MARIANO ANTONIO MOLAS
DESCRIPCION HISTORICA
DE LA
ANTIGUA PROVINCIA
DEL PARAGUAY
Prefacio y notas de
OSCAR FERREIRO
Tercera edición
EDICIONES NIZZA
1957
INDICE
Aclaración
Introducción
Carta-introducción a la primera edición
I. Descripción geográfica
II. Población y pueblos. Clima y orografía
III. La lucha con el indio
IV. Agricultura y alimentación
V. La Dictadura
VI. Maderas y yerba-mate
VII. Comercio exterior
VIII. La Fauna
IX. La Independencia
X. El Congreso del 24 de Julio
XI. Paraguarí y Tacuarí
XII. Negociación Belgrano - Cabañas
XIII. La Revolución del 14 y 15 de Mayo
XIV. El Congreso del 17 de Junio
XV. La Nota del 20 de Julio a Buenos Aires
ACLARACION
Damos esta edición respetando la versión original del libro de Molas, publicada en 1868 en la ciudad de Buenos Aires.
Para facilitar la lectura hemos dividido la obra en quince capítulos, colocando asimismo algunos subtítulos.
Suprimimos el apéndice de la edición original que trae documentos que han sido publicados en muchas obras. Respecto al "Clamor de un Paraguayo", por muchas razones, creemos que no pertenece a Molas.
Don Angel Justiniano Carranza en sus notas a Molas ha incurrido en bastantes errores e inexactitudes. Las salvamos bajo el acápite de: notas de la tercera edición.
INTRODUCCION
Se da hoy a la estampa una nueva edición de la Descripción de la Antigua Provincia del Paraguay, la única obra nacional que ha quedado del período dictatorial 1814-1840.
Su autor, Mariano Antonio Molas, nació en Asunción el 5 de setiembre de 1780. Sus padres fueron Pedro José Molas y María Ursula de la Costa. Hizo sus primeros estudios en esta ciudad y en la de Buenos Aires a donde se trasladó muy joven. Allí se incorporó al importante estudio del doctor Juan José Castelli. Regresó al país en vísperas de los sucesos de Mayo.
Amigo y compañero de los jefes de la revolución del 14 y 15 de mayo unió a ellos su destino. En el congreso del 17 de junio tuvo actuación brillante; fue en dicha asamblea vocero de los patriotas. Propugnó la constitución de la Primera Junta, lanzó la idea de la confederación y sostuvo "que cualquier americano de nacimiento pudiere ocupar cargos públicos en el Paraguay". Su voto fue compartido por la casi unanimidad de los representantes.
Fue amigo político del Dr. Francia y actuó a su lado de 1811 hasta 1816. En el congreso de 1813 apoyó el nombre de Francia para el Consulado, y en el de 1814 para la dictadura temporal. Dos años más tarde, en la asamblea de 1816, se opuso a la dictadura perpetua, y desde entonces se separó de su antiguo correligionario.
Se retiró a la vida privada consagrándose a la tarea profesional. Intervino en muchos pleitos y procesos. Fue el abogado de los señores Berges y Flota, acaudalados comerciantes españoles procesados por el Dictador. En 1828 se hizo cargo de la defensa del joven Urdapilleta, acusado de homicidio casual. El Dr. Francia lo acusó de haber falseado pruebas del sumario y lo mandó detener.
Permaneció en la prisión doce años; consagróse durante ellos al estudio y a las traducciones del francés. En 1838 y 1839 preparó los originales de la Descripción Esta obra es de valor por los innumerables y ciertos datos – muchos de ellos sacados del informe del gobernador Alós y de las obras de Azara – que ofrece sobre nuestro país, su tierra, sus ríos, sus costumbres, sus riquezas.
Infelizmente Molas no tocó sino muy de paso acontecimientos como la revolución del 14 y 15 de mayo, en los cuales fue actor o los vivió de cerca. Pero a pesar de ello su libro es rico en datos y recuerdos de una época de la cual han quedado muy escasos testimonios.
A la muerte del Dictador en 1840, Molas recuperó la libertad. Poco tiempo después se trasladó a vivir a la Villa de Pilar, y allí falleció en 1844, dejando a sus hijos y a sus conciudadanos, como única herencia, las páginas de la Descripción Histórica de la Antigua Provincia del Paraguay.
CARTA - INTRODUCCION A LA PRIMERA EDICION
Señores doctores Vicente G. Quesada y Miguel Navarro Viola.
Amigos y compañeros:
Notando con placer que hace mucho tiempo que en la Sección de Historia de la importante publicación que regentan, sólo aparecen trabajos inéditos, y cada vez más empeñado en su mejor éxito acompaño ahora ese manuscrito de mi colección, que tiene por título – "Descripción histórica de la antigua provincia del Paraguay" para que si ustedes lo juzgan de interés, le den cabida en las páginas, de la "La Revista de Buenos Aires" que con laudable ahínco (y unánime aplauso de los argentinos), acopia preciosos datos que el historiador futuro tendrá necesariamente que consultar.
Este trabajo, debido a la pluma del ciudadano paraguayo Mariano Antonio Molas, fue compuesto en la mazmorra en que le sumió por largos años el bárbaro Francia, y a pesar de su concisión (lo que lo hace adaptable a la índole del enunciado periódico), entra en algunos detalles interesantes sobre la revolución pacífica que se operó en el Paraguay contra las autoridades reales, la noche del 14 de mayo de 1811.
El señor Luciano Recalde, tomó una copia del original con el objeto de que se insertara en las columnas de "El Grito Paraguayo", el cual apenas logró registrar algunos fragmentos: de consiguiente, casi en su totalidad es enteramente nuevo.
Mi idea primitiva fue anotarlo con detención. Mas las tareas de la profesión por una parte y el deseo de que no se pierda el momento oportuno de su publicación por otra, me han hecho renunciar mi plan, dejándole únicamente las acotaciones que le puse al recorrerlo en años anteriores, pero sin alterar no obstante su originalidad.
Molas, nació en la Asunción por el año 1787. Hizo sus estudios en Buenos Aires y practicó el derecho con nuestro famoso doctor Castelli.
Imbuido en las nuevas ideas que hicieron germinar las invasiones inglesas, a su regreso al Paraguay, se enlazó en la conocida familia de Montiel y desde entonces tomó parte en la cosa pública a punto de haber sido uno de los que colaboró con más entusiasmo desde la primera aurora de la revolución.
En el congreso celebrado en la ciudad de su nacimiento el 18 de junio de 1811, se mandó tener por acuerdo y determinación de aquella soberana asamblea, su voto porque se separase del gobierno al coronel D. Bernardo de Velazco y demás empleados españoles, por su vergonzosa conducta en Paraguarí, debiendo ser subrogado aquél, por una junta gubernativa compuesta de cinco individuos y un secretario.
En el seno de aquella asamblea popular se levantó su voz decidida y enérgica, pidiendo la unión con Buenos Aires y la abolición del impuesto que con el nombre de sisa y arbitrios se cobraba entonces sobre la yerba mate.
El tribuno de 1811, durante la dictadura sombría del doctor Francia, rinde servicios de importancia a la humanidad afligida por aquel monstruo.
Aun recuerdan los habitantes de Asunción al caloroso defensor de la inocencia de los señores Berges y Flotá cuya ruina había jurado el dictador.
Confinados en un calabozo húmedo y mortífero, era allí donde iba el animoso Molas a tomar datos para la confección de su defensa. Nadie podrá hacerse una idea aproximada de lo que valía este paso en aquella época de sangre y de luto.
Empero, los sacrificios del generoso abogado en pro de sus protegidos no se esterilizaron y bien pronto los vio compensados cuando aquellos infelices españoles fueron devueltos a la luz y a su familia.
El malvado Francia, para quien la honradez ni la virtud misma, eran vallas suficientes para detener el ímpetu de su ira, no respetó las luces ni las canas de Molas, y muy luego, con motivo de la defensa que intentó hacer de los señores Urdapilleta en el proceso que se les seguía por un homicidio casual, lo redujo a prisión en la que permaneció hasta el fallecimiento del dictador acaecido el domingo 20 de setiembre de 1840, circunstancia que libró a aquéllos de una muerte segura.
Sin embargo, ni sus honorables antecedentes ni sus dilatados servicios bastaron para sustraerlo al olvido, y al finalizar el año de 1844, doblaba su cabeza sobre el sepulcro, pobre y oscurecido, sin dejar en la tierra sino las hojas dispersas de este libro que recogidas por una mano piadosa si logra ver la luz pública, será como la única herencia del peregrino que cerró sus ojos pensando en la patria y maldiciendo su fatal estrella.
Hecha esta digresión con el propósito de introducir al historiador paraguayo, concluiré felicitando a ustedes con todas las veras del corazón por el brillante porvenir de La Revista que al propio tiempo que da gloria y crédito a sus directores, honra al país en el exterior, haciendo conocer el estado aventajado que alcanzan las bellas letras entre nosotros.
Queda de Uds., etc.
Angel. J. Carranza
Diciembre, 1865
I – DESCRIPCION GEOGRAFICA
La Provincia del Paraguay, antes capital del Río de la Plata, se dividió en el año 1620, quedando ambos gobiernos independientes hasta el establecimiento del Virreinato de Buenos Aires. El nombre de la capital de esta Provincia es el de la Asunción, patrona titular, y se halla a los 25º 16’ y 40".
Fue poblada esta ciudad por don Juan de Salazar y Espinosa el año 1537 (1), siendo sus primeros descubridores, pacificadores y pobladores de los más nobles y distinguidos de España.
Su iglesia fue erigida en la catedral en el año de 1547, por bula de la Santidad de Paulo 3º. En 304 años que subsiste su obispado ha tenido con el Ilustrísimo Señor Fray Pedro García de Panés, franciscano, andaluz (que falleció el día 14 de octubre de 1838, de 81 años de edad y 30 de episcopado, siendo depositado su cadáver en la Catedral), el número de 35 obispos, de los cuales aunque 18 jamás se posesionaron ni gobernaron, los otros 17 la rigieron con celo y espíritu apostólico. Se han celebrado en ella dos famosos Sínodos por los Ilustrísimos Señores Fray Martín Ignacio de Loyola, franciscano, sobrino del gran patriarca Loyola: el primero, el año de 1603 y el segundo el de 1631 por el Ilustrísimo Señor Fray Cristóbal de Aresti, benedictino, decimocuarto obispo de esta diócesis; pero de los dos no existen más que algunos fragmentos del primero, habiendo corrido la misma suerte la Instrucción de Confesores, sabia, docta y prudente, formada por el vigilante celo de dicho señor Loyola con arreglo a las locales circunstancias de este país.
Se comprende esta provincia entre los 20º y 27’ de latitud austral, y entre los ríos Paraná y Paraguay por lo que corresponde a la longitud geográfica. Sus límites, empezando en la confluencia de ambos ríos siguen la medianía del Paraná hasta que se le incorpora el río Ygarupá poco al occidente del pueblo Candelaria y continúan por el dicho Ygarupá hasta unírsele el río Guazupisoró [1] y por éste hasta su origen que se halla en la lomada más alta que sigue desde el pueblo Santa Ana para el sur y de aquí por lo más alto de las tierras que median entre el Paraná y Uruguay hasta donde encabezan los ríos Pepirí y San Antonio, bajando por este hasta el río Yguazú [2] o Curitiba, y por este al Paraná, siguiendo arriba hasta el Salto Grande, llamado del Guayrá [Guairá]; de aquí entran por el río Igatimi hasta su origen y de allí hasta el río Paraguay.
Los referidos linderos son, por la parte Sudeste y Norte: por el Occidente no hay límite asignado y como hasta ahora carece de posesiones radicales en el gran Chaco, puede tenerse por actual límite al río Paraguay. Confina esta provincia desde la confluencia de los ríos Paraná y Paraguay hasta pasado el pueblo Ytatí con el distrito de Corrientes; y desde allí adonde encabezan los ríos Pepirí y San Antonio, con los pueblos de Misiones de la Intendencia de Buenos Aires en el gobierno Español, que ahora están destruidos. Los demás confines hasta el río Paraguay, esto es por el Este y Norte, son de portugueses, pero respecto a esto no hay señalado ni demarcado lindero fijo al Norte.
El río Paraguay, primitivo y verdadero Río de la Plata, nace a los 14º 20’ latitud austral, de una sierra llamada del Paraguay, donde se hallan algunas minas de los portugueses; su curso es al sur, y el más bien acondicionado del mundo, porque desde la latitud de 16º 15’ hasta la de 27º 24’ en que desemboca en el Paraná perdiendo su nombre, no tiene catarata ni arrecife que embarace su navegación. Su álveo es unido y profundo, y su caudal según experiencias hechas en esta capital, compone 26 Pó (río de Italia), suponiendo a este en el estado en que hizo las experiencias Riccioli; y al del Paraguay en el estado más pobre y bajo que se ha visto desde que hay memoria en los ancianos, y en que sólo fluía en cada hora 212.281.607 pies cúbicos franceses de agua que pesa cada uno 70 libras.
El río Paraná, nace a los 17º de latitud austral, en la jurisdicción de la ciudad de Mariana; corre al principio al Oeste, luego tuerce al Sur hasta el pueblo de Candelaria, en que vuelve al Oeste hasta unirse al Paraguay, y de allí sigue al Sur hasta desembocar en el Océano. Aunque su cauce es angosto y profundo hasta Candelaria, en adelante es dilatado y lleno de innumerables islas y grandes bancos de arena que dificultan su navegación.
Tiene un arrecife que llaman el Salto, frente al pueblo de San Cosme, que lo suben las embarcaciones en las crecientes medias; hay otro mayor y más famoso en 24º 4 ½' de latitud, que es intransitable, por cuyo motivo la navegación de este río es más expuesta que la del anterior, y sólo se prolonga hasta los montes llamados Tacurupucú [3] donde, se ven las ruinas del pueblo de Loreto, que se trasladó abajo a la banda del Sur del Paraná. No se puede dar una idea del caudal de este río, pero seguramente compone muchos ríos como el del Paraguay.
La capital y las villas
La situación de esta ciudad de la Asunción, es sumamente desigual y trabajosa por razón de que su piso es muy arenoso: está lleno de zanjas que vienen de los suburbios y tienen arruinados muchos edificios, no siendo menos los que ha causado el mismo río en sus desbordes, como sucedió con la primera Iglesia Catedral, que estaba edificada en donde ahora es Lucha, y con el antiguo convento e iglesia de franciscanos, cuyas ruinas apenas se distinguen en el barrio que llaman de Sanguinas, sobre la ribera, y si los Jesuitas no hubiesen hecho la muralla al Costado de su colegio, ni sus ruinas se vieran hoy.
En la presente época de 1840, está la ciudad mejor edificada y ordenada, bien que en perjuicio de muchos de sus vecinos propietarios antiguos a quienes se les derribaron sus casas y se les despojaron de sus sitios y solares sin compensación alguna: tiene calles rectificadas de Sur a Norte, y de Este a Oeste, de que antes carecía pues no tenía más que callejones zanjosos y una sola calle principal tortuosa que salía al campo; pero si no se levanta una fuerte muralla a lo largo de la ribera, volverían a zanjarse las calles que bajan al río, como ya se esta experimentando con los rapidísimos raudales que vienen de arriba o de los suburbios de la parte Sur.
Se comprenden dentro de esta provincia siete villas de numeroso vecindario. Primera, la villa intitulada San Isidro de Curuguatí [Curuguaty]. La fundación de ella en el lugar donde ahora está, que es la tercera, se aprobó por real cédula dada en San Lorenzo en 31 de Agosto de 1721 y está a 24º 28’ y 21". En su primera fundación en el Guairá por los conquistadores españoles, se denominaba Ciudad Real del Guairá. (Véase la "Historia Argentina" de Ruy Díaz de Guzmán.)
La segunda, es Villa Rica del Espíritu Santo. Está a 25º 49’ 21" según el paraje donde hoy se halla, con real aprobación en virtud de Real cédula dada en Buen-Retiro en 12 de Marzo de 1701, en el lugar llamado Ibitiruzú [Ybytyruzú] a donde se mudó el año de 1682 del paraje nombrado Espinillo, en que se pobló segunda vez, trasladada del Guairá, sitio de su primera fundación por los conquistadores españoles, y cuyo territorio lo desampararon conservando la denominación gentílica o nacional de Guaireños, por haberlo desolado los Mamelucos de San Pablo con cuatro pueblos de indios originarios de encomiendas. (Véase la historia del Deán Funes).
La tercera, denominada Villa Real de la Concepción, fundada por el gobernador D. Agustín Fernando de Pinedo, que después pasó a ser presidente de Charcas. Ocurrida la Independencia de la América de la denominación de España, se le dio sólo el título de Villa de la Concepción. Dista de la Asunción 80 leguas y está situada sobre el río Paraguay aguas arriba a los 23º y 32’. Su territorio por ahora se extiende al Norte hasta el río Apa: al Sur hasta Ipané [Ypané] y al Este hasta las Cordilleras que dividen las tierras desiertas del Paraná. Fue fundada el año de 1772 con gente forzada, pero a poco tiempo se aumentó su población de tal manera, que llegó a ser el emporio del Paraguay.
El rápido adelantamiento de sus primeros pobladores, la fertilidad de sus terrenos, la fecundidad de sus hermosos campos, y la abundancia de sus muchas y apreciables producciones, atrajeron la concurrencia de las gentes que volaron a multiplicar su vecindario, estableciéndose en ella con sus familias y haciendas, no sólo de los paraguayos pobres y pudientes, sino también de los europeos, y de los demás naturales de las Provincias del Río de la Plata. El incremento progresivo del tráfico de su comercio, principalmente en el ramo de la yerba mate la hizo célebre y rica, hasta que el dictador Francia cerró nuestro comercio y comunicaciones con las Provincias de abajo, privando enteramente la navegación y extracción de los frutos y demás artículos de comercio del país, con la bárbara idea de empobrecernos para esclavizarnos.
De esta anti-política conducta del Gobierno, resultó la ruina de aquel comercio y de los vecinos de la Villa que quedaron pobres por las frecuentes irrupciones y robos que ejecutaron en sus ganados los Bayaes [4] asociados con los Portugueses de Guachie desde el año de 1813, dejando despoblado de sus opulentas estancias y de habitantes, muertos por dichos indios, todo el territorio de entre los dos ríos Apa y Aquidabánigui, reduciéndose su población hasta la banda Norte de este río.
La 4º es San Pedro de Ycuamandiyú [5] (pozo de algodón), situada sobre una lomada alta y despejada, a 44 cuerdas (2) al norte del río Jejuy [Jejuí], y 4 o 5 leguas del río Paraguay. Su territorio al Norte, llega hasta el río Ypane que lo divide de Concepción: al Este hasta las Cordilleras: al Sur el expresado río Jejuy [Jejuí] [6], en que entran embarcaciones pequeñas a conducir las producciones de esta villa hasta su desembocadura en el río Paraguay donde quedan los buques de mayor porte a recibir los cargamentos de yerba, de miel de caña, que se cosecha con abundancia y otros artículos de agricultura, para lo que son feraces sus terrenos así como fecundos sus campos en ganado.
La villa de Ycuamandiyú, la fundó Don N. Ferreira, natural del Paraguay, con otros paisanos que voluntariamente quisieron acompañarle con sus familias en tiempo que D. Pedro Melo de Portugal gobernaba a esta Provincia por los años 1780. Dista de la Asunción 50 leguas.
La quinta, es la villa del Rosario de Cuarepotí. Está situada sobre la orilla oriental del Río Paraguay, a los 24º 23’ y 25" en distancia de treinta cuadras del dicho río y 35 leguas de la Asunción. Su territorio al Norte llega hasta el río Jejuy [Jejuí], que lo divide de Ycuamandiyú: al sur hasta el río Manduvirá [Manduvirâ]: al este hasta el estero Aguapei [Aguapey], que es el límite de Curuguatí [Curuguaty].
La 6ª es Villa Franca o de Remolinos, fundada por el gobernador D. Agustín Fernando de Pinedo sobre el río Paraguay a distancia de 34 leguas de la Asunción en la costa abajo; la cual de resultas de haberse anegado en una inundación que hubo el año 1825 de los campos de costa abajo a causa de las exorbitantes crecientes de las lagunas de Igpoá [Ypoá], Caañabé, Susubii [Suruviy], y Tevicuarí [Tebicuary], se trasladó al paraje nombrado Los Yesos 2 ½ leguas más abajo de la primitiva población: desde entonces se le intituló Villa Franca. Su distrito al sur llega hasta Tevicuarí [Tebicuary]: al este hasta el río Negro que nace en la laguna Ygpoá [Ypoá] y desagua en Tevicuarí [Tebicuary]: al norte el paraje nombrado Zanjita, que es el divisorio del partido del Saladillo, cuya jurisdicción a norte se extiende hasta el río Surubii [Suruviy] límite divisorio del territorio de la Villeta. Los terrenos en Villa Franca son fértiles en frutos de agricultura: producen mucho algodón, caña dulce, maíz, mandioca, etc.; son también fecundos para la cría de ganados: pero expuestos a perecer de inundaciones como sucedió en la que hubo el año de 1825 ya recordado.
La 7ª es la Villa del Pilar de Neembucú que está a los 27º 52’ 2" sobre el río Paraguay y Neembucú, que nace de los grandes esteros de Neembucú y Yacaré y desagua en el del Paraguay, en cuya confluencia está situada dicha Villa. Fue fundada por el gobernador D. Pedro Melo de Portugal por los años 1780 a 1781 con gente voluntaria a distancia de 50 leguas de la Asunción. Confina con Corrientes, y la divide de aquella comarca el gran río Paraná que dista del Pilar 20 leguas poco más o menos. Sus límites al Norte, el río Tevicuarí [Tebicuary], al nordeste el Río Aguarai [Aguaray] y al este confina con los terrenos del Pueblo de San Ignacio-Guazú.
Tiene la Villa del Pilar un comandante militar. El cuerpo municipal se compone de 2 alcaldes ordinarios y un síndico procurador del común, un defensor de pobres y otro de menores. Sus campos en su mayor parte son bajos y nemorosos. Son fecundos en ganado vacuno, equino y lanar. Sus campiñas fértiles en frutos de agricultura. Su principal ramo de comercio consiste en maderas de construcciones y en palmas de que abunda.
Se contienen dentro de sus límites, seis curatos, a saber: el de la Villa, el de San Juan Bautista, el de Guazú-cuá, el de Laureles, el de Yebebiri [Yabebyry] en la costa arriba del Paraná donde la Villa del Pilar confina con los Pueblos de Santiago y San Cosme, y el 6º es el de Pedro González que antes correspondía a la jurisdicción de Corrientes, y después de la emancipación de la América de la dominación española, en virtud del tratado solemne celebrado por el gobierno del Paraguay el 12 de Octubre de 1811 con el de Buenos Aires, se declaró expresamente que siendo límite divisorio entre Paraguay y Corrientes el lecho del Paraná, el partido de Pedro González pertenecía a la Villa del Pilar como parte integrante de su territorio. A los primeros pobladores del Pilar se les asignaron solares en propiedad y se les repartieron los campos por merced para estancias de ganados. Desde el establecimiento de esta Villa cesaron las frecuentes invasiones de los indios del Chaco, que antes se internaban hasta los pueblos de San Ignacio, Santa María, y el partido de Quiquió [Quyquyhó]y Quindi [Quiindy], y robaban a su salvo, teniendo a los vecinos en continuas alarmas.
II – POBLACION Y PUEBLOS. CLIMA Y OROGRAFIA
En la provincia del Paraguay, se comprenden tres pueblos de mulatos libres, y 14 de indios; estos son los siguientes:
1 El pueblo de Ypane, trasladado del territorio de la Villa Real al paraje donde hoy se halla, a los grados 25º 27’ 44"
2 Guarambaré, trasladado también V. Real 25º 29’ 48"
3 El pueblo Itá, originario del lugar donde se halla. 25º 30’ 30"
4 Yaguaron, trasladado de la Cordillerita 25º 33’ 20"
5 San Lorenzo de los Altos, trasladado de Tapua 25º 16’ 6"
6 Atirá [Atyrá], trasladado del territorio de Villa Real 25º 16’ 45"
7 Tobatí, que primero estuvo sobre el río Tobatirí 25º 16’ 16’*
8 Itapé, que primero estuvo donde ahora está Atirá [Atyrá]. 25º 51’ 59"
9 Caazapá, reducción y fundación de Fray Luis de Bolaños 26º 9’ 54"
10 Yutí [Yuty], reducción y fundación del mismo Fray Luis Bolaños 26º 36’ 5"
11 San Juan Nepomuceno de los Charabanás transmigrados voluntariamente de los territorios portugueses, por los años de 1798; fundado por Don Lázaro de Rivera, gobernador entonces del Paraguay 26º
12 San Joaquín, pueblo de los Jesuitas antiguos 25º 1’ 47"
13 San Estanislao, fundación moderna de los Jesuitas 24º 38’ 31"
14 Nuestra Señora de Belén sobre el río Ypané a la banda del norte distancia de 5 leguas de Concepción; fue el último pueblo que fundaron los Jesuitas con algunos indios de los pueblos de Misiones a los que se agregaron otros indios Tape fugitivos.
En todos los expresados, hay un doctrinero con el titulo de cura, extendiéndose su ministerio pastoral a administrar los sacramentos y el pasto Espiritual de la palabra a los arrendatarios de las tierras de los pueblos con los que se forma una feligresía medianamente pingüe. Estos feligreses foráneos, pagan congrua al cura a que se ha dado el nombre de primicias, fuera de los derechos u obtenciones parroquiales de entierros, casamientos, bautismos, sermones y misas; a excepción de los indios que nada en particular pagan, sino que el pueblo, de las cajas de comunidad, les satisface o debe satisfacer la cantidad de 100 pesos anuales, fuera de los sermones (aún que sin fruto) que llegan a predicar en las festividades de los Santos Patrones del pueblo y en Semana Santa, por los cuales se les paga aparte: bien que son pocos o muy raros los sermones que oyen los indios en sus pueblos, siendo la predicación el primer deber del cura, como sucesores de los {12} discípulos de Jesucristo; pero es a lo que menos atiende el doctrinero. Los 100 pesos que en calidad de sueldo se le paga se llama sínodo: además se le pone un indio chacarero, una cocinera, una lavandera y un joven que le sirva, suministrándole los alimentos sibarios.
Fuera de los referidos pueblos y con motivo del establecimiento de las ocho Intendencias en que se dividió el Virreinato de Buenos Aires, el año de 1782, se agregaron a estas del Paraguay trece pueblos de las Misiones ex- jesuitas que se comprendían en el distrito de su obispado, de acá y allende del río Paraná, y son los siguientes:
1 San Ignacio Guazú, que primero estuvo en la costa del Paraná, y se trasladó al lugar en que ahora está a los grados 26º 5’ 25"
2 Santa María de Fe, trasladado de los Itatines, jurisdicción de Jerez 26º 45' 12''
3 Santa Rosa, colonia dé Santa María 26º 53' 9''
4 Santiago, trasladado de los Itatines del territorio de Jerez 27º 8' 40''
5 San Cosme, trasladado de la otra banda del Paraná, donde estuvo primero a dos leguas de Candelaria arriba 27º 18' 55''
6 El pueblo de Itapua, originario 26º 20' 16''
7 El pueblo de Jesús, trasladado de las costas del río Mondaí [Monday] 27º 2' 35''
8 Santísima Trinidad, colonia de S. Carlos 27º 2' 35''
Los restantes cinco pueblos de allende el Paraná son los siguientes, pero están destruidos y no se ven más que sus ruinas y escombros:
9 Candelaria, trasladada de Curuguatí [Curuguaty] 27º 26' 47''
10 Santa Ana 27º 23' 45''
11 Loreto, trasladado del Tacurupucú o del Guairá 27º 19' 28''
12 San Ignacio-mirí, trasladado del Guairá 27º 14' 52''
13 El pueblo de Corpus, colonia del pueblo Itapúa 27º 7’ 25"
Pueblos de mulatos
1. El de la Emboscada, arriba de la Cordillera, sobre el río Paraguay, fundado por el gobernador don Rafael de la Moneda, por los años de 1741 a 1742 con mulatos libres: desde su fundación cesaron los Bayaes [Mbayáes] de invadir esta provincia.
2. El de Areguá, sobre la laguna Ypacaraí, que estaba a cargo y servicio de los religiosos Mercedarios, que mantenían allí un capellán y chacarero, de que subsistían.
3. El de Tabapí [Tavapy] que en su mayor parte se componía de esclavatura perteneciente y propia de la comunidad religiosa de los Dominicos: ésta poseía en propiedad los campos que los circundan en que mantenían una opulenta estancia de ganados y una multitud de arrendatarios que pagaban a la comunidad arrendamientos anuales. El pueblo estaba a cargo de un religioso capellán; éste era el gobernador y administrador de sus temporalidades, pero dependiente del Prior de la orden.
El año de 1820 con motivo de la extinción de las instituciones o comunidades religiosas, se secuestraron todos los bienes de ellas, y se aplicaron al Estado, secularizándose sus individuos. De estos tres pueblos, sólo el de la Emboscada tiene Cura propio con feligresía foránea que se compone de los arrendatarios. El de Areguá se comprende en la feligresía de Itahuguá [Itaguá], y el de Tabapí [Tavapy] en la de Carapeguá.
Las parroquias
Fuera de los antedichos pueblos de indios, que cada uno tiene su cura doctrinero con feligresía foránea compuesta de pardos y blancos, hay en la provincia 55 parroquias, inclusas las tres de la Capital, de numerosa feligresía; de manera que agregadas aquéllas a éstas, contiene el obispado del Paraguay 78 parroquias y son las siguientes:
De la costa abajo
1. La Catedral.
2. La Anunciación o Encarnación del hijo de Dios, que antes fue Iglesia de los Dominicos, y con la extinción de las comunidades religiosas, se trasladó a ella e sagrario del antiguo templo de la Encarnación, que se derribó con motivo de la rectificación de calles.
3. San Roque.
4. La Recoleta erigida en curato por el Dictador Francia.
5. Lambaré.
6. Ñembi [Ñemby] o Frontera.
7. Villeta.
8. Saladillo.
9. Villafranca o Remolinos.
10. El Pilar o Ñeembucú.
11. Pedro González.
12. Laureles.
13. San Juan Bautista.
14. Guazucuá.
15. Yabebirí [Yabebyry].
16. San Lorenzo del Campo Grande, hacienda que fue de los Jesuitas.
17. Capiatá, parroquia antigua.
18. Itahuguá [Itaguá].
19. Pirayú o Capilla de Gayoso.
20. Paraguary [Paraguarí], erigido en convento después de a expulsión de los Jesuitas cuya hacienda fue.
21. Ibicuy [Ybycuí].
22. Quiquihó.
23. Mbuyapei [Mbuyapey].
24. Carapeguá.
25. Acahay.
26. San Lorenzo de Quiindi [Quiindy].
27. Caápucú [Caapucú].
28. Ibitimí [Ybytimí].
29. Villa-Rica.
30. Acanguazú o Capilla de Borja
31. Hiati.
32. San Pedro, sucursal de Bobí.
33. Cangó o Bobí.
De la costa arriba
34. Luque
35. Tapua o Limpio
36. Caacupé o Capilla de los Milagros
37. Piribebuy o Capilla Guazú
38. Barrero grande, San Roque en la Cordillera
39. Caraguatai [Caraguatay] de la cordillera
40. Urundei [Urunde’y] o Capilla de Duarte
41. Carihí, capilla de San José de los Arroyos
42. Los Ajos
43. Yhú
44. Carimbatai
45. Villa de Curuguatí [Curuguaty]
46. Cuarepoti
47. San José de Yetití [Yetyty]
48. Ytacurubí [Itacurubí]
49. Capilla, de Valenzuela en los Naranjos
50. Villa de Icuamandiyú [Ycuamandyyú] [Ver nota Ed. Dig. 5]
51. Lima
52. Tacuati
53. Villa de Concepción
54. Yhú
55. Horqueta
Cada Parroquia de las expresadas, se considera ya un Partido, aunque en rigor no debe llamarse tal según el espíritu de las leyes; pero cada una tiene un juez comisionado del go-..... ta [7] la cantidad de cincuenta pesos en lo civil, y en lo criminal instruir sumarios, aprehender reos, remitirlos al juzgado que corresponda y cuidar que los vecinos cultiven sus tierras; extendiéndose también su jurisdicción a perseguir a los vagos y mal entretenidos. Los tales partidos comprenden bajo de otros diferentes, valles y cañadas pobladas, agregadas a cada uno de los curatos referidos.
Clima
El temperamento de los terrenos que se comprenden en la jurisdicción y territorio del Paraguay, es benigno y suave como lo comprueba la general sanidad de sus moradores, causa porque muchas familias principales habitan en sus haciendas de campo.
En toda la comprensión de la cordillera es donde se goza de más salud, porque los vientos y aires corren allí más puros y con más desembarazo, y las aguas son más saludables tanto para el beber como para el baño. La cruzan y riegan cristalinos arroyos, grandes y perennes que fertilizan sus campiñas.
Empieza la cordillera desde el río Paraguay, paraje nombrado Arecutacuá, sigue al Sur hasta Paraguay donde se halla el célebre cerro de Sto. Tomás, llamado así por un salón cuadrilongo y aposento que hay en el medio del cerro, obra de la naturaleza, del cual se dice y por una tradición constante trasmitida de los indígenas a los conquistadores de esta vasta región, se cree que fue la habitación del Apóstol Santo Tomás, de quien dieron noticia los indios Tupis del Brasil a los primeros europeos que arribaron a aquellas costas y entraron en sus tierra y vinieron por ellas al Paraguay, haber predicado el Evangelio a sus progenitores y enseñándoles el uso de la yerba mate, a la que los indios que habitan los inmensos montes de los desiertos del Paraná y a quienes les damos la denominación común y genérica de Caiguá en guaraní, llaman Sto. Tomás Caá. De Paraguay tuerce esta misma cordillera, y girando al Este por espacio de 4 leguas hasta el Guaimí-Sapucay, vuelve a girar hacia el Sur hasta el Tebicuarí [Tebicuary], donde termina. Con carretas se sube a ella por cuatro partes, a saber: por el Salado, por Atirá [Atyrá], por Ezcurra y por Guaimí-Sapucay. Para subirla a caballo hay varios pasos. Se divide también desde el camino que entra en Ybicuí y sale al partido de Ibitimí [Ybytimí]: la de la parte del Sur hasta el Tebicuarí [Tebicuary] se denomina Cordillera: en esta hay algunos yerbales en que se elaboran hasta 200 o 300 arrobas de yerba mate.
Se contienen en ellas varios potreros de pasto para invernadas de ganado pero carecen de barrero, y en el verano abunda de sabandijas, por lo que el rejunte de esta estación, se sacan de los potreros los ganados que se han tenido en ellos durante el invierno: la que cae al Norte, es la cordillera grande que divide los campos de Pirayú, que son Bajos y los más amenos de la Provincia. El número de leguas que ocupa la cordillera de Norte a Sur, es decir del Río Paraguay al de Tebicuary debe ser de 46 poco más o menos y su extensión desde su faldas occidentales hasta la cordillera de Terecañi [Terecañy] o de Igatimi [Ygatymí] de 94 aproximadamente.
El número de leguas que ocupa todo el territorio de la Provincia, así lo poblado como lo que no está, y poseen los Indios salvajes, por un cómputo prudencial, asciende a 300 leguas más o menos desde el Paraná, paso de la Candelaria, hasta los establecimientos brasileros o hasta Guachié, aunque estos limítrofes quieren que el río Jejuí sea o sirva de línea divisoria de uno y otro territorio, lo que nunca podrá serlo.
Según la escasa población que se ve desde el Paraná hasta el río Aquidabanigui, hasta donde actualmente llega la de la Concepción, se calcula (por falta de un censo exacto que tendrá la provincia del Paraguay el número de trescientos doce mil habitantes, más o menos. (3)
III – LA LUCHA CON EL INDIO
Como la Provincia está rodeada de indios bárbaros, enemigos irreconciliables nuestros, que con sus frecuentes incursiones y depredaciones la tenían acosada, se cubrieron de guardias o presidios las dos orillas del río, y éstos son:
Costa abajo Oriental
1. Curupaiti [Curupaity].
2. Jumaita [Humaitá]. (4)
3. Tayí [Tajy].
4. Tacuaras.
5. Herradura.
6. Villa Franca.
7. Mortero.
8. Lobato.
9. Ñundiaí.
10. Ibiocá [Ybyocá].
11. Angostura.
12. Villeta.
13. San Antonio.
14. Lambaré.
Costa arriba
15. Castillo.
16. Peñón.
17. Arecutacuá.
18. Mandubirá.
19. Ipitá [Ypytá].
20. Cuarepotí.
21. Potrero-porá [Potrero-põra].
22. Pedernal.
23. El fuerte San Carlos sobre la margen Sur del Apa.
Los siguientes a la banda del Chaco.
El fuerte Formoso.
Orange.
Monte Claro.
Santa Elena. (5)
Con esos presidios o guardias se han contenido los indios del Chaco de invadir a esta provincia, y tal beneficio le debemos al dictador Francia, que ordenó a los oficiales o jefes de dichos fuertes no diesen cuartel a ningún indio que quisiese acercarse; en efecto, muchos de ellos que llegaban, murieron o fueron pasados a cuchillo. El erario nacional en nada contribuyó para estos fuertes.
El temperamento de este país, hablando generalmente, es cálido, pero soportable y sano; la constelación del cielo es suave y benigna. En la Capital no se experimenta mayor frío, que cuando corren los vientos Sur y Sudeste; en igual conformidad es más grato en la campaña en donde no se siente tanto el rigor del calor, como asimismo en los pueblos de Misiones, a excepción de la Villa de Caruguaty, tanto por los casi diarias nieblas, como por estar situada entre montes. (6)
Ríos y lagos
En toda la extensión de la provincia, no se ven desigualdades de mayor consideración; pero sí muchos bajos y bañados que hacen incómodos los caminos. En la campaña hay multitud de arroyos y lagunas pantanosas, que crecen en tiempo de lluvia, las cuales no se expresan, por no ser permanentes, a excepción de dos lagunas: la llamada Tapaicuá o Iparacai [Ypacaraí], que se halla en los confines del valle Pirayú y tendrá dos leguas de ancho por tres de largo; y cuyo baño es tan saludable para los sifilíticos como la hoja y corteza del Caa-roba [Ka’a rova] o jacarandá, y la de Ipoá [Ypoa], circundada de pantanosos esteros intransitables que la hacen inaccesible; ella viene a ser el depósito de las aguas de Caañabé, y se desagua por el río Negro al Tebicuarí [Tebicuary]. El nombre propio y primitivo de la primera laguna es Tapaicuá, pero se le ha dado común y generalmente la denominación de Ipacaraí [Ypacaraí], que en idioma castellano quiere decir "laguna conjurada", o por el sentido literal la agua bendita; porque entre la gente vulgar corre una antigua noticia, aunque vaga, que el venerable F. Luis de Bolaños, religioso santo de la orden Franciscana, que en tiempos de la conquista predicó el Evangelio a los indígenas gentiles de esta región, los catequizó y redujo a la fe católica, formando pueblos de ellos, de los cuales subsisten dos, a saber: Caazapá y Yuti [Yuty], en los que residía de ordinario hasta que pasó a Buenos Aires, en cuyo convento murió santamente, y se conserva su cadáver embalsamado bajo el altar mayor de aquel templo. El era catalán, y compañero de San Francisco Solano; éste anduvo todo el Perú bajo y alto, predicando el Evangelio, y Bolaños todo el Paraguay; conjuró la dicha laguna Tapaicuá, con motivo de haber anegado a un pueblo de Indios que se hallaba inmediato a ella, y cuyos habitantes se habían encenagado en el pecado nefando, quedándole desde entonces el nombre de Ipacaraí [Ypacaraí]. (7)
Atraviesan la Provincia dos ríos navegables en tiempo de crecientes, además de otros muchos que son menores; el uno es el Jejui (8), fondable desde más allá de Curuguatí [Curuguaty]. Por él bajan de esta Villa jangadas de madera de que abunda, y piraguas de varios portes, cargadas de yerba mate, que es el principal ramo de su comercio, aunque no es de la mejor calidad ni la más apreciable, como la de "Caremá", que está al sur de Curuguatí [Curuguaty], a la banda de allende de los ríos Mondaí [Monday] y Acaraí [Acaray], que después de un largo y rapidísimo curso por inmensas y fragosas montañas desaguan en el Paraná, entre Tacurupucú y el pueblo de Trinidad.
El otro río navegable y mayor que el primero es el Tebicuarí [Tebicuary] (9), que trae su origen del cerro de Villa Rica, llamado Ibitiruzú [Ybytyruzú]; le tributan varios ríos fondables, y después de haber corrido más de cien leguas del este a poniente, entra en el río Paraguay, en el paraje nombrado Tacuaras. En sus crecientes extraordinarias, riega hasta una y más leguas de campaña. Desde más arriba de Yuti [Yuty] salen y navegan por este río grandes jangadas de madera y piraguas cargadas de yerba mate y maderas que se conducían hasta Buenos Aires.
Regularmente en toda la campaña se encuentran fuentes perennes de agua cristalina y saludable de la que usan las gentes, y aun en la ciudad se varía la del río con la de los pozos que los hay permanentes y aseados, y de mejor gusto que la de aquél.
Tribus indígenas
Desde el Paraná hasta las fuentes de Igatimi, costas de Jejuí, inmediaciones de Curuguatí [Curuguaty], San Joaquín y San Estanislao, habitan indios salvajes de diferentes tribus, pero de un mismo idioma con poca variación. Desde las cabeceras de Igatimi poco al occidente, hasta el río Paraguay, está ocupado de los Bayaes-Guazú [8], que tienen su mansión en este territorio, y en el Itapucú, donde hoy está el fuerte Olimpo, en otro tiempo Borbón. Pero desde el año 1813 se retiraron estos indios a Guachié.
Además de esas naciones, que sobre poco más o menos están al Este y Norte, hay otras por el Oeste y banda del Chaco que incomodaban sobremanera, y tenían en continua alarma a la provincia; pero han cesado desde que se erigieron los mencionados cuatro presidios o fuertes del Chaco, donde no se les da cuartel.
La nación Payaguá, que en otro tiempo era de río arriba, habita hoy y tiene su ordinaria mansión sobre la orilla oriental del río, desde el Pilar hasta Concepción, en hordas y aduares, que frecuentemente trasladan de un sitio a otro; estos indios fueron los más traidores y aleves en tiempo de la conquista, y nunca se han dedicado a la agricultura sino a la pesca, cortes de madera para leña, paja y peletería de que proveen a los vecinos de la ciudad a cambio de comestibles, dinero y aguardiente a que son aficionados; se ocupaban también en conducir en sus canoas, a los negociantes a Concepción, en cuyo manejo y construcción están ejercitados y diestros. En estos últimos tiempos se han dedicado asimismo a trabajar en los salinares, y hacen sus cocimientos, y las mujeres en fabricar tiestos, que son más fuertes y durables que los que se trabajan en el pueblo del Itá; pero a pesar del roce y trato diario con los cristianos, se mantienen obstinados en su gentilismo y viciosas costumbres. Son fraudulentos, ladrones y borrachos. (10)
Los Guanáes, vasallos y tributarios, en calidad de esclavos de los Bayáes [Mbaja], habitan en el Chaco, entre las latitudes 22º a 22 ½º. El cacique principal de ellos se llamaba Enijedi; por lo regular tienen guerra con los Layana, que se hallan sobre el paso del río Abbá [Ava], cuyo cacique principal se denominaba Suica, y es la primera toldería de los Cambáes o Napidriguis, que se trasladaron a un pueblito llamado Nicuateguidi, que ellos mismos formaron sobre la boca del Abbá [Ava].
A ésta se sigue otra toldería que se nombra, de los Equiniquinan, a cuyo cacique principal llaman Cabalí, hermanada con la segunda de Echoatadis. La cuarta parcialidad es de los Etilinas, retirada y metida hacia el occidente e inmediata a las reducciones de los Chiquitos; el cacique principal de ellos se intitula Choy.
La última toldería, que en rigor debe llamarse la primera, se denomina de los Nequicaelini, paralela con el pueblo que fue de Nuestra Señora del Refugio de Eguivilichigo, cuyo cacique se llamaba Taraigá.
Por la misma banda occidental del río Paraguay, rumbo al Este, hay una nación a quien los Bayáes [Mbaja] llaman Ninaguigla, gente la más bárbara y salvaje; muy numerosa, y de un idioma sumamente difícil.
Los Lenguas (11), quienes los Bayáes [Mbaja] llaman Enimagas, están al sur de los Guanaes. Los Guaicurú al sur de los Lenguas; siguen a éstos los Enimagas, Machicuis y Laayes, llegando todos ellos hasta poco más al sur de esta ciudad a los 25 ½ grados de latitud; y continuando para el sur siguen los M’bocobies, Tobas (12), Pitilagas y Abipones (13), que se internan y dilatan hasta Santa Fe. Estas naciones son las más inmediatas que por acá se conocen por las guerras y asaltos con que inquietaban a esta provincia.
Las costumbres de todas las referidas naciones son bárbaras. Los Laaiguas creen en un sólo Dios y en la religión cristiana, veneran a la cruz, y creen que hay infierno. Estos han dado noticia que entre ellos quedó un jesuita, que vivió ya en estado de chochera hasta este siglo; es verosímil que hubiese sido uno de los dos curas del pueblo de Belén; por que cuando la expulsión de los jesuitas sólo a uno se condujo de aquel pueblo, y preguntado por el compañero, dio razón que había entrado en los montes a reducir a los salvajes.
De los Bayáes [Mbaja] se tiene noticia que conocen a Dios con el atributo de Creador y le nombran en su idioma Conoenatagodí; pero no le dan culto alguno. Tienen la inhumana costumbre como también los Guanás, de sofocar el feto en el vientre de la madre, o matar a la criatura después de nacida y conservar un casal, cuyo abuso lo han minorado. De todas las naciones bárbaras, esta es la de más policía. Su idioma es claro suave y elegante, fácil de escribirse y hablar. (14)
Entre los referidos linderos con las posesiones y establecimientos brasileños, hay muchas tierras ocupadas de bosques y bárbaros, por cuyo respecto no tiene la provincia comunicación alguna con dichos establecimientos, ni por otra parte que por la del sur con Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe, Buenos Aires y demás provincias argentinas.
IV – AGRICULTURA Y ALIMENTACION
Las labranzas, cultivo y cosecha de frutos que se recogen en esta provincia, son las siguientes: amis (sic), mandioca, maní, judías (habas), guisantes, calabazas de distintas clases, batatas, arroz, cebada y otras legumbres. Naranjas dulces y agrias, con demasiada abundancia; limas dulces y agrias, toronjas y limones de toda especie: pacobas [pakova] con abundancia, dura no poco y no bueno, piñas en gran cantidad: mamones, sandías, melones y uvas con abundancia en parrales y viñas, de que se hace regular vino, y la caña dulce muy abundante de la cual se cosecha mucha miel para azúcar y aguardiente: se recogen también opimas cosechas de algodón.
De la mandioca se saca el almidón riquísimo, del cual se elabora pan llamado vulgarmente y en idioma Guaraní, Chipá aramiró [Chipa aramirõ], comida delicada estando fresca; se hace así mismo de esta sabrosa y sustanciosa raíz el M’boyú [Mbeju], pan ordinario de que usa la gente pobre, principalmente los Indios; es insípido e ingrato al olfato; por que lo preparan de la raedura del Mandiog [Mandi'o], esto es de aquel bagazo que queda después de haber exprimido y extraído el almidón. En guaraní le llaman tipiratí [typyraty].
También se beneficia de otro modo, y es el siguiente: se raspa la mandioca de la película colorada que la cubre, y así raspada se pone y se extiende al sol hasta que se seque, y esto se guarda para el año. Para comerla se remoja, y luego se cuece para que se ablande y se pueda masticar; pues es grata al paladar. A esta mandioca llaman Popí [Popî]. También se beneficia de otro modo: raspada la mandioca, se rebana y pone en una tina de agua para que despida la goma que tiene y después se saca al sol hasta que se seque bien, y se guarda; de ella se hacen tortas y chipás [chipa] confeccionados con gragea, huevos y queso de cuyo modo es sabroso y sustancioso; esta mandioca así beneficiada se llama Juí [Jy]. El mismo nombre le dan a la que se pudre en pozos bajo el barro; pero tal Juí [Jy] es fétido y de un ingrato olor; de este se amasa el Caburé [Cavure], muy usado en San Isidro Labrador de Curuguatí [Curuguaty], sin mezcla alguna.
Hay muchas especies diferentes de esta raíz; blanca y amarilla son las mejores, más harinosas y sabrosas. La colorada (pepirá [pepirã]) se conserva más tiempo bajo la tierra, y de esta especie hay también amarga que sólo sirve para almidón y no para comer. Hay otra, de raíz muy gruesa y de gusto desapacible, que tampoco se come, pero es la mejor para almidón. La vaina o caña de la mandioca, se cría derecha con anillos en que se contiene la simiente, la cual estando ya en sazón, se corta a la raíz y se guarda a la sombra, parada y cubierta con ramas de árboles, para que no se seque. El tiempo propio del corte es a fines de mayo, en viento norte, porque si se corta en viento sur, pierde el jugo y se seca pronto; esta caña echa trocitos de dos a tres dedos. Se planta anualmente desde el mes de setiembre, octubre y noviembre. Sirve también de pasto a los bueyes, lecheras y caballos, los sustenta y engorda.
El ordinario y común alimento de la gente pobre, hablando de la campaña, es el maíz, la mandioca, porotos, zapallos, batatas y la leche, pues hay pocas gentes del campo que no tengan algunas vacas lecheras.
Las expresadas menestras se recogen muchas veces en dos siembras, en el verano e invierno, por ser fertilísima la tierra, a excepción del trigo, que aunque en algunos parajes se cosecha, no es con abundancia, ni tan bueno como el que se recoge en Buenos Aires, de donde se proveen suficientemente los paraguayos de buena harina; supliendo otros estas faltas con el chipá [chipa] de almidón y con el de maíz, que los hacen muy exquisitos.
Asimismo abunda en la provincia variedad de frutas silvestres, que son otros tantos artículos de boca que consumen los naturales, principalmente en tiempo de carestía, como son el Ibaporú [Yvaporû], semejante a la ciruela endrina; fresca, agridulce, se usa en sorbete y cruda no es de mal gusto; el árbol que no es grande, produce su fruto en el tronco, en sus ramas y en sus raíces, si están descubiertas – Moras idénticas a los de Europa, en el tamaño y granos, pero no en el color que es verde, ni en el gusto que es áspero y lastima la boca, si primero no se lava y pone al sol: el árbol que las produce se llaman en guaraní Tatagibá [Tatajiva]. (15) Guaviraguazú [guavira guasu], del tamaño del Madroño, color amarillo, la tez tersa, es muy apetecida, aunque no de buen gusto; al contrario del Guaviramí [Guavirami]; fragante, agradable, muy gustoso al paladar, dulce sin empalagar, muy sana, pues por más que se coma, nunca daña ni sacia; se diferencia el grande del chico en que aquél es árbol grande y frondoso, y éste es arbusto; el grande abunda cuasi en todas las montañas, y el chico en las campañas de Concepción, de Icuamandiyú [Ycuamandyyu o Ykuamandyju] (hoy San Pedro), Curuguatí [Curuguaty] y Paraná arriba. (16)
La zarza-mora (Yuqueri [Jukeri]), idéntica su fruta a la de España, y diferente en que sus vástagos y hojas no tienen tanta espina. El Húembé [Guembe], fruta que bien lavada y asoleada es gustosa; del tamaño de un pepino, cubierta de una capa gruesa, debajo tiene su fruta que circula el corazón, semejante a una espiga de maíz, se cría en las concavidades de los árboles y es útil a la digestión (17). Ibá-abiyú [Yva aviju] (18) Ibaporroiti [Yvaporõity?] (arrayán), frutas de color negro de poca carne por el carozo que tiene, pero de buen gusto. Ñangaparí [Ñangapiry], es planta que da su fruta agridulce, y no de mal gusto; es de la especie de los arrayanes. Camambu (celedonia) [Kamambu], es una planta común que da su fruta amarilla dentro de una bolsa; no es de mal gusto. Ibähaí [Yvahái] (19), semejante a un [....?] pero de los chicos, fruta agria, buena para sorbete, y en los guisos de carne es gustosa. Guayabas (arazá [arasa]) de distintas especies y diferentes tamaños, agrias y dulces, abundan mucho; se comen crudas, tienen buen gusto, son astringentes. Se hace conserva de ellas, semejante a la de membrillo. A esta conserva, llaman los brasileños ticholos (20) Araticú [Aratiku] (es la chirimoya silvestre), grande y chico; su fruta al modo de una piña, es amarilla y gustosa al paladar; el grande es de los montes, y el chico del campo.
Aguaí-Guazú y mirí [Aguai guasu y miri]; la fruta de éste se come cocida sola y con leche es sabrosa; se hace conserva de ella y es muy rica; se llama mirí [miri], por la fruta que es chica, amarilla y ovalada, pero el árbol es grande, alto y frondoso: de la corteza, blanca del tronco, bien limpia de la tez áspera, se hace un bálsamo medicinal muy eficaz, para mundificar y curar llagas: el aguai-guazú [aguai guasu], es también árbol grande; se cría ordinariamente en la orilla de ríos y arroyos, su fruta de tamaño y configuración de un higo, amarilla y colorada; no se come, pero exhala un olor fragante. De este árbol se saca por incisión el Menjuí. Ibacurumbichá [Yvakurumbicha], es un árbol que da una fruta muy dulce, pero no es abundante. Yarácatiá [Jarakatia?] (mamón silvestre), fruta ordinaria del monte, del grandor de una manzana; se come asada o cocida. Ibaporombocú [Yvaporomboku?], planta que da una fruta del tamaño de un limón sutil; es muy dulce y grata al gusto; no es abundante. Pacurimí [Pakurimi] y pacurí-guazú [pakuri guasu], ésta es agria y aquélla dulce estando sazonada; se hace vino de ella, fermentándola con agua miel; la cáscara de la fruta es útil para lavar úlceras y llagas. (21)
Mburucuyá [Mburukuja] (flor de la pasión), su fruta semejante a la ciruela o granadilla amarilla, colorada, morada y negra de diferentes tamaños; gustosa en todo guiso, y no menos en conserva; pero cruda es insípida. No es árbol, sino enredadera o liana, cuya raíz es eficasísima para el mal gálico. Ibapitá [Yvapyta] (palma christi), dátil muy chico, de poca carne, pero dulce; los indios hacen chicha de él.
M’bocayá [Mbokaja] (el coco), su exterior cubierto de una cáscara delgada, sólida y dura, que cubre una sustancia carnosa, amarilla y glutinosa, que se come cocida y cruda, y el coco o caroso, tiene una almendra muy gustosa y substanciosa. Regularmente se toma con maíz tostado, y es la comida más común de la gente pobre, y muchos pasan los días, principalmente en tiempo de carestía, sin otro alimento; lo conservan bajo de tierra. – Beneficiada la almendra del coco, da aceite; que sirve para guisar en lugar de grasa de vaca; y se usa de él con generalidad para lámparas en los templos sin que haga falta el de oliva – No tiene este árbol nada que desechar; todo él es útil, su fruta, según queda dicho, se come y da aceite, su tronco está sembrado de espinas largas como alfileres, que también son usadas por las gentes del país en hacer encajes, que llaman de bolillos, para detener o tener divididas las trenzas o hilos del rodete; de su hoja o penca que es larga se sacan filamentos semejantes al cáñamo o caraguatá [karaguata], que se dedican a varios fines, como a tejidos y hamacas; los cogollos tiernos, se comen en ensalada y en la olla, y aun crudos sin mezcla de otra cosa, son gustosos. Del corazón del tronco que es blando, se hace harina, semejante al almidón de mandioca, y de ella se hacen chipas, que no son desagradables. También se destila de él, un agua dulce y muy febrífuga tomándola en ayunas, colada y antes que le de el sol; y dejándola a éste, luego se pone agridulce, que fermentándola, sería un vinagre: su raíz cocida es dulce y gustosa. (22)
Los montes abundan en naranjas, agria y dulce, y éstas se conducían a Buenos Aires en barcos chicos, donde se vendían con mucha estimación, como que son mejores y más dulces que las del Brasil. Hay abundancia de limones agrios y dulces, como el limón real, el sutil, la zamboa, cidras dulces y agrias de que se hacen conservas. Hay Ñandipás [Ñandypa] del grandor de una naranja, gratos al gusto, y útiles para teñir de negro y azul. Tarumá [Taruma], árbol grande y frondoso; su fruta semejante a la aceituna, negra, dulce; pero de un olor fastidioso; para comerla se lava y se asolea. Yataibá [Jataiva] (especie de dátil selvático), árbol grande y frondoso, su fruta larga semejante a la cañafístula, tiene adentro tres o cuatro carozos forrados de una sustancia harinosa y dulce; ésta se come, pero más sirve para curar dolores de cabeza procedentes de frío. Despide también el tronco del árbol una goma odorífera, y es el ánime medicinal. El Guapoi [Guapoy], produce por fruto unos higos chicos y dulces. Hay abundancia de Piñas, grandes y chicas, éstas son más dulces. Se comen y se hace de ellas dulce, sorbete y chicha. Hay una enredadera que produce el Curuguá [Kurugua], muy oloroso, semejante a la calabaza blanca; una tercia de largo, de color negro, amarillo y colorado. Su exterior, es de una cáscara muy dura y sólida que aunque delgada, sirve para tener en ella la yerba-mate, que participa de su fragancia. Hay, asimismo, Mamones, los cuales comidos crudos y en ayunas, son vermífugos. También se hace dulce de ellos. (23) En las costas y orilla de los ríos, principalmente en las del Paraguay, Jejuí y Tebicuarí [Tebicuary], y en los montes e islas donde hay humedad, se crían con abundancia cañas huecas, gruesas y largas, a que se da el nombre común de Tacuara (Bambú); de suma utilidad para muchos usos. Esta Tacuara de tiempo en tiempo da fruto, el cual es idéntico al arroz o al trigo, y sirve en todo como estos granos. De estas frutas de agrado al paladar se hacen dulces riquísimos, y todas sirven de manutención a las gentes. (24) Sin embargo, de que en la mayor parte se toma por alimento la carne de vaca, cabra, oveja, de gallinas y de otras muchas aves de que hay gran abundancia, tanto caseras como pavos y patos, como silvestres. Los Quirquinchos, Mulitas, Venedos, Coatí [Koati] o ardilla, etc., abundan en los campos y montes. La carne de la Gran Bestia, Tapir o Danta, es también muy buena, sabrosa y saludable, aunque este cuadrúpedo no es abundante y sólo se encuentra en el Norte. En guaraní se llama M’borebí [Mborevi]. (25)
La mayor parte de los terrenos de esta provincia, son fragosos, de montes y pantanos hasta la distancia de siete a nueve leguas de la Capital; por lo que se crían y apacientan los ganados a larga distancia. Los mejores campos y los más criaderos, son los de Tebicuarí [Tebicuary], Misiones, Ñeembucú, Saladillo, Remolinos, Caasapa [Caazapá], Yuti [Yuty], Concepción, Ycuamandiyú [Ycuamandyyú o Ykuamandyju], y San Estanislao; pero más que todos, los del Chaco, según se ha experimentado con algunas vacas, caballos y ovejas, que tuvo un maestro herrero Ascensio Flecha sobre el Río Verde, las que se engordaban pronto.
Lo más ventajoso de la Provincia, es que en los referidos campos, y en toda ella, jamás faltan aguadas; pues además de los ríos y arroyos que la cruzan hay también fuentes de aguas buenas, manantiales perennes y lagunas permanentes; pero con todo, se siente sobremanera la seca cuando la hay por la falta de pastos, porque los más se vuelven áridos.
V – LA DICTADURA
No puede fijarse el número cierto de ganado vacuno, que en este año de 1840 se contiene dentro de la Provincia, desde el Paraná hasta el río de Aquidabánigui [Aquidabán Nigui], principalmente en las dieciséis estancias que mantiene el Estado de su exclusiva pertenencia, redundantes del vacuno, equino y lanar; sin embargo, que desde el año pasado de 38, ha perecido mucho ganado vacuno, de resultas de haber entrado en él la plaga del Yatebú [Jatevu] o garrapata; plaga que en 303 años que la Provincia cuenta de población y descubrimiento, no se ha visto ni oído – pero no fueron las garrapatas las que causaron la mortandad; las violentas, furiosas y frenéticas disposiciones nacidas del error, de la ignorancia, y de un espíritu de destrucción, tiranía y despotismo que dominaban sobre el dictador José Gaspar Francia, fueron el cuchillo más cortante, con que los hacendados vieron con sus propios ojos degollar sus ganados, aun los que no estaban todavía plagados.
Luego que se le dio parte, que unos veinte bueyes que servían en el Fuerte San José, en la otra banda del Paraná, se habían plagado de garrapata con que venían los bueyes de los brasileños, que concurrían al mercado de Itapua, mandó que los mataran y quemaran, creyendo que con esta operación se contendrían las garrapatas en aquella banda y no llegarían acá; pero se engañó y quedó burlado, ellas pasaron y en muy breve tiempo cundieron. Entonces fue que mandó que se mataran los ganados, aun cuando no se les encontrase una garrapata. Así se degollaron miles de éstos, de manera que muchos ganaderos quedaron de un día para otro sin una res que carnear, y sus comisionados, jueces y jefes de los partidos, por lo general hombres perversos y enemigos de sus paisanos, principalmente un Francisco Ojeda, de Tapúa; un Marcos Duarte, y un N. Navarro, de la Villeta; un Agustín Agüero, hombre torpe e inhumano de Quiquió [Quyquyhó], y Norberto Ortellado, subdelegado de Misiones, abusaron de las órdenes que tenían e hicieron degollar sin distinción, no solamente los ganados plagados, sino también los que no estaban; porque sabían que el proceder y obrar en perjuicio de los Paraguayos, era del agrado y aprobación del tirano dictador. (26) En efecto, inútiles eran las quejas que contra ellos se le daban, de los robos, de las injustas exacciones y crueldades que cometían. El las oía alguna que otra vez, con mucha indiferencia, pero nunca les iba a la mano, antes bien parece, que les mandaba siguiesen con sus depredaciones y crueldades, en que él mismo tenía fundada su complacencia, alegrándose de haber encontrado hombres, que le imitasen en su tiranía, despotismo y expoliaciones, que eran la base de su gobierno, plantificado y afianzado sobre la ignorancia de los naturales de la provincia, para reducirlos a la más dura e ignominiosa esclavitud, y gobernarlos o tratarlos, no como a hombres, sino como a bestias, uncidas al carro de su tiranía.
Adoptó y siguió las impías máximas de Maquiavelo y tomó por modelo a Pigmaleon, rey de Tiro. Lo imitó en todo; pues según el retrato que Fenelon, en el Telémaco, hace de dicho rey, no había diferencia de aquél al dictador Francia. Cotéjense las acciones y conducta del uno y del otro, y sólo por no caer en el antiguo error pitagórico, no se dirá que el alma de Pigmaleon salió de los infiernos y vino a animar al hijo de un Mameluco Paulista (27), para ser el primer tirano de América, renunciando a toda virtud cristiana.
Veinticinco años de tiranía y despotismo, que no se leen en las historias de las naciones, gimió el Paraguay en prisión, arrastrando pesadas cadenas. Vio arrojados a sus hijos inocentes, y encerrados en oscuros aposentos subterráneos a hombres octogenarios, y sacarlos al cadalso al cabo de veinte años de dura y horrorosa prisión. Vieron los paraguayos a un Obispo abandonado y privado del ejercicio de su ministerio pastoral, y de sus rentas, contribuyéndole al mes con sólo seis pesos para sus alimentos, habiendo también separado de su lado a su secretario, el presbítero andaluz don José Benito Godoy (28) y a un lego Francisco Aguirre (vizcaíno) que le servía de mayordomo, y los trajo desde la Recoleta de Buenos Aires, a quienes los tuvo presos en un subterráneo del cuartel del Colegio, dejando en su compañía a su sobrino, el clérigo loco don Pedro de la Rosa García de Panés y los negros esclavos Ventura y Dionisio, éste y el primero borrachos diarios, para que espiasen su conducta y le mortificaran más en su soledad, en que vivió el Obispo veinte años, obligándole antes a nombrar por su Provisor y Vicario General del Obispado a un Roque Céspedes, clérigo ignorante, codicioso y adulón. (29) Vieron a la catedral de la República arruinada, sostenida con puntales y colocado de cura de ella, a un clérigo Ramírez, idiota, corrompido, escandaloso, como lo eran todos en general, y delator. Vieron a los ministros de su religión, cargados de grillos sin delito alguno y encerrados; sin permitirles ni aun el Breviario: embargados sus bienes para no tener de qué subsistir en su larga y aflictiva prisión injusta, que duraba, si alguno no moría en ella destituido de toda asistencia espiritual y temporal, por dieciséis y veinte años.
Vieron los paraguayos a un hombre que habiendo convocado y reunido en Congreso a los habitantes de la Provincia, presidió en él, y se hizo proclamar por sus parciales, "Supremo Dictador Perpetuo de la República del Paraguay", prevalido de la ignorancia de los paraguayos, que no sabían ni conocían la autoridad sin límites de la dictadura; y que el dar a un ciudadano en una República una autoridad ilimitada es el mayor de todos los males, y mucho más cuando se le entrega el mando sin una Constitución que lo refrene para no abusar de él, limitándole su duración. Así es cómo el dictador Francia se arrogó una exorbitante y desmedida autoridad y empezó por ser déspota, degenerando luego en tirano y verdugo de sus paisanos: y antojándosele que la dignidad episcopal le hacía sombra y ofuscaba su dictadura, tiró a perseguir Obispo hasta envenenarlo finalmente haciéndole padecer como queda dicho. Negó públicamente la religión católica, y se declaró jefe y cabeza de la Iglesia Paraguaya, atribuyéndose también la potestad espiritual y negándola al Obispo. (Véase el escandaloso e injurioso auto, que expidió e hizo publicar contra este virtuoso y ejemplar prelado el año de 1829.)
Llegó a tal extremo su frenesí, que una vez, habiéndosele alterado demasiado la bilis, salió a los corredores de la Casa de Gobierno y desafió al Sumo Pontífice de Roma! Otra vez, habiendo salido el Santísimo, se encontró con él, y lejos de parar siquiera a que siguiese adelante, se paró el sacerdote que lo llevaba (el padre Favio) huyó la gente que lo acompañaba, y pasó el dictador, sin sacarse el sombrero, ni hacer tampoco una demostración de reverencia, ¿qué más podía hacer un Musulmán, un hereje y un ateísta? El no creía en Jesucristo.
Suprimió las instituciones religiosas, bien que sus individuos vivían ya una vida muy relajada, erigió en cuarteles sus conventos, y aplicó sus temporalidades al Estado, así como los fondos del Colegio Seminario, único establecimiento literario, en que bien o mal, algo se aprendía; privando en consecuencia los estudios que se daban en él (30), porque sus miras no se dirigían, sino a dominar esclavos, y no a gobernar hombres ilustrados; para conseguirlo formó y levantó numerosas tropas sin necesidad, no para defender de enemigos a la República, pues no los tenía, sino para guardar hombres presos, de que estaban llenos los cuarteles y la cárcel pública, hasta el número de seiscientas a setecientas personas de ambos sexos, y de todas edades; fuera de los que había en las villas, y en cada Partido, para infundir el miedo y el terror, y disimular el que él mismo temía al pueblo; efecto natural de su despotismo y tiranía; por más valor que aparentaba.
Pero cuando salía de paseo a caballo, mandaba cerrar las puertas y ventanas que caían a la calle por donde transitaba; y si alguna persona, por descuido, casualidad, inadvertencia, o por que le ganase el tiempo, se encontraba con él en esa calle, era un delincuente de alta traición y desde ese punto lo mandaba conducir a sablazos hasta la cárcel y lo cargaba de prisiones para siempre. (31)
El acto sólo de mirar a su persona y a la Casa de Gobierno, lo graduaba por delito digno de la última pena, como si la mirada de un infeliz despidiera efluvios venenosos, que lo atosigasen; tal era el miedo que tenía! Era déspota y tirano, había de temer, y los crueles remordimientos de su criminal conciencia no le dejaban dormir!..
Estableció el espantoso sistema del espionaje, y premió a los delatores calumniosos con empleos lucrativos. (32)
El mismo forjaba las acusaciones calumniosas en borrón, y lo daba a sus comisionados, para que copiado en limpio, se lo pasasen contra las personas de quienes sospechaba serle desafectas, y esto era una prueba convincente contra el supuesto acusado, para ponerlo en perpetua prisión, o pasarlo por las armas. Así, fue vengándose de todos aquellos de quienes en su vida privada hubiese recibido algún leve agravio, o que después de su colocación hubieran manifestado indiferencia. Acciones propias de un hombre bajo, y vulgar, como era el Dictador Francia, que se hizo juez en su propia causa.
Pero no se contentó con vengarse de aquellos, mostró también su diabólica ingratitud con los sujetos que más se empeñaron en colocarle en la Suprema dignidad de Dictador perpetuo; tal fue un Miguel Ibáñez, vecino de Concepción, a quien antes del Congreso, lo tuvo en casa, y le prometió que lo haría Comandante perpetuo de aquella Villa. Creído este en la promesa, buscó votos, influyó y sugirió a los demás Diputados, que proclamasen a Francia Dictador Perpetuo, en el Congreso del año de 1816. De este modo, consiguió aquella Suprema Dictadura Perpetua. Posesionado de ella, confirió a Ibáñez la Comandancia de dicha Villa; pero a los dos o tres años lo depuso y trajo preso y murió así en la cárcel pública de la capital.(33) Por lo regular así recompensaba a sus servidores.
Arruinó hasta el último extremo a las familias más visibles; persiguió a los ciudadanos de luces y de caudal, y teniéndolos en prisiones, por largo tiempo incomunicables, los sacaba al cadalso, y les embargaba los bienes, dejando a sus familias en la oscuridad y miseria; no habiendo cometido un delito digno de tales penas y castigos, sino por el que les forjaba él; esta era su favorita y diaria ocupación.
Vieron los paraguayos a un dictador apóstata de la fe cristiana, que abrazó el Deísmo, haciendo creer a sus oficiales militares, que él no había de morir; y a sus sátrapas (los Delegados de los Partidos), que para salvarse, no necesitaban más que servirle bien, según él les ordenaba. Obligó a los paraguayos con el mayor rigor a cumplir sus deberes, más allá de los limites prescritos por la naturaleza; pero al mismo paso les privó de usar de sus derechos, de que les dotó el Supremo Criador, cuales son, la libertad civil, la seguridad individual, la propiedad y la igualdad.
Vieron a un Dictador que hacía consistir su grandeza y su placer en la miseria y anonadamiento de sus conciudadanos; sacrificando centenares de ellos a su vengativo diabólico furor, por el pánico terror y miedo que les tenía.
Vieron a la lozana juventud de la Provincia vegetarse en la ignorancia, en los vicios, en la corrupción y disolución; sin costumbres, ni moralidad alguna. Vieron finalmente a un dictador, que para persuadir la justicia de sus determinaciones, usaba de la fuerza, llenando las cárceles de presos; siendo este proceder la mejor prueba de su mal Gobierno; ateísta, fraudulento, embustero, suspicaz, tímido, inaccesible, ladrón e impío, morir impenitente, el día domingo 20 de setiembre de 1840, a hora de 8 o 9 de la mañana, en su cama, no en postura natural, sino atravesado en ella con la cabeza colgada hacia el suelo. (34)
¡Juventud! vosotros sois el futuro pueblo, no perdáis de vista este diminuto bosquejo de tiranía y despotismo cruel que sufrieron vuestros padres en cadenas: vivid precaucionados, y preferid siempre para vuestra felicidad un Gobierno constitucional, al imperio o poder ilimitado de uno sólo.
Pero seguiré el hilo de mi Descripción, de que insensiblemente me he desviado.
He dicho que no se puede calcular el número de ganado vacuno; pero se puede decir que la Provincia redunda de esta especie; por que en los 25 años de opresión y tiranía en que la mantuvo el Dictador, cesaron los obrajes de madera, de la yerba-mate, y la carrera del río, en los cuales se consumía mucho ganado vacuno. El caballuno no ha sido muy abundante, como lo es en el Entre Ríos, de donde se proveían los paraguayos de numerosa caballada, buena y hermosa; así como de mulada para el tráfico de los yerbales, que son más fuertes que los caballos, para las conducciones y saca de los montes hasta los embarcaderos. Aunque los campos son aparentes para la cría de mula, no se dedican los ganaderos a ella, acaso por que es tardío y escaso el procreo de esta especie híbrida; sin embargo, no faltan las precisas para el servicio.
Fuera del consumo del ganado vacuno en el abasto de la capital y sus alrededores, que ascenderá a 50.000 cabezas por año, sin el de las Villas, Pueblos de Indios, de las Estancias y demás habitantes de los valles y Partidos, se consumía también muchas toradas en los yerbales, obrajes de maderas, y por la tripulación de los barcos; por cuya razón no hay tradición, que de aquí se hubiesen hecho sacas, para las Provincias de abajo; antes al contrario, del Entre Ríos se introducían a ésta continuamente ganados de toda especie, cuyos campos son más fecundos y más sanos que los del Paraguay, en que a más de ser tardío el procreo, muere también de gusanos el terneraje y potrillaje, principalmente en el verano.
VI. MADERAS Y YERBA-MATE
En las montañas de que abunda la Provincia, hay muchas maderas de diferentes clases, cuyos nombres en la mayor parte se ignoran. Las más conocidas y las que más se veían, son los Cedros de magnitud singular. Los Cedrorás, semejantes a los verdaderos. Los Lapachos (Tayí [Tajy]) de tres clases. Ibiraró [Yvyrarõ]; Peterebí [Peterevy] blanco, hasta de 30 varas de largo, y Negro (Zarzafrás). Urundies [Urunde’y], de dos calidades. Palo blanco; Morozimo; Tatané [Tatane].(35) El Guayaibí [Guajaivi], muy semejante al corazón del nogal, útil para balaustres, pilares, testeras de cujas y otras obras. El Guayacan muy duro, fragante, pero fino y lustroso, sirve para trapiches que son de mucha duración. El Timbó [Timbo], que hay en abundancia, gruesos y corpulentos desde 16 cuartas hasta 30; bien que los de este grosor son raros, de que se hace canoas y bateas. Todas las dichas maderas son útiles para embarcaciones, para edificio, para muebles y trastos de casa, tablazones y tiranterío. Hay un árbol llamado Urundei-pará (overo) [Urunde’y para] de unas vetas particulares, del cual se fabricaban cómodas, sillas, cujas, mesas, escaparates o papeleras, camoncillos, taburetes, canapés, marcos de cuadros y otras obras que han sido apreciables en las provincias de abajo (36), así como las otras maderas, arriba dichas; pero ya nada se trabaja hoy de esta madera, desde que se descubrió el Morosibó [Mborosybo] amarillo, que es mucho mejor que el Urundei pará [Urunde’y para].
Aunque regularmente en la mayor parte de la campaña se encuentran maderas de las dichas arriba, no pueden beneficiarse, sino en las inmediaciones de los ríos fondables, por ser sumamente difícil y costosa su conducción de otra parte, que no sea de su cercanía; y así por esta razón, y por que son más apreciables y más sanas por la experiencia, se hacen los cortes de maderas y se establecen los obrajes en las costas de los ríos o a corta distancia del Jejuí-Guazú y Jejuí-Mini, en Curuguatí [Curuguaty]; y del Tebicuarí [Tebicuary], desde Villa Rica, hasta M’buyapei [Mbuyapey].
El Tebicuarí [Tebicuary], mayor río que los antes dichos, ha sido por donde se ha extraído más madera, porque a más de haber muchos montes abundantes de maderas en sus inmediaciones, y en sus costas, desde más arriba del puerto de Yuti [Yuty], hasta Arrecifes; hay también ríos fondables que desaguan en él como el M’buyapei [Mbuyapey] y el Piráporaru [Pirapo ruru?], por los cuales se conducen en jangadas chicas hasta el Tebicuary, las maderas trabajadas en los montes distantes de este río. Los obrajes de madera, piden más costos y demora, que los de la yerba-mate: porque para aquellos es preciso abrir Varaderos anchos para sacarlos de los montes y arrimar al río a costa de mucho trabajo para formar las jangadas, fabricar piraguas, garandumbas, barcos y canoas, que se hacen muy hermosas y grandes, así de tablas de cedro como de Timbo.
El pueblo de Jesús, tiene también montañas muy abundantes de buenas maderas, y de ellas se sacaban y conducían a Buenos Aires por el río Tebicuary, jangadas y piraguas grandes cargadas de madera y yerba-mate, como también lo hacían los pueblos de Trinidad e Itapua, por el Paraná.
Pero hace 25 años, que no se trabaja ya en maderas ni barcos. Antes se han podrido en la rivera de la capital sobre 300 buques grandes y chicos, sin que por eso hubiesen hecho falta en Buenos Aires las maderas del Paraguay, pues se provee de este artículo del Brasil, de Norteamérica, de donde le traen más barata y con abundancia; con que aún cuando se volviera a entablar el comercio con los pueblos de abajo, y se condujesen maderas, no se lograría el lucro ventajoso que reportaban antes los obrajes. Ahí está la protección del comercio que el Dictador prestó a los habitantes del Paraguay, deseando perjudicar a los pueblos argentinos prohibiendo la extracción de maderas de aquí, y privando la navegación del río y exportación de los frutos y otras muchas producciones del país, perjudicó sobremanera a los paraguayos y más que a todos al erario nacional; por cuyas causas se perdieron muchas jangadas y piraguas grandes cargadas de madera, así como también centenares de miles de arrobas de tabaco y yerba-mate que tenían acopiadas los comerciantes. (37) Así los empobreció y empobreció a la provincia, privándola del percibo de más de 30 millones de pesos en metálico y en otros artículos de que carece.
Desengañémonos, los pueblos argentinos subsisten y subsistirán, se adelantan y se adelantarán sin el Paraguay, por su industria, por su comercio y concurrencia extranjera. La experiencia de más de tres siglos que llevamos de población, nos demuestra y convence de esta verdad.
Todas las referidas maderas, son de mucha duración y consistencia como se veían en las embarcaciones que navegaban por este río, y el Paraná hasta Montevideo, y dándoles brea duran más sin necesidad de refacción. Se han fabricado fragatas grandes en la Angostura y en el Pilar, y han sido famosas en el mar.
Textiles
En las montañas y bosques hay una planta de que se fabrica el Caraguatá [Karaguata] o cáñamo. Dicha planta es especie de ananá y semejante en la prenca y frutos a la pina hortense. Las Iguanas o teyús [teju], (lagartos terrestres que se mantienen en cuevas subterráneas) y las aves son las que comen la piña que da la planta de que se trata: al paladar del hombre es insípida. Cuasi todos los bosques están llenos de esta planta, que se cría bajo de sombra y muere fuera de ella.(38) Se beneficia del modo siguiente: se arrancan las pencas más largas, las que se echan al agua y se dejan en ella hasta pudrirse; en tal estado se tira con la mano la piel o cáscara que de uno y otro lado cubre las hebras que contiene la penca; de este modo se beneficia con facilidad, y se sacan los filamentos que en lugar de estopas, sirven muy bien para calafatear los buques, coser zapatos y otras cosas. De esta planta se saca también la Ibira [Yvyra] (pero sin podrir las pencas) con que se manoja el tabaco. EL verdadero nombre de esta planta en guaraní es Ibira [Yvyra] y no Caraguatá [Karaguata] como impropiamente la llaman, siendo tan diferente a aquella; pues el Caraguatá [Karaguata] tiene las pencas más recias, llenas de espinas, punzantes, duras, y no son filamentosas; da fruto en racimos a semejanza de los de Pacoba [Pacova], o más bien de los de uvas; del fruto de Caraguata [Karaguata] se hace miel, aunque no dulce, pero gustosa, vermífuga y útil para la digestión.
Las hebras sacadas, como queda dicho, de la Ibira [Yvyra] o llámese Pita [Pytã], son fuertes y de ellas se hacen cordeles del grosor que se quiera. Los Payaguás, son los que más trabajan estos que ellos llaman línea para pescar; los hacen sin torno ni más artificio, que torciendo las hebras sobre el muslo con la mano. Con uno de estos cordeles, que son delgados, se hizo la experiencia siguiente: Se ató de firme en alto una punta y a dos varas de largo, en el extremo opuesto, se colocó peso de más de cien libras, y no se rompió el cordel hasta haberlo cargado con 124 libras; se midió entonces su circunferencia en la rotura que se halló de cuatro líneas, 96|100 del pie de Castilla. (39) Parece que una cuerda de cáñamo de doce líneas de circunferencia, siendo de buena calidad, y trabajada como se acostumbra en los Arsenales, se rompe con la carga de 633 libras y como la resistencia es como los cuadrados de la circunferencia, haciendo la proporción, se deduce que una buena cuerda de cáñamo de cuatro líneas y 96|100 de otra de circunferencia, debe romperse con ciento ocho y media libras; y la línea de Ibira [Yvyra] según la experiencia, aguanta hasta 124; con que, esta materia es más propia que el cáñamo, a que se parece en flexibilidad y color. De esta comparación se deduce, que un cable de Ibira [Yvyra] de doce pulgadas, aguantará, lo que otro de doce pulgadas, diez y media línea de cáñamo. Se ha remitido a Europa alguna porción, para que de ella se hagan lienzos, lonas, cables, y se comparen los costos con las utilidades; pero no ha habido resultado hasta ahora. El Gobernador Don Lázaro de Rivera que entró en esta Provincia y se recibió del mando en el mes de abril de 1796, puso fábrica de cables y amarras; la primera del Caraguatá [Karaguata] o Ibira [Yvyra] y la segunda de Huembepi [Guembepi] se decía que era para los barcos del Rey: la verdad en su lugar.
A imitación de lo que se trabaja de la referida planta se fabrican amarras de Huembé [Guembe], que se cría en los árboles que tienen parte de corrupción, a manera de junco, como de una pulgada de grueso, y termina y cae sobre la tierra; la hoja es semejante a la de Achira, su fruta como una espiga de maíz. Se arranca del árbol en que están prendidos los juncos, y se saca de ellos la cáscara que es delgada, la cual se coloca en manojos; estas se tienen en el agua por 15 o 20 días, y preparada de esta manera, se fabrican de ella sirgas a modo de cables, y sirven para amarras de barcos, toas o espías: son fuertes y conservándolas bajo del agua, son más firmes y consistentes, y duran más que las del Ibira [Yvyra] que se pudre.
La Yerba
De las producciones de este país, que sirven de comercio, las principales son la yerba-mate, el tabaco y las maderas. La yerba se elabora en los montes de Igatimí, Puente Aguarai [Aguaray], Curupicai [Kurupika’y], Itanará, Cangüeí [Kangue'i], Viñal, Caagüagüe [Ka’agua kue?], Arenilla, Piracaí [Piraka’i], Mbaracayá [Mbarakaja], Pecurí, Aguaé, Curú [Kuru], Yerutí [Jeruti], Toribio, Mbocayatí [Mbocayaty], Morombí, Tayazucatí [Tajasucati], Ipiati, Pirai [Pira’i], Ibiratí [Yvyratî], Aracangüi Arakangue?], Ñandurocai [Ñandurokay], Caremá [Karema], Iribucuá [Yrybukua], Mondaí [Monday], Japepo, Mbaeberá [Mba'everã], Tacurupucu [Takurupucu] en la costa del Paraná; aquí se fabrican piraguas y se transporta la yerba hasta Buenos Aires; pero la conducción de torada es de mucho costo y pérdidas, por la gran distancia y fragosidad de los caminos y ríos rápidos que se pasan (40) yendo por tierra a Tacurupucu, donde estuvo primero el pueblo de Loreto, cuyas ruinas se ven allí, fuera del peligro de los indios salvajes y bravos que habitan aquellos lugares al norte del Paraná, y al sur los Guayanaes, bien que estos siempre se han mostrado mansos, andan en canoas por aquel río y son agricultores.
Los prenombrados lugares no son yerbales separados, sino obrajes (41) o ranchos particulares, donde más se trabajaba la yerba; pues desde el Paraná hasta el río Apa, están llenas de este árbol las montañas de arriba y abajo de la cordillera que viene de Brasil, atraviesa el Paraná donde hace el famoso y formidable Salto Grande, y corre hasta el río Paraguay. No he hecho mención de los yerbales de Trinidad, Jesús, Jutí [Yuty], Caasapa [Caazapá], Villa-Rica, ni tampoco de los de San Joaquín, Caihó, San Estanislao, Icuamandiyú [Ycuamandyyú o Ykuamandyju] y Concepción.
El célebre vegetal que da la yerba, es frondoso y vistoso; su hoja y figura es entre laurel y naranjo; se trabaja de la manera siguiente: – El peón yerbero desgaja el árbol, recoge los gajos, los amontona en un lugar que tiene bien rozado y limpio, y allí hace fuego y va chamuscando gajo por gajo; después de esta precisa operación, desmenuza los mismos gajos, haciendo lo que se llama un guacerbo de la propia hoja, de que forma una haz en figura de escalera, más alto que el peón y afianzado de la frente y pecho lo conduce a la espalda sin arrastrarlo, pues no pasa del talón abajo, fuera de la hacha, machete y otros útiles de que va cargado, sin más movimiento que el paso lento, hasta la población o rancho, en donde ya está preparado el barba-cuá, que es un envarillado en forma de horno, con dos bocas, fabricado de varas verdes. Visto a un peón venir caminando paso a paso con su haz de yerba, que por lo regular pesa ocho arrobas, más que menos, parece un vestiglo.
Sobre dicho armaje, coloca el peón la yerba bien extendida, de modo que no quede resquicio por donde respire o salga el humo del fuego que inmediatamente se hace abajo, de manera que llene todo el hueco del horno, y así, a fuego lento se va cociendo la yerba. Estando ya bien tostada, se apaga el fuego, y se barre todo el lugar que ocupó, cosa que quede bien limpio el suelo, y allí se coloca la yerba bien cocida y tostada; luego se apalea o se muele con un palo labrado, hecho en forma de un sable curvo. Estando ya bien molida, entrega el peón romaneada [9] al capataz y éste la coloca en el perchel que tiene dispuesto para acomodar en él toda la yerba que fueren entregando los peones, hasta completar las arrobas que cada uno se obligó trabajar. En este depósito se purifica la yerba y adquiere el olor suave que tiene, y siendo ya tiempo de concluir y salir del obraje, se ensaca en zurrones o tercios, atacando en ellos cada peón las arrobas que ha trabajado. Cada tercio contiene regularmente 8 arrobas netas, la demasía es el peso del cuero, y es la que se destara del tercio.
La yerba de Carema y de Curiú es la más exquisita y apreciable por su color, olor y gusto, que tira a dulce, como también por su duración; a esta la llamaban Caá-mini [Ka’a mini], por que no es del monte sino del campo, de hoja más chica, más gorda y amarilla; no es árbol grande como el del monte, sino arbusto. Se vendía a más precio que la común, por su calidad, y por que no era abundante. Antiguamente llamaban Caá-miní [Ka’a mini] a la que se trabaja de la hoja sola, sin palitos, y a la que los tenía, la daban el nombre de yerba de palos, que no era de tanta estimación. El uso de la yerba se hizo general en la América Meridional. Se usaba de ella, en todo el Perú bajo y alto hasta Lima; pero parece que no pasaba el río Apurimac o Amazonas. Adelante de Buenos Aires, que era el almacén de los frutos del Paraguay, se distribuía a los demás pueblos, se conducía en carretas hasta Salta y la Rioja, y de aquí en mulas hasta Lima. La que se destinaba para el Reino de Chile, se conducía también hasta Mendoza, y de ésta la pasaban en mulas a Chile; pero después se transportó por mar a aquel reino. La yerba fuerte era la que se llevaba a Chile, por que dicen que ésta se suaviza allá, y la suave se pone fuerte, por cuya razón no se llevaba la de esta calidad. (42)
Como en las inmediaciones de los yerbales sobre que pretenden o a lo menos reclaman derecho de propiedad y dominio por razón de primeros poseedores, o por el título de herencia que no se les puede negar, los Indios que ocupan aquellos territorios, cuyo número es muy grande; rara vez se internan en ellos los yerberos, por el peligro a que están expuestos y los crecidos costos que impenden, por la mucha distancia y fragosidades, por lo que varios obrajeros han llegado a quebrar, pues no pocas veces ha sucedido que los Indios cuando no han podido causar daño en las vidas o haciendas de los obrajeros queman los percheles de la yerba, y cuando encuentran resistencia hacen fuego emisario con un poco de paja y goma, que colocando en la punta de la flecha disparan por elevación con cuyo arbitrio logran incendiar los ranchos.
Algunas veces, suelen venir y llegar de paz, cuando esperan algún regalo o gratificación por el yerbal que se trabaja; y se ha experimentado que han guardado fidelidad con uno u otro sujeto, a quien también ellos regalan con maíz, miel, cera y otras menestras, de que tienen abundantes cosechas; pero nunca son tan gratuitos y en mucha cantidad sus regalos, siempre lo hacen con la mira de que se les recompense con machetes, hachas, cuchillos, y ponchos. Cuando llegan de paz, vienen como en procesión, guiándolos el Cacique con una cruz en las manos, cantando y proponiendo paz y amistad; al acercarse al portón de las quinchas, saludan en guaraní, que es el idioma de ellos, aunque lo hablan con demasiada velocidad y síncope (43) como tragando las últimas sílabas con el Tupata nera'arõ (Dios os guarde) dirigiendo la palabra al capataz, a quien le dan el tratamiento de capitá-Guazú (capitán mayor). Este y los peones que están juntos les corresponden con demostración de alegría y amistad; los hacen entrar dentro del quinchado, sin armas, que son macanas y flechas, en cuyo manejo son diestrísimos, y de una puntería tan fija, que no yerran, por más chica que sea la avecita a que la disparan; luego se les carnea un toro y se les entrega la carne; los yerberos tienen la precaución y cuidado de ocultar sus herramientas, por que si las ven los indios, no aguardan a que se las den de agrado: luego las agarran para sí.
Los que viven desde los yerbales de Curuguatí [Curuguaty], Icuamandiyú [Ykuamandyju], Palomares, Caremá hasta el Paraná, son los bravos y aleves, que han hecho daño a los yerberos. Los que habitan en las inmediaciones de los yerbales de Concepción, cordillera arriba, son hospitalarios y más amigables. Estos indígenas, tiemblan al oír el ruido o estruendo del fusil; pero mucho más al ver a un indio Guaná, a quien llaman Abapyta [Avapytã - Indio rojo–], de tal manera que la vista de uno sólo, los pavorisa, y les causa un terror pánico, y hordas enteras les huyen desamparando y abandonando sus hogares o caseríos, sin reparar fragosidades y malezas, y no vuelven a ellas mientras un Guaná permanezca en la población de los yerberos; por cuya razón algunos patrones o dueños del obraje, han llevado a los yerbales dos o tres Guanás, pagándoles, para que les sirvan de guardia durante la faena y labor de la yerba; y de este modo han logrado trabajar con tranquilidad y libertad sin experimentar perjuicio. La yerba cuyo beneficio es penoso y costoso, se conduce a lomo de mula a esta ciudad, o hasta el río, si lo hay inmediato, para transportarla en embarcaciones por los ríos Curuguatí [Curuguaty], Jejuí-mini, Aguarai [Aguaray] y otros que desaguan en el Jejuí grande, y este, en el del Paraguay, por donde se conduce este fruto de aquellos yerbales. La de Caremá y Caihó, es la que se portea en récuas de mulas. Por eso es que la yerba de estos dos lugares ha sido la mejor y la más apreciable, por que conduciéndose en mulas, vienen golpeándose y asoleándose más y más, de manera que no tiene lugar de percibir humedad, que es la que pronto la enmohece, le da mal olor y la pone fuerte, en lugar que el mucho asoleo mejora y vuelve suave, la que se puso fuerte. Pero esta conducción en acémilas, es muy demorosa y lenta, principalmente cuando hay abundancia de lluvias. La yerba de Concepción como los más de los yerbales, se hallan en la cordillera arriba, se baja en mulas hasta el pie de ella, y de allí en carretas hasta la villa, en donde se embarca para la Asunción. Lo mismo se hace con la de Icuamandiyú [Ykuamandyju]. La yerba de estas dos villas, ocupa el segundo lugar después de la de Carema y Caihó, como la que se trabaja en Igatimí.
Por el río Tebicuarí [Tebicuary], se practicaban en los tiempos de oro algunos transportes de yerba que se trabajaba en los yerbales de Villa-Rica, de Yuti [Yuty] y de Caasapa [Caazapá], en piraguas y garandumbas chicas y grandes, y por la proporción de ser navegable este río, que desagua en el Paraguay, siete leguas arriba de la Villa de Pilar, giraba este fruto, en derechura a las provincias de abajo.
VII. EL COMERCIO EXTERIOR
Regularmente en cada un año, se sacaban y extraían de esta provincia, sin incluir los pueblos de Misiones, trescientas veinte mil arrobas de yerba, que se distribuían por las provincias del Río de la Plata, Chile y el Perú, como se ha dicho, no siendo poca la que se consumía en el país, que ascendería poco más o menos a cuarenta mil arrobas. Don Antonio de Ulloa, en su "Relación Histórica", de su viaje a la América Meridional, segunda parte, tomo 3º, dice: "que siendo el consumo de la yerba-mate, de los mejores que se hacen en todo el Perú y Chile, bastaría este sólo renglón a hacer grandioso el comercio de esta provincia; por ser ésta, la única donde se produce". Pero este sabio viajero se engañó en esta última parte, pues la yerba es también producción natural de Brasil, y su uso, cuando él escribió, estaba corriente en aquel país. Durante el tiránico gobierno del Dictador, subió la yerba en Buenos Aires, a veinticinco pesos por arroba, y en Chile a cincuenta, por cuya razón se prohibió su introducción en aquel reino, y en el Perú dejó de usarse enteramente. En vista de haber cerrador el Dictador la navegación del Río y de consiguiente la extracción de los frutos del país para las Provincias Argentinas, dieron los brasileños en trabajar la Yerba en los montes del Brasil, que abundan de ella, e introducirla en Buenos Aires. De este modo pareciéndole al Dictador perjudicar a los habitantes de los pueblos de abajo, causó el mayor daño a los del Paraguay y al Erario Nacional; pudiendo haberlos enriquecido a aquéllos, y llenado éste con sólo la permisión del comercio franco con dichos pueblos, sin perjuicio de la independencia y neutralidad de esta provincia. Pero como sus miras no se dirigían sino a embrutecer y empobrecer para gobernar esclavos, quiso más bien preferir a los brasileños. En efecto, abrió y entabló comunicación mercantil con ellos por a vía del pueblo de Itapúa, que dista poco más de ochenta leguas de la Asunción. Pero un comercio tan mezquino y tan lleno de trabas a nadie podía adelantar. No solamente no iban a aquel mercado, hombres de alguna tintura o de conocimientos mercantiles, sino que ni los ignorantes y del estado común, que alcanzaban licencia a fuerza de tiempo y paciencia, podían conducir a Itapúa, Yerba o Tabaco, que hubiesen comprado, ni en calidad de habilitados, sino que habían de llevar la Yerba o Tabaco, que ellos mismos hubieren trabajado personalmente. Tampoco concedía licencia a todos los que la pedían, sino a los que él quería, no con la cantidad de frutos que tenían, sino con la que él les asignaba; v. gr., el que solicitaba licencia para 200 arrobas de Yerba o Tabaco, no la conseguía más que de 100 arrobas; el que intentaba conducir a dicho mercado sus frutos había de presentar o acompañar su Memorial con dos certificados del juez de su partido; el uno, de ser el interesado blanco de linaje; el otro, que la hacienda manifestada, era de su propia cosecha. También había de especificarse la calidad de los peones, si eran adictos a la independencia de la República, y afectos a su persona. De este modo los vecinos de la ciudad estaban excluidos de este tráfico; por que no siendo agricultores, no podían adquirir los artículos predichos, sino comprándolos a los labradores y perberos (sic). Estaban también excluidos los que no eran de linaje blanco; en suma, no iban a Itapúa los parientes, o de un mismo apellido de los que él tenía aherrojados y encerrados en los calabozos; tampoco aquellos a quienes odiaba sin causa, o sospechaba que podían no ser adictos a su despotismo y tiranía.
La forma en que se hacía este comercio, que causó no pocos pesares, trabajos, pérdidas y prisiones a los que lo practicaban, era la siguiente: Llegado el Brasileño a Itapúa se le registraban los zapatos, botas, sombrero y todo el vestido que traía puesto, para ver si ocultaba cartas, gacetas u otros papeles que contuviesen los sucesos y el estado de Buenos Aires, de donde procedían aquellos mercaderes. Luego se desarrollaban y desdoblaban los géneros, pieza por pieza, y se le entregaban vareados. Después de esta operación se remitía al Dictador la nota de ellos, con la licencia y guía, y de cada género o efecto un retacito por muestra. Entre tanto, no podía el mercader abrir tienda ni vender una aguja, hasta que regresase el chasque, y escogiera el Dictador los renglones que quería, que siempre eran de los mejores, los que entregados al Receptor, fuera de los que se le regalaban, podía el mercader proceder a la venta de los restos.
El Dictador tomaba los géneros a los precios que él quería imponerles, y se conducían a la Capital con los auxilios de los vecinos, que contribuían con bueyes, caballos, carretas, reses para el gasto del camino, y con sus personas, escoltando las carretas. De manera que sobre tomar baratos los géneros nada le costaba su conducción, pues todo se hacía a expensas de los pobres vecinos, sin embargo, de abundar, el Estado de bueyes, caballos, ganado y de todo. Los estancaba en la Aduana, de allí los hacía sacar a la tienda del Estado de vez en cuando, a vender a un ciento cincuenta sobre el uno que le costaba de principal. Si no se vendían por caros, volvían a la Aduana y allí se inutilizaban y se pudrían de polilla. (44) Se cansa la pluma de referir, tanta extravagancia, que aun el oír fastidia: pero es conveniente referirles, para que la posteridad llegue a saber, que la República del Paraguay, gimió veinticinco años, bajo la férula férrea de un dictador pulpero y monopolista, que para mandar vender agujas, cintas, pimienta, avellanas, etc., primero se ocupaba en varear sólo las piezas de cinta, y contar las agujas y demás cosas.
El algodón y el tabaco
Vuelvo a seguir el hilo de mi descripción.
El algodón, es uno de los ramos de no poco incremento para la Provincia, el cual aunque antiguamente se extraía mucho para Buenos Aires, Santa Fe y Corrientes, cesó la saca de él; porque apenas sufraga para el consumo de aquí, en el tejido de los lienzos, de que por lo común se visten los naturales de los pueblos y gente de la campaña, y aun toda la ciudad, y también los indios bárbaros, los cuales tejen unas mantas, principalmente, los Guanáes, Mbayáes y Payaguáes, que sirven para sobrecamas y otros fines, mayormente para defenderse del agua, pues por su consistencia no las pasa. Este fruto es contingente, o porque hay seca o por abundancia de agua, en cuyo caso pica la planta un gusano que la tala y seca, de modo que pierde la mayor parte. Sucede lo mismo con la mandioca o yuga.
En los pueblos de indios, hacían hilar los comerciantes y otros muchos particulares, considerables arrobas de algodón y lo reducían a lienzo. Pero la insaciable codicia y monopolio del Dictador, privó hasta de este recurso a los habitantes de la República, y durante su despótico gobierno, muchos de los comerciantes que antes manejaban gruesos capitales se vieron reducidos a la mendicidad y otros a hilar, para comer y vestir, porque no tenían en qué ocuparse." (45)
La caña dulce es también otro ramo a que se aplican mucho los naturales, para beneficio de la miel y azúcar que se elabora de tres calidades: blanca, terciada y rubia, que se consume en la Provincia. Antes se extraía para los pueblos de Misiones de la otra banda del Paraná y Uruguay. La miel, no toda la que se cosecha es buena para azúcar, mucha parte de ella se destina para mazacotes y aguardiente o caña que se exportaban para Buenos Aires, donde se vendían con estimación.
El tabaco es el fruto principal a que generalmente se dedican los labradores. Desde el año de 1780, lo había estancado el Rey de España, cuyo estancamiento duró hasta el de 1811, en que con motivo de la emancipación de América, cesó y se declaró por de libre comercio en un Congreso General de la Provincia, celebrado el 21 de junio de 1811. Hasta este tiempo se cosechaba tabaco exquisito en color, olor y fortaleza. Los cosecheros introducían su tabaco en la factoría, donde había dos reconocedores que lo examinaban; si era bueno, lo recibían y romaneaban; y se les pagaba por el de hoja, a dos pesos, y por el de pito, a doce reales.
Se recolectaban al año 31.755 arrobas del de pito, y 20.756 del de hoja. Ascendía su valor a 89.104 pesos 4 reales, que era el dinero que salía de la Caja Real, al principio del estanco; después se fue aumentando. Las 52.491 arrobas de tabaco se remitían a la Dirección General de Buenos Aires, y de allí se distribuían a los demás pueblos de su dependencia para su venta.
El tabaco mejor era el de Villa-Rica, en donde se recolectaban y entregaban en el real estanco, doce mil arrobas. El de los valles de Capiatá, Itauguá e Ibicuí [Ybycuí o Yvyku'i], no era nada inferior, como también el de Tebicuarí [Tebicuary], Quiquió [Quyquhó], Carapegüá [Carapeguá] y la Villeta. Es de advertir que a los principios no estaban obligados los cosecheros a entregar cantidad fija de tabaco; cada uno entregaba las arrobas que quería, y otros muchos no entregaban nada, para venderlo en más precio, dentro de la Provincia, donde era permitida su venta libre, y no tenía precio fijo; así es, que por lo común, el de hoja bueno se vendía a cuatro pesos la arroba, y aun a más cuando había escasez. Después se obligaron por contrata con la factoría, los labradores, y otros muchos vecinos, a entregar cantidad fija de arrobas desde veinticinco a cincuenta. Estos contratantes quedaban exceptuados del servicio postal.
El tabaco torcido, negro, que igualmente se beneficiaba en esta provincia, ascendía a 10.272 arrobas del que se recolectaba en la Real Factoría. La mayor porción se fabricaba en los pueblos de indios, y el de San Joaquín era el mejor. El Rey pagaba 27 reales por la arroba de tabaco torcido, para cuya fábrica se trajeron algunos brasileños, quienes lo trabajaban, y ellos enseñaron a los paraguayos. (46)
No hay fábrica ni ingenio en la provincia, pues no puede llamarse tal el beneficio del azúcar, que se hace en trapiche de madera.
Minas, no se conocen porque no se han buscado, aunque en el año 1779, se descubrieron unas, a distancia de cuarenta leguas al sur de la Asunción, en el Cerro de San Miguel, estancia que fue del partido de Santa María. Resultaron de azogue (47), según el experimento que se practicó de cuatro zurrones de piedras, que se remitieron a Buenos Aires. Pero posteriormente no se ha elaborado nada. El año de 1812 se descubrieron en el barrio de San Roque, unas piedras ferruginosas, de las que, habiéndolas puesto en calda, un herrero vizcaíno, sacó una pieza de hierro de muy buena calidad.
Minas de cal y de yeso hay abundantes; de la primera, en el territorio de Concepción, y de la segunda en la Villa Franca. En las inmediaciones del pueblo Santa Ana, que hoy está destruido, en la otra banda del Paraná, hay minas de cobre de superior calidad. De ella se ha elaborado alguna corta cantidad.
La sal se elabora en esta provincia, por destilación y cocimiento en los parajes de las Salinas, de Tapúa, de Lambaré, Ibiraí [Yvyrai], Salado y en otros varios. De ella se abastece suficientemente a Provincia, hasta el Paraná, y antes se sacaba también para Corrientes y pueblos de Misiones, hasta el Uruguay. A la banda del norte del río Aquidabánigui [Aquidabán Nigui], hay también salinas, y antes de la despoblación de aquellos lugares se trabajaba en ellos muy buena sal, y de ella se proveían los vecinos de Concepción.
En Misiones de esta banda del Paraná, se encuentran Canterías, de donde se sacan piedras, largas y cuadradas, que sirven en los pórticos, corredores y patios de los colegios; por lo común tienen vara y media en cuadro, aunque hay algunas de doble tamaño. Hay otras, de que se forman pilares de tres, cuatro y más varas de alto. Recién sacadas son blandas y fácil de labrarlas, y hacer molduras de ellas de buena vista. En los pueblos de San Cosme, Trinidad y Jesús, se ven muchas colocadas en los edificios y templos. En los distritos de la Emboscada, hay también canteras, de las que se extraen piedras largas, lisas y blancas, hasta de dos varas de largo y una de ancho, de dos, tres, cuatro y más pulgadas de grueso. En las inmediaciones del pueblo de Yuti [Yuty] y en otras varias partes, se encuentra con abundancia la piedra imán. Así también la de amolar, de todas clases.
En uno de los dos cerros de Yariguáa [Jarigua’a], se encontró una gran losa o piedra bien cuadrada, grabada toda de un lado a cincel con caracteres griegos o hebreos, pues nadie pudo comprender el sentido o significado de la inscripción, aunque se transcribió con puntualidad y exactitud en papel; está a la falda del cerro. Induce a creer que es un monumento de la más remota antigüedad. Al presente debe estar cubierta de tierra.
VIII. LA FAUNA
Hay infinidad de aves y cuadrúpedos, cuya enumeración por menor, sería sobre dilatada, inútil. Don Félix de Azara, en su "Historia del Paraguay", tiene hecha una colección de trescientas veintidós especies de aves, y veinticuatro de cuadrúpedos, con la descripción de sus tamaños y demás particularidades.
En los montes, bosques, campos, chacras y aun en la ciudad, hay variedad de víboras venenosas.(48) La más grande y particular, es la que en guaraní llaman Mboi-yaguá [Mboi jagua], por la semejanza de la cabeza a la del perro; disforme de grueso, y de largo de siete a catorce varas, es de una fuerza insuperable en el agua, se traga venados, terneras y cualquier otro animal, y aun a un hombre, como ha sucedido; y en llegando a agarrarlos y envolverlos con la cola es imposible que se deslicen y escapen; y es en extremo veloz y ligera cuando avanza en el agua; pero fuera de ella, es mansejona y fácil de matarla, porque se mueve con mucha lentitud y no puede huir. Ella no es abundante y se cría en el territorio de Icuamandiyú [Ykuamandyju], Curuguatí [Curuguaty] y Concepción; y en los ríos Jejuí, Aguai [Aguay], Apa y otros arroyos. En los campo de Mbuyapei [Mbuyapey], se encontró una (no de la antedicha) ya quemada, de ocho varas de largo y tres de grueso, según se pudo calcular por un hueso de un lado de la costilla, macizo de media vara de largo, y rollizo como de pulgada y media de grueso. En el río Paraguay se cría una que le llaman Curiyú [Kuriju] (cenicienta), de siete a nueve varas de largo, no tan gruesa como las dos anteriores: es mansa, a lo menos no se ha oído que hubiese mordido a alguno, y cuando las agarran y sacan fuera del agua andan muy lentamente) no muerden.
Entre los muchos remedios y antídotos que usan contra el veneno de la víbora, no se ha experimentado otro mejor, ni más eficaz, y que cure en más breve tiempo y con más firmeza, que la piedra imán. Se aplica ésta en la cisura o mordedura, luego se pega y chupa, de manera que le causa dolor al mordido, y en acabando de extraer el veneno, se despega y cae de suyo, y con sólo esta operación queda el paciente enteramente sano, bueno y sin lesión alguna en un cuarto de hora; entonces se lava la piedra con agua caliente para que vuelva a servir, porque no lavándola muere la piedra y queda sin virtud. No solamente cura a los recién mordidos, sino también a los que hubiesen quedado lesionados o baldados con las reliquias del veneno, volviéndoles a abrir la cisura cicatrizada, y aplicando a ella la piedra del modo dicho. No es de menor virtud, y aun más que la piedra el colmillo de Aguará-guazú [Aguara guasu] (vulpeja o zorra), traído a la raíz de la carne; usado de este modo, impide que muerda la víbora a quien lo trae, o si acaso muerde, no hace ni causa efecto el veneno, como también se dice, del colmillo del caimán (yacaré [Jakare]), que al que lo trae a la raíz de la carne, no hace daños veneno alguno dado en comida o bebida. (49)
La pesca es abundante en la Provincia, principalmente en el río Paraguay, a cuyo género de comercio se dedican los Payaguás; siendo también el pescado su ordinario alimento, y son los que proveen de este articulo a la ciudad, y muchos vecinos de ella se ocuparon en pescar durante el despotismo del Dictador.
En los bosques se crían colmenas (camuati) en los huecos pe los árboles, y de ella se recoge buena miel, con abundancia, como igualmente de las que se crían bajo de tierra en los montes y tacurúes [10]; pero no tiene mayor aprecio en el comercio, aunque se usa de ella en varios medicamentos. También se beneficia cera, mezclándola con sebo de carnero después de limpiarla con agrio; esta cera es la que generalmente arde en los templos de la campaña, y también en los de la ciudad, principalmente en el gobierno tiránico de Francia, que nada pensó menos que en la decencia del culto. Una hermana de él, llamada Petrona Regalada se ocupaba en fabricar cera, y enseñar a leer a algunas niñas para mantenerse.
Hay varias gomas odoríferas, como la del palo-santo, la de Copaiba, de cuya baya se saca también el aceite, la del Aguai, la de Incienso, cuya corteza molida se usa en los templos, la de Yataibá [Jataiva] (ánime), la de Curú [Kuru], y la goma Elemi, que comúnmente se llama Isica [Ysyka] o Trementina criolla; ésta es muy medicina, como lo son igualmente las enunciadas arriba.
Yerbas medicinales
Yerbas medicinales, abundan en extremo, y de tal conformidad, que, según el análisis que han hecho de ellas varios prácticos, aun más que las que se conocen en Europa, con la diferencia, que acá degeneran algunas; lo cierto es, que en toda la Provincia no se valen los curanderos de otros medicamentos, sino de las mencionadas yerbas, plantas y árboles de que hacen varias confecciones y pociones con que curan con buen suceso, como lo acredita la experiencia.
En Misiones es donde hay más abundancia de plantas y yerbas medicinales, entre ellas un arbusto, llamado Aguaraibá [Aguaraiva] (molle), del cual se confecciona un bálsamo muy útil para curar heridas, sarnas, granos venéreos, dolores de estómago, sacar callos, atajar flujos de sangre y componer el estómago, según lo acredita la experiencia; y comúnmente le dan el nombre de bálsamo de Misiones.
No es de menos consideración la yerba Indigo, de que se fabrica el añil. Es arbusto que crece hasta dos varas de alto, tiene el tronco delgado, muy poblado de hojas ovaladas y pequeñas, de color verde claro, tirante a amarillo; cuando se acerca a la madurez, la flor tira a roja; semejante a la de arveja, y produce vainas arqueadas y delgadas, en que se contienen sus semillas; hay copia de esta planta en toda la Provincia. Un tal Juan de la Cruz Rivarola, se dedicó a elaborar el añil, en el paraje nombrado Yetiti [Jetyty–bosque de batatas]; pero abandonó su fábrica, porque su producto no sufragaba los gastos, y tampoco había entonces mucho consumo de este artículo en la Provincia, además de que bastaba el que se introducía de Europa. En los veinticinco años en que el dictador Francia tuvo aislada la Provincia, sin comunicación con los pueblos argentinos, y como los paraguayos se dedicasen por necesidad, que es la maestra de todo, a trabajar en ponchos y en otros varios tejidos de lana y algodón, se dedicaron también a fabricar el añil, que aunque no lo sacaban de superior calidad, empero teñía de un azul fino y firme sin diferencia del que da el de Europa.
Fuera del Indigo hay uno en los montes, de hojas grandes, que en guaraní, llaman Urubú Retymá [Yryvu Retyma] (50), con la cual también se tiñe de azul la lana, e igualmente se saca añil de ella, aunque ordinario. Hay variedad de otras yerbas y raíces, con que dan color a la lana; tales son: para el amarillo, el Mbui (acrimonia); el Cumbarí (ají pequeñito que quema mucho); el Tatayibá [Tatajiva] (el moral); el arazo [araso - soltar o terminar el día] (azafrán) y el Ysipoyú [Ysypoju] (orozuz); para el colorado, el cangai, que es raíz de una yerbita, y la cochinilla, a la que dan el nombre de Grana. (51)
Hay muchas tierras arcillosas para alfarero, de ellas se fabrican tiestos, principalmente en el pueblo del Itá, cuyos naturales se dedican y más particularmente las mujeres, y se ocupan en fabricar tinajas y cazuelas de todo tamaño, cántaros, platos, fuentes, tazas grandes y chicas, jarros, sartenes y otras vasijas. De estos tiestos se abastece toda la Provincia, y antes era un objeto de comercio, pues se llevaban hasta Buenos Aires, barcazas llenas de tinajas, cántaros y los demás tiestos, que se vendían con estimación en los pueblos del tránsito. Las mujeres que los trabajan, le dan un colorado a manera de betún, con una tierra encarnada y gredosa, semejante al almagre.(52) En Misiones se trabajan iguales cosas, y les dan el betún con plomo batido en yema de huevo, y queda la loza vidriada de color verde y amarillo. Estos tiestos son de más precio por su duración y aseo, pero no es general su uso, porque no los trabajan en abundancia como en el ltá, que ha mirado y tomado por ramo principal de su granjería, la fábrica de tiestos, por los seguros percances que sacan de ellos, haciéndose así un pueblo industrioso y el más útil a la Provincia, proveyéndola constantemente y a poca costa, de utensilios necesarios para las comodidades de la vida.
En varios parajes de la campaña, hay una tierra que se asemeja al Yeso, la hay blanca, amarilla y colorada. Con la primera blanquean sus casas los del campo, mezclándola con el jugo glutinoso de la tuna, para que pegue; a ésta y a la segunda, llaman en guaraní Tobatí y a la tercera Itapitá [Itapytã]; las tres son medicinales y las usan los empíricos con acierto, principalmente de las dos primeras, en curar la mancha, enfermedad común, frecuente, contagiosa y mortal, que también ataca a los ganados, que no se escapan, sino se les baña luego con agua bien espesa de tierra colorada, repitiéndoles muchas veces, y dándoles a comer hojas de mandioca durante el mal, con lo que pronto se reponen.
Comunicación por el Chaco
No tiene esta provincia otro modo de canjear sus frutos que es la forma dicha, aunque, si se facilitara el Chaco con poblaciones, pudiera conducirse por tierra al Perú, que no está muy distante; de este modo lograrían los paraguayos la ventaja de vender su yerba con más estimación; pero esta conducción terrestre sería muy dispendiosa, dificultosa y peligrosa, a lo menos en sus principios, si antes no se procurasen exterminar las tribus salvajes de indios, que habitan el Chaco, como lo ejecutó Buenos Aires en unión con los demás pueblos, persiguiendo a los indios pampas, hasta consumirlos; bien que si la conducción se hiciera por el río arriba hasta el Fuerte Borbón (hoy Olimpo), sería mucho más ventajosa y lucrosa; porque haciéndose de aquel puerto, un punto de contacto de esta provincia con los pueblos del Norte, bajarían y ocurrirían éstos allí a comprar la yerba y otros frutos del Paraguay, que sin mayores costos, menos trabas y dilaciones los conducirían a venderlos con estimación, y aquellos comerciantes los transportarían por tierra en mulas o carretas a su país que no dista mucho del fuerte Olimpo. Con la apertura y franquicia de este punto tendría el Paraguay tres canales por donde le entren copiosas riquezas; uno por Itapúa, y los otros dos por el río abajo hasta el Pilar, y por el arriba, hasta Borbón; así es cómo los paraguayos sin salir fuera de su territorio extenderían su tráfico, sin intercadencia, con aumentos ventajosos en muy poco tiempo, y produciría a las cajas o a la Tesorería Nacional un considerable ingreso de ingente cantidad de pesos metálicos, siendo también verosímil, que entablado y realizado este comercio, vuelva a recobrar la yerba del Paraguay su antigua estimación en el Perú, y que los peruanos hagan sus expediciones hasta Olimpo, trayendo sus efectos y toda especie de mercaderías y artículos que se les pida en cambio de los del Paraguay; resultando de estas relaciones mercantiles, un reconocimiento de hecho de la independencia de esta Provincia.
Acaso serían éstas las miras del Gobierno de la provincia de Santa Cruz de la Sierra, cuando el año 1829, pretendió abrir y entablar relaciones mercantiles con ésta del Paraguay, enviando al efecto, dos emisarios con pliegos hasta Olimpo, con el fin de pasar a la Asunción a celebrar y ajustar tratados que arreglasen el pretendido comercio. Detenidos éstos en dicho fuerte, despachó el Comandante de él, los pliegos al Dictador Francia; pero este misántropo, con su nativa impolítica y grosería les cerró las puertas y los oídos, y sin leer aun los pliegos de aquel Gobierno, se los devolvió cerrados con los mismos emisarios, ordenando al comandante del Fuerte que los despidiera cuanto antes de allí. (53)
Igual desatención usó con el Internuncio de la Silla Apostólica, residente en el Janeiro.
Pasarán centenares de años, sin que la naturaleza vuelva a producir un vestiglo semejante al Dictador Francia, mal criado, frenético y verdugo de los paraguayos.
NOTAS
1- Debemos advertir, que tanto en esta fundación y grados como en la de otros pueblos que cita, discrepa mucho de Azara, que según entendemos es uno de los cronistas que con más exactitud describe aquellas ricas comarcas. Esto nos inclina a pensar que Molas no conoció el libro inmortal del naturalista español. – A. J. C.
NOTA DE LA TERCERA EDICIÓN. – Don Félix de Azara adquirió en vida grande y merecida fama, especialmente por sus trabajos zoológicos; pero sus juicios como historiador y etnólogo no fueron siempre los más acertados. Molas, siguiendo en este caso de la fundación de Asunción a Ruiz Díaz de Guzmán y Aguirre, acierta en todo.
2- Medida muy usada en las Provincias del litoral y la que equivale a cien varas. – A. J. C.
NOTA DE LA TERCERA EDICION. – Carranza confunde cuerda con cuadra. Una cuerda equivale a 83 varas y un tercio, porque una legua de 5.000 varas es igual a 60 cuerdas.
3- Según Alfredo du Graty, en su reciente obra sobre el Paraguay, el censo levantado en 1857, dio por resultado 1.337.439 almas, cifra que nos parece exagerada en el duplo por lo menos. Véase, "Comuneros del Paraguay", etc., por J. M. Estrada, pág. 313 (la Nota). – A. J. C.
4- Célebre después por sus fortificaciones. – A. J. C.
5- Estos fortines (que hoy no existen), se guarnecían con gente veterana a diferencia de los primeros que lo eran por milicias. Los Payaguáes, ayudaban con sus canoas al mejor éxito de las correrías contra los bárbaros. – A. J. C.
6- Célebre por haber sido donde Artigas estuvo confinado 25 años. Francia le pasaba una mensualidad de dos onzas que se la retiró cuando supo que criaba aves y otras cosas necesarias que lo habilitaban para distribuir a los pobres del distrito aquella dádiva. A la muerte del dictador, el actuario Policarpo Patiño, que se arrogó el mando por un mes al fin del cual se ahorcó con un cabestro, la primera medida que tomó, fue mandarle remachar una barra de grillos. El Patriarca de la Federación, fue encontrado arando, y sorprendido exclamó: "El dictador ha muerto", adivinando así, un suceso que se ocultó por algún tiempo particularmente en la frontera. Llamado por López en 1845, fue acomodado en la chacra de Ibira [Yvyra]i a una legua de la Asunción, donde finalizó sus días, dice El Paraguayo Independiente, el 23 de setiembre de 1850, a los 92 años de edad y 30 de residencia en el Paraguay. Seis años después fueron trasladados sus restos a Montevideo, y se le decretaron honores fúnebres. – A. J. C.
7- El beato padre Bolaños (según un ms. que poseemos) tradujo al guaraní en 1603, el catecismo Limense, para el uso de los misioneros y párrocos de indios. Bolaños murió nonagenario el 11 de octubre de 1629. Cuéntase que fue quien plantó el colosal ciprés que adorna el centro del convento de San Francisco en Buenos Aires. – A. J. C.
8- Este caudaloso río vierte sus aguas en el Paraguay, como a 44 leguas de la Asunción. Su nombre nos parece adulterado, puesto que a la simple vista se comprende que arranca el que tiene, de un árbol fuerte que abunda en sus costas, y al que llaman Yeguí. Son igualmente afamados los yerbales de los campos inmediatos a este río y al Ca'apivary que desagua en él a 20 leguas de su confluencia con el Paraguay. – A. J. C.
NOTA DE LA TERCERA EDICION. – El jejy (Euterpe edulis) no es un "árbol fuerte" o la palma que da el más delicado "palmito", abundante en la gran selva del Este paraguayo.
9- Este río desemboca en el Paraguay 10 leguas más arriba del Pilar y deslindaba en otro tiempo, la jurisdicción de la Asunción de las de Villa Rica, Pilar y Misiones. Fue asimismo, el marco divisorio entre las provincias del Río de la Plata y la del Paraguay. – A. J. C.
10- La primera que se sometió de estas tribus, fue la de Tacumbú en 1740 y 50 años después la de Sarihué.
A la muerte del dictador, fueron internados a las costas del lago Ipoá [Ypoa], con el objeto de que se dedicaran a la labranza, pero no tardaron en volver (aunque diezmados) a sus antiguas posesiones. Estos indios acostumbran pintarse el rostro con varios colores, y traen pendiente del labio inferior una especie de aguijón a que denominan tembetá. Pasan la mayor parte de su vida en las canoas, en cuyo manejo son muy diestros, hasta el punto de darlas vuelta y ocultarse debajo del casco. Por una singular coincidencia, su nombre corresponde al oficio que desempeñan – porque en guaraní, Payaguá, se compone de paí [páy] colgar y aguaa [yga], pala –, esto es, "los que viven pegados a los remos". En 1537 mataron alevosamente al general don Juan de Ayolas. – A. J. C.
11- Del idioma de esta tribu, inmediata al Pilcomayo, existe un vocabulario doméstico, escrito por el erudito don Pedro Antonio Cerviño, al cual puso una introducción don Pedro de Angelis (ms. aut.). – A. J. C.
12- Existe un arte y vocabulario de esta lengua, compuesto por el P. Alonso Bárcena, autor de otro igual de la Tonocote (ambos ms.). – A. J. C.
13- Según Pinelo y Hervás, el citado jesuita Bárcena, compuso un arte, catecismo y vocabulario de esta lengua y la Quiroquini. José Brigeniel escribió otro, y finalmente Martín Dobrizhoffer, da una idea de ella en su Historia de aquella belicosa tribu. – A. J. C.
14- Don José Sánchez Labrador (citado por el P. Caballero en su suplemento a la Biblioteca de la Compañía de Jesús), escribió un vocabulario y fraseología de la lengua de estos indios, cuya tribu, de origen Guaicurú, fue descubierta en 1550 por el famoso vizcaíno Domingo Martínez de Irala. Bayá [Mbaja] en guaraní, significa cañizo, por lo que inferimos que vivió primitivamente en algún cañaveral. Los españoles jamás consiguieron domarla, sin embargo de la poderosa cooperación de los Misioneros de la Compañía de Jesús, que con un celo y actividad recomendable, fundaron a la margen del Ipané-Guazú [Ypané], la reducción de Nuestra Señora de Belén, con el único objeto de catequizarles. Apa, Etebegó, Apuidabánigui [Aquidabánigui o Aquidaban Nigüi], etc., son palabras que pertenecen a este idioma. – A. J. C.
15- Brazo de fuego; porque el palo es amarillo. – A. J. C.
NOTA DE LA TERCERA EDICION – Determinación específica de las plantas frutales descriptas en el texto:
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Yvapuru |
Myrciaria cauliflora. Berg. |
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Tatajyvá [Tatajyva] |
Maclura tinctoria. Endl. |
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Guavirá o yvavira Guasú [Guavira o Yvavira guasu] |
Campomanesia xanthocarpa. Berg. |
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Guavirá mí [Guavirami] |
Campomanesia obversa. Berg. |
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Zarzamora (¿jukeri?) |
Muchlenbechia sagittifolia. Meisen. |
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Guembé [Guambe] |
Philodendron bipinnatifidum. Scho. |
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Guavijú o yvavijú [Guaviju o yvaviju] |
Eugenia pungens. Berg. |
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Yvaporoity |
Myrciaria baporeti. Legrand. |
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Ñangapiry |
Eugenia Uniflora. L. |
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Kamambú [Kamambu] |
Physalis hirsuta. Dum. |
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Yvá hái [Yvahái] |
Eugenia myrcianthes. Niedenzu. |
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Arasá pytã [Arasa pytã] |
Psidium pommiferum. L. |
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Arasá morõti [Arasa morõti] |
Psidium guayava. Raddi. |
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Arasá hái? [Arasa hái] |
Psidium oligosperma. L. |
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Araticú guasú ka’aguy [Araticu guasu ka’aguy] |
Rollinia intermedia. R. R. Fries. |
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Araticú guasú [Araticu guasu] |
Rollinia paraguayensis. Chod. |
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Aratiku’í [Aratiku’i] |
Rollinia emarginata. Schlecht. |
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Aratikú guasú ñu [Aratiku guasu ñu] |
Anona dioica. St. Hil. |
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Aguaí Guasú [Aguai guasu] |
Pouteria Migonei. Hassler. |
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Aguaí miri [Aguai miri] |
Chrysophilium lucumifolium. Griseb. |
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Yvá kurumbichá [Yva kurumbicha] |
Lucuma paraguayensis. Chod. |
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Jaracati’y |
Carica queroifolia. Solms. |
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Jaracati’y (otra) |
Carica dodecaphylla. A. D. C. |
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Yvá porombo’éu [Yva porombo’e] |
Eugenia sp. Parodi. |
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Pakurí guasú [Pakuri guasu] |
Rheedia guaranítica. Hassler. |
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Pakurí miri [Pakuri miri] |
Rheedia brasiliensis. Mart. |
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Mburukujá [Mburukuja] |
Passiflora cincinata. Mast. |
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" " |
Passiflora coerulea. L. |
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" " |
Passiflora hasleriana. Chod. |
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Mburukujá mí [Mburukuja mi] |
Passiflora australis. Chod. |
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Yvá pytã (¿o pindo?) [Yva pytã] |
Arecastrum romanzoffiana. Becc. |
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Mbokajá [Mbokaja] |
Acrocomia totai. Mart. |
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Ñandypá [Ñandypa] |
Genipa americana. L. |
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Tarumá [Taruma] |
Vitex cymosa. Bertero. |
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Jatá yvá [Jatayva] |
Hymenoea stigonocarpa. Mart. |
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Guapo’y o yvá po’y [yva po’y] |
Ficus subtrinervia. Mart. |
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Piña, ananá o avakachí [avakachi] |
Ananás sativus. Sch. |
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Kuruguá [Kurugua] |
Sicana odorífera. Naudin. |
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Mamone |
Carica papaya. L. |
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Takuara |
Guardena paraguayensis. |
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Yvápovõ |
Melicocca lepidopetala. Radlc. |
16- Según Du Graty en su obra citada (pág. 290), este arbusto de la familia mirtáceas, crece espontáneamente en los campos del Paraguay. Su fruta, del tamaño de una cereza, la forma una pulpa blanca de sabor ácido agradable, envuelta en una cubierta delgada muy aromática. Es considerada como la mejor de las silvestres y sirve para elaborar aguardiente, al cual se atribuyen virtudes tónicas. Finalmente en la medicina se usa contra la disentería, empleando la infusión de las hojas en vino. – A. J. C.
17- Las raíces de este dendrófilo tienen la particularidad de descender desde la copa de los grandes árboles y enterrarse en el suelo. Su corteza, de color azul subido, se separa fácilmente de la parte leñosa y sirve para hacer cables o sirgas, que a la ventaja de ser muy fuertes reúnen la de conservarse en el agua. La fruta, como se dice en el texto, es una especie de espiga grande cuyos granos son algo azucarados. – A. J. C.
18- Hay un arbusto de esta misma familia, el Iba-pumió guapurú [Yba-pumio guapuru] de cuya fruta se prepara el licor llamado Chacolí. – A. J. C.
19- Fermentada esta fruta da un vinagre excelente. – A. J. C.
20- Este arbusto abunda en los terrenos bajos de Concepción y San Pedro. – A. J. C.
21- Igual aplicación se da a la fruta lechosa de la planta Ca'acamby [Ka’a kamby], cuyas hojas cocidas se ponen sobre los tumores. – A. J. C.
22- Su semilla oleaginosa da cerca de un 40 por 100 de aceite. – A. J. C.
23- Especie de pequeño melón que vegeta sobre el tronco de los árboles. – A. J. C.
24- Vemos que se omite entre otras que trae el padre Montoya al Ibá pomóng [Yvapovõ ?] papamundo, árbol frondoso y resistente a la seca. Su fruta se produce en racimos; es de carne blanda, dulce y semejante al dátil. Abunda en las inmediaciones de la Asunción.
Es común opinión, que Molas tomó estos preciosos datos, de unos apuntes hechos por el entendido español, don Juan Francisco Aguirre, compañero de Azara en la comisión demarcadora de límites. De este manuscrito, como de otro sobre botánica del jesuita Segismundo, se conservan muy raras copias. – A. J. C.
25- Su piel es más gruesa que la del toro y según el jesuita Antonio Ruiz de Montoya (Tesoro de la legua guaraní, 1639) a semejanza de las Llamas y Guanacos del Perú, se le forma en el estómago una concreción igual a la piedra bezar o bezoar de los Orientales, y la que es eficaz para la epilepsia o mal de corazón. Azara, sostiene por el contrario, que es a sus uñas pulverizadas que se atribuye tal virtud. – A. J. C.
26- La garrapata (ixodo) es un insecto sin alas, de color pardusco, mayor que una lenteja y menor que una judía. Tiene seis patas con las que se adhiere fuertemente y se mantiene de ordinario en los pajonales formando racimos. En las estancias llamadas del Estado, mandó Francia se mataran a bala los ganados en los que penetrasen.
Los de aquellos a quienes el dictador detestaba en particular, eran los especialmente contagiados por la plaga y hubo mujer viuda, pobre y sin amparo, afirma don Carlos Loizaga en su Breve reseña del gobierno terrorista de Francia, etc. (V. Grito Paraguayo), a quien matando la vaca lechera que le suministraba el alimento, quedó privada de ese socorro, quizás único para conservar su existencia.
Se observó entonces que el estrago causado por esta garrapata en el país fue algo diferente en campo firme pues no llegó a las ciénagas o esteros.
En seguida degeneró en el cuí [cýi], pequeña caride roja o bicho colorado que infestó a los caballos. – A. J. C.
27- El capitán don García Rodríguez Franca Colla o Carioca. – A. J. C.
NOTA DE LA TERCERA EDICIÓN. – José Gaspar de Francia era hijo del Capitán García Rodríguez de Francia y de dona María Josefa Velasco y Yegros. No se ha aclarado aún el misterioso origen del capitán Rodríguez de Francia que llegó al Paraguay entre portugueses contratados para la plantación de tabaco. Según un documento era natural de Mariana (distrito de Río de Janeiro); según otro era oriundo de Oporto (Portugal). Un tercer documento, familiar, asegura que había nacido en Francia.
28- Murió de capellán de las monjas Capuchinas de Buenos Aires. – A. J. C.
29- Creemos de algún interés los datos contenidos en unos Apuntes que a este respecto nos suministró un Ciudadano paraguayo, al que dejamos el estilo original que lo caracteriza y en el que refiere lo que presenció muchas veces.
Entre otras cosas, dice lo siguiente:
"Vivía el Obispo don Pedro Benito G. de Panés en las espaciosas y antiguas casas que había elegido para su palacio episcopal. Después de ser presos el secretario presbítero Godoy, y el mayordomo religioso Aguirre, y ser despedidos todos sus familiares, quedaron en su compañía el sobrino don Pedro, y el esclavo negro Dionisio. Estos vivían en continuas reyertas, alborotaban a gritos el palacio, uno a otro se insultaban de palabras, sin ningún respeto a aquel Santo Varón, que sepultado en su dormitorio oía y presenciaba silencioso, y paciente, estos altercados.
Parecía que el Obispo se hacía o estaba constantemente enfermo de hipocondría: era en cierto modo un autómata, que sólo se movía a impulsos del sobrino que jugaba con él, y le hacía temblar a gritos y amenazas de que seria deprimido por el dictador.
Según el estado de embriaguez de don Pedro y de Dionisio, eran los padecimientos del obispo, ya quedando sin comer ni beber uno o dos días, ya sacándole al patio de la casa y hacerle montar a caballo dentro del mismo, teniéndole de la brida a diestra y siniestra, ya conducido hasta la puerta de la calle o ventanas a horas en que pasaba el relevo de guardia de la cárcel, para hacerle entender que aquélla era quien iba a apresarle; ya introduciéndole en casa pelanduscas que fuesen a sentarse al lado del Obispo, y le pasasen la mano por la cara; ya sacándole a pasear por las casas y calles por donde quería y muchas veces armados de puñales ocultos.
No teniendo don Pedro como proveerse de fondos para sus frecuentes borracheras, vendió todos los libros del obispo, sus alhajas, sus vestidos y ornamentos episcopales, etc., que mucha parte se destinaron a zapatos de señora.
Al cabo de diez o doce años de esta vida, dio fin a su existencia, durmiendo embriagado y despertando en la eternidad, en fuerza de un insulto repentino que le bañó en vómitos con que apareció su cadáver.
Desde entonces quedó el obispo sosegado y era asistido de la familia piadosa de don Alejandro García Diez, pero sin que sacerdote alguno le visitase. Vivía como si no existiese, hasta que por julio de 1838 envió el dictador Francia a su actuario Policarpo Patiño a decirle que sino ejercía su ministerio episcopal, determinaría declarar sede vacante. Contestó modestamente el obispo que mientras él viviese, no habría lugar a ello: que haría todo esfuerzo de funcionar: que si no lo había hecho anteriormente, fue por su notoria dolencia.
Al momento ordenó el Dictador al Provisor y vicario general y demás clérigos prestasen obediencia y asistencia al obispo, mandando al Ministro Tesorero de Hacienda don Juan Manuel Alvarez que le proveyese de cuanto necesitara.
La vida de postración en que permaneció el Obispo, le había reducido a estar enclenque: no podía caminar, sino apoyado de uno o dos personas, agregándose a esto su anciana edad de ochenta y tantos años.
Solicitó hablar con el dictador; pero este se negó, y dio principio por el mes de agosto a la consagración de óleos, para lo que era conducido al templo de la antigua Catedral en una silla de manos, suspendida en hombros de cuatro personas.
Seguidamente comenzó las confirmaciones en la misma Catedral, para lo que se movió todo el pueblo, y particularmente las tropas de los cuatro cuarteles del dictador (el del Colegio, San Francisco, el Hospital y el de Lanceros). Cada militar quería cargar en hombros la silla del obispo: las campanas de la Catedral se deshacían en repiques al venir y volver al templo: los fieles se le arrodillaban en el tránsito al recibir su bendición: los soldados de la escolta del dictador eran los que más sobresalían en competencia por obsequiar, reverenciar y cargar al obispo, de suerte que sabedor de esto el dictador, se alarmó, y al instante hizo llamar al sacristán mayor de la Catedral, presbítero don Pedro Pablo Solís, y le previno que el campanario de esa iglesia amenazaba ruina: que era preciso bajar las campanas, para que se construyera una nueva torre de material firme.
El campanario fue demolido, y cesaron los repiques, dándose principio a la nueva torre; pero estando por concluirse el segundo cuerpo de ella, halló por conveniente el dictador deshacerla, como se verificó, quedando el templo sin campanario, ni torre.
Mientras tanto el Obispo concluía las confirmaciones de la Catedral y pasaba a la parroquia de la Encarnación; pero el dictador no estaba conforme con la reverencia profunda que se tributaba al Prelado, principalmente por sus tropas, y determinó que se demoliera también el antiguo palacio episcopal, a fin de que se le construyese uno nuevo obligando a que el obispo fuera a vivir a la casa de don Alejandro García Díez, donde a los pocos días de morar en ella comenzó a experimentar decadencia en su salud, debido todo a oficiosidades del dictador, que con el título de prodigarle cuidados concluyó con su existencia por medio del tósigo a mediados de octubre de 1838.
El 20 de setiembre de 1840, día de la muerte de Francia, se suspendieron las campanas de la Catedral en una horca, para que con sus tañidos y dobles contribuyesen a las plegarias fúnebres y exequias del finado y así estuvieron hasta que se construyó la nueva Catedral.
También se sabe de cierto que si el obispo Panés se hubiese negado a ejercer sus funciones, iba a ser conducido preso a un departamento en el cuartel de San Francisco, que por orden suprema había preparado el comandante teniente don Basilio Ojeda".
Hasta aquí nuestro amigo Peña.
El señor Navarro (veinte años en un calabozo, etc.) añade que ese veneno le fue suministrado en unas seis botellas de vino que un día le enviara de regalo el dictador. Opinión que ya la avanzó el ilustrado presbítero chileno, autor de Los Intereses Católicos en América, tom. I. p. 200 – A. J. C.
NOTA DE LA TERCERA EDICIÓN. – Debe tenerse por falsa la versión de que el Dictador hizo envenenar al Obispo. En este sentido es terminante el desmentido de Wisner.
30- Este establecimiento con el título de "Real Colegio Seminario Conciliar de San Carlos" fue erigido el año de 1783 en virtud de Real cédula de 28 de febrero de 1780: en él se enseñaba latinidad, con los elementos de la Retórica, Filosofía, Teología dogmática, Moral, y Escolástica – A. J. C.
31- La mayor parte de las tardes, en el verano a las 5 y en el invierno a las 4, era la hora en que regularmente salía a pasear el dictador.
Pocos minutos antes aparecían en la bocacalle de la esquina de su casa dos batidores armados de tercerola, pistola y sable, dispuestos a preceder de media cuadra al dictador con el sable desenvainado y presentado de filo y a igual distancia en la otra bocacuadra estaba apostado un sargento húsar con idénticas armas.
Luego que dejaba aquel su palacio guardaban este orden en la marcha cuidando de observar las señas que les daba para tomar las calles que debían seguir que rara vez se variaban hasta que llegaba al cuartel del Hospital en cuya azotea permanecía largo rato. (Eyzaguirre en su Obra citada).
Todos los habitantes sabían estas horas y las calles que gozaban de tan triste privilegio permanecían desiertas y si por necesidad se transitaban era con el sombrero en la mano y cuidando evitar la vista de los batidores y el encuentro del dictador.
Cuando se aproximaban tales momentos, puertas y ventanas de dichas calles se cerraban como por electricidad a la voz de chaque carai (cuidado con el señor) cien veces repetida, de manera que hasta los perros que casualmente aparecían peregrinos corrían como azorados del pánico que había.
Se tenía muy presente lo ocurrido al joven Joaquín Riera, encontrado al oscurecer por el dictador que regresaba a palacio – y otra vez al español don José Sirio. El primero perdió la vida de resultas de los golpes que recibió y al segundo se le conmutó la pena de muerte en 15 años de trabajos públicos con grillete.
Un caballo de pelo moro era el de la silla del dictador, sin embargo de que una u otra vez montaba un cebruno o un picazo y cualquiera de los tres, era conducido diariamente por un soldado a pie desde el potrero del Hospital a palacio.
No acostumbraba fustigar a la caballería por las ancas, sino por la cabeza con un látigo inglés, no obstante de que su silla era española, aforrada en terciopelo punzó y con pistoleras.
En los últimos años iba apareciendo gacho de la vejez; pero tenia especial cuidado de enderezarse o ponerse tieso al atravesar las bocacalles.
Se le oía muchas veces hablar solo y recio en sus paseos, como que quería que se notasen y supieran sus soliloquios que casi siempre denotaban imprecaciones.
Su traje habitual era pantalón ajustado de casimir color almendra y altas polainas de lo mismo – fraque abrochado, oscuro o azul con dos galones en las bocamangas y una estrella de lo mismo en el extremo de cada faldón – coleta y sombrero apuntado a lo Napoleón cuya semejanza pretendía en alto grado, a pesar de su físico acartonado y rígido. (a)
La última vez que salió fue por el 24 de Agosto (1840) y lo hizo, con asombro general, embozado en una capita colorada de paño la misma que después de muerto el dictador tuvo en sus manos el caballero que nos comunica este dato.
Previsto por él su próximo fin, puso fuego a sus papeles por varios días consecutivos, en uno de los cuales y en altas horas de la noche se le incendió la habitación que ocupaba a punto de haber tenido que ocurrir la guardia a sofocarlo, llamada a voces por aquel y lo consiguió arrojando muchos objetos a la calle. A la mañana siguiente, multitud de ojos y manos examinaban con curiosidad, fragmentos de una tela (bombasí) de que se componían las sábanas del dictador, la que nadie conocía hasta entonces en el Paraguay. A. J. C.
a) Hemos cotejado los retratos del dictador que ilustran las Obras del inglés Robertson, americano Page y francés Demersay – pero ninguno se asemeja tanto al original (según opinión general de los que le conocieron) como el que trabajó Lorenzana a su regreso del Paraguay y remitió desde Génova al señor Insiarte, quien nos lo facilitó en agosto de 1863 para hacer tomar por Edmond Lebeaud la copia fotográfica que corre.
El lienzo es como de una yarda y representa al Dictador de silueta sentado, teniendo bajo su izquierda un mapa del Paraguay y con la derecha metida en la botonadura del justillo o chupetín – a sus espaldas se advierte una ventana abierta y medio velada por una colgadura – viste casaca o uniforme de coronel español del que ya nos hemos ocupado. Da el frente a su biblioteca que (según una obra anónima publicada en Madrid en 1852) se componía de una colección selecta de autores españoles, de algunos libros franceses y de un diccionario de artes y oficios del que hacía mucho aprecio y lo consultaba siempre que tenía que dar algún decreto relativo a la agricultura y a la industria. De consiguiente era la única librería que había en el país puesto que sólo se permitía la introducción de obras piadosas.
Francia no era abogado como pretenden algunos y sólo estudió en la Universidad de Córdoba (en uno de cuyos escaños grabó su nombre con un cortaplumas y el cual vimos en 1853) la lógica de Aristóteles, la filosofía de Dupasquier y la teología de Goti, única facultad en que se graduó puesto que apenas conocía el derecho por los preceptos del Decálogo – y en su tiempo no había cátedra de esta ciencia en San Carlos como observa muy bien el doctor Somellera.
Era sobrio, de estatura mediana; los rasgos prominentes de su fisonomía expresaban a la vez la suspicacia y la perspicacia – Manejaba con bastante soltura el idioma francés y tenía ligeras nociones del inglés – La historia, la Geografía, las ciencias prácticas y las matemáticas eran sus estudios favoritos.
NOTA DE LA TERCERA EDICION. – Es exacta la versión de que el Dr. Francia poco antes de su muerte quemó su archivo privado, del cual no quedó documento alguno. Lo confirman plenamente varios testimonios.
32- Citaremos un hecho.
En 1833, el ilustrado español Cabrera, compañero que fue del famoso Montenegro, que el año 23 entró al Paraguay con el título de Obispo fracmason, fue delatado por su escribiente, un oriental Felipe Buzó, atribuyéndole haber dicho que el doctor Francia no valía nada al lado de los abogados de Buenos Aires.
Esto bastó, para que el dictador lo remitiera al cuartel del Hospital con una pesada barra de grillos donde terminó sus días con las piernas ulceradas. Excusamos decir, que Buzó se atrajo la odiosidad pública.– A. J. C.
33- Ibañez, a quien el dictador en otro tiempo llamó su padre, murió impenitente, declarando en su calabozo, que no tendría perdón de Dios por haber sido quien elevó a Francia falsificando registros en complot de un Miguel Noceda (a quien premió después el dictador con 200 azotes) con el objeto de combatir la candidatura de don Fulgencio Yegros que aparecía como rival del que andando el tiempo debía empujarlo al patíbulo. La fatalidad se cebó no sólo en el padre sino que el hijo de Ibañez; a la muerte de aquel fue encerrado en un sótano del que salió trémulo en 1840 después de 24 años de prisión cuya causa ignoraba. Raros arcanos de la Providencia. – A. J. C.
34- Era tal el terror que infundía el dictador, que nadie se atrevió a preguntar por el estado de su salud a pesar de que todos la creían muy mala desde que continuaba cerrada la botica del curandero Don Juan Vicente Estigarribia, en cuyos brazos rindió su último suspiro – noticia que sin embargo de ocultarse por el momento según Loizaga, semejante a gas que sin estrépito se difunde por una inmensa ramificación de tubos, cundió por todos los ángulos de la población marcando en los semblantes la novedad del grande acontecimiento como la solemnidad de los momentos que corrían, hasta que los dobles en las iglesias y el movimiento de tropas anunciaron, que el dictador había pagado el tributo impuesto a los descendientes de Adán! (b)
Esa tarde, nos contaba años atrás en Villaguay un testigo presencial, el populacho recorrió en tropel las calles de la Asunción poblando el aire con su clamoreo y mesándose el cabello las mujeres, exclamaban desesperadas ¿posible es que te hayas muerto mi hombre grande? – A. J. C.
b) Oración fúnebre dedicada al mismo y pronunciada en la Iglesia de la Encarnación el día 20 de Octubre de 1840, por el presbítero ciudadano Manuel Antonio Pérez (cordobés) Véase La Gaceta Mercantil número 553 – 7 de mayo 1842).
NOTA DE LA TERCERA EDICIÓN. – A Carranza le llama la atención que el populacho, como dice, haya llorado la muerte del Dr. Francia. Todo déspota tiene sus partidarios en la clase baja. Pero la nación paraguaya mostró frialdad o indiferencia al Dictador pese a su inmenso poder; así vivió siempre solo y aislado, sin amigos y sin bufones. Hubiese sido justo que Carranza mentase en sus notas las manifestaciones de pleitesía que la mejor sociedad porteña rindió a Rosas y a Manuelita, al extremo de arrastrar sus coches por las calles de la ciudad de las luces.
35- Esta madera amarilla, que en la construcción naval se destina a curvas, es incorruptible, tortuosa, muy ligera y tenaz al clavo – semejante al amianto, resiste a la llama y aromatiza el hierro que la troza –. El señor Du-Graty, en su obra citada, dedica un extenso capítulo a estos árboles montuosos. – A. J. C.
NOTA DE LA TERCERA EDICIÓN. – Determinación específica de los árboles maderables citados por Molas:
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Ygary pytã o cedro col. |
Cedrella fissilis. Vell. |
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Ygary morõti o blanco |
Cedrella balansae. C. D. C. |
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Ka’a charã o cedro macho |
Cabralea oblongifolia. C. D. C. |
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Tajy sa’yju |
Tabebuia Ipe. Stanley. |
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Tajy pichã’i o piruru [Tajy pychã’i o pyruru?] |
Tabebuia ochracea. Cham. |
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Tajy hovy |
Cybistax antisyphiliticum. Mart. |
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Yvyrá ro [Yvyraro] |
Pterogyne nitens. Ful. |
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Petereby morõti [Peterevy morõti] |
Bastardiopsis densiflora. Hassler. |
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Petereby hu |
Cordia hypoleuca. C. D. C. |
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Urunde’y mi |
Astronium Urundeuva. Engl. |
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Urunde’y para |
Astronium fraxinifolium. Schott. |
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Palo blanco |
Calycophyllum multiflorum. Griseb. |
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Morosyvõ |
Lafoensia Pacari. St. Hil. |
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Tatãre |
Pithecolobium tortum. Mart. |
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Guajaivi común |
Patagónula americana. L. |
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Guajaivi sa’yju |
Terminalia Balansae. Hassler. |
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"Guayacán" |
Caesalpinia melanocarpa. Griseb. |
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Timbo pytã |
Enterolobium guaraniticum. Chod. |
|
Timbo morõti |
Enterolobium contortisiliquum. Morong. |
|
Timbo’y |
Pithecolobium multiflorum. Benth. |
|
Urunde’y para |
Astronium fraxinifolium. Schott. |
Puede consultarse la obra de Moisés S. Bertoni Estudio de las principales maderas de la zona del Alto Paraná, Asunción, 1943; además, los valiosos trabajos del STICA sobre la misma materia.
36- Esta es la madera negra, aunque diferente por sus vetas overas, que a causa de su resistencia se ha confundido siempre con el jacarandá tratándose de los vetustos muebles llamados pie de sátiro o de vaqueta (por su asiento) y cuya escasez hace que sean buscados hoy con pasión y como objeto de curiosidad y lujo por los aficionados a antiguallas. Además del Paraguay, se construían dichos muebles en Tucumán y sobre todo en Río de Janeiro, de donde venían los más prolijos y acabados trabajos de talla y mosaico en palo de rosa, nogal y duro, para adornar con ellos los ostentosos y monumentales estrados de nuestros antepasados que cedían el lugar de preferencia al grave damasco español y al sólido espejo veneciano, de marco de cristal con arabescos alindados, incrustaciones de metal amarillo y cornucopias de azófar. – A. J. C.
37- Cosa increíble! Cegados ya los zanjones de la ciudad, se arrojaban al río, inmensas cantidades de ella. A. J. C.
38- Parece que el autor confunde esta planta bromeliácea con la ibira [ybyra], la cual aunque semejante a la primera sólo se encuentra en los montes, a diferencia de aquella de que se trata en el texto que abunda aún en los campos, y sus fuertes filamentos idénticos al yute de la India, sirven para calafatear, hacer cordeles, tejidos, etc. Su fruta es dulce y por la fermentación produce un buen aguardiente y se pretende que así como el Mamon es un poderoso vermífugo – El único empleo que se da a la Ibira [Ybyra], se reduce a amarrar con ella los mazos de tabaco del país. – A. J. C.
NOTA DE LA TERCERA EDICION. – Determinación específica de las plantas textiles descriptas en el texto:
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Karaguata o karua |
Bromelia lagenaria. Arr. |
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Karaguata yvyra |
Bromelia longifolia. Rud. (?) |
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Guembe |
Philodendron bipinnatifidum. Scho. |
39- Este dato suponemos tomado del manuscrito de Aguirre ya mencionado. – A. J. C.
40- La falta de salinas hace que este sea el único animal que pueda llevarse a los yerbales, pues como se sabe, resiste a las penurias y extenuación cual ningún otro y de su corambre hacen tercios y sobornales en que enzurronan aquella. – A. J. C.
41- Obrador o taller donde se asierran y labran las maderas que se sacan del monte por un camino hecho al efecto y al que llaman en el país, Varadero. – A. J. C.
42- Sin embargo de que el autor, describe con propiedad el árbol que produce la célebre yerba mate y su beneficio, haremos notar, que en el núm. 6 tom. III del Telégrafo Mercantil 1802, se publicó una memoria relativa a las virtudes medicinales de esta yerba, por el jesuita Sejísmundo Asperger, facultativo húngaro, que ejerció esta profesión y la de botánico en el Paraguay por espacio de cuarenta años, y murió después de la expulsión de sus hermanos a la avanzadísima edad de 112 años. Azara lo da por el descubridor del Bálsamo Aguarayvi muy usado en Misiones.
El "Semanario de Agricultura" registró también en sus columnas (núm. 194 p 95, tomo 4º, 1806) un extenso artículo de Azara sobre la yerba y sus propiedades.
Posteriormente, el Dr. M. A. Montes de Oca (Tesis inaugural 1854, pág. 34) el profesor P. Mantegazza, el Dr. Brunel en su Biografía de Bonpland, Quesada y otros publicistas, han dedicado páginas interesantes a esta planta americana que según nuestro compatriota el Sr. Oliden (Descripción de la Nueva Provincia de Otuquis en Bolivia. pág. 13) se halla excelente hasta en Santiago del Estero con el nombre de tayoi. – A. J. C.
43- Intercalamos la siguiente nota por si tuviese alguna importancia para los que desean conocer cronológicamente el gran número de libros guaraníes, éditos e inéditos, escritos casi en su totalidad por individuos de la Compañía de Jesús, para uso de los Párrocos doctrineros y neófitos o catecúmenos de sus famosos establecimientos, hoy extintos.
Excusamos en carecer la fecundidad de este idioma, del que entre otros el sabio P. Manuel de Larramendi en su Diccionario Trilingüe hizo un acabado elogio considerándola como "una de las lenguas madres de la América Meridional". (c)
IMPRESOS EN ESPAÑA
1624 – Diccionario Guaraní para el uso de las Misiones, por el P. Velázquez. Madrid (citado por Du-Graty, en su obra sobre el Paraguay.
1639 – Tesoro de la lengua Guaraní, compuesto por el padre Antonio Ruíz de la Compañía de Jesús – dedicado a la Soberana Virgen María, concebida sin mancha de pecado original. Con privilegio. En Madrid, por Juan Sánchez, en 4º 407 hojas.
1640 – Arte y Vocabulario de la lengua Guaraní, por el mismo autor y editor – Madrid en 4º 234 páginas.
1640 – Catecismo de la lengua Guaraní, por el mismo. Con licencia, en Madrid, por Diego Díaz de la Carrera, in. 12, 336 págs. (d)
1759 y 1760 – Ara poru aguiyey haba, etc., o Buen uso del tiempo. Obra mística y póstuma del p. José Insaurralde; antiguo misionero y Superior del Paraná y Uruguay, Madrid, por Joaquín Ibarra – en 12 – 464 pág. y 368 el 2º vol. (bella edición)
Vocabulario de la lengua Guaraní, por Alonso de Aragón (napolitano). Se hace mención de este libro en el tomo II pág. 664 de la "Biblioteca Occid.", de León Pinelo.
IMPRESOS EN AMERICA
(Misiones y Buenos Aires)
1705.– De la diferencia entre lo temporal y eterno, crisol de desengaños, con la memoria de la eternidad, postrimerías humanas, y principales misterios divinos; dividida en cinco libros por el jesuita Juan Eusebio Nieremberg; traducida al guaraní por el p. José Serrano en las Doctrinas del Paraguay, en folio con 43 láminas grabadas sobre madera. (e)
1721. Manuale al usum Patrum Societatis Jesu, qui in reductionibus Paraquarioe versanturex Rituali Romano ac Toletano decerptum anno Domini-superiorum – Laureti typis p. p. Societatis Jesu – 31 hojas – en 8º latín español y guaraní.
1722.– Vocabulario de la lengua guaraní, por el p. Antonio Ruíz de Montoya, de la Compañía de Jesús; aumentado por el P. Pablo Restivo – Santa María la Mayor – en 4º
1724. – Arte de la lengua guaraní, por el mismo autor – reimpreso y aumentado con los escolíos, anotaciones y apéndices del P. Paulo Restivo, de la misma Compañía – Sacados de los papeles del P. Simón Bandini (príncipe de esta lengua) y de otros – En el pueblo de Santa María la Mayor – 256 pág. en 4º
1724. – Explicación del Catechismo en lengua guaraní por Nicolás Yapuguai (Cacique y músico) con dirección del P. Paulo Restivo de la Compañía de Jesús – En el pueblo de Santa María la Mayor – en 4º 228 páginas, (al fin tiene un compendio del Catecismo del Concilio Limense).
1727. – Sermones y ejemplos en legua guaraní, por el mismo – Pueblo de San Francisco Javier en 4º
Arte en legua guaraní por Fray Luis de Bolaños, impreso en Lima (se presume) por el padre Diego de Torres Rubio, provincial de la C. de J. (El lego Juan Echeverroa, en un ms. que tenemos a la vista, escrito en Catamarca, con el título de Fundación de la Santa Provincia de la Asunción del Paraguay – después de historiar el tránsito de este insigne misionero, afirma que "por humildad no le dio a la estampa", dejando a otros el lauro y la gloria de su trabajo. En lo que conviene el coronel Antonio de Alcedo, en su Diccionario G. de las Indias Occidentales – verb. Paraná. El P. Fray Diego de Córdoba Salinas – en su "Crónica Seráfica de las Indias" y en la "Vida de San Francisco Solano" – y Fray Apolinario de la Concepción en su "Primicia Seráfica", etc – (En la sacristía de San Francisco de Buenos Aires, se conserva un magnífico retrato de Bolaños de cuerpo entero, con detalles sobre su vida).
1788. – Carta que el ilustrísimo señor Don Fray Josef Antonio de San Alberto, arzobispo de la Plata, escribió a los indios infieles Chiriguanos, con motivo de pasar los comisionados de esta villa de Tarija, a tratar de treguas, o paces solicitadas por ellos mismos, y obtenida antes la licencia del Exmo. Señor Marques de Loreto, virrey de Buenos Aires. Con el superior permiso – en la Real Imprenta de los Niños expósitos – (español y guaraní). Dicha carta, concluye así – "Dado en la villa de Tarija a 23 Octubre, día de san Pedro Pascasio de 1787"). (raro) (Colección Pujol).
1800. – Catecismo de la Doctrina Christiana para el uso de los Curas doctrineros de Indios de las Naciones Guaraníes, etc. Dedicado al virrey Avilés, por Fray José Bernal (español del orden seráfico). El doctor Gutiérrez en su "Bibliografía de la primera imprenta de Buenos Aires, etc." da tantos detalles sobre esta obrita, que omitimos extendernos a su respecto. 179 pág. in 8º.
1813. – (marzo 12) Decreto de la Asamblea General, sancionando el expedido por la Junta Provisional Gubernativa de las P. U. en 1º de setiembre 1811 – relativo a la extinción del tributo, la mitta o turno, encomiendas, yanaconazgo y servicio personal de los indios a los que se declara perfectamente libres. Buenos Aires, una hoja fol. (español, guaraní, quichua y aimerá).
AUTOGRAFOS O MANUSCRITOS
(Casi todos de la colección De Angelis)
1603.– Catecismo Limense (guaraní y español) por fr. Luis Bolaños. La salve y los artículos de fe, tradujo el P. Roque González. El obispo del Paraguay, fr. Bernardino de Cárdenas, poco afecto a los Jesuitas, observó que no guardaba la Compañía dicho Catecismo y versión en los pueblos de indios de ambos ríos. Pero con más de 40 testigos se probó lo contrario, según consta de la sentencia que contra aquel prelado pronunció en 1649 fray Pedro Nolasco, provincial de la Merced y juez conservador en dicha causa.
– Texto de la Doctrina Cristiana por el mismo Bolaños – 12.
– Demostración clara, y evidente respuesta a las calumnias nuevamente inventadas contra los religiosos de la Compañía de Jesús de las Provincias del Paraguay, sobre el Catecismo, Oraciones y Doctrina Cristiana de la lengua guaraní, por el P. Francisco Díaz-taño (autóg.).
1696.- Arte de la lengua guaraní, por el P. Blas Pretorio (anagrama de Pablo Restivo), autog.
1704.– Diario del desalojo de los Portugueses de la Colonia del Sacramento.
Catecismos varios en lengua guaraní - en 4º.
Frases selectas de la lengua guaraní - en 4º.
Compendio de la lengua guarani - en 12º.
Diálogos en lengua guaraní - en 12º.
Notas al Catecismo en español y guaraní, publicado por fray José Bernal; p. provincial de San Francisco de Buenos Aires.
Oficios en lengua guaraní, con las respectivas traducciones en español -in fol.
Arte breve de la lengua guaraní - in 12.
Confesionario de la lengua guaraní - in 12º.
* La Pasión de Jesucristo (en verso guaraní).
Explicación de la Doctrina Cristiana in 12º.
* 1808. Rondó y Minuete para violín, compuesto por el maestro de orquesta del pueblo de Ytatí, Julián Atirahu (guarani). Ingeniosa composición de este indio, para ejecutarse por dos personas dándose el frente, pues donde termina la pieza, principia el acompañamiento visto al revés. Corre agregada a ésta, una descripción para el manejo de la Trompa marina o monocordio, instrumento músico de una sola cuerda, y el que tañían los indios misioneros, puesto entre los labios para imprimir más sonoridad al arco. De este desusado instrumento algo semejante en su estructura al violón, tenemos una muestra en el Museo, enviada en años anteriores por el gobierno de Corrientes.
El P. Restivo, inteligente reimpresor de las obras de R. Montoya, cita entre otros autores conocidos, a Bandini, Mendoza, Pompeyo y Martínez, cuyos trabajos sobre el guaraní, han permanecido ignorados.
Felizmente, consérvanse en el Archivo General, los Inventarios de las Temporalidades Jesuíticas en Misiones, y en ellos consta que al tiempo de la expulsión, existían entre otros libros, los siguientes manuscritos en guaraní.
Biblioteca de Santo Tomé, 5 vols. (Medicina); San Ignacio Guazú, 17 vols.; Santa María de Fe, 2 vols. (Sermones); Santa Rosa, 1 vol. (Arte Gracia); Central de Candelaria, 1143 vols.
Entre estos últimos, la "Gramática y Doctrina Cristiana en lengua gualacha, aumentada con un vocabulario de la misma, por Díaz Taño.
OBRAS CORRELATIVAS
Vamos a aumentar este Eléneo, con los siguientes trabajos, escritos en lengua tupí o brasílica, la cual como el chiriguano o guarayo y el omagua, se deriva del guaraní, en su dialecto, y según el sabio abate don Lorenzo Hervás y Panduro, se le asemeja tanto como el portugués al español.
1595.– Arte de Grammática da lingoa mais usada na costa do Brasil, feyta pelo padre Joseph de Anchieta, da Compañía de Jesús (en la gran viñeta de la carátula Nomen domini, turris fortissima) con licença do ordinario et do Prepósito general da C. de J. Em Coimbra per Antonia de Mariz, 8º m., pág. 58 y nº 60, como dice M. T. Ch. Brunet en su Manual, etc. (rarísimo).
Este célebre poeta (V. Simao de Vasconcellos), en su "Chronica de entrada da Companhia de Jesu no Estado do Brasil". Lisboa, 1663, fol.) fue el primero que dio a luz un libro de esta clase, traduciendo en seguida la "Doctrina Cristiana" para los indios de la Capitanía de San Vicente (Brasil), en la que éste y sus esforzados compañeros establecieron sus primeras misiones en 1549.
1595.– Arte da lingua brasílica – composto pelo padre Luis Figueira, da Companhia de Jesu; Theologo. Em Lisboa, con licença dos Superiores, por Manuel da Silva, 91, pág, 8º.
1795.– Diccionario Portugués é Brasiliano, Lisboa, en 8º (citado por Angelis).
1858.– Diccionario da lingua Tupy, chamada lingua geral dos indigenas do Brasil, por M. A. Gonçalves Dias. Lipsia, F. A. Brocchaus, 1 vol. in 18, 191 págs. Obra publicada por encargo del Instituto Histórico y Geográfico del vecino Imperio, A. J. Carranza.
NOTA DE LA TERCERA EDICIÓN. – Puede consultarse sobre el particular el más completo trabajo publicado hasta la fecha: "Apontamentos para a bibliografIa da língua tupí-guaraní", Sao Paulo, 1943, en que Plinio Ayrosa reseña 585 títulos.
Notas de la nota 43:
c) Durante la administración del Dr. Pujol, interesado éste en dar cima a un trabajo que preparaba sobre el guaraní, y deseoso de tener conocimiento de cuanto se hubiese escrito en esta lengua, giró una circular para que se le suministrasen noticias detalladas de todos los libros y manuscritos de esta clase que existieran en la Provincia de Corrientes – Empero, la muerte de aquel, impidió viese la luz de la prensa un trabajo que tenía que ser importante enriquecido como estaba su autor con elementos preciosos que mediante aquella medida logró reunir – y los conserva su viuda como un tesoro.
Sin embargo, de nuestras pacientes investigaciones y la benévola cooperación de nuestros amigos el R P. Alegre y D. José M. Estrada, tal vez hayamos callado algún titulo disperso que no conocemos, con doble motivo cuando la ausencia temporal de los Sres. Mitre, Lamas y Trelles, nos priva explotar sus ricas colecciones siempre francas para los amigos de las letras americanas.
Las obras señaladas con un asterisco, son las únicas de este idioma que poseemos en nuestra colección particular.
d) Ruiz de Montoya, era limeño – Fue Rector del Colejito de la Asunción, Superior de misioneros y antes que sus obras guaraníticas, publicó en Madrid, (1680, in 4º) un libro de largo aliento, titulado "Conquista Espiritual del Paraguay, Paraná, Uruguay y Tape" – Según Nicolás del Techo, en su "Historia de la Compañía de Jesús en la Provincia del Paraguay" este varón apostólico en consorcio del Reverendo Francisco Díaz Taño, trabajó mucho en la conversión de los gualachas en 1628, fundando con ese objeto los pueblos de Concepción y San Pedro. Sin embargo del privilegio que obtuvo por diez años para la impresión de su Tesoro y Arte Guaraníticos, en cuya confección como el mismo dice, había gastado treinta años entre gentiles rastreando con eficaz estudio lengua tan copiosa y elegante; no era este un estímulo suficiente para no desmayar en tan nobles tareas, y la muerte le sorprendió sin haber dado a la estampa los Sermones de las Dominicas del año y fiestas de los indios – cuya traducción al guaraní tenía ya concluida. El doctor Xarque Dean de Albarracín, y autor de la vida del Padre Cataldino (1664), habiendo residido algunos años en la provincia de Misiones, de regreso a Europa escribió también la de R. Montoya (Zaragoza, 1662 in 4º), y no es de extrañar que en su obra célebre de Insignes Misioneros del Paraguay (Pamplona 1687 en 4º) admirando la virtud y ciencia de este filólogo le llamase "uno de los varones más esclarecidos que dio el Peru".
e) Este libro del inmortal autor de La adoración en espíritu y verdad (cuya última edición en español se hizo en 1783) fue traducido sucesivamente al latín, italiano, francés, inglés, y aún al cúfico o árabe, según el erudito americano Mr. Ticcnor. Es muy raro y digno por lo tanto de una monografía que lo diera a conocer por extenso. El ejemplar, que formaba parte de la colección Angelis, se encuentra actualmente en poder del señor don Rafael Trelles, apreciable coleccionista y vecino de esta ciudad.
44- Sobre este particular, oigamos al chistoso señor Peña en sus Apuntes ya citados:
". . . Esta tienda (dice), era servida por el que hacía entonces de Alguacil Mayor, miembro municipal, que en las funciones clásicas asistía de calzón corto, sombrero elástico, espadín y vara larga de ballena, llamado don Juan José Medina. Fuera de los asuntos de carcelería, que eran raros, su contracción era la venta al menudeo de los efectos mercantiles que le entregaba personalmente el Dictador; las veces que éste le llamaba, tenía que cerrar la tienda; y cuando se le entregaban los géneros con que había de surtirla, luego se veía que iban soldados salidos de Casa de Gobierno, con efectos al hombro que conducían a su casa, y entraban por la puerta del zaguán, no por la de la tienda.
Sabedor el pueblo de esta provisión, se llenaba de gente toda la calle a esperar que se abriera la esquina; pero el Alguacil Mayor que sabía de la manera atropellada en que entraba el concurso en la tienda, mandaba venir unos soldados con largos y secos nervios de toro, y eran apostados a la puerta. Así que ésta se abría, se llenaba de gente la tienda: todo era atropellamiento, competencia, demandas, empujones y murmullo, que los soldados reprimían con golpes que daban a discreción.
De esta manera se proveía el pueblo de las mercaderías precisas y sobre todo de liencillo que se expendía de a 5 varas hasta que se agotaba la factura de aquel día, quedando muchos sin conseguir nada, y conformados a esperar otra ocasión, en que el Dictador tuviese la gana de hacer nuevo surtido, para lo que transcurrían días.
El tendero alguacil mayor no dejaba de hacer sus sisas reservadas de algunos renglones que por partidas pequeñas o lotes vendía al mismo precio secretamente a sus favoritos amigos, que los más eran revendedores bolicheros, máxime si eran recomendados de una negra que había sido esclava de don Agustín Trigo y era su servidora antigua.
El señor Medina no recibía sueldo alguno, la casa en que vivía, era del Estado, y sólo cuando el Dictador quería, le entregaba alguna pequeña cantidad de dinero para sus gastos; tenía cara de muy pocos amigos, vestía con mucha parcidad, pues prefería usar pantalones de pichó, tela de algodón del país a modo de piel, y mostrar de esta suerte que no compraba y no echaba mano en lo posible de los efectos que se le daban a vender. Tanto hizo por conservar su pureza, que jamás se le vio con fortuna.
A dos reales plata compraba yo el pliego de papel para la copia que hice dos los cuatro tomos de los Elementos de filosofía, del Abate Pará de Fanjas; y del Epítome de la Elocuencia Española, en verso, compuesto por don Francisco Artiga Olim Artieda. Algunos cuadernos sueltos pude traer del Paraguay entre mis papeles y he mostrado a los amigos en prueba de la letra casi microscópica que empleaba por economizar papel caro.
El cuadernillo de papel blanco se vendía en la tienda del Estado a dos reales de plata, que no duraba la venta un día, y se revendía el pliego al mismo precio en otras partes. En las escuelas de primeras letras se hacía uso de tablillas polvoreadas con brea para aprender a escribir.
En esta época don Mariano Molas se había contraído a traducir el francés en la prisión donde estábamos; él poseía un diccionario antiguo de la Real Academia Española; y precisando para sus traducciones del diccionario Francés-Español y Español-Francés, de Núñez y Taboada, que en la misma carcelería me había vendido el porteño don Mariano Martínez en treinta patacones, cambiamos, después que copié en las márgenes del diccionario castellano los vocablos de que carecía, y estaban denotados en el de Taboada con un asterisco, valiéndome de la misma letra microscópica".
45- No pocos de ellos tuvieron que dedicarse al juego del naipe, a causa de la paralización del comercio y de la industria, y sobrevino una época de tanta ociosidad y aburrimiento que se abusó mucho de él. Faltando el papel a los barajeros para confeccionarlos, echaron mano de las librerías particulares ¡para reducirlas a barajas! Así se inutilizaron inmensas cantidades de libros, muchos de ellos quizá de un mérito subido. La biblioteca de los Conventos fue destruida en su mayor parte por este proceder. Es del caso añadir, que la pobreza era tan extrema en el Paraguay, que los propietarios para atender a su subsistencia una vez agotados sus recursos, tuvieron que vender al peso hasta las rejas de las ventanas de sus fincas, para convertirlas en acero para herramientas. ¡Calcúlese ahora, cuáles no serían las penurias de la clase desheredada! – A. J. C.
46- Uno de éstos fue el padre del dictador Francia.
En 1835, el Encargado de Negocios de Francia, Marqués Ch. Vins de Peisac, presentó al Ministerio de Relaciones Exteriores de esta provincia, una preciosa Memoria sobre el tabaco y el modo de cultivarlo. – A. J. C.
47- En la página 79 de la Vida y Memorias del doctor don Mariano Moreno, primer secretario de la Junta Gubernativa, escritas y publicadas en Londres (1812) por su hermano, encontramos una noticia que ratifica lo que se lee en el texto. Dice así:
"Con fecha 16 de febrero de 1772, dio cuenta el gobernador de los pueblos de Misiones, don Francisco Bruno de Zabala al Virrey de Buenos Aires, de haberse descubierto en varios de estos pueblos algunas minas de cobre de calidad superior, y también de plata y otros metales, pero particularmente en el cerro de San Miguel, de la estancia del pueblo de nuestra señora de Fe, unas piedras que denotaban tener azogue, y en efecto, había correspondido la experiencia a esta idea, y enviaba un frasquito de cristal lleno de azogue que se había sacado de ellas. El gobierno de Buenos Aires, remitió la muestra a la Corte, y entre tanto pidió al de Lima le enviase personas inteligentes en este ramo que pudiesen establecer las labores, y aunque el Virrey de Lima prometió hacerlo, después de muchas contestaciones se desentendió por fin de concurrir al pensamiento, diciendo secamente que podía enviarse la muestra a Potosí para que allí practicasen su reconocimiento. La respuesta de la Corte fue haberse hecho cotejo de este azogue con el de Almadén, y haber resultado aquél de una calidad ventajosa, en cuya consecuencia se mandaba formar una descripción de la mina, y una razón de los costos que tendría el metal puesto en almacén. Desgraciadamente se produjo el pensamiento de conducir el azogue directamente a Potosí, abriendo la comunicación de esta Provincia con la de Chiquitos, y formando una colonia en la ribera opuesta del río Paraguay (Borbón, hoy Olimpo), que sirviese de puerto a las embarcaciones que debían conducirlo, u otros objetos secundarios; empezaron, por consiguiente, a obrar las intrigas e intereses particulares, y la mina ha permanecido hasta el día sin tocarse". – A. J. C.
48- Los ofidios del Paraguay, llamados en guaraní Mboy y en quichua Catari, habitan generalmente los campos bajos y un tanto húmedos, prefiriendo siempre la ceja de los montes, donde la poca altura del pasto se presta a ocultarlos y les proporciona fácil nutrimiento. Son más temibles cuando sopla viento Norte, el cual a la vez que causa displicencia produciendo una atmósfera sofocante – comunica suma agilidad y movimiento a estos reptiles.
Vamos a señalar aquéllas cuya ponzoña puede producir una muerte instantánea: 1. Cuatiá (ésta pica con la cola, semejante al Yapeusá [Japeusa] o alacrán); 2. Ñandurié [Ñandu rire: "sientes luego de mordido"]; 3. Quiririóg o víbora de la cruz (f); 4. P; 5. Yarará [Jarara] o Uguay apiti; 6. Pitá [Pytã] (colorada); 7. Ñañucú [Ñañuku]; 8. Tini; 9. Uguai-api (chica); 10. Aguai, Roi [Ro'y] o Chini (víbora de cascabel, amarilla y prieta a cuadros.)
Víboras o culebras (machajuai o Amaru, de los quinchuas), de veneno menos activo:
1. Chumbé o Chineli (víbora de coral), cuya piel veteada de pintas o fajas negras, amarillas, verdes y azules son tan vivas que cuando se arrastra hiere la vista con la repercusión de los rayos solares; 2. Tarei; 3. Ñacaniná (muy ligera); 4. Tini; 5. Henoré; 6. Caniná; 7. Numboi [Ñumboi: víbora del pajonal?]. 8. Tacanda; 9. Tubí [Tuvy] (Cenicienta); 10. Obi (verde o azul; 11. Mburubichá mbopiá [Mburuvicha mbopia] (chica muy bellaca); 12. Ybibobog; 13. Ñuaco; 14. Apaqua (enroscada); 15. Amberemboi; 16. Taraguí o Tayuti [Tejuti] (lagartija), y por último, el inocuo boa Curiyú [Kuriju] o ampillapa, de las Quichuas, de hálito poderoso y el que se vale de la misma artería que el tigre para pescar. Elige un árbol que esté inclinado sobre el agua, del que se cuelga y arroja sobre ella una espuma o baba, a la cual acuden los incautos pececillos, mas luego que los cree descuidados en el cebo, se desenrosca con rapidez extraña y hace segura presa de ellos. A. J. C.
f) En años atrás, habiendo pernoctado en los campos de Lucas (E. R.) vimos a un paisano jugar con uno de estos feroces reptiles hasta introducirlo vivo en la cavidad del pecho y volverle luego la libertad.
El vulgo reputa tal gauchada como una brujería, ignorando quizá que para esta operación, a diferencia del juglar de la India, se curan con ajos cuyo olor aletarga a la víbora.
NOTA DE LA TERCERA EDICIÓN. – Un trabajo especializado que puede consultarse sobre los vertebrados del Paraguay, debido a la dedicación silenciosa de A. de Winkelried Bertoni, es "Fauna Paraguaya. Catálogos sistemáticos de los vertebrados del Paraguay: peces, batracios, reptiles. aves y mamíferos conocidos hasta 1913". Asunción, 1913.
49- El venerable jesuita limeño, Antonio Ruiz de Montoya, al fol. 215 vto., de su Tesoro..., señala como contrayerba la chilca, a que llaman en guaraní Mbotynicaa [Mbotynika’a].
El P. José Guevara menciona otra yerba conocida por soliman de la tierra, y a la que denominan en Tucumán, colmillo de víbora. También recomienda como un poderoso antídoto beber el cocimiento de la raíz y hojas pulverizadas del Caapebá [Ka’apeva] a falta de la yerba de víbora que se cría en Tarija y en el Paraguay, y la cual debe usarse con preferencia majando media onza de sus ramas con la semilla, cocidas en vino y aplicadas sobre la herida, alivian al paciente en menos de una hora. Tan prodigiosa es su virtud según aquel historiador.
Los campesinos del Paraguay y Corrientes, emplean otro recurso, cual es achatar la cabeza de la víbora que mordió y ponerla en la herida. También colocan sobre la picadura la pólvora que se tome con dos dedos, prendiéndole fuego en seguida y con este cauterio y veinticuatro horas de dieta a pan y agua, se salva el peligro.
Finalmente, el ilustre Azara dijo al respecto: "En el país no se conoce específico alguno contra este género de veneno; pero como los enfermos desean siempre remedio, unos les hacen beber aceite cuando se halla a mano; y de este modo he salvado algunos de mi gente; otros ponen sobre la herida la mitad de una cebolla caliente cortada horizontalmente; otros chupan fuertemente la herida; otros ponen ligaduras, y aun en la parte superior con una soga de la piel de una especie de ciervo llamado Guazú-ty [Guasuty]. La mayor parte de los mordidos mueren, y algunos de los que escapan quedan medio locos o imbéciles".– A. J. C.
NOTA DE LA TERCERA EDICIÓN. – Determinación específica de las plantas balsamíferas citadas por Molas:
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Palo Santo |
Bulnesia scarmientii. Grizeb. |
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Kupa’y. |
Copaifera langsdorfii. Desf. |
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Aguai Guasu |
Pouteria Migonei.ñ Hasler. |
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Incienso o yvyra paje |
Myrocarpus frondosus. Freire Al. |
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Jata yva |
Hymenea stigonocarpa. Mart. |
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Kurupa’y kuru |
Piptadenia macrocarpa. Benth. |
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Kurupa’y rã |
Piptadenia rígida. Benth. |
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Ysyka o Yvyra ysy |
Hedwigia balsamífera. |
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Ysyka o Yvyra ysy [lo que hace resbalar o Madera resvaladiza] |
Protium brasiliensi. |
50- Piernas de cuervo, por la figura caprichosa del tronco. A. J. C.
NOTA DE LA TERCERA EDICION. – Determinación específica de las plantas tintóreas mencionadas por Molas y otras omitidas aún con ser muy conocidas en el Paraguay:
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Ka’a hovy o añil |
Indigofera asperifolia. Bong. |
azul verdusco. |
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Yryvu retyma |
Eupatorium tinctoriae. |
azul. |
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Ñandypa |
Genipa americana. L. |
azul. |
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Mbu’y |
Solidago microglossa. D. C. |
amarillo. |
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Kumbari. |
Capsicum microcarpum. |
amarillo. |
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Tatajyva |
Maclura tinctoriae. Endl. |
amarillo. |
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Azafrán (araso). |
Carthamus tinctorius. L. |
rosa rojo. |
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Ysypo ju |
Escobedia scabrifolia. Ruiz y P. |
amarillo. |
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Ka’a kankái |
Rebulnium hirsutum. Lam et S. |
colorado. |
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Uruku |
Bixa Orellana. L. |
bermellón. |
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Katiguá |
Trichilia catigua. A. Juss. |
rojo. |
51- Olvida el autor el Urucú [Uruku], especie de bermellón de superior calidad. Este arbolillo produce unos erizos semejantes a los del castaño, aunque más suaves, que encierran unos granos o pepitas colocadas como los de granada y del mismo color. En México hacen de ellos unas pastillas rojas que llaman achiote o aquiote, y cuyas semillas sirven para la composición del chocolate y de varias tintas.
En el Paraguay usan los indios payaguaes de este afeite para pintarse el rostro, y en el reinado del terror sirvió a los barajeros para adornar sus naipes.
Hay también el barro negro o tuyujú [tujuju] con que tiñen cojinillos o pellones de piel de oveja.– A. J. C.
52- Mezcla natural de alúmina y otras tierras con óxido rojo de hierro, que le da el color más o menos encendido a proporción de la cantidad que contiene.
El obispo Marco Antonio Maíz, que estuvo preso quince años, se sirvió de esta arcilla para trabajar en su calabozo varias delicadas vajillas. – A. J. C.
53- Poco después de Ayacucho, el libertador Simón Bolívar invitó a Francia, para que pusiera término al sistema de aislamiento y a la política misteriosa y equívoca que observaba desde tiempo atrás, y merced a la cual aprovechó de la independencia sin haber contribuido a ella, proponiéndole que uno y otro gobierno acreditase sus agentes respectivos para consolidar en unión con los demás Estados Americanos. A ese oficio contestó el Dictador en los términos siguientes que nada tienen de comedido y sí mucho de original:
"Patricio: Los portugueses, porteños, ingleses, chilenos, brasileños y peruanos han manifestado a este gobierno iguales deseos a los de Colombia, sin otro resultado que la confirmación del principio sobre qué gira el feliz régimen que ha libertado de la rapiña, y de otros males a esta Provincia y que seguirá constante, hasta que se restituya al Nuevo Mundo la tranquilidad que disfrutaba antes que en él apareciesen apóstoles revolucionarios, cubriendo con el ramo de oliva el pérfido puñal para regar con sangre la libertad que los ambiciosos pregonan; pero el Paraguay los conoce, y en cuanto pueda no abandonará su sistema, al menos en cuanto yo me halle al frente de su Gobierno, aunque sea preciso empuñar la espada de la justicia para hacer respetar tan santos fines; y si Colombia me ayudare, ella me daría un día de placer, y repartiría con el mayor agrado mis esfuerzos entre sus buenos hijos, cuya vida deseo que Dios Nuestro Señor, guarde muchos años. – Asunción, 23 de agosto de 1825. – José Gaspar de Francia" – A. J. C.
NOTA DE LA TERCERA EDICIÓN. – Esta nota es apócrifa. Entre el Dictador y el libertador no se cambió nunca comunicación alguna. Sucre – y no Bolívar – mandó al Paraguay en 1828 un comisionado, el teniente Ruiz, que fue rechazado y despedido por el Dictador.
NOTAS DE LA EDICIÓN DIGITAL
1] La edición digital aclarará [entre corchetes] la toponimia en algunos casos, es decir, los nombres de ciudades, municipios y accidentes geográficos, tal cual se utilizan en la actualidad, sin considerar la grafía guaraní. Así se escribiría Ygarupa, Guazúpisoro, Pepiri, Yguazú, etc. en estos casos omitiendo acentos agudos y reemplazando z por s.
2] La grafía guaraní moderna impondría cambios fundamentales en la toponimia: No existe el acento en palabras agudas; no existe la z, la q, ni la b; sino en su lugar la s, la k y la v. Además existen otras, etc. Ver las "orientaciones para la lectura del guaraní" de Rudi Torga presentadas en el libro "Poesías del Paraguay":
(Recomendamos la fuente "Times New Roman" y tener instalado, por ejemplo, el "Soporte multilenguaje" del sistema Windows):
"El alfabeto guaraní consta de 33 signos que a su vez representan la misma cantidad de sonidos, y son:
Alfabeto
a, ã, ch, e, ẽ, g, g, h, i, ĩ, j, k. l, m, mb, n, nd, nt, ñ, o, õ, p, r. rr, s, t, u, ũ, v, y, ' (puso – consonante glotal).
Vocales
a, e, i, o, u, y, ã, ẽ, ĩ, õ, ũ, y
Las vocales a, e, i, o, u, suenan como en español, la vocal "y" (y = agua) es gutural. No es consonante (ye) como en español ni equivale a la "I" latina.
Las vocales ã, ẽ, ĩ, õ, ũ, y, son nazalizadas mediante la tilde nasal (~).
Consonantes
ch, g, g, h, j, k, l, m, mb, n, nd, ng, nt, ñ, p, r, rr, s, t, v, ' (puso).
En guaraní se leen agregándoles la letra "e".
Ejemplos:
le, me, re, se, etc.
ele, eme, ene, ere, ese (se leería en español).
Uso de la H
La consonante "h" en guaraní suena casi como la "j" española.
Ejemplos:
hái = agrio; hu'u = tos
Uso de la J
La "j" se lee como la "ye" española.
Ejemplos:
jagua = perro; juru = boca
Uso de la K
La "k" sustituye a la "c" y la "q" del español.
Ejemplos:
ka'a = yerba; kua = agujero.
Uso de la G
La "g" se lee "gue" como "guerra". Conserva su sonido con todas las vocales.
Ejemplos:
Guazú = grande; gue = apagarse
Uso del Puso
La última consonante se llama "puso", se lee acentuando la última vocal.
pu = sonido; so = soltar – separar. Representa una suspención de la voz.
Ejemplos:
so'o = carne; su'u = morder.
Uso del Acento
En guaraní casi todas las palabras llevan acento en la última vocal, por eso no se tildan.
Ejemplos:
tape = camino; tata = fuego.
Uso del Acento gráfico
El acento gráfico se usa solamente cuando la vocal acentuada no es final.
Ejemplos:
áva = cabello; tái = picante."
3] Debería escribirse Takurupuku.
4] Se trata de la "nación ecuestre" de los Mbayáes, como los denomina Martín Dobrizhoffer en su Historia de los Abipones, o los Albayás, como los designara Félix de Azara. Lo cierto es que esta nación fue pariente cercana de los Guaicurúes o Oaekakalotes. A principios del siglo XVIII asolaron el norte del Paraguay y casi llegaron hasta Asunción. En grafía moderna se escribiría Mbaja (en singular) o Umi Mbaja o Mbaja kuéra (esos o los), para nombrarlos en plural.
5] La aun confusa toponimia actual utiliza, a veces: Ycuamandyyú. La primera y segunda "y" como vocal, y la tercera "y" como consonante. En grafía guaraní moderna se escribiría: Ykuamandyju.
6] En grafía guaraní moderna el toponímico Jejuí se debería escribir: Jejuí, aunque su origen guaraní está en duda.
7] Al parecer, en la edición faltan renglones.
8] El nombre de esta nación desaparecida puede escribirse Mbaja-Guasu.
9] Pesada con la romana.
10] Takuru: Domo o cúpula de barro del termitero u hormiguero. Mejor sería decir takurukue, que es lo mismo pero abandonado, donde las abejas podrían instalarse.