Martín Del Barco Centenera
La Argentina (1)
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Portada y primera página de la obra de Martín del Barco Centenera, impresa en Lisboa en 1603. (Pulse el icono para agrandar la imágen) |
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Canto Primero
En que se trata del origen de los chiriguana o guaraní, gente que come carne humana, y del descubrimiento del Río de la Plata.
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Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Domingo Martínez de Irala, Luis de Cabrera, Juan Sebastián Elcano y Martín del Barco Centenera. Relieve lateral del monumento a España de Arturo Dresco. (Pulse los íconos) |
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Del indio chiriguana encarnizado
en carne humana, origen canta solo.
Por descubrir el ser tan olvidado
del argentino reino, ¡gran Apolo!
envíame del monte consagrado
ayuda con que pueda aquí, sin dolo,
al mundo publicar, en nueva historia,
de cosas admirables la memoria.
Mas ¡qué digo de Apolo, Dios eterno!
a vos sólo favor pido y demando.
Qué mal lo puede dar en el infierno
el que continuo fuego está penando.
Haré con vuestra ayuda este cuaderno,
del argentino reino recontando
diversas aventuras y extrañezas,
prodigios, hambres, guerras y proezas.
Tratar quiero también de sucedidos
y extraños casos que iba yo notando.
De vista muchos son, otros oídos,
que vine a descubrir yo preguntando.
De personas me fueron referidos
con quien comunicaba, conversando
de cosas admirables codicioso,
saber que escribirlas deseoso.
Perú de fama eterna y extendida
por sus ricos metales por el mundo;
la Potosí imperial ennoblecida,
por tener aquel cerro tan rotundo;(2)
a tucumana tierra abastecida (3)
de cosas de comer, con el jocundo
Estado de Brasil, darán subjecto
a mi pluma que escriba, yo prometo.
Que aunque en esta obra el fundamento
primero y principal, Río de la Plata,
y así es primero no será mi pluma ingrata:
que aquí pintará al vivo lo que siento
del nuevo orbe al marqués Mora: (4) y si trata
contrario a la verdad, yo sea borrado
de su libro, y a olvido condenado.
También diré de aquel duro flagelo,
que Dios al mundo dio por su pecado,
el Drake que cubrió con crudo duelo (5)
al un polo y al otro en sumo grado.
Trataré de castigos, que del cielo
parece nuestro Dios nos ha enviado:
temblores, terremotos y señales
que bien juzgarse por finales.
En todo hallará bien, si lo quisiere,
a su gusto el lector, gusto sabroso.
Y guste lo que más gusto tuviere,
y deje lo sin gusto y disgustoso.
hará al fin lo que más gusto le diere:
que esto de escribir es azaroso.
En nombre de Jesús comienzo ahora,
y de la virgen para emperadora.
Después del gran castigo y gran justicia,
que hizo nuestro Dios omnipotente,
por ver cómo crecía la malicia
del hombre que compuso sabiamente,
habiendo recibido la propicia
señal de la amistad, Noé prudente,
de Japhet, hijo suyo, así llamado,
Tubal nació valiente y esforzado. (6)
Aqueste fue el primero que en España
pobló: pero después viniendo gentes
con la de aqueste Tubal y otra extraña
más, del mismo Noé remanecientes,
España se pobló, y tanta saña
creció entre unos hombres muy valientes
tupíes, que por costumbre muy tirana
tomaron a comer de carne humana.
Creciendo en multitud por esta tierra
Extremadura bella, aquesta gente
de tan bestial designio y suerte perra,
por atajar tan mal de incontinente
hicieron los ricinos grande guerra (7)
contra aquestos caribes fuertemente;
en tiempo que no estaba edificada
la torre de Mambrós tan afamada. (8)
Ni menos el Alcócar trujillano,
en que vive la gente trujillana:
ni la puente hermosa, que el romano
en Mérida nos puso a Guadiana.
Ni había comenzado el lusitano, (9)
que habita en la provincia comarcana.
Empero había ricinos en la tierra,
muy fuertes, y valientes para guerra.
Aquestos son nombrados trujillanos;
cual pueblo Castrum Julii fue llamado: (10)
que cuando le poblaron los romanos
el nombre de su César le fue dado.
Fronteros de estas tierras los profanos
de aquel designio pérfido, malvado,
caribes inhumanos habitaban,
y toda la comarca maltrataban.
Corriendo las riberas del gran Tajo,
y a veces por las sierras de Altamira, (11)
ponían en angustia y en trabajo
la gente con su rabia cruda y dira.
No dejan cosa viva: que de cuajo,
cuanto puede el caribe, roba y tira;
a cual quitan el hijo y los haberes,
y a otros con sus vidas las mujeres.
Vistos por los ricinos trujillanos,
con ánimo invencible belicoso,
contra aquellos caribes inhumanos
formaron campo grande y poderoso.
Venido este negocio ya a las manos,
de entre ambas partes fue muy sanguinoso:
mas siendo los caribes de vencida,
las reliquias se ponen en huida.
Expulsos de la tierra, fabricaron
las barcas y bateles que pudieron,
y a prisa muchos de éstos se embarcaron
y sin aguja al viento velas dieron.
A las furiosas aguas se entregaron,
y así de Extremadura se salieron;
y a las islas, que dicen Fortunadas,
aportan con sus barcas destrozadas.
Platón escribe y dice, que solía
el mar del Norte, Atlántico llamado,
ser islas lo más de él, y se extendía
la tierra desde España en sumo grado.
Y que en tiempos pasados se venía
por tierra mucha gente; y se han llamado
las islas Fortunadas, que quedaron,
cuando otras del mar del Norte se anegaron. (12)
Y así a muchos pilotos yo he oído,
que navegando han visto las señales
y muestras de edificios que han habido, (13)
(cosas son todas éstas naturales,
que bien pueden haber acontecido)
por donde los tupíes descomunales,
irían fácilmente a aquellas partes,
buscando para ello maña y artes. (14)
Llegando, pues, allí ya reformadas
sus barcas y bateles, con gran pío,
tornáronse a entregar a las hinchadas
ondas del bravo mar a su albedrío.
Las barcas iban rotas, destrozadas,
cuando tomaron tierra en cabo Frío,
que es tierra del Brasil, yendo derecho
al río de la Plata y al estrecho.
Comienzan a poblar toda la tierra,
entre ellos dos hermanos han venido.
Mas presto se comienzan a dar guerra,
que sobre un papagayo ha sucedido.
Dejando el uno al otro, se destierra
del Brasil, y a los llanos se ha salido.
Aquel que queda ya Tupí se llama,
estotro Guaraní de grande fama. (15)
Tupí era el mayor y el más valiente,
y al Guaraní menor dice que vaya
con todos sus soldados y su gente,
y que él se quedará allí en la playa.
Con la gente que tiene incontinente
el Guaraní se parte y no desmaya:
que habiendo con su gente ya partido,
la tierra adentro y sierras ha subido.
Pues estos dos hermanos divididos,
la lengua guaraní han conservado:
y muchos que con ellos son venidos,
en partes diferentes se han poblado,
y han sido en los lenguajes discernidos,
que por distancia nadie ha olvidado.
También con estos otros, aportaron,
que por otro viaje allá pasaron.
Mahomas, epuaes y calchines,
timbúes, querandíes y begunes,
agaces, y nogoés, y sanafines,
maures, tecos, sansones, mogoznaes.
El Paraná abajo, y a los fines
habitan los malditos charruaes,
naues y mepenes, chiloazas:
a pesca todos dados y a las cazas.
Los nuestros guaraníes, como señores,
toda la tierra cuasi dominando,
por todo el Paraná, y alrededores
andaban crudamente conquistando.
Los brutos, animales, moradores
del Paraguay, sujetan a su mando.
Poblaron mucha parte de esta tierra,
con fin de dar al mundo cruda guerra.
Poblando y conquistando han alcanzado
del Perú las nevadas cordilleras;
a cuyo pie ya tienen subyugado
el río Pilcomayo y sus riberas. (16)
Muy cerca de la sierra han sujetado,
a gentes muy valientes y guerreras
en el río Condorillo y Yesuy,
y en el grande y famoso Guapay.
Una canina rabia les forzaba
a no cesar jamás de su contienda.
Que el guaraní en la guerra se hartaba
(y así lo haría hoy, sin la rienda,
que le tenemos puesta), y conquistaba,
sin pretender más oro, ni hacienda,
que hacerse como vivas sepulturas
de símiles y humanas criaturas.
Que sin mirar aquesto bien queremos,
caribe dice, y suena sepultura
de carne: que en latín caro sabemos
que carne significa en la lectura.
Y en lengua guaraní decir podemos
Yvy, que significa compostura
de tierra, do se encierra carne humana:
caribe es esta gente tan tirana.
Teniendo, pues, la gente conquistada,
en mil parajes se poblaron de hecho.
El guaraní con ansia acelerada
a los charcas camina muy derecho.
La cordillera y sierra es endiablada:
parece le será de gran provecho
parar aquí, y hacer asiento y alto,
con fin de allí al Perú hacer asalto
Muy largos tiempos y años se gastaron,
y muchos descendientes sucedieron,
desde que los hermanos se apartaron.
De Tupí en el Brasil permanecieron
tupíes, y destotros que pasaron
guaraníes se nombran, y así fueron
guerreros siempre aquestos en la tierra,
que el nombre suena tanto como guerra. (17)
Aquestos guaraníes se han mestizado
y envuelto con mil gentes diferentes,
y el nombre guaraní han renunciado,
tomando otro por casos y accidentes.
Allá en las cordilleras, mal pecado,
chiriguanaes se dicen estas gentes,
que por la poca ropa que tenían,
de frío muchos de ellos perecían.
La costa del Brasil es muy caliente,
y el Paraguay y toda aquella tierra.
Camina aquesta gente del oriente,
Y para en las montañas y la sierra,
caminando derechos al poniente,
haciéndoles el frío cruda guerra.
Que mal puede el desnudo en desafío
entrar y combatirse con el frío.
Llegaron, pues, al fin a aquel paraje
do el frío les hizo guerra encarnizada,
y frío chiri suena en el lenguaje
del inga, que es la lengua más usada;
guana es escarmiento de tal traje.
Aquesta gente iba mal parada,
y el frío que tomaron, escarmiento
fue para el chiriguana y cognomento. (18)
En este tiempo ya habían venido
por otra parte y vía al Perú gentes:
por ser tan exquisitos, no he querido
sus nombres referir tan diferentes.
En una lengua muchos se han unido,
que es quichua, y los hidalgos y valientes,
de aqueste nombre inca se han jactado,
y a todos los demás han sujetado.
Estando de esta suerte apoderados
los incas, los Pizarros allegaron,
y siendo del Perú bien enterados,
la tierra en breve tiempo conquistaron.
Los guaraníes sus dientes acerados
alegres con tal nueva aparejaron,
pensando que hartarían sus vientres fieros,
de la sangre de aquellos caballeros.
El corazón pedía la venganza
de sus pasados padres, que habían sido
de la tierra extremeña a espada y lanza
expulsos, como arriba habéis oído.
Mas viendo de Pizarro la pujanza, (19)
temieron de pasar; y así han tenido
por seguros los montes despoblados,
sin ser a gente humana sujetados.
De allí hacen hazañas espantosas,
asaltos, hurtos, robos y rapiñas,
contra generaciones belicosas,
que están alrededor circunvecinas.
En sus casas están muy temerosas,
como unas humillísimas gallinas,
con sobrado temor noche y mañana,
temiendo de que venga el chiriguana.
Usan embustes, fraudes y marañas, (20)
también tienen esfuerzo y osadía,
y así suelen hacer grandes hazañas,
que arguyen gran valor y valentía,
a aquestos vi hacer cosas extrañas
en tiempo que yo entre ellos residía:
y el que no me quisiere a mí escucharlo,
al de Toledo vaya a preguntarlo.
Dejemos esto ahora: - navegando
Magallanes también vino derecho,
la costa del Brasil atrás dejando
en busca fue y demanda del estrecho.
salió del mar del sur atravesando,
y hállase contento y satisfecho,
y al mundo da una vuelta con victoria,
ganando en este caso fama y gloria.
Después a los quinientos y trece años,
contados sobre mil del nacimiento
de aquel que padeció por nuestros daños,
dio Juan Díaz de Solís la vela al viento,
al Paraná aportó, do los engaños,
del timbú le causaron finamiento,
en un pequeño río de grande fama,
que a causa suya de Traición se llama.
Por piloto mayor de Magallanes
al estrecho venido aqueste había;
no harto de pasar penas y afanes,
la conquista a don Carlos le pedía.
Entró el río arriba con desmanes,
hasta que ya el postrero le venía,
en que su alma del cuerpo se desata,
poniendo al Paraná nombre del Plata. (21)
No fue sin causa, creo, de secreto,
y señal de misterio y buen agüero, (22)
aunque es así que todo está sujeto
al alto divino juicio verdadero,
y aunque usó este nombre por respeto,
que vido cierta plata allí primero,
Yo entiendo que ha de haber grande tesoro
algún tiempo de plata allí y de oro.
La muerte pues de aqueste ya sabida,
el gran Carlos envía al buen Gaboto, (23)
con una flota al gusto proveída,
como hombre que lo entiende y que es piloto.
Entró en el Paraná, y ya sabida
la más fuerza del río le ha sido roto
del guaraní, dejando fabricada
la torre de Gaboto bien nombrada.
Algunos de los suyos se escaparon
de aquel río Timbúes do fue la guerra,
al río San Salvador después bajaron,
donde la demás gente estaba en tierra.
A nuestra dulce España se tornaron,
huyendo de esta gente infiel y perra.
Mas no pone temor ésta destroza
a don Pedro Guadix y de Mendoza.
Don Pedro de Guadix, como diremos,
después de haber de Roma malvenido,
cuando hubo disensión en los supremos,
el gobierno argentino hubo pedido.
Empero algún tanto ahora descansemos,
que no le dejaremos por olvido,
pues su hambre rabiosa y grande ruina
ayuda a lamentar a la Argentina.
De nuestro río argentino y su grandeza
tratar quiero en el canto venidero,
de sus islas, bosques y belleza,
epílogo haré muy verdadero.
Ninguno en leerlo tenga pereza,
que espero dar en él placer entero,
de cosas apacibles y graciosas,
y dignas de tenerse por curiosas.
Canto Segundo
En este canto se trata de la grandeza del Río de la Plata, del Paraguay, y de las islas, peces, aves que hay en ellos.
La obra excelentísima y grandiosa
arguye grande artífice y maestro:
que no puede hacer obra preciosa
el hombre que en el arte no está diestro.
Como la creación maravillosa
enseña, Señor mío, el poder vuestro,
en su tanto también aqueste río
muestra grande saber y poderío.
Inmensas gracias, Dios Señor, os damos,
pues todo a nuestra causa lo criastes;
y a nosotros que mal os lo pagamos,
para vuestro servicio nos formastes.
Cuanto sois, mi Señor, si bien miramos
las cosas que en el mundo vos plantastes,
nos da bien a entender, y la grandeza
de vuestro gran saber y la riqueza.
El río que llamamos Argentino, (24)
del indio Paraná o mar llamado,
de norte a sur corriendo su camino
en nuestro mar del norte entra hinchado.
Parece en su corriente un torbellino,
o tiro de arcabuz apresurado.
Mas con el viento sur plácidamente
se vence navegando su corriente.
De más de treinta leguas es su boca,
y dos cabos y puntas hace llanas.
Al tiempo que en la mar brava se emboca,
al cabo dos islas, como hermanas,
están, que cada cual parece roca.
Los Castillos se dicen, muy cercanas
al cabo que nombré Santa María,
que poco de estas islas se desvía.
Al otro cabo, Blanco le llamamos,
el cual en la mar entra más derecho
y más bajo, y por esto navegamos,
por más seguro este otro, un poco trecho.
Después al otro cabo nos tornamos,
el cual está a la banda del estrecho:
entrambas costas son muy peligrosas,
y de futuros casos portentosas.
Pasadas estas islas de Castillos,
adelante están dos algo mayores:
de los Lobos se dicen, que lobillos
como becerros hay, poco menores.
Un poco más arriba dos islillos.
Están, nombrados islas de las Flores,
y habiendo treinta leguas caminando,
al puerto San Gabriel hemos llegado.
Siete islas hay en él, altas, graciosas, (25)
un poco de la tierra desviadas,
de palmas y laureles muy copiosas,
están aquestas islas bien pobladas.
Aquí llegan las naves poderosas,
como salen de España despachadas.
Frontero es Buenos Aires ya poblado,
y del sur importuno resguardado.
De ancho nueve leguas o más tiene
el río por aquí, y muy hondable.
La nave hasta aquí segura viene:
que como el ancho mar es navegable.
Pasado este paraje le conviene
al piloto mirar el gobernable,
en la mano llevando siempre sonda,
o seguir la canal que va bien honda.
Doce leguas de aquí Martín García, (26)
una isla de este nombre está llamada:
una legua de tierra se desvía,
y más de legua y media es prolongada.
A partes por el bosque está sombría,
y a partes tierra alta y asombrada,
Don Pedro, y Juan Ortiz allí poblaron,
y de hambre mucha gente sepultaron.
Aquí llegó Eduardo de Fontano,
el año sobre mil y los quinientos
de ochenta con más dos, con viento sano,
mas no sup adumbre nos pusiera,
que había el aparejo en gran manera.
Cuatro leguas de aquí ya navegadas
las islas de San Lázaro están juntas,
de tierra media legua desviadas
a do enderezan ambas sendas puntas.
Están aquestas islas separadas,
aunque al parecer no están disjuntas,
y habiendo media legua navegado,
está el Uruguay, río afamado.
Es río de caudal y poderoso:
su boca legua y media casi tiene.
Entra en este paraje muy furioso,
que de peñas y riscos altos viene.
En él entra otro río con reposo,
que al parecer entrando se detiene;
al cual San Salvador llamó Gaboto,
antes que de los indios fuese roto.
A dos leguas entra otro, que es nombrado
el río Negro, que Hum tenía por nombre.
Aquí en nuestros tiempos se han hallado
pescados semejantes mucho al hombre. (27)
Aquesto de pasada lo he tocado,
ninguno de leerlo aquí se asombre,
que, siendo Dios servido, en otro canto
diré cosas de vista y más espanto
Dejemos este río, que corriendo
de allá hacia el Brasil viene derecho;
y en él se vienen otros mil metiendo,
que le tienen famoso y grande hecho.
Al nuestro de la Plata revolviendo,
desde aquí comienza a ser deshecho,
y en once brazas grandes se reparte,
tirando cada cual su larga parte.
De río Nilo refieren escritores
lo mismo: pero es tanta la grandeza
de aqueste y de sus brazos, que mayores
los juzgo, que no estiman la braveza
del Nilo en tanto grado los autores.
Y si del Nilo fuera la extrañeza
tan grande como éste, y se escribiera,
al mundo admiración mayor pusiera.
En el nuestro se forman muy hermosas
islas, de a doce leguas y mayores:
en sus tiempos muy frescas y frondosas,
pobladas de mil rosas y de flores:
de caza y bastimentos abundosas;
en ellas guaraníes son pobladores,
sin que alguna nación otra se atreva
en él poblar, en ella hacer prueba.
Pasadas estas islas, torna el río
a su primera madre acostumbrada.
De una y otra parte gran gentío
la tierra firme tiene bien poblada.
El guaraní les manda con gran brío,
que tiene la más tierra sujetada:
entre ellos Yamandú, gran hablador,
que se titula y nombra emperador.
Este malvado y perro como artero,
a todos los más indios comarcanos
los trae a su opinión al retortero:
y como son los indios tan livianos,
y el pica su poquillo en hechicero,
donde él pone los pies ponen las manos:
de suerte que si quiere hacer la guerra,
al punto le veréis juntar la tierra.
Y no piense el que lea aquesta historia
que al falso Yamandú perecedero
le falta quien levante su memoria,
que en mi tiempo murió: mas su heredero
levantar procuró su fama y gloria:
y lo hizo en más grado que el primero.
Así que Yamandú es el dictado,
y nombre que se pone el que ha heredado.
De aquello trataremos adelante,
De cuerpo y parecer era gigante,
de sus embustes, falsos y marañas,
y así lo demostraban sus hazañas.
Un poco tiempo fui su doctrinante,
teniéndole en prisión, a do sus sañas
procuré doctrinar: trabajé en vano,
porque era muy malvado este pagano.
De aquí el río arriba, navegadas
ciento y veinte leguas ya del río,
otras islas están bien pobladas
de gentiles naciones y gentío.
Timbúes las más de ellas son llamadas,
que muy poco temor tienen al frío.
La torre de Gaboto está cercana
y la gente llamada cherandiana.
De allí a veinte leguas, otro asiento,
que Santa Fe se dice, está poblado:
Garay le dio principio y fundamento,
cuando Martín Suárez ha mandado.
Tratarse ha en otra parte aqueste cuento:
volvamos al negocio comenzado.
El río hace aquí muchos islones,
poblados de onsas, tigres y leones.
Al pie de ochenta leguas adelante
el grande Paraguay entra famoso,
con más quietud se muestra, y más semblante
a este río corriendo con reposo.
El Paraná se aparta allá a levante,
De a do corre con fuerza muy furioso;
del norte corre el otro, consumiendo
las aguas que el Perú, viene virtiendo.
Entrando el Paraná está Santa Ana,
de guaraníes provincia bien poblada.
Es tierra aquesta firme buena y llana,
que mucha de la dicha es anegada.
Empero esta enjuta es muy galana,
de nuestros españoles conquistada;
y así tiene aquí repartimiento
los que en el Paraguay tienen asiento.
La peña pobre está más adelante:
es alta como roca muy crecida.
Aquí han visto muchos un gigante
de gran disposición y muy crecida.
No está, según yo supe, el aquí estante:
que allá la tierra adentro es su guarida;
mas viene aquí a pescar muy a menudo,
de sus redes cargado, mas desnudo.
Arriba de aquí están los remolinos,
que es cosa de admirar y gran espanto.
En el medio del agua hay torbellinos,
como suele acá en tierra: y esto tanto,
que navegando algunos, los vecinos
celebran sus exequias con gran planto,
diciendo que Caribdis está a punto,
para lo que viniere tragar junto.
Aquí muchas canoas se han perdido,
y muchos en mi tiempo se anegaron.
Muy mal al De la Puente ha sucedido,
y a aquellos que con él aquí bajaron.
Que habiéndoles Caribdis sumergido,
las vidas y haciendas trabucaron,
y aquéllos, que mejor les fue en la feria,
aun lloran todavía su miseria.
El Salto ya me está gran prisa dando,
diciendo este lugar ser propio suyo:
y yo, solo en lo estar imaginando,
de miedo, y pensando de mí huyo.
Decir aqueste cuento procurando
la mano está temblando, y lo rebuyo;
por ser la cosa horrible y espantosa,
y en todo el Paraná maravillosa.
Por aquí el Paraná dos leguas tiene,
y peñascos y sierras hasta el cielo;
y al pie de una gran legua de aquí viene
con ímpetu furioso y crudo vuelo.
Cualquiera que navega le conviene
con tiempo tomar tierra, que en el suelo
de mil picas en alto dará cierto:
por tanto muy de atrás se toma puerto.
De legua más atrás encanalado
el Paraná desciende poderoso:
un peñasco terrible está tajado
de a do se arroja y cae muy furioso.
El estruendo que hace es muy sobrado,
y el humo al aire tiene tenebroso,
una noche dormí en una sabana,
dos leguas de él, mas fue la Toledana.
Yo mismo lo he oído a naturales,
tratando de este salto y su grandeza,
que estaban con temores desiguales,
a oír aquel sonido y su braveza.
Las aves huyen de él; los animales,
oyendo su estruendo, sin pereza
caminan, no parando apresuradas,
y con temor las colas enroscadas.
Después está Guaira, ciudad enferma,
y que por Malgarejo fue poblada.
Mas él, podrá decir cierto Belerma,
de mí para mi mal fue engendrada.
Es causa que Ruiz Díaz nunca duerma,
la gente chiriguana levantada,
por donde el pobre viejo anda a la guerra
con tino, por tener en paz la tierra.
Poblada está también otra ciudad,
cuarenta leguas más arriba de ésta.
En ella hay de metales cantidad,
empero, aunque los haya ¿de qué presta?-
hablando como es justo la verdad,
que el hombre es lo que solo allá les resta.
Pues vemos plomo saca Melgarejo,
y hierro, con tener poco aparejo.
Al Paraná es ya tiempo que dejemos,
y al Paraguay ameno revolvamos;
En el cual a la clara bien veremos,
que está cifrado el bien que deseamos.
El bien, digo, que en tierra pretendemos,
que agora del divino no hablamos;
que aquese solo y sumo bien superno,
está solo en gozar de Dios eterno.
Entrando al Paraguay a izquierda mano,
el Ypyty se ve, que es río famoso;
muy plácido desciende por un llano
de palmas y laureles muy copioso.