diez e ocho días del mes de mayo de mil e quinientos e cuarenta equatro años... (1128).

"Lo que fue, quizá, –dice W. Parish–, de más importancia para los pobladores del Paraguay fue la adquisición de algunos carneros y cabras traídos de Europa, que compraron a sus paisanos del Perú (1129), los primeros que se habían visto en el país" (1130).

"Cabras y ovejas –dice el P. Nicolás del Techo–, metieron en el año de 1549 a la provincia del Paraguay Nuflo de Chaves y Miguel de Rutia desde el Perú, a donde habían pasado a ofrecer al licenciado Pedro de la Gasca el ausilio de los castellanos del Paraguay contra la rebelión de Gonzalo Pizarro, y de vuelta las trajeron por el país donde Chaves fundó después la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Ha sido poco el multiplico, quizá por descuido más que por inhabilidad del terreno" (1131).

"Los burros son también traídos de Europa –prosigue del Techo– y de su comercio con las yeguas hay entabladas cuantiosas crías de mulas algunas velocísimas para caminos, y todas muy fuertes para el trabajo; procrean con tanta copia, que de solas las ciudades de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, se sacan cada año para el Perú, donde sirven para el ordinario trajín, cincuenca mil mulas, siendo más estimadas las que se crían en las serranías de Córdoba" (1132).

 

LOS INICIOS DE LA PRODUCCION Y COMERCIO COLONIAL

Los primeros impuestos nos describe Juan F. Aguirre: "Todo se debía pagar de los diezmos y merece expongamos la mara (sic) de ellos que pagaron los conquistadores y pobladores desde 23 de julio de 1539 hasta 28 de enero de 1541, cobrados por el veedor Alonso Cabrera, quien lo manifestó de acuerdo a la última fecha. Se componía de 319 panaques de maiz de Mandioca. 124 pollos, 80 hanegas de mahiz y 65 hanegas de frijoles, también dijo que tenía de los rescates 6 hanegas de Mahiz, 5 gallinas y 4 patos. Se pagó al capellán Andrada (que por entonces ganaba por año 20 hanegas de maiz, 10 de frijoles, 30 pollos, 50 Panacus de raiz de mandioca El primer ornamento que se hizo en la tierra fue de /4 varas de lienzo, que constaron en 10 de agosto de 39,4 hanegas de mahiz".

"No hay necesidad de especificar los precios de los bastimentos –dice Aguirre–, sólo por ser la manteca de pescado nueva en estas noticias diremos que en la Asunción a 8 de octubre de 1541 se acordó vender 6 arrobas a 800 maravedises de la mala moneda. Luego se verá cual fuese la distinción de monedas" (1133).

"El 25 de noviembre de 1546, con motivo de la partida de todos los oficiales reales que iban en busca de los Mbayas, nombraron a Pedro Antonio Aquino para que en adelante recaudase la Real Hacienda: su salario desde 1 de Dbre 30 hanegas de maiz, 6 de frijoles, 2 arrobas de algodón en cuero (en pepita), 6 cabezas de cochino y 6 panacues de Mandioca al año".

"Regresaron en esta ocasión a Castilla –nos informa Aguirre–, el capitán García Rodríguez de Vergara llamado por el Rey. También fue esta la ocasión que condujo al soberano las primicias del Río de la Plata, que su real acuerdo consiguió a los oficiales reales de Sevilla, como muestras de los productos de la tierra. Consistían en panes de azúcar, yei o trementina de la tierra, cueros de Anta, de tigre y venado, unos crudos y otros adobados que costaron 2638 cuñas y en 3786 vs. de lienzo de algodón que importaron 60846 cuñas, siendo curiosa la especificación del lienzo".

"Las cuñas de moneda de que se habla en la anterior relación de lienzos, eran de las que se llamaron de mala moneda y también moneda común. 14 valían una de las buenas o del ayunque o 100 mrs y por consiguiente valía una de las malas 7 1/7 mrs".

La subsistencia estaba tan adelantada que ya casi nada tenían que desear. Las expediciones al Perú la proporcionaron el bien de algunas plantas, y aunque no se dice cuáles, es probable fuese la más apreciable, la caña dulce. El trigo, la uva, la cebada, estaban ya arraigados, traídos desde España. La cera, aves, caza, pesca y varias legumbres de Chacareo eran abundantes y grande el servicio que tenían. Toda clase de ganados procreaba en sus campañas (1134). Sólo el renglón del vestuario fue generalmente pobre, reducido a lencería de algodón y al uso de la peletería. La pobreza de su conquista les puso en una total incomunicación mercantil y por consiguiente en una carestía de otros bienes para un pasar tal cual decente y acomodado, nos refiere Aguirre (1135).

"Cuando cundió en España –dice E. Cardozo–, la convicción de que su seno no guardaba oro ni plata, el Paraguay quedó librado a su propia suerte". "Ya tenéis entendido, reza una Real Cédula dirigida en 1553 a la Casa de Contratación, la dificultad que hay en la provisión de las cosas de la prouincia del rrio de la plata y quanta necesidad ay de remedio en aquella tierra, ansi en las cosas tocantes a la doctrina cristiana y conversión de los naturales della como en lo de la justicia, lo cual parece que se podra mal hazer y con gran dificultad y gasto si en aquella tierra no se descubriesen minas de oro e plata para que en ocasion desto pudiesen yr navios con las cosas necesarias para la provisión della" (1136). Tan bajo cayó el prestigio del Paraguay, sin minas de plata y oro, que el clérigo Martín González dudaba que se hallaran soldados y gente para próximas expediciones desde España, por "la mala fama que ha cobrado aquella tierra, que en mentándola, escupen..." (1137).

"Años pasaron sin una noticia, sin un socorro, sin un solo barco de España. En 1562, luego de cerca de una década de absoluta incomunicación con España, las autoridades asunceñas admitieron que el abandono del Paraguay por la Corona se debía, antes que nada, al poco o ningún crédito que destas provincias se tiene, viendo las muchas armadas y gentes que a ella an venido y las pocas o ningunas que buelven por no aver en ellas oro ni plata ni grangerias provechosas que son principales causas de la perpetuidad de las tierras". Tal afirmó el contador real Felipe de Cáceres (1138).