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D. Félix de Azara

DESCRIPCION E HISTORIA DEL PARAGUAY Y DEL RÍO DE LA PLATA

V. I

 

 

CAPITULO XI.

Algunas reflexiones sobre los indios silvestres.

 

1. Me ha parecido anotar aqui algunas reflexiones obvias sobre mis indios silvestres. Como la mayor parte de mis naciones son sumamente diminutas en número de individuos, se puede pensar que en cuanto a su modo de subsistir, no han padecido las alteraciones que engendra la muchedumbre en todas las sociedades. Cuando llegaron los primeros españoles, ninguna de ellas era pastora, ni vivia de los frutos espontáneos de la tierra; por que no conocian animal doméstico, ni el pais da semejantes frutos, si no en corta estacion del año y con mucha escasez, solo en pocos y determinados distritos. Creo por consiguiente que no fueron estos los medios primitivos de subsistir los primeros progenitores de mis naciones, si no la caza, la pesca y la agricultura, que eran las que practicaban aquellas gentes silvestres cuando las descubrieron.

2. Hablando en general, parece que las naciones de la mayor estatura y otras algo menos elevadas, pero todas de bellas proporciones, y las más errantes, holgazanas, fuertes, soberbias e indómitas, eran las cazadoras: que otras algo más bajas pero tambien guerreras, fuertes, indómitas, y más ágiles, astutas, pérfidas y poco menos errantes, eran las pescadoras: que las menos andariegas, las más bondadosas y pacíficas eran agricultoras. Entre estas últimas hay algunas de buena estatura, pero tambien otras que son las más, bajas, feas y en todo las más pusilánimes y despreciables.

3. Se observa que aquellas naciones, conservan por tradicion y sin alteracion sus vestidos y todas sus costumbres, con tal tenacidad, que a lo menos no las han mudado poco ni mucho en los tres últimos siglos, aun los que han nacido y vivido cincuenta años en la misma capital del Paraguay con los españoles.

4. Al tiempo de la conquista, eran estas mucho menos errantes que hoy; por que no tenian caballos ni facilidad de transportar sus armas, casas y muebles. Vivian pues confinadas en determinados y espaciosos distritos, con poquísima comunicacion de unas a otras: la Guaraní encerraba en su distrito a muchas, aislándolas totalmente sin comunicar ni mezclarse con ellas. Habitando todas mis naciones una misma llanura, donde hay los mismos vegetales, pájaros, y cuadrúpedos iguales en formas y magnitudes, es cosa muy estraña la diferencia que hay de unas a otras en los idiomas, estatura, fuerzas y soberbia, siendo las más de ellas indomables y las restantes pusilánimes en estremo. Los guaranís eran idénticos en todas partes por más distantes que estaban unos de otros.

5. Los portugueses en muy pocos años esclavizaron a todos los guaranís del Brasil, y en el mismo corto tiempo los españoles subyugaron a todos los guaranís del pais que describo formando de ellos más de cuarenta pueblos, sin contar los que estuvieron al cuidado de los padres Jesuitas en el Paraná, Uruguay y en la provincia de Chiquitos; y por otro lado a escepcion de algunas pusilánimes naciones indicadas en el capítulo anterior núm. 147, no han podido los mismos europeos domar a ninguna de mis otras naciones diminutas, aunque lo han procurado con eficacia y empeño, con caudales y persuasiones, y con todos los medios violentos desde la conquista hasta hoy.

6. Entre las muchas cosas comunes a todas o cuasi todas mis naciones, hay algunas que pueden considerarse como peculiares suyas, y otras como tomadas del hombre europeo. Las primeras son las crueldades estravagantes en sus grandes fiestas, en sus duelos, en poner el barbote y en agrandar tan enormemente sus orejas. Ellos no dan razon ni saben el obgeto ni el motivo de tales cosas, y yo estoy tan lejos de adivinarlo, como que si no las hubiese visto practicar, me pareceria imposible pudiera ocurrir a nadie tales barbaridades, ni aun un motivo para hacerlas. La facilidad con que paren las indias sin mala resulta, sin que les falte la leche, y sin dejar de hacer el mismo dia lo que las corresponde: los dientes siempre blancos y bien puestos, la plena libertad para todo, sin conocer autoridad ni amistad particular, el dirigirse sin saber porque por unas prácticas como si les fuesen innatas: el no conocer ambicion, juegos, bailes, cantares, instrumentos músicos, la apatia con que soportan sin quejarse la intemperie, la escasez, las enfermedades, dolores, duelos y fiestas, la igualdad de clases, y no servir unos a otros: el no saber la edad que tienen, ni cuidar de lo porvenir aun para hacer provisiones, limitándose a tener para el dia; el comer mucho de una vez, sin avisar ni convidar a nadie, bebiendo antes o despues y nunca a media comida; el no tener hora fija para nada; el no lavarse, barrer ni coser, ni instruir a los hijos, echándolos luego de casa algunos y matándolos otros: el respetarse los indios de la misma nacion, de modo que no se incomodan, roban ni matan y el morir sin inquietud por la muger e hijos que dejan.

7. Lo dicho en el número precedente son tambien diferencias con los hombres europeos, de quienes ademas difieren, en la superior estatura, igualdad de individuos, y elegancia de las formas de muchas naciones, y lo contrario en otras: en el color y no tener barbas; en el poco vello y cabello más espeso, firme, largo, grueso, lacio, nunca crespo, y siempre negro: en los ojos más pequeños nunca bien abiertos, y siempre negros y relucientes: en la vista y oido muy superiores: en los dientes más firmes en un pais donde se les caen mucho a los españoles: en ser más flemáticos, menos risibles e irascible, y manifestar menos sus pasiones al esterior: en no gritar ni tener voz gruesa ni sonora: en la menor sensibilidad y aun fecundidad segun se dijo en el cap. l0, núm. 57, de los Guaranís, debiendo entenderse lo mismo de los otros.

8. En el capítulo precedente se han mencionado treinta y ocho naciones de idiomas diferentes. Creo no exagerar diciendo, que ademas hay otros seis idiomas en los indios que viven al Occidente de los pampas: otros seis en los del Mediodia hasta el cabo de Hornos; y otros ocho entre las antiguas naciones de las provincias de Chiquitos y Moxos segun se insinuó cap. anterior núms. 45, 46 y 147.