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D. Félix de Azara

DESCRIPCION E HISTORIA DEL PARAGUAY Y DEL RÍO DE LA PLATA

V. I

 

 

CAPITULO X.

De los indios silvestres.

 

1. Aunque el hombre sea incomprensible y más el indio silvestre, porque no escribe, habla muy poco en idioma desconocido, al que tal vez faltan cien veces más voces de las que tiene, y porque no opera sino lo que le ordenan las pocas necesidades que esperimenta; con todo como el indio por más bárbaro que sea, es la parte principal y más interesante de América, creo deber poner aqui algunas observaciones que hice sobre bastantes naciones de indios silvestres o libres que no estan, ni jamas han estado sugetas a los españoles, ni a ningun imperio. No seré difuso por no fastidiar, y me limitaré a lo que permiten mi poco talento y menor perspicacia.

2. He vivido largas temporadas con algunas de aquellas naciones, y con otras menos: aun hablaré tal cual cosa de algunas que no he visto, valiéndome de las mejores noticias que pude procurarme. De modo que me he propuesto hacer saber el número y la situacion de cuasi todas las naciones que hay y ha habido en aquel pais, para que se puedan entender y corregir las relaciones antiguas. Estas, como hechas por los conquistadores, multiplican el número de naciones y de indios, con la idea de dar esplendor a sus hazañas. Los historiadores que han copiado dichas relaciones, no las han corregido ni se han propuesto describir aquellas naciones. La mayor parte de las relaciones e historias convienen en asegurar, que cuasi todas las citadas naciones eran antropófagas, y que en la guerra usaban de flechas envenenadas; pero uno y otro lo creo falso, puesto que nadie de las mismas naciones come hoy carne humana, ni conoce tal veneno, ni conserva tradicion de uno ni otro, no obstante de estar en el pie de que cuando se descubrió la América, y de que en nada han alterado sus otras costumbres antiguas.

3. Llamaré nacion a cualquiera congregacion de indios que tengan el mismo espíritu, formas y costumbres, con idioma propio tan diferente de los conocidos por allá, como el español del aleman. No haré caso de que la nacion se componga de muchos o pocos individuos; porque esto no es carácter nacional. Para certificarme de la diversidad de idiomas y de naciones, me valí de los mismos indios y de españoles que entendian las lenguas Albaya (4), Payaguá y otras, o que habian tratado con muchas naciones; resultando de sus relaciones, que los idiomas que diré ser diferentes, no tienen una palabra comun, ni pueden los más escribirse con nuestro alfabeto, siendo muchos narigales, guturales y en estremo dificiles.

4. Todas las naciones son más o menos errantes, sin pasar por lo comun al distrito de otras, ni aun al espacio desierto que media entre ellas. Asi cuando se señale el sitio de su habitacion, será para hacer reconocer el centro de su destino.

NACION CHARRUA

5. Tiene idioma muy narigal, gutural y diferente de todos. En tiempo de la conquista corria la costa septentrional del río de la Plata desde Maldonado hasta cerca de la boca del río Uruguay, estendiéndose por los campos como treinta leguas hácia el Norte Yaro, mediando un grande desierto hasta encontrar por el Norte algunas divisiones o pueblos de indios Tapes o Guaranís.

6. Los Charrúas mataron a Juan Diaz de Solis, primer descubridor del río de la Plata, sin comerle como dice equivocadamente Lozano, lib. 2, cap. 1. Con este hecho principiaron una guerra, que aun dura hoy sin haber tenido tregua, y que ha costado innumerables muertes. Desde el principio quisieron los españoles fijarse en su pais, haciendo algunas obras en la colonia del Sacramento, luego un fuertecillo y en seguida una ciudad en la boca del río de S. Juan, y despues otra donde el río de S. Salvador entra en el Uruguay. Pero todo lo destruyeron los Charrúas, quienes aunque no pudieron embarazar el que los portugueses se fijasen el año de 1679, en la isla de S. Gabriel y en la costa inmediata a la colonia del Sacramento, nunca les permitieron salir un paso de sus murallas. Cuarenta y siete años despues se edificó el fuerte y ciudad de Montevideo, cuyos valientes españoles rempujaron a los Charrúas hácia el Norte a costa de mucha sangre.

7. Poco antes del último año citado, esterminaron los Charrúas las dos naciones llamadas Yaros y Bohanes, y tal vez habrian practicado lo mismo con la de Minuanes, pero hicieron alianza y estrecha amistad con ellos para sostenerse y atacar a los españoles que acababan de principiar las obras de Montevideo. Hiciéronlo en efecto muchos con valor y suerte varia, hasta que creciendo mucho los reclutas españoles y teniendo un diestro y valiente caudillo, forzaron a los Charrúas a alejarse hácia el Norte, dejando muchos campos libres que poblaron los de Montevideo con dehesas o estancias de ganados, ganándolas y sosteniéndolas a costa de mucha sangre. Ultimamente una porcion de Charrúas y de Minuanes forzada por los españoles, se ha incorporado a los pueblos más centrales de las Misiones del Uruguay, y otra esta hoy tranquila en la Reduccion de Caiasta. Pero otra porcion que hay libre por los treinta y treinta y un grados de latitud, hace la guerra a sangre y fuego a veces a portugueses y siempre a los españoles; como que de las partidas que yo enviaba de cincuenta y cien hombres, me mataron muchos soldados.

8. El arma de los más, es una lanza de cuatro varas con la moharra de fierro, comprada a los portugueses cuando estan en paz. Otros usan las flechas comunes y cortas que llevan en carcax a la espalda y jamas han conocido las bolas del núm. 43 como dice Barco, Canto 10. Crian yeguas y caballos montando en pelo los varones, y usando freno de fierro, si lo han podido robar o comprar: las mugeres usan enjalma muy sencilla, y montan con las piernas abiertas. A nadie presta su caballo el Charrúa, sino a sus hijos y muger, esto cuando tiene muchos; por que si tiene uno solo, le monta él, y hace le siga a pie toda su familia, y que lleve a cuestas todos sus muebles.

9. Cuando han resuelto una invasión, ocultan las familias en algun bosque, y anticipan seis leguas a los menos algunos bomberos o esploradores bien montados y separados. Estos adelantan con suma precaucion. Se detienen a observar y van siempre echados a la larga sobre los caballos dejándolos comer para que si los ven se crea que los caballos estan sin ginetes. Con esta mira no usan freno, sino que atan la mandíbula inferior con una correa, de la que salen dos que sirven de riendas. Como nos aventajan mucho en la estension y perspicacia de la vista y en el conocimiento de los campos, logran observar nuestros pasos sin ser descubiertos. Cuando llegan a una o dos leguas del obgeto que quieren atacar, traban sus caballos al ponerse el sol, y se aproximan a pie agachados y ocultos con el pasto para imponerse bien de la casa o campamento, de sus avenidas y avanzadas, centinelas, caballada etc. Los mismos reconocimientos y precauciones usan en todos sus viages; aun cuando piensan no atacar, siguen siempre sus bomberos a los españoles, si los hay en campaña: de modo que, aunque no se vea un indio, debe el que manda tener por cierto que le preservan sus precauciones; cuales son estar quieto de dia y marchar de noche. Ademas debe tener partidas avanzadas que observen, si el ganado vacuno principalmente el silvestre huye, o si los caballos cimarrones atacan en columna, por que sucede lo primero cuando se acercan ginetels, y lo segundo cuando se aparecen caballos mansos con pasageros.

10. Bien impuestos de todo los bomberos, vuelven a dar el aviso: pero si han sido descubiertos, escapan con rumbo opuesto del que trae su gente, y no hay que esperar alcanzarlos por que llevan caballos superiores, y en pelo que corren más que con aparejo. Hecha la relacion a su tropa, determinan si les conviene más desviarse de la derrota de los españoles, o atacarlos. En este caso se reparten segun los puntos que se proponen, marchando despacio pero en llegando a tiro, gritan dándose palmadas en la boca, y se arrojan como rayos, matando irremisiblemente cuanto encuentran, menos a las mugeres y a los muchachos menores de como doce años. Los despojos son del que los coge por que nada reparten. El que pilla mugeres o niños, los lleva a su toldo o choza, y los agrega a su familia, para que le sirvan, dándoles de comer hasta que se casan. Entonces si es muger se va con su marido, y si es varon forma familia y casa aparte, quedando tan libre e independiente como si fuese Charrúa, y es reputado por tal. Esta libertad y nueva vida acomoda tanto a los cautivos, que es raro quieran volver a estar con sus padres y parientes. A esto alude Rui Díaz lib. 1 cap. 3 diciendo que son humanos con los cautivos. Aunque los citados ataques son poco antes del alba, tambien los hacen de dia si advierten inferioridad, miedo o mala disposicion en el que manda. No ignoran el hacer ataques falsos, emboscadas oportunas, y fugas fingidas: y como llevan ventaja en lo ginete y en los caballos, no se les escapa ninguno de los que se separan para huir, ni de los que vuelven la espalda en retirada. Por fortuna no continuan la victoria, y se contentan logrado el primer golpe: de no ser asi, quizás las campañas al Norte del río de la Plata no estarian aun pobladas de españoles. Barco, canto 10, dice falsamente, que desollaban la cara a los enemigos muertos, y que por cada uno se daban una cuchillada.

11. La esperiencia ha hecho conocer, que es muy bueno cuando acometen, echar pie a tierra, y esperar bien unidos delante de los caballos del diestro sin disparar sino uno u otro tiro de muy cerca. Solo asi respetan las armas de fuego, y se retiran despues de haber hecho algunas morisquetas, porque si la descarga es general, no dan lugar a segunda, y todo perece. Quizás han derramado los Charrúas hasta hoy más sangre española que los ejércitos del Ynca y de Motezuma, y sin embargo no llegan en el dia a cuatrocientos varones de armas. Para sugetarlos se han despachado muchas veces más de mil soldados veteranos ya unidos ya en diferentes cuerpos; y aunque se les ha dado algunos golpes, ellos existen y nos hacen continua guerra. Nos llevan muchas ventajas, en lo ginete, en la economía, cuidado y descanso que procuran a sus caballos; en montar en pelo, en no llevar equipage ni víveres, comiendo lo que encuentran, en pasar más tiempo sin comer ni beber; en soportar mejor toda especie de fatigas y trabajos, y en no detenerse por embarazos de rios, lagos ni esteros o cenagales Más no son ni han sido tan veloces a pie que pillen a correr los ciervos y avestruces como quiere Barco, canto 10.

12. Regúlo la estatura media de los Charrúas una pulgada superior a la española; pero los individuos son más igualados, derechos y bien proporcionados, sin que entre ellos haya un contrahecho o defectuoso, ni que peque en gordo ni en flaco. Son altivos, soberbios y feroces; llevan la cabeza derecha, la frente erguida, y la fisonomia despejada. Su color se acerca tanto o más al negro que al blanco, participando poco de lo rojo. Las facciones de la cara, varoniles y regulares; pero la nariz poco chata y estrecha entre los ojos. Estos algo pequeños, muy relucientes, negros, nunca de otro color, ni bien abiertos. La vista y el oido doblemente perspicaces que los de los españoles. Los dientes nunca les duelen ni se les caen naturalmente aun en la edad muy avanzada, y siempre son blancos y bien puestos. Las cejas negras y poco vestidas. No tienen barbas, ni pelo en otra parte, sino poco en el pubis y en el sobaco. Su cabello es muy tupido, largo, lacio, grueso, negro, jamas de otro color, ni crespo, ni se le cae: solo encanece a medias en edad muy avanzada. La mano y pie algo pequeños y más bien formados que los nuestros: el pecho de las mugeres no tan abultado como el de otras naciones de indios.

13. No se cortan el cabello, y las mugeres le dejan flotar libremente: pero lo atan los varones, y los adultos ponen en la ligadura plumas blancas verticales. Las Charrúas y todas las indias que conozco, y aun las mulatas del Paraguay, buscan los piojos y las pulgas con aficion y gusto, por el que a ellas les resulta de tenerlos un ratito pataleando en la punta de la lengua sacada de la boca, y de comerlos y masticarlos despues. Los varones no se adornan con pinturas ni las mugeres usan sortijas, arracadas ni adornos, pero el dia que aparece la primera menstruacion, las pintan tres rayas azules obscuras: la una cae verticalmente por la frente desde el cabello a la punta de la nariz siguiendo el caballete de esta, y las otras dos una al través de cada sien. Estas rayas son indelebles; porque las ponen picando la piel y poniendo arcilla negrizca. A pocos dias de haber nacido un varon Charrúa, le agugerea la madre el labio inferior de parte a parte a la raiz de los dientes, y en el agujero le introduce la insignia viril que es el Barbote que no se quita en toda la vida ni para dormir, sino para poner otro si se rompe. Es un palito de más de medio palmo con dos líneas o la sesta parte de una pulgada de grueso hecho de dos piezas. La una tiene cabeza como clavo, ancha y plana en un estremo para que no pueda salir por el agujero en el cual la meten de modo, que la cabeza toque la raiz de los dientes, y la otra estremidad apenas salga fuera del lábio. La otra pieza más larga del Barbote se introduce a fuerza, y se afianza en un agujerito que tiene la primera en la punta esterior.

14. Por allá llaman toldo a la casa o habitacion del indio silvestre, y toldoria al pueblo o conjunto de muchos toldos. El Charrúa o más bien su muger, corta tres o cuatro varas verdes poco más grueso que el dedo pulgar, y las dobla clavando entrambas puntas en tierra. Sobre estos arcos apartados unos de otros, tiende una piel de vaca, y queda hecha la casa o toldo para un matrimonio y algunos hijos; pero si estos no caben, hacen al lado otro. Entran como los conejos y duermen boca arriba sin almohada, como todo indio silvestre, sobre una piel. Es ocioso decir que no conocen sillas, mesas, etc., y que sus muebles son cuasi ningunos: hacen la cocina fuera de casa.

15. Nadie cubre la cabeza y los varones van totalmente desnudos sin ocultar nada; pero para abrigarse cuando hace mucho frio, suelen tener una camiseta muy estrecha de pieles sin mangas ni cuello, que no siempre llega a cubrir el sexo. Los que en la guerra han pillado un Poncho o sombrero se sirven de este contra el sol muy ardiente y de aquel en vez de la camiseta. El Poncho es un pedazo de tela muy ordinario de lana, ancho como siete palmos, largo diez con una raja en medio por la que sacan la cabeza. Las mugeres no hilan, quizás porque su pais no produce algodon, ni crian ovejas. Se envuelven en el citado Poncho, o se ponen una camisa sin mangas de lienzo ordinario de algodon, cuando sus maridos o padres la han podido adquirir o robar. Jamas lavan su vestido, ni las manos ni cara; pero se bañan alguna vez cuando hace calor. Nunca barren el toldo; son muy puercas, huelen muy mal y tambien sus casas.

16. Nada cultivan, ni comen sino algun animal y vacas silvestres. Las mugeres arman y desarman los toldos, y hacen la cocina que se reduce al asado. Para esto ensartan la carne en un palo, cuya punta clavan en tierra de modo que quede algo inclinado: asi le arriman el fuego, y cuando notan que la carne esta asada de un lado, dan vuelta al palo para que se ase del otro. A un mismo tiempo ponen muchos asadores, y cualquiera de la familia que tiene gana saca uno sin avisar a nadie, le clava en tierra aparte y come sentado en sus talones. Aun cuando se congregan padres e hijos nadie habla mientras comen, ni beben hasta haber comido.

17. No tienen juegos, bailes, cantares ni instrumentos músicos, tertulias ni conversaciones ociosas; y les es tan desconocida la amistad particular, como que nunca se avienen dos para cazar, ni para otra cosa que para la comun defensa. Su semblante es inalterable, y tan formal que jamas manifiesta las pasiones del ánimo. Su risa se limita a separar un poco los ángulos de la boca, sin dar la menor carcajada. La voz nunca es gruesa ni sonora, y hablan siempre muy bajo, sin gritar aun para quejarse si los matan: de manera que si camina unos diez pasos delante, no le llama el que le necesita, sino que va a alcanzarle.

18. No hay un Charrúa ni de otra nacion celibato, y se casan luego que advierten la necesidad de este enlace. Como son silenciosos y no conocen riquezas, gerarquías, bailes, lujo, adornos ni otras cosas que entran en la galanteria, los negocios del amor se determinan entre ellos cuasi con la frialdad que entre nosotros el ir a la comedia. Se reduce, pues el matrimonio a pedir la novia a sus padres, y a llevársela con su beneplácito, por que nunca se niega la muger a esto, y se casa siempre con el primero que la pide, aunque sea feo o viejo el pretendiente.

19. En el momento que un soltero se casa, forma familia aparte y trabaja para alimentarla, porque hasta entonces vive a espensas del padre, sin hacer nada ni ir a la guerra. La poligamia es permitida, pero muy raro el que dos hombres se avengan con una muger; y las muchas mugeres dejan al polígamo luego que encuentran marido con quien estar solas. Tambien es libre el divorcio, más se verifica rara vez si hay hijos. La resulta del adulterio es dar el agraviado algunas puñadas o cachetes a los cómplices si los pilla in fraganti; y aun esto cuando es celoso el marido, que es cosa poco comun. Nada mandan, enseñan ni prohiben a sus hijos, ni estos respetan ni obedecen a los padres sino en lo que quieren, haciendo siempre lo que les da la gana sin respeto ni sujecion. A los huérfanos, cuando los hay los recoge algun pariente, o algun indio más compasivo que los otros.

20. Los varones cabezas de familia se juntan todos los dias al anochecer, formando círculo sentados en sus talones, para convenirse en las centinelas que han de apostar y vigilar aquella noche, porque nunca las omiten, aun cuando nada teman. Dan cuenta alli de si en lo que han caminado aquel dia han descubierto indicio de enemigos, y hace cada uno relacion de los campos adonde irá a cazar o a pasearse el dia siguiente para deducir quien le ocasionó la muerte u otra desgracia si le sucede. Si alguno forma un proyecto comun como mudar a otra parte la tolderia, atacar a otra nacion o defenderse de ella, lo propone. La asamblea delibera, y verifican la idea los que la aprueban, sin asistir los que no aprobaron, y muchas veces tampoco algunos de los aprobantes, los cuales no incurren en pena ni estan obligados a cumplir lo que ofrecieron. Las partes interesadas componen las diferencias particulares que rara vez les ocurren, sin que nadie se entrometa en ellas. Pero si no se avienen, se acometen a puñadas ensangrentándose las narices y alguna vez arrancándose o rompiendo algun diente, hasta que cansados vuelve el uno la espalda, y nadie habla más del negocio. En estas cosas nunca intervienen armas ni he visto ni oido que un Charrúa ni otro indio silvestre haya muerto a otro de su misma nacion por ningun motivo.

21. Aunque las mugeres y los hijos de familia solo beban agua, los varones cabezas de familia emborrachan siempre que pueden con aguardiente, y en su defecto con Chicha que preparan desliendo miel en agua y dejándola fermentar. No he notado ni sé que padezcan enfermedad particular ni la de gálico y creo que viven aun más que nosotros. Tienen sin embargo sus médicos que a toda especie de enfermedad aplican el mismo remedio, que es chupar con mucha fuerza el estómago del paciente, persuadiendo que asi estraen los males para que les gratifiquen.

22. Cuando muere alguno, le llevan al cementerio comun, que tienen en un cerrito, y le entierran, matando sobre el sepulcro su caballo de combate (que es lo que más aprecian) si asi lo ha dejado dispuesto, que es lo comun. La familia y parientes lloran, o más bien gritan por los difuntos, y les hacen un duelo bien singular y cruel. Si el muerto es padre, marido o hermano que haga cabeza de familia, se cortan las hijas, la viuda y las hermanas casadas un artejo o coyuntura por cada difunto, principiando por el dedo chico o meñique: se clavan ademas el cuchillo o lanza del muerto repetidas veces de parte a parte por los brazos y por los pechos y costados de medio cuerpo arriba. A esto agregan estar dos lunas tristes y ocultas en su casa comiendo poco. Barco, canto 10. dice que se cortan un dedo por cada pariente muerto, pero es como yo digo.

23. El marido no hace duelo por muerte de su muger, ni el padre por la de sus hijos; pero si estos son adultos cuando fallece su padre, estan desnudos ocultos dos dias en casa comiendo poco, y esto ha de ser Yuambu o perdiz o sus huevos. La tarde segunda de este entierro, les atraviesa otro indio de parte a parte la carne que puede pillar, pellizcando el brazo con un pedazo de caña larga un palmo, de modo que los estremos de la caña salgan igualmente por ambos lados. La primera caña se clava en la muñeca, y se pone otra a cada pulgada de distancia siguiendo lo esterior del brazo hasta la espalda y por esta. Las cañas son astillas de dos o cuatro líneas de anchura sin disminucion sino en la punta que entra. En esta miserable y espantosa disposicion se va sólo y desnudo al bosque o a una loma o altura, llevando un garrote punteagudo con el cual y con las manos escava un pozo que le llegue al pecho. En él pasa de pies el resto de la noche, y a la mañana se va a un toldo o casa, que siempre tienen preparado para los dolientes, donde se quita las cañas y se echa dos dias sin comer ni beber. Al siguiente y en los dias sucesivos hasta diez o doce, le llevan los muchachos de su nacion agua y algunas perdices, y sus huevos ya cocidos, y se los dejan cerca retirándose sin hablarle. No tienen obligacion de hacer tan bárbaras demostraciones de sentimiento, y menos ellos que quizás miran con indiferencia la falta de los que mueren, sin embargo rara vez las dejan de practicar. El que las omite en el todo o en parte, se reputa por flojo, pero esta opinion no le causa pena ni perjuicio en la sociedad con sus camaradas.

24. Los que se figuran que ninguno obra sin motivo, y pretenden averiguar el por qué de todo, pueden egercitar su sagacidad, discurriendo de donde sacaron los Charrúas y otras naciones la idea de unos duelos tan estravagantes y crueles por los padres, maridos y hermanos, a quienes se nota poco que amen ni respeten cuando viven.

INDIOS YARÓS.

25. Cuando descubrieron los españoles el río de la Plata, vivian los Yarós de la pesca y caza en la costa oriental del río Uruguay entre los rios Negro y S. Salvador internándose poco en los campos rasos, y sin acercarse a los que corrian los Charrúas. Son tan escasas las noticias de esta nacion, que apenas se comprende que tenia idioma diferente de todos; que usaba en la guerra garrotes, dardos y las flechas que se describirán en el núm. 60, y que era sumamente diminuta, no componiendo apenas cien familias. Sin embargo tuvieron valor para acometer y matar algunos españoles con su capitan Juan Albarez y Ramon primer descubridor del río Uruguay. En el siglo XVI fueron esterminados los Yarós por los Charrúas; pero estos conservaron segun acostumbraban los indios silvestres a las mugeres y muchachos que estan hoy mezclados sin poderse distinguir.

INDIOS HOANES.

26. Son aun más escasas las noticias de esta nacion que de la precedente con quien confinaba. Yo la creo menos numerosa, y que tenia idioma diferente de todas. Habitaba la costa oriental del río Uruguay al norte de los Yarós: vivia como estos, y una parte de ella creo fué conducida al Paraguay por los españoles que desampararon a S. Salvador, y el resto esterminado por los Charrúas cuando los Yarós y por el mismo tiempo.

INDIOS CHANÁS.

27. Al arribo de los primeros españoles, habitaba una nacion en las islas del río Uruguay enfrente de la boca del río Negro, y cuando despoblaron los españoles la ciudad de S. Salvador, pasaron los Chanás a establecerse en la costa oriental del mismo Uruguay por debajo de la boca del río de S. Salvador. Acosados despues por los Charrúas, volvieron a sus islas, fijándose principalmente en la llamada de los Vizcainos. Pero temiendo padecer el esterminio de los Yarós y Bohanes que era reciente, solicitaron que los españoles de Buenos-Aires los defendiesen, ofreciendo ser cristianos. En efecto el gobernador de dicha ciudad los sacó de las islas, les formó el pueblo de Santo Domingo Soriano, y les dió una guardia dejándoles vivir con la misma libertad que tenian los españoles sin sugetarlos a encomiendas ni al gobierno en comunidad. De esto ha resultado naturalmente que estos indios han vivido contentos, y que se han civilizado a la par de los españoles, perdiendo su idioma, costumbres, etc. y mezclándose con los españoles, de modo que cuasi todos pasan hoy por tales. Existen sin embargo algunos Chanás, y entre ellos uno de más de cien años. Por lo que este y otros cuentan, y por algunos papeles antiguos se sabe que su nacion apenas componia cien familias, que tenian idioma diferente de todos, que usaban canoas y vivian de la pesca, y que no ceden a los Charrúas en la estatura y proporciones. Se ignoran sus antiguas costumbres, porque los viejos nacieron de padres ya cristianos.

INDIOS MINUANES

28. En tiempo del descubrimiento, vivia esta nacion en los campos del Norte del Paraná, sin apartarse de este río sino como treinta leguas, y estendiéndose desde donde el Uruguay se junta al citado río hasta enfrente de la ciudad de Santa Fé de la Vera-Cruz. Por el Mediodia confinaba con los Guaraníes que habitaban las islas de Paraná: por el Norte tenia grandes desiertos; y por el Levante mediaba dicho Uruguay entre los Minuanes y las naciones ya descritas.-

29. Se equivocan Barco canto 24 y Lozano, ib. 3, cap. 11, diciendo que nada valían, pues mataron a Juan de Garay famoso capitan y a muchos que le acompañaban. Cuando los Charrúas se internaron hácia (8) el Norte, ajustaron con ellos la más estrecha alianza y amistad viviendo juntos muchas temporadas, pasando y repasando el río Uruguay y acometiendo acordes a los españoles de Montevideo y sus campañas. De aqui ha nacido el confundirlos comunmente llamándolos indiferentemente ya Charrúas ya Minuanes. En el dia se separan rara vez, y es igual su situacion como lo son sus armas, caballos, color, facciones, ojos, vista, oido, dientes, pelo, vello, carecer de barba, mano, pie, seriedad, no reir, hablar poco y bajo, no gritar ni quejarse, voz y ninguna limpieza. Lo son tambien en la igualdad sin clases, en vestidos, muebles, casas, casamientos, no cultivar, borracheras, modo de comer, precauciones, en no adornarse ni servir uno a otro, y en tener lugar destinado para enterrar los muertos.

30. Lo mismo digo de obsequios, leyes, premios, castigos, honor, amistad particular, bailes, cantares, músicas, juegos y tertulias. Igualmente se juntan en la asamblea al anochecer, y terminan sus diferencias particulares a puñadas. Se diferencian principalmente de los Charrúas en que no son tan numerosos, en su idioma diferente de todos, en parecerme una pulgada más bajos, más descarnados, tristes y sombrios; y menos espirituales, activos, sobervios y poderosos, y que el pecho de las mugeres parece más abultado que el de las Charrúas. Ademas la poligamia y divorcio parecen más raros. Tiene de muy singular el que los padres solo cuidan de los hijos hasta desmamarlos. Entonces los entregan a algun pariente casado o casada, sin volverlos a admitir en su casa ni tratarlos como hijos.

31. En la primera menstruacion se pintan hoy las mozuelas como las Charrúas, aunque algunas omiten las rayas de las sienes, siguiendo en esto su antigua costumbre. A los niños les pintan tres rayas azules indelebles de una mejilla a la otra cortando la nariz por enmedio: muchos adultos se pintan postizamente las quijadas de blanco; pero muchos varones omiten toda pintura imitando en esto a los Charrúas desde que viven juntos. Tambien los imitan en el modo de curar los enfermos; pero difieren porque no todos los médicos son varones, mezclándose en esta farándula algunas mugeres más o menos viejas. Estas egercitan toda su habilidad en persuadir a los viudos y solteros, principalmente que tienen en su arbitrio la vida y la muerte, y metiéndolos miedo consiguen que alguno se case con ellas.

32. Por la muerte del marido se corta la muger una coyuntura de un dedo. Corta tambien la punta de su cabellera, se tapa el rostro con la misma, cubre el pecho con una piel o trapo, o con su mismo vestido, y esta oculta en casa algunos dias. El mismo duelo hacen las hijas adultas por la muerte del que las crió en sus casas; pero no por su verdadero padre. El duelo de los varones solo dura la mitad del tiempo que entre los Charrúas, y es el descrito en el núm. 23; pero en vez de pasarse las cañas, se atraviesan una espina gruesa de pescado, metiéndola y sacándola, como quien cose, por las piernas y muslos interior y esteriormente, y tambien desde la muñeca al codo.

33. El padre Jesuita Francisco García, intentó formar sobre el río Ybicui, la doctrina o pueblo de Jesus Maria fijando a los Minuanes; pero estos volvieron a su vida errante y libre, menos muy pocos que se pudieron agregar al pueblo Guaraní llamado S. Borja. La suerte posterior de algunos Minuanes se ha visto en el núm. 7.

INDIOS PAMPAS

34. Asi llaman los españoles a esta nacion porque vive errante en las Pampas o grandes llanuras entre los treinta seis y treinta y nueve grados de latitud, pero los conquistadores del pais los llamaron Querandis. Ellos mismos se llaman Puelches, y aun de otros modos, por que cada trozo de su nacion lleva su nombre. Cuando arribaron los primeros españoles, habitaban por la costa austral del río de la Plata enfrente de los Charrúas, sin comunicar con ellos, porque no tenian embarcaciones. Solo tenian indios inmediatos a los Guaranís del Monte grande, y del Valle de Santiago que les caian al Poniente, y se llaman hoy S. Isidro y las Conchas.

35. Disputó esta nacion con admirable constancia y valor el terreno a los fundadores de Buenos-Aires, forzándoles a abandonar la empresa y el sitio. Pero habiendo vuelto a fundar segunda vez la misma ciudad, cuarenta y cinco años despues, otros españoles bien provistos de caballos, no pudieron resistirles los Pampas, que aun no los montaban. Entonces se retiraron hácia el Mediodia viviendo de la caza de tatus, liebres, ciervos, avestruces etc. Poco despues se multiplicaron y estendieron mucho los caballos silvestres; los Pampas principiaron a pillar algunos y a comerlos. Las vacas se llevaron mucho despues y aun tardaron en hacerse silvestres; y como los Pampas estaban ya bien surtidos de alimentos con los caballos y la citada caza silvestre, no mataban las vacas para comer, ni aun hoy las comen, sino a los caballos. Asi el ganado vacuno no encontró dificultad para procrear y estenderse a lo menos hasta el río Negro a los cuarenta y un grados de latitud, y de Levante a Poniente, desde la mar hasta las faldas orientales de la cordillera de Chile, habitadas por diferentes naciones de indios silvestres. Estos luego que vieron aparecer las vacas en su pais, principiaron a comerlas, y a vender las sobrantes a los famosos araucanos y a otros indios.

36. Asi se apocaron las vacas hácia aquellos lugares; las que restaban, viéndose perseguidas, corrieron hácia el Oriente concentrándose en el pais que corrian los Pampas, que no las incomodaban. Los indios, que se ha dicho que comian y vendian las vacas, las fueron siguiendo haciendo amistad con los Pampas, que ya tenian buenos y abundantes caballos. Entonces todos juntos acopiaban muchos caballos y vacas, y los iban a vender a otros indios y a los españoles de Chile, pasándolos junto a la Villarica destruída, donde la cordillera de Chile se interrumpe repentinamente dejando un paso llano y ancho una milla. Los españoles de las ciudades de Córdoba, Mendoza y Buenos-Aires tambien hicieron muchos destrozos en los mismos ganados vacunos, para vender sus pieles y sebo.

37. Asi se esterminaron las vacas silvestres de aquellas partes; y como los Pampas y demas naciones coligadas las echaban menos para continuar el comercio de ellas, principiaron, antes de la mitad del siglo diez y ocho, a robar el ganado vacuno manso que tenian en sus dehesas o estancias los españoles de Buenos-Aires y su distrito. No se limitaban a robar, sino que quemaban las casas campestres y mataban a los varones adultos conservando las mugeres y niños para tratarlos segun se dijo en el núm. 10.

38. Con estas hostilidades lograron los citados indios asolar aquellas campañas, y cortar no solo el camino que va de Buenos-Aires al Perú, sino tambien el de carretas que iba a Chile por la Villarica segun dige en el núm. 36. Finalmente pusieron tanto miedo a la ciudad de Buenos-Aires, que la precisaron a cubrir su frontera con once fuertes guarnecidos de artilleria y de setecientos veteranos de caballeria, sin contar las milicias. Lo mismo han hecho las ciudades de Córdoba y Mendoza, que padecian lo mismo de parte de dichos indios. Es cierto que en esta guerra intervinieron varias naciones coaligadas, pero siempre los Pampas entraron en liga como parte principal, y su valor puede colegirse del caso siguiente. Habiendo sorprendido a cinco Pampas, los quisieron llevar a España y los embarcaron en un navio de guerra de setenta y cuatro cañones. Al quinto dia de feliz navegacion, dispuso el capitan sacarlos del cepo, dándoles libertad de pasearse por el navio: ellos resolvieron de repente apoderarse del buque matando a toda la tripulacion. Para esto se hizo uno el distraido para acercarse a un cabo de escuadra; repentinamente le pilló el sable, y mató en pocos momentos a dos pilotos y catorce marineros; pero no pudiendo más se arrojó a la mar. Sus compañeros hicieron lo mismo despues de haber intentado apoderarse de las armas, que la guardia defendió sin dejárselas tomar. Los Padres Jesuitas principiaron una reduccion a los Pampas cerca del arroyo Salado, y otra en el cerrito llamado impropiamente del Volcán, pero nada adelantaron ni existen hoy.

39. Hace como trece años que los Pampas hicieron la paz con los españoles: sin embargo me siguieron contándome los pasos sin presentárseme cuando anduve reconociendo su pais. Compran o permutan con los indios de la costa patagónica y con otros que los caen al Sur, plumas de avestruz y mantas de pieles; y de los indios de la cordillera de Chile, gergas y ponchos de lana. Lo dicho y otros artículos propios, como son bolas, lazos, pieles, sal etc. lo conducen los Pampas y lo venden o permutan en Buenos-Aires por dinero y mejor por aguardiente, azúcar, dulces, yerba del Paraguay, higos secos, pasas, sombreros, espuelas, frenos, cuchillos etc. Aunque entre los indios que hacen este comercio hay muchos que no son Pampas, procuran uniformarse en lo esterior y dicen siempre que lo son: asi no será estraño si algo de lo que digo por informes y por lo que he podido observar en lo que he visto en Buenos-Aires, pertenece a otras naciones.

40. Yo regulo que los Pampas compondrán unos cuatrocientos guerreros o familias: su idioma es diferente de todos y puede escribirse con nuestro alfabeto, pues no le he notado narigal ni gutural. Me parece ademas que su voz es más sonora y entera, y que hablan más unos con otros. Verdad es que tambien hablan bajo en la conversacion, pero cuando su cacique echa su arenga al virrey español, habla él mismo, y más comunmente el orador que lleva, esforzando mucho la voz, haciendo una corta pausa a cada tres o cuatro palabras y cargándose muy reparablemente en la última sílaba, al modo de los militares cuando mandan el egercicio. El obgeto de tales arengas es asegurar la paz, y pedir que les den el regalo acostumbrado, que es al cacique, casaca azul, con vueltas y chupa encarnadas, y un sombrero y baston de puño de plata. No quieren camisa, calzones ni calzado, porque dicen que les dan mucha sujecion: a los demas se les da aguardiente y alguna friolera. Creo que su estatura pasa a la española, y me parece que su totalidad no solo es más membruda que la de todos los demas indios, sino tambien que su cabeza es más redonda y gruesa, la cara más grande y severa, los brazos más cortos, y el color algo menos obscuro. No se pintan, ni cortan el cabello: los varones levantan todas las puntas arriba, sujetándolas con una correa o cuerda que ciñe la cabeza por la frente. Las mugeres dividen el pelo en dos partes iguales, una en cada costado, haciendo una muy gruesa, larga y apretada coleta con una cinta o correa, de modo que parece llevan un cuerno sobre cada oreja, que cae a lo largo de cada brazo. No solo se peinan y lavan, y son las más aseadas entre aquellas naciones, sino tambien me parecen las más vanas, altivas y menos condescendientes.

41. No se pintan las mugeres: usan collares, pendientes y muchas sortijas de poco valor. Dicen que en sus toldos o casas no estan muy tapadas, pero para entrar en Buenos-Aires se ocultan con el poncho sin descubrir el pecho, ni otra cosa que la cara y manos: las casadas con indios ricos y sus hijos, se adornan más y con mejores prendas; cosen en un poncho o manta diez o doce planchas de cobre delgadas, redondas de tres a seis pulgadas de diámetro, a iguales distancias unas de otras. Las mismas llevan botas de piel muy delgada claveteadas de tachuelas de cobre de cabeza cónica y ancha en su base como media pulgada. Montan como los hombres lo mismo que toda india, pero las Pampas ricas llevan las correas de la cabezada del caballo cubiertas de planchuelas de plata y los estribos y espuelas de este metal. Sus maridos y padres usan lo mismos jaeces de caballo, y aunque cuando corren el campo van totalmente desnudos, tienen sombreros, chupa o chamara y poncho con que se abrigan cuando hace frio y cuando entran en Buenos-Aires: ademas se envuelven la cintura con una gerga que baja hasta la rodilla. En ninguna otra nacion silvestre he notado esta desigualdad en riquezas, ni semejante lujo en vestidos y adornos; pero creo que en esto son lo mismo los Aucas o Araucanos y otros que se indicarán en el núm. 45. Quizás se distinguen en lo dicho, porque son las únicas naciones comerciantes.

42. Aunque los caciques o capitanes Pampas heredan de su padre este empleo o dignidad, la pierden tambien si los indios encuentran otro que les dé pruebas de mayor talento, astucia y corage. Por esto suelen hacer lo que el cacique les propone relativo a su seguridad, sin sufrir jamas que exija de ellos servicio ni tributo alguno, ni que los mande, reprenda ni castigue. Cada cacique vive aparte con los que le reconocen, y a este conjunto del cacique y su gente, llaman parcialidad de indios, aunque a, veces se compone de dos o más caciques y sus gentes. Se separan hasta cincuenta y más leguas los de la misma nacion; pero se visitan de tanto en tanto, y por lo comun. Por el número y forma de los humos que hacen, se avisan el dia y paraje donde se han de juntar si hay enemigos, se juntan para hacer la guerra y para lo que y en que lugar etc. Para hacer su toldo o casa, clavan en tierra, apartados como seis palmos y en línea, tres palos como la muñeca; el del medio largo como diez palmos, los otros menos, y todos con horquilla en la punta. A distancia de cuatro a seis varas clavan otros tres palos idénticos; de estos a aquellos ponen en las horquillas tres cañas o palos horizontales y sobre estos tienden pieles de caballo: esta es la casa par una familia; pero si tienen frio acomodan otras pieles verticales en los costados. Tengo entendido que los casados se aman más que entre otras naciones, y que manifiestan más ternura por sus hijos, aunque en nada los instruyen, y los alimentan hasta que se casan. Por lo demas nada cultivan, trabajan, hilan ni tejen: se casan y se emborrachan como los Charrúas.

43. No usan arcos ni flechas, y aunque algunas relaciones dicen que antiguamente las usaban, no dudo que se equivocan creyendo que eran suyas las de los Guaranís que, aliados con los Pampas, hicieron la guerra a los conquistadores; por que ninguna nacion de aquellas ha abandonado sus antiguas costumbres ni su armamento, no obstante que desde que tienen caballos usan la lanza, sin olvidar sus flechas. Como quiera usaban antiguamente de una especie de lanza o dardo hecha de palo puntiagudo, con que herian de cerca, y aun de lejos arrojándolo: hoy usan de la lanza a caballo, y tambien de las bolas que usaban sus antepasados. Esta es una arma tan temible como las de fuego y que quizás se adoptaria en Europa si la conociesen. Es en dos maneras, la una son tres piedras redondas como el puño, forradas separadamente con piel de vaca o caballo, y unidas las tres a un punto o centro comun por cordones de piel gruesos como el dedo, y largos cinco palmos. Toman con la mano la una, que es algo menor, y haciendo girar las dos restantes sobre la cabeza hasta tomar violencia, despiden las tres, llevando su caballo a toda carrera, a más de cien pasos, y matan del golpe o se enredan en las piernas, cuello o cuerpo del hombre o animal sin permitirle escape ni defensa.

44. La otra manera de Bolas, que llaman Bola perdida no es más que una gruesa como las citadas, pero si son de cobre como las llevan muchos Pampas, son mucho menores. Tambien la forran en piel de caballo, pero sale del forro una correa o cordon de cinco palmos cuya punta toman para hacer girar la bola con violencia y dar el golpe mortal sin soltarla, si el obgeto esta, inmediato. Si esta de ciento y cincuenta a doscientos pasos distante sueltan la bola perdida con la violencia que la da el girar del brazo, y la carrera del caballo. Los Pampas llevan siempre muchas de unas y otras bolas a la guerra, y son diestrísimos en manejarlas, por que diariamente se egercitan en pillar caballos y otros animales silvestres. Con ellas, usándolas a pie, mataron en una batalla a muchos españoles; entre estos a D. Diego de Mendoza hermano del fundador de Buenos-Aires, y a otros nueve esforzados capitanes: yo preferiria mandar a una caballeria provista de Bolas, contra otra armada de espadas, o pistolas y corazas. Atando mechones de paja encendidos a las cuerdas de las Bolas perdidas, lograron los Pampas incendiar algunas embarcaciones y muchas casas cuando se fundó Buenos-Aires. Por lo demas su modo de hacer la guerra es como el de los Charrúas descrito en los números 9 y 10, pero como su pais es más llano, sin bosques, ni rios, tienen poco lugar las emboscadas. En cuanto a su resuelto valor, destreza y buenos caballos nadie les aventaja.

INDIOS AUCAS Y OTROS.

45. Hácia la parte del Poniente de los Pampas viven los Aucas y otras naciones de indios silvestres, a quienes dan diferentes nombres en la frontera de la ciudad de Mendoza, las cuales vinieron del Occidente a establecerse alli por el motivo citado en el núm. 36. Ellas han sido la causa de haberse abandonado el camino de carretas que iba de Buenos-Aires a Chile, por que se han fijado en el mismo camino. Los Aucas son de una division o parcialidad de los famosos Araucanos de Chile. Yo no los he visto ni tampoco a las demas citadas naciones, y asi hablaré poco de ellas, y esto por noticias agenas o que me han dado. Todas son más diminutas o más que los Pampas errantes, y usan idiomas totalmente diferentes. A veces se unen con dichos Pampas; juntos han hecho la guerra a Buenos-Aires y han esterminado los ganados segun se dijo en los números 35 y siguientes. Algunas de estas naciones van a recoger la cosecha de manzanas silvestres en las cercanias del río Negro de la costa patagónica, como treinta o cuarenta leguas al Poniente de donde se le junta el río Diamante. Las citadas naciones cultivan poco, pero crian algunos vacas, caballos y ovejas: de su lana tejen gergas y ponchos y las permutan con los Pampas, quienes las llevan a vender en Buenos-Aires. Por lo demas parece que en todo se asemejan a dichos Pampas y a todos los reputo de la clase de indomables, como lo ha hecho ver la esperiencia en los Aucás o Araucanos.

INDIOS BALCHITAS, UHILICHES, TELMELCHIS Y OTROS.

46. Entre los cuarenta y un grados de latitud y el estrecho de Magallanes, desde la Costa patagónica a la cordillera de Chile, habitan errantes al Sur de los Pampas, varias naciones más silvestres que los del número 35. Algunas veces se adelantan hácia el Norte y pasando los rios Negro y Colorado, permutan sus pieles y plumas de avestruz con los Pampas, y tambien se han solido combinar con ellos para hacer guerra a Buenos-Aires. Lo estraño es que ninguna de las naciones que habitan al Mediodia del Río de la Plata, o de los treinta y seis grados de latitud, hace ni ha hecho jamas la guerra, que yo sepa, a otra sinó únicamente a los españoles, cuando las que habitan hácia el Norte del citado paralelo, estan frecuentemente y han estado siempre destrozándose unas a otras: y no es por que aquellas sean inferiores en estatura, armas, fuerzas y talento. Aunque no he visto ni tratado las naciones de que ahora hablo, ni aun sé el número de ellas, no ignoro que son bastantes, ni que las hay de nuestra estatura, otras menores y otras mayores: lo que concilia las noticias de los viajeros que han hecho gigantes a los Telmelchis o Patagones, con las de otros que les conceden estatura regular. Se hace más admirable esta diferencia, sabiendo que todos viven errantes en la misma llanura cuyas producciones son idénticas. Llegaron a Buenos-Aires dos Patagones incorporados con muchos Pampas, y dice quien los midió que el uno tenia seis pies y cuatro pulgadas francesas (10), y el otro dos pulgadas menos. Otros que han visto bastantes, me dicen que su estatura media es de seis pies.

47. Las noticias que he podido adquirir, me persuaden que cada nacion tiene idioma diferente; que nada cultivan ni trabajan; que subsisten de tatús, liebres, ciervos, caballos, guanacos, hurones, yaguares, yagueretés, guazaros, aguarachais, avestruces y perdices; que no crian ovejas ni vacas; que carecen de leyes, juegos y bailes; que se gobiernan por la asamblea citada núm. 20; que tienen pocos y cuidan menos de los caballos, por que viven en paz con sus confinantes, y que sus casas son como las de los Pampas. Se diferencian de estos en no conocer desigualdad de riquezas, y en que su vestido se reduce a una manta cuasi cuadrada de como siete palmos, formando su centro con pieles de Aguarachai, guanaco o liebre, y el contorno o cenefa con las de Yaguarés: las pintan mucho de rojo y negro por el lado opuesto al pelo, y se envuelven con ellas, sin usar otro vestido ambos sexos.

INDIOS GUARANÍS

48. Cuando se descubrió la América, poblaban los Guaranís la costa austral del río de la Plata desde Buenos-Aires a las Conchas, y continuaban por la misma costa, sin pasar a la opuesta, ocupando todas las islas del río Paraná e internándose en el pais unas 16 leguas hasta los veinte y nueve o treinta grados de latitud. Desde este paralelo se estendian por la costa oriental del dicho Paraná y en seguida por la misma del río Paraguay hácia los veinte y un grados de latitud, sin pasar al Occidente de estos rios; pero se prolongaban a sol caliente hasta la mar y ocupaban todo el Brasil, la Cayena y aun más. Tenian tambien pueblos interpolados con los de otras naciones en la provincia de los Chiquitos, y los Chiriguanás del Perú eran tambien Guaranís.

49. Todos los del Brasil fueron cautivados; la mayor parte vendidos por esclavos, y mezclados con los negros de Africa. La misma suerte tuvieron muchos Guaranís libres o silvestres, y los de diez y ocho o veinte pueblos reducidos por los españoles, que los portugueses de S. Pablo, llamados antiguamente Mamalucos se llevaron con violencia internándose en los paises españoles. Los de la provincia de los Chiquitos, fueron reducidos e interpolados en los de otras naciones por los españoles, y aun conservan el nombre de Garaios: los del Paraguay estan reunidos y son cristianos en unos cincuenta pueblos; de modo que no hay más Guaranís libres que conserven sus costumbres antiguas, sino los Chiriguanás y algunos llamados Coaiguás (montesinos) en el Paraguay.

50. A su tiempo hablaré de los Guaranís reducidos o sujetos, y ahora de su nacion silvestre. Para esto no me valdré de las descripciones que hace de ellos Alvar Núñez, cap. 17 y 26, porque la creo falsa y arbitraria; ni me servirán los Chiriguanás porque no los conozco: lo que hablaré será, tomado de historias y papeles antiguos, y de relaciones que me han hecho algunos que han visto a dichos Coaiguas.

51. La nacion Guaraní era la más numerosa y entendida del pais, pero no tenia un gefe, ni formaba un cuerpo político como la megicana; porque cada pueblo era independiente de los demas, y tenia un nombre particular, como son en el Paraguay los de Imbeguás, Caracarás, Timbús, Corondás, Colástinés, Tucagués Calchaquís, Quiloazás, Ohomas, Mongolás, Acaai, Ytatí, Tois, Tarois, Curupaitís, Curumiais, y otros que algunos escritores han olvidado y creido alguna vez que pertenecian a naciones diferentes. Asi sucede a Schimidels capítulo 17, llamando Macuarendas a los Quiloazás y creyéndolos de diferente nacion que los Timbús. El nombre más general de la nacion, fué antiguamente el de Carios y hoy lo son los Guaranís y Tapes.

52. Como si quisiesen ocultar sus pueblos, todos estaban inmediatos y dentro de grandes bosques o a lo largo de rios donde hay siempre mucho bosque: si estaban en campiñas francas era cuando distaban mucho de otra nacion diferente. Todos cultivaban calabaza, judias, maiz, maní, batatas y mandioca: comian la miel y frutas silvestres, y cazaban aves, monos, capibarás, etc. De esto subsistian agregando los de juntos a rios, el pescado que pillan a flechazos y con anzuelo de palo duro, sirviéndose de canoas muy pequeñas. Schimidels cap. 13, se las da con demasiada ponderacion largas 80 pies, y en el cap. 23, dice que los Mongolas criaban gallinas, gansos y ovejas: cosa que no creerá quien conozca la vida errante y descuidada de los indios silvestres, ni quien sepa que no las tienen hoy ni las hubo en América hasta que las llevaron de Europa. Rui Diaz lib. 1, cap. 5, escribe que los Chiriguanás comieron la carne de sus enemigos mientras conquistaron; pero como esta conquista es una fábula, digo lo mismo de comer carne humana.

53. El idioma Guaraní es diferente de todos y pasa por el más abundante, aunque le faltan muchas palabras pues solo cuenta hasta cuatro. El padre franciscano fray Luis Volaños, inventó acentos sencillos para espresar escribiendo lo que tiene de narigal y gutural; tradujo al guaraní nuestro catecismo, y compuso el diccionario y gramática que los padres jesuitas, imprimieron. El guaraní es idioma muy dificil, pero útil para comunicar con las demas naciones silvestres; porque muchas de estas tienen algunos cautivos Guaranís.

54. Cada pueblo se dirige por una asamblea igual a la citada en el núm. 20 en la que suele adoptarse el dictamen del cacique, si este es reputado por sagaz y valiente. El cazi cazgo es una especie de dignidad hereditaria como nuestros mayorazgos, pero muy singular porque el que la posee no difiere de los demas indios en casa, vestido, ni insignia; ni exige tributo, respeto, servicio, ni subordinacion, y se vé precisado a hacer lo que todos para vivir. Tampoco manda en la guerra, y si es tonto le dejan y toman otro. Aunque diga Schimidels cap. 13, que los Guaranís son altos y grandes, y Rui Diaz, lib. 2, cap. 6, que los Timbús eran agigantados, ambos autores se equivocan, puesto que en esto no pudieron diferenciarse los pueblos de que hablan del resto de su nacion, cuya estatura seguramente es más de dos pulgadas inferior a la española. Tambien encuentro su totalidad más carnosa, de color más rojizo y menos obscuro que en mis demas naciones; con semblante más frio, triste y tan abatido, que no miran al obgeto con quien hablan ni la cara del que les mira: no se arrancan las cejas y pestañas, y algunos varones tienen pelos, aunque pocos en la barba y cuerpo.

55. Schimidels cap. 13, dice de un pueblo Guaraní, que los varones embutian en la nariz estrellitas de piedra blanca o azul; en el cap. 16 que llevaban piedrezuelas cerca de la nariz, y en el cap. 17 que las llevaban junto a la nariz. Rui Diaz lib. 1, cap. 4, pone a los mismos una piedrecilla azul o verde en cada falda de la nariz. Pero yo no les creo fundado en la ambiguedad con que se esplican, en que no advirtieron tal adorno en otros muchos pueblos Guaranís que vieron ni le usan hoy los Guaranís silvestres, y en que no he visto más bien dudo haya tales piedras por alli. Aunque nadie haya dicho que tuviesen por insignia viril el Barbote citado núm. 13, yo creo que la usaban; por que lo usan los hoy silvestres; y es de goma transparente, largo medio palmo, del grueso de una pluma de escribir, con una traviesa o muletilla en la cabeza para que no se salga del agujero del labio. Hoy usan los varones una corona en la cabeza al modo que nuestros clérigos, pero mucho mayor; no llevan gorro ni sombrero y van totalmente desnudos.

56. Me dicen que las mugeres de algunos pueblos silvestres no hilan, y que las de otros hilan y tejen del modo que se dirá en el número 112. Añaden que aquellas no usan más vestidos que una piel u otra cosa en la cintura, y los varones un equivalente: que las segundas se visten segun se dirá, núm. 112, y lo mismo los varones. Ninguno corta ni ata el cabello ni lleva sortijas ni adornos; pero al bajar la primera menstruacion, se hacen multitud de líneas obscuras indelebles, del modo que dige en el núm. 13 que bajan verticalmente desde el cabello al orizonte que pasa por lo inferior de la nariz: yo creo que a esto llama heridas en la cara Schimidels cap. 13. En los campos de Caazapá y Yuti se suelen encontrar enterradas tinajas de barro con residuos de Guaranís muertos; pero pocas y apartadas. Ignoro lo que en esto harán hoy, y si practican los duelos de otros indios.

57. Hay quien asegura que sus huesos en los cementerios se convierten en polvo mucho antes que los de Europa, y que vivos nadan naturalmente como los cuadrúpedos. No son celosos, y vemos que entregaban con gusto sus hijas y mugeres a los españoles, ni tienen la fecundidad de estos, pues habiendo examinado muchos padrones o listas de pueblos antiguos y modernos, nunca han correspondido sino a tres y medio o cuatro por familia incluso los padres, no obstante de no haber un celibato o un viudo mucho tiempo, Cotejando los sexos, he advertido que a catorce mugeres corresponde trece hombres, y cuando se redugeron los del pueblo de Ycape, las dos terceras partes eran mugeres. Estas tienen unos labios grandes y abultados con esceso.

58. Estoy persuadido de que todo lo dicho en el número precedente, conviene a todas mis naciones de indios. Tambien se asemejan a ellas los Guaranís en tener sus individuos más igualados que los españoles, sin pecar en gordos ni en flacos con esceso, y sin haber uno defectuoso, ni ciego, ni sordo; los ojos pequeños no muy abiertos, muy relucientes, negros y jamas de otro color; la vista y oido doblemente perspicaz que nosotros; los dientes blancos, bien puestos, y sin doler ni caerse jamas; el cabello tupido, grueso, largo, negro, lacio, nunca de otro color ni crespo, muy arraigado; la mano y pie pequeños.

59. Igualmente se asemejan a todos en no barrer las casas o tiendas, ni lavar el vestido ni las manos y cara; en oler mal; en el semblante severo que ni manifiesta las pasiones del ánimo ni se ríe; en la voz nunca gruesa ni sonora, en hablar bajo y poco, en ser todos iguales, ni servir uno a otro, ni conocer amistad particular; en la frialdad de sus galanteos y casamientos descritos en el núm. 18; en no gritar y quejarse en los dolores; en decidir las partes sus diferencias del modo dicho número 20, y en no instruir ni prohibir nada a los hijos.

60. Los guaranís no hacen más guerra que la inevitable y alguna sorpresa, con macanas o garrotes de una vara con porra en el estremo, y con flechas de siete cuartas con lengüetas de palo duro. El arco cuasi no tiene curvatura; es grueso en medio como la muñeca, y disminuye para que sus agudas puntas sirvan de lanza. No le violentan sino cuando han de disparar. Entonces atan la cuerda de firme a las puntas que llevaban arrolladas a la una y apoyándolo en tierra verticalmente estriban en él, con el pie le violentan cuanto pueden, y disparan la flecha cuasi tan lejos como un fusil la bala, aunque la punteria es incierta, y el aire la desvia. No llevan carcaz, y tambien usan otro arco menor con que despiden bolas de arcilla endurecidas para matar pájaros.

61. La pusilanimidad es el carácter que más resplandece y distingue los Guaranís de las otras naciones. Temen aquellos tanto a estos, que dudo se atrevan diez o doce contra uno; y la esperiencia en aquellos paises ha hecho ver que estos Guaranís son los únicos que se han sometido. Todos los del Brasil y del Río de la Plata quedaron subyugados a la primera aparicion de los europeos, y todos nuestros pueblos de indios alli son de su nacion. Pero ningun europeo ha podido someter a las demas naciones, aunque son muy diminutas, segun se ha visto y veremos. Lo mismo se observa en Méjico y en el Perú. En poco tiempo dominaron los españoles a todos los vasallos del Inca y de Motezuma; pero queriendo estender sus conquistas fuera de los limites de estos dos imperios, encontraron otras naciones tan diminutas y silvestres como las que describo, a quienes no pudieron domar, ni se ha podido hasta hoy. Es cosa admirable y aun increible sino se viese, que las naciones Mejicana, Perulera, y Guaraní hayan sido las únicas dominadas en América, siendo como son las únicas enormemente estendidas e incomparablemente más numerosas que las que no han querido dejarse dominar. Vendria bien hacer aqui un cotejo de las naciones de Méjico y el Perú con la guaraní, las cuales, aunque muy diferentes en idioma y en civilizacion, se han de parecer en otras cosas, cuando se asemejan tanto en la pusilanimidad y poco espíritu. Pero no habiendo yo visto más que unos pocos momentos a tres indios peruleros, solo puedo decir que me pareció su estatura menos rolliza y algo inferior a la guaraní, su cara menos obscura y cuadrada, más despejada, descarnada y estrecha en la parte inferior.

INDIOS TUPÍS.

62. Habita esta nacion, entre los pueblos de S. Angel y S. Javier, los bosques que hay en la costa oriental del río Uruguay, estendiéndose a lo menos hasta los 27 grados y medio de latitud, y sin pasar al occidente del mismo río.

63. Los guaranís de las Misiones o pueblos del Uruguay, tienen terror pánico a los tupís, porque les han muerto muchos en los beneficios de yerba del Paraguay y cuidando de los ganados, y por que tambien han sorprendido y muerto algunos demarcadores de limites. No los he visto, pero en los citados pueblos me informaron que los tupís eran tan errantes, que no tenian domicilio, ni dormian dos noches en el mismo sitio; que no tenian idioma y ahullaban como los perros; por que su labio inferior estaba cortado en dos mitades por un tajo vertical; que comian carne humana; y que habiendo pillado a dos, murieron en los pueblos sin querer comer ni beber. Un manuscrito que leí de un jesuita, copiaba mucho de lo dicho, añadiendo que viven en jaulas que hacen en lo alto de los árboles.

64. Yo creo que el miedo ha inventado estas noticias; lo cierto es que en enero de 1800 salieron del bosque como doscientos tupís, y atravesando a nado el río Uruguay, que a la sazón estaba muy bajo, por un arrecife entre los pueblos de Concepcion y santa Maria la mayor, subieron a la lomada de Mártires. De alli se dirigieron al Norte doce leguas, y destruyendo un pueblo principiado a los Guaranís matando a muchos, siguieron y se internaron en los bosques. Alarmados los pueblos vecinos siguieron de lejos a los tupís y pillaron algunos muchachos estraviados, que se fugaron luego por el descuido que hubo en guardarlos; menos una muger de unos diez y ocho años y otra de doce, que permanecieron un mes en casa del administrador del pueblo de Concepcion, y se escaparon tambien al bosque.

65. Segun me informó dicho administrador, sus huéspedes se bañaban con frecuencia, bailaban alguna vez solas, y buscaban cada una un guaraní para dormir, enfureciéndose contra quien intentaba estorbarlo. Su idioma pareció diferente a todos sin narigal ni gutural: segun se pudo comprender, los tupís tienen pueblos y las casas cubiertas con ojas y esteras de palma; cultivan los frutos y raices del pais, de que viven y de la caza, miel y frutas silvestres; al pan de maiz y de mandioca llaman Ense; los varones no se pintan y van totalmente desnudos, aunque muchos tienen para el frio una camiseta muy corta, estrecha sin mangas ni cuello, tejida del Caraguatá por las mugeres; estas envuelven la cintura con una manta o pedazo de la misma tela, las mismas llevan al cuello sartas de lentejuelas hechas de conchitas, ambos sexos no se arrancan cejas ni pestañas, cortando el cabello a la altura del hombro y el de delante a media frente. Su estatura es algo más alta que la guaraní, el color más claro, el semblante más despejado y alegre, y las facciones mejores. Parece que hacen la guerra a toda nacion, quitando la vida a todos los sexos y edades. He visto sus armas que son el garrote y flechas descritas en el núm. 60; y he tenido unos cestos perfectamente tejidos de caña en que meten la fruta y lo que encuentran, y los llevan suspendidos de una cuerda que ciñe la frente.

INDIOS GUAYANÁS

66. Son muy diferentes de los que en el Paraguay llevan este nombre siendo Guaranís. Habitan los bosques orientales al río Uruguay desde el río Guairai para el Norte, y tambien los orientales de río Paraná mucho más arriba del pueblo de Corpus. Parece que sus pueblos son muy pequeños e independientes unos de otros. Difieren de todos en el idioma; en hablar alta, agria y desentonadamente, en su color muy notablemente más claro; en el semblante más alegre y activo, y en que algunos tienen ojos azules: su estatura peca algo en descarnada, bien proporcionada, sin ceder a la española. No tienen barba, y conservan las cejas y pestañas. Son pacíficos y aun cariñosos con los estrangeros. A los varones se les conocen en brazos y muslos muchas cicatrices, que creo sean resultas de los duelos y fiestas semejantes a las de los Charrúas del núm. 23, y de otras naciones. Los mismos ciñen la frente con una venda de plumas tejidas con hilo de caraguatá, siendo las rojas las que más aprecian, pero van totalmente desnudos, y las mugeres cubren la cintura con un trapo tejido de dicho caraguatá. Parece que temen pasar rios grandes, y se asemejan a los tupís en las armas, en las habitaciones, en ser agricultores, y en no tener animales domésticos.

67. Cuando la conquista se hallaba esta nacion, como las dos precedentes, circundada de Guaranís en la provincia de Ytati o campos de Jerez. La redugeron los españoles formando de ella un pueblo que fué asaltado y destruido por los portugueses, sus indios conducidos al Brasil y vendidos como esclavos. Barco los hace guerreros y les da nombres guaranís, como lo hizo con otras naciones: pero segun lo que deduzco de la relacion misma del que los conquistó, pasaban de quinientas almas en cuatro pueblos: vivian de la agricultura del pais: eran tranquilos y amables, y usaban idioma propio.

INDIOS NALIGUBNAS

68. Ignoraria hasta el nombre de esta nacion, si los indios Albayas que la han visto, no me dijesen, que habita dos jornadas al Levante de los campos de Jerez, como por los 21 grados de latitud, en cuevas subterráneas; que son pocas familias, totalmente desnudos y con idioma diferente de todos; que cultivan las semillas del pais y que se parecen a los Guaranís en la estatura, color y pusilanimidad, aunque defienden la entrada de sus casas con las flechas del número 60.

INDIOS GUASARAPÓS.

69. Este nombre les dan las relaciones antiguas, aunque es muy frecuente llamarlos hoy Guachies. Siempre han vivido en unos lugares bajos y pantanosos inmediatos a las albercas donde principia el río Guasarapó o Guachic que entra por el Este en el del Paraguay en los del 19º 16’ 30" de latitud. Su domicilio no puede reconocerse sino entrando por el mismo río Guasarapó por donde ellos bajan en canoas iguales a las de los Pajaguas hasta el río Paraguay y luego por este buscan a los indios Albayás, de quien son y han sido siempre tan íntimos amigos, como que hacen juntos la guerra a los Ninaquiquilas, a nuestros pueblos de Chiquitos y a otros; y aun suelen los de la una nacion casarse con las mugeres de la otra. Asi es que estando juntos, no se diferencian en el color, ni en la estatura que será de cinco pies y ocho pulgadas (11), ni en la elegancia de sus formas; ni en raparse el pelo cuasi a la navaja, ni en el valor y soberbia, ni en llevar la cabeza sin gorro ni sombrero: su idioma es diferente de todos.

70. Parece que toda la nacion no llega a setenta guerreros, que no cazan ni cultivan y que subsisten del arroz silvestre de sus lagunas, pescando a flechazos y con anzuelos de palo y fierro, comprándolos a los españoles por mano de los Albayas. Estos aseguran que hombres y mugeres Guasarapós van totalmente desnudos; pero vemos que algunos tienen una manta adquirida en la guerra o comprada a los Albayas, a quien se parecen tambien en no tener barbas, en arrancarse las cejas y pestañas, y en usar el Garbote del num. 13. En la guerra usan el garrote sin porra como los Albayas, y las flechas del numero 60, y solo conservan las mugeres y niños como dige número 10, de los que tienen algunos.

INDIOS GUATOS.

71. Han vivido siempre estos indios dentro de una laguna al Occidente del río Paraguay, con quien comunica en los 19º 12’ de latitud, y algunos escritores los han equivocado con los Guasarapós. Jamas salen de su laguna, y la navegan en canoas sumamente pequeñas dos individuos en cada una; pero luego que descubren que alguno les mira, se ocultan entre los juncos y espadañas; de modo que nunca han tratado con indio ni español, ni se han dejado observar de cerca. Se presume que no llegan a treinta familias con idioma diferente de todos.

INDIOS OREJONES.

72. Vivia esta nacion cuando la descubrieron los españoles, en la falda oriental de la sierra de Santa Lucia o S. Fernando, pegada a la orilla occidental del río Paraguay y en la costa de las lagunas Maniore, Yaibá y otras que comunican con dicho río, desde el paralelo de 19 grados hasta la isla que hay cerca de la boca del río Jaurú que tambien ocupaban. Alvar Nuñez cautivó la mayor parte de esta nacion, y por fuerza la llevó a la Asuncion, donde fué repartida en encomiendas y confundida con los Guaranís. Los pocos que se escaparon a Alvar Nuñez, viven en la falda de la citada sierra y orilla del río inmediato en casas cubiertas con esteras de juncos. Los Albayas les llama Agintequedichagas y Alvar Nuñez cap. 32, 53, 54, 55, y 68, les da muchos nombres. Lo mismo hace Schimidels cap. 32, 34 y 35, y todos pertenecen a sus diferentes pueblos. Pescaban y pescan sin tener canoas, y subsistian principalmente de la agricultura; pero no tenian las gallinas que dice Alvar Nuñez, ni las almendras, uvas, etc. que les da Rui Diaz lib. 2, cap. 2. Schimidels cap. 32, cuenta que las mugeres se cubrian de la cintura a la rodilla, y en el capítulo 34, que eran. hermosas y totalmente desnudas. Los Albayas dicen que ambos sexos van desnudos del todo, y que los varones usan Barbote; pero Schimidels lo hace tambien llevar a las mugeres, y dice que es de cristal azul de un dedo. Alvar Nuñez da a los dos sexos las orejas que diré de los Lasguas núm. 128; y SchimideIs viene a decir lo mismo de los varones: pero los Albayas solo agrandan las orejas de las mugeres y cuelgan de las de los varones piedras de varios colores, y se las engastan en la nariz. Estas variedades pueden venir de la diferencia de pueblos; más no puede creerse lo que dice Alvar Nuñez, que se anudaban las orejas al cogote. Los citados Albayas dan a los Orejones mayor estatura que a los Guaranís, aunque el mismo color. Les niegan la barba, les dan idioma propio y desconocido, con flechas y garrotes solo para defenderse.

INDIOS NIUQUIQUILAS.

73. Asi los llaman los Albayas: creo son los Poteteros de Chiquitos y los Simanos, Barcenos y Lathanos de Schimidels cap. 45. Habitan un bosque que principia por los 19 grados de latitud, separado algunas leguas del río Paraguay, y divide el Chaco de la provincia de los Chiquitos. Tiene la nacion muchos pueblos, independientes unos de otros; los más australes estan en amistad con los Albayas, y los demas en guerra con flechas y garrotes, limitándose a la defensiva: subsisten de la agricultura y no conocen animal doméstico. No tienen barbas, ni cortan el cabello, ni se arrancan cejas ni pestañas. En su estatura, color, cabello y formas son como los Guaranís: su idioma propio y desconocido: las mugeres se envuelven en mantas que tejen del Caraguatá, y adornan la garganta con sartas de judias de lindos colores. Los varones adornan la cabeza con coronas de plumas, y aunque lo comun sea ir desnudos, usan de dichas mantas para cuando tienen frio.

INDIOS GUANÁS.

74. Los españoles les dan este nombre; los indios Lenguas el de Apianche, los Enimagas el de Chane y los Machicuis el de Sologuá. Los últimos dividen la nacion Guaná en ocho parcialidades o pueblos principales con los nombres de Layana, Ethelenoe, o Quiniquinao, Chabaraná o Choroaná o Echoaladi, Cainacono o Nigotesibué, Ynmaenó Tay y Yamocó; cuasi cada nacion de sus confinantes, divide los Guanás en más o menos trozos dando a cada uno su nombre diferente, como sucede tambien a SchimideIs cap. 14 y 45, y a otros autores. La confusion y variedad de nombres, puede ocasionar el que los no impuestos en ellos los crean diferentes naciones multiplicándolas, y tambien el que crean haberse esterminado las mencionadas por los escritores y que no se encuentran hoy.

75. Cuando arribaron los primeros españoles, vivian los Guanás entre los paralelos de 20 y 22 grados en el Chaco o al Occidente del río Paraguay, y no pasaron este río hasta el año 1673. Los españoles los dividen en seis parcialidades, que se gobiernan sin dependencias unas de otras por la asamblea citada núm. 54, y cada una tiene uno o más caciques, que en todo son como dige en dicho número. Tienen la costumbre de que el primogénito del cacique, sea reputado por cacique, viviendo el padre, de todos los que nacen algunas lunas antes y despues que él.

76. La parcialidad llamada Laiana o Eguacaachigo, que numera como 1800 almas, habita hoy el sitio llamado Lima, pasó al Norte del río Jejuí que vierte en el del Paraguay por el Este en los 24º 7’ de latitud. La parcialidad Echoaladí o Chabaraná que tendrá unas 2000 almas, se estableció en 1797, en las tierras del pueblo de Caazapa por los 26º 11’ de latitud. La Equiniquinao que será de 600, esta dividida viviendo parte en el paralelo de 21º 16’ al Occidente del río Paraguay, distando de él ocho leguas, y el resto incorporado con los Albayas.

77. La Ethelena compondrá como 3000 individuos, parte de los cuales esta al Poniente del río Paraguay cerca de los Equiniquinaos, y los demas al Levante del mismo río por los 21 grados de latitud en una serrezuela llamada por ellos Echatiyá. La Niquicactemia, que tendrá, como 300 almas con tres caciques, esta por los 21º 32’ de latitud al Poniente del citado río dividida en cuatros pueblos. La última es la Echoroaná que cuenta con 600 individuos, esta incorporada con los Albayas bajo los 21 grados, en unas lomadas al Este del río Paraguay.

78. Las casas de cada uno de sus pueblos, forman una plaza cuadrada, y el plano topográfico de cada casa, se encierra en dos líneas paralelas largas veinte varas, distantes diez, uniendo sus estremos con un semicírculo en cada lado. En ambas paralelas clavan varas y las encorvan, y añadiendo otras bien atadas a sus puntas, llegan a formar arcos a un palmo unos de otros y verticales. A ellos atan a la misma distancia varas horizontales que con los arcos, forman un enrejado. Luego cubren el todo con paja larga bien atadas a las varas, quedando una bóveda cilíndrica de una a otra paralela, que cierran por los costados con bóvedas cónicas hechas con varas y paja unidas a la cilíndrica.

79. No hay más pared que el grueso de la bóveda, ni más agujero que la puerta; sirve la casa para doce familias, que se acomodan sin mámparas ni divisiones. No duermen en el suelo sobre pieles como las demas naciones, sino en camas. Las hacen clavando en tierra cuatro estacas con sus horquillas, en las que afianzan cuatro palos horizontales, que forman un bastidor, sobre el cual ponen varas delgadas, luego pieles y encima paja. Difieren de las demas naciones, en que diariamente barren sus casas, y en el idioma muy gutural narigal y difícil.

80. Regulo su estatura media en cinco pies y tres pulgadas francesas, aunque sus individuos no me parecen tan iguales como en las demas naciones. Tienen de comun con ellas, no tener barba. Tambien se les asemejan en no reír a carcajadas, en lo flemático de sus procedimientos, en lo dicho en los números 57, 58 y 59, y en no usar luz artificial, ni tener juegos, bailes, cantares ni instrumentos músicos.

81. Reciben, alojan y dan de comer a los pasageros algunos dias, acompañándolos hasta el pueblo inmediato (12). Son menos silvestres que las demas naciones; hablan más unos con otros y a veces forman tertulias. Poseen muy pocos caballos, vacas y ovejas, y subsisten principalmente de la agricultura del pais. Se arrancan las cejas y pestañas, llevan los varones el Barbote del núm. 13, cortan el cabello a media frente; se afeitan una grande media luna sobre cada oreja; el pelo restante crece y cae naturalmente. Algunos se rapan la mitad anterior de la cabeza, y otros toda, dejando un mechón en lo alto. Los varones que han estado largas temporadas con los españoles, visten como estos, pero los demas lo hacen como los Paiaguas, y lo mismo las mugeres segun se dirá en el núm. 112, pintándose el cuerpo del mismo modo.

82. El matrimonio lo verifican sin otra ceremonia que hacer un regalito el novio a la novia, precediendo pedirla a los padres que convienen fácilmente, pues no conocen desigualdad de clases ni de fortuna. Antes de todo estipula el pretendiente con la novia, en presencia de sus padres y parientes, el género de vida comun, y las obligaciones de cada contrayente, por que no son las mismas en todos los matrimonios, dependiendo mucho del capricho de las mugeres. Regularmente recae, sobre si la muger ha de hilar y teger una manta al marido; si le ha de ayudar y en qué términos a cultivar la tierra; si ella ha de traer o no la leña y el agua, si lo ha de guisar todo o solo las legumbres; si el marido ha de tener una sola muger y la muger muchos maridos: en este caso, de cuantas noches o dias estarán juntos: finalmente contratan hasta las cosas más mínimas que pueden ocurrir. A pesar de tales contratos, no contraviene en pena el que falta a ellos, ni por eso deja de ser el repudio o separacion tan libres como todas las cosas, y aun más frecuente en esta nacion que en ninguna, cuasi siempre ocasionado por las mugeres.

83. El motivo de esto es, ser muchos más los varones que las mugeres; no por disposicion de la naturaleza, sino por que las madres conservan a sus hijos varones, y entierran vivas luego que las han parido a muchas de sus hijas. No todas las madres practican esta barbaridad y las que lo hacen no es con todas las hijas, sino con la mitad poco más o menos. Tambien las hay que entierran algunos varones, pero con el cuidado de conservar muchos más hijos que hijas, para que asi sean estas más felices y buscadas segun dicen las madres.

84. Efectivamente las mugeres guanás son más apreciadas, limpias y altivas: se casan a los nueve años, dan la ley en los contratos matrimoniales, y aun usan algunas coqueterias. Los varones se casan más tarde, no son tan puercos, se adornan y pintan algo más que en las otras naciones. Pasan por sodomitas; es frecuente robarse las mugeres y escaparse con ellas: apalean los maridos al adúltero, no a la adúltera. La poligamia dura poco, y no es tan frecuente como parece debiera ser.

85. Al arribo de los primeros españoles, iban, como hoy, voluntariamente porciones grandes de guanás a incorporarse con los albaias, para cultivarles la tierra y servirles en traer leña, guisar, armar los toldos o casas, cuidar de los caballos, y en lo que les mandan, sin más estipendio que la comida. Por esto los albaias les llaman sus esclavos; pero esta sujecion la dejan los Guanás cuando les da la gana sin oposicion de los albaias; estos les mandan pocas cosas, nunca con imperio ni precision, y dividen con los guanás cuanto tienen sin esceptuar a sus mugeres. Yo he visto que un albaiá queria abrigarse con su manta, y viendo que se abrigaba con ella su esclavo, ni aun le insinuó que la queria.

86. Tambien van al Paraguay con mucha frecuencia cuadrillas de cincuenta y cien guanás, sin llevar muchachos y cuasi siempre sin mugeres; ya porque estas escasean, y ya porque no quieren viajar sino en buen caballo y con otras comodidades que pocos maridos tienen. Dejan en depósito todas sus armas en la casa del primer alcalde español que encuentran; alquilan sus brazos para la agricultura a los españoles, y aun para servir de marineros en los barcos que van a Buenos-Aires. Trabajan con flema, y para que no los ostiguen, prefieren ajustar lo que han de hacer por un tanto. Algunos hacen su casa, cultivando por su cuenta, y a veces se hacen cristianos casándose con alguna negra o india guaraní de las que hay en las casas españolas. Si no viesen la esclavitud en que tiene a los guaranís de nuestros pueblos su gobierno en comunidad, los guanás se españolizarian luego con mucha utilidad. Por lo comun al cabo de un año o dos, se retiran a su pais las cuadrillas de guanás tomando al paso sus armas, llevando el producto de su trabajo en vestidos y herramientas. Si tardan más en regresar, va a persuadirles la vuelta algun indio acreditado de su pueblo, y se van con él.

87. Los médicos de los guanás son algunas mugeres viejas, que les curan como se dijo número 21. Entierran a los muertos a la puerta de su casa, y los llora la familia. Jamas hacen otra guerra que la defensiva con flechas y garrotes; pero se defienden con valor, y matan a todo varon adulto, conservando las mugeres y muchachos, dándoles el destino dicho en el número 10.

88. Aunque nada enseñan ni prohiben a los hijos, ni estos hacen nada hasta casarse formando familia aparte, les dan alguna vez algun bofetón para contener sus impertinencias. A la edad de unos ocho años, hacen los muchachos una fiesta que no repiten los mismos sino otros los años sucesivos. Consiste en irse juntos de madrugada al campo, y volver, sin haber comido ni bebido, en procesion silenciosa al pueblo. Alli las madres y demas mugeres les calientan la espalda en una hoguera, y las viejas con un hueso puntiagudo les atraviesan los brazos muchas veces, sin que los pacientes den indicio de sentimiento; siendo el postre de la funcion, darles las madres judias y maiz hervidos. Tambien los guanás adultos tienen sus fiestas iguales a las que describiremos de los Paiguas Núms. 115, 116 y 117.

INDIOS ALBAIAS.

89. Los indios Machicuis les llaman Tajuanich; los Enimagas, Guaiquiles; y Schimidels de muchas maneras en los capítulos 25 y 44. Cuando arribaron los españoles, vivian los albaias divididos al Occidente del río Paraguay y por los 20 y 22 grados de latitud: alli se combinaron con los Paiaguas, y mataron a Aiolas y a muchos españoles, segun se verá, cap. 18, núm. 40. Despues en 1661, pasaron los albaias la primera vez el citado río y acometiendo al pueblo de Santa Maria de Fé, que estaba junto al mismo río en los 22º 5’ de latitud, mataron muchos guaranís y precisaron a los demas a transmigrar. En seguida volvieron muchos albaias a su pais, quedándose la mayor parte en el conquistado o al Este del río Paraguay. En 1672, descubrieron el pueblo de Ypané o Pitun, y acercándose de noche, pasaron la zanja que le circundaba sobre un puente que hicieron con sus lanzas pero habiéndoles oido los del pueblo se retiraron.

90. Encontraron al paso, paciendo en el campo, algunos caballos viejos que arrearon para adelante, y fueron los primeros en que se ensayaron a montar. Locos de contentos con esta adquisicion tan nueva para ellos, volvieron pocos meses despues y robaron otros caballos y yeguas. Ufanos con sus ventajas, determinaron destruir al citado pueblo y marcharon contra él en diciembre de 1673; más teniendo el pueblo noticia anticipada del ataque que le amenazaba, lo avisó al de Guarambaré y juntos se dirigieron a la capital del Paraguay incorporándose al paso el pueblo de Atirá.

91. Con esto quedaron los albaias dueños de la provincia de Ytati, que se estendia desde los 24º 7’ de latitud, o desde el río Jejui hasta los 20 grados, sin pasar al Poniente del río Paraguay, y en ella han dado nuevos nombres a todo, dificultando la inteligencia de la historia. Por ejemplo, llaman Guachie, Appa y Aquidaban, a los rios Guasarapó, Corrientes, y Piray, y Agaguigo al distrito de Pitun, Pirai e Ytati, etc.

92. Desde dicha provincia de Ytati hicieron correrias hácia el Mediodia, y con sus repetidos ataques en diferentes tiempos, hicieron muchos destrozos en el pueblo de Tobatí, precisándole a transmigrar en 1699. No satisfechos con esto, venian desde dicha Ytati cuando les daba la gana, y atacaban hasta las quintas de la Asuncion, logrando destruirlas y matar a muchos centenares de españoles, faltando poco para esterminarlos totalmente. Pero oportunamente llegó entonces D. Rafael de la Moneda por nuevo gobernador, quien con sus buenas disposiciones, precavió los ataques y logró, el año de 1746, hacer la paz con los albaias, que habian ya puesto en los mayores apuros a la villa de Curuguati. Despues no siendo conforme a su sistema el vivir en paz, dirigieron la guerra contra los Orejones, Nalicuegas, y Guaranís silvestres, y contra los pueblos de la provincia de Chiquitos, en la que han precisado a transmigrar al del Santo Corazon. Tambien la han hecho por temporada a los portugueses.

93. Los albaias se dividen en cuatro parcialidades principales. Las tres llamadas Echiquebó, Gueteadebó y Beutuebó que juntas compondrán dos mil almas: viven al Este del río Paraguay en las serrezuelas que ellos llaman Noatequidí y Noateliyá, situadas entre los 20º 40’ y los 21º de latitud. La parcialidad Catiquebó, esta dividida en tres pueblos. El uno de trescientas almas, habita las serrezelas llamadas por ellos Nogoná y Nebatena en los 21º de latitud al Este del río Paraguay: el otro de quinientos individuos, esta entre los rios Ypané y Appa o Corrientes, cerca del del Paraguay; y el 3º que no baja de mil almas, esta situado al Occidente del dicho Paraguay por los 21º 5’ de latitud en la orilla de la laguna llamada antiguamente de Aiolas. Este último pueblo tiene por cacique principal a Nabidrigisi o Cambá cuya estatura es de seis pies y dos pulgadas. El año de 1794 le pregunté la edad que tenia, y dijo que la ignoraba: pero que vió principiar la obra de la catedral de la Asuncion, estando ya casado y teniendo un hijo. Dicha obra se hacia en 1689, y suponiendo tuviese entonces quince años, resultaba su edad de ciento veinte. Cuando le pregunté tenia el cuerpo algo agoviado, el cabello por mitad cano, y la vista debilitada segun él decía; pero no le faltaba diente ni muela ni pelo en la cabeza, y montaba a caballo, empuñaba la lanza e iba a la guerra.

94. Los albaias se creen la gente más noble del mundo, la más valerosa, generosa y leal en cumplir su palabra, desdeñando toda otra ocupacion, no hacen sino cazar y pescar para vivir, y la guerra. Para esto tienen bastantes y buenos caballos, que estiman mucho; y los que destinan para las batallas no los enagenarian por nada del mundo. Algunos usan freno de hierro, otros lo hacen con dos palos que sirven de alacranes atravesando otro para bocado; los restantes atan la mandíbula inferior del caballo con una correa, de la cual salen dos para riendas. Montan en pelo cuasi sobre las ancas, aunque sus mugeres lo hacen a piernas abiertas sobre un mal aparejo.

95. No conocen las bolas de los Pampas números 43 y 44, ni el lazo de los españoles, ni se sirven de las flechas sino para cazar y pescar. Sus armas son una lanza muy larga y una Macana o garrote de una vara y cuasi dos pulgadas de diámetro, igual, muy pesado, y capaz de matar un hombre o romperle las piernas cuando lo arrojan de lejos y mejor sin soltarle de la mano.

96. Cuando van a la guerra, montan sus peores caballos, pero para acercarse al enemigo, cada uno conduce por la brida el destinado para la batalla, y le monta soltando el malo luego que estan a punto de obrar. Si no logran sorprender, intentan circundar, y sino lo consigue, se apean tres o cuatro y se acercan mucho a pie arrastrando y sacudiendo pieles de Yaguareté con la idea de espantar y desordenar los caballos enemigos, y para incitar que sobre ellos se haga una descarga general. Si lo consiguen se arrojan todos como rayos, y son raros o ningunos los que se les escapan.

97. Para contener estos ataques, es preciso buscar apoyo en los costados, y poner a pie tres o cuatro hombres en ellos, y en el centro que sean los mejores punteros, para que de muy cerca estropeen o maten alguno de los de las pieles, conservándose los restantes en buena e inmovil formacion. Conseguido el obgeto, se destacan algunos albaias a recoger el muerto, y permitiéndoselo se van todos. Pero si para seguir a alguno que con estudio se separa de los otros, o para recoger los caballos malos que ellos dejaron, se pierde la formacion, vuelven caras y acometen con furor. Tambien saben disponer emboscadas peligrosas, hacer falsos ataques, y en fin, aun con la ventaja de las armas de fuego, no hay que lisongearse tantos a tantos, ni aun con alguna superioridad de número. De contado, si la victoria esta por ellos raro enemigo se les escapa; y si les es contraria, pierden poca gente por la ventaja de los caballos. Matan a todo enemigo adulto, conservando a los muchachos y mugeres tratándolos como a los guanás sus esclavos segun dige núm. 85, de modo que el albaia más pobre, tiene tres o cuatro de estos esclavos habidos en la guerra, y entre ellos algunas españolas, que aunque las cogieron adultas y con hijos, no quieren volver a estar con sus parientes y maridos.

98. Computo la estatura media de los albayas, en cinco pies y ocho pulgadas francesas (13), y creo que sus formas y proporciones son muy superiores a las europeas. Llevan los varones el barbote del núm. 13, y los dos sexos se afeitan la cabeza, dejando las mugeres una cresta o tira ancha una pulgada, alta poco menos, desde la frente a lo más elevado de la cabeza. Nadie deja de arrancarse las cejas y pestañas, y dan por motivo, que no son animales para criar pelos. Miran con más despejo que las naciones precedentes, y hablan más unos con otros, aunque se les parecen en lo dicho en los números 57, 58 y 59.

99. Su idioma es diferente de todos sin narigal ni gutural; me parece pomposo y que sus nombres propios son significativos como entre los vizcainos. Ademas de la particularidad de no conocer nuestra letra F tiene la de terminar las mugeres y los muchachos las palabras de diferente manera que los varones adultos. Sus caciques son como quedan dicho núm. 54, y nadie les manda en paz ni en guerra, gobernándose por la asamblea citada en el núm. 20. Sus casas o toldos son los descritos núm. 42, pero espaciosos, elevados y cubiertos con esteras de juncos no tejidos sino puestos a lo largo y cosidos o pasados con algunos hilos.

100. Schimidels cap. 44 dice, que tenian domésticas gallinas y otras aves y ovejas de Indias; pero seguramente no hubo tal. Modernamente se han provisto algunos de los Albayas de canoas como las de los Payaguas; pescan con anzuelos y a, flechazos; y tambien se han dedicado a criar caballos, ovejas y vacas en cortas cantidades sin ordeñarlas, por que aborrecen la leche como todo indio silvestre. Por lo que hace a vestidos, adornos, pinturas, médicos y modo de curar los enfermos, fiestas y borracheras, todo es lo mismo que diré luego de los Payaguas. Pero las mugeres Albayas, que son francas y algo zalameras, hacen una o dos veces al año su fiesta particular. Dan vueltas al pueblo, llevando en las lanzas de sus maridos las cabelleras y despojos de los enemigos muertos en las batallas, y cada una pondera las hazañas de su esposo. Como todas pretendan que el suyo es el más valiente, se acaba siempre la funcion dándose muchos cachetes y puñadas, hasta que cansadas y ensangrentadas la boca y narices, se va cada una a su casa. Los maridos no toman parte en la fiesta, pero cuando la ven concluida, se emborrachan todos menos las mugeres y muchachos, que nunca beben sino agua.

101. Los varones Albayas son altivos, soberbios e indomables, comen todo manjar, pero sus mugeres casadas, no prueban la vaca, capivara, ni mono, sino la carne de animales pequeños, todos los pescados y las legumbres. Las solteras no comen ninguna carne, sino legumbres y los pescados cuya longitud sea menor de palmo y medio. Ninguna de ellas prueba cosa que tenga o pueda tener gordura estando con su menstruacion; por que dicen salieron cuernos a una que comió pescado gordo estando en dicha situacion.

102. Las mugeres Albayas abortan con violencia a todos sus hijos, y no conserva cada una sino uno. Este es por lo comun el último que conciben, cuando se figuran que no tendrán más segun la edad y robustez con que se sienten. Si equivocadas en este concepto conciben otro del que conservaron abortan al último concebido; y si esperando tener al último no le conciben, se quedan sin ninguno.

103. Reprendiendo yo un dia tan bárbara costumbre, que no es muy antigua entre ellos, afeando el que matasen a sus propios hijos, de que se seguia el esterminio de su nacion, me contestaron los maridos, que ellos no se mezclaban ni les correspondia en negocios de mugeres, y una muger me dijo: "para que nos eviten el trabajo de criarlos y conducirlos en nuestras marchas frecuentes, hemos imaginado abortarlos luego que nos sentimos embarazadas".

104. Abandonan a los enfermos que no pueden seguir cuando el pueblo se transfiere a otra parte, y tambien cuando la enfermedad es muy larga. La familia y parientes lloran a los difuntos, y su luto dura tres o cuatro lunas. Se reduce a que la muger, hijas y esclavas no comen sino vegetales, y guardan tal silencio, que a nada contestan una palabra. Cada pueblo tiene su cementerio: si acaece la muerte tan lejos de él que teman corrupcion, envuelven el cadáver en una estera, le cuelgan de un árbol hasta que se le caen las tripas y queda acartonado, y le llevan al cementerio. Entierran con él sus armas y alhajuelas, matando sobre el sepulcro cuatro o seis de sus mejores caballos. Yo me persuado que entierran las armas etc. por separar todo lo que pueda traerles a la memoria el difunto; cosa que les incomoda tanto que jamas le nombran, ni le miran, ni tocan, y ni lo enterrarian sino lo hiciese alguna vieja o viejo por lo que les pagan mucho.

INDIOS PAYAGUAS.

105. Esta nacion asi hoy como en tiempo de la conquista, era puramente marinera, y dominaba privativamente la navegacion del río Paraguay desde los 20 grados hasta su union con el Paraná. Por esta razon llamaban entonces los Guaranís a este río Paraguay, río de los Payaguas; cuyo nombre alteraron algo los españoles. Estaba la nacion dividida en los trozos Cadiqué y Siacuá que conservan hoy; pero los primeros españoles dieron al primero el nombre de paiguá que era el de toda la nacion, y al segundo el de Agás y Agacé que era el de su cacique principal, cuya memoria se conserva aun. Rui Diaz que ignoró esto, en el libro 1º cap. 6 los hace dos naciones diferentes y supone equivocadamente que los Agaces han sido esterminados. Los españoles del dia llaman Sarigues a los Cadiqués y a los Siacuás Tacumbús.

106. Los cadiqués vivian en los 21º 5’ donde comunica la laguna de Ayolas con el río Paraguay, y los siacuás más abajo de la Asuncion, pero unos y otros mudaban con frecuencia sus domicilios o pueblos. No solo mataron los Paiaguas a muchos de los conquistadores como se verá en el cap. 18, núm. 10, 31 y 40, sino que tambien destruyeron la villa de Talavera y el pueblo de Ohomas, y cuasi verificaron lo mismo en los de Ypané, Ytati y, Santa Lucia. En el archivo de la Asuncion hay una carga de autos en que constan sus innumerables fechurias, crueldades y perfidias contra los españoles, de quienes han sido los enemigos más constantes, y tambien de toda las naciones de indios.

107. Pero como son sumamente astutos, y observaron que se aumentaban los españoles en el Paraguay, y los portugueses en Cuiabá, conocieron que los cogian en medio, y que sus fuerzas no bastaban contra tan poderosos enemigos. Entonces hicieron con los españoles alianza ofensiva y defensiva, reservándose la libertad de hacer la guerra particular a los indios que no fuesen protegidos por el gobierno español, y de poderse fijar, cuando les diese la gana, en la misma capital del Paraguay, sin que nadie se opusiese a su libertad, costumbres y modo de vivir. De resultas se establecieron los Siacuas o tacumbús en la Asuncion de 1740, y los Sarigués o cadiqués en el de 1790, componiendo un total como de mil almas. No es posible distinguir unos de otros; pues aunque los tacumbús hacia cincuenta años que formaban un pueblo con los españoles, conservaban sus vestidos, idioma y costumbres, sin tomar cosa alguna de los españoles. Prestan a estos algunos servicios útiles, vendiéndoles pescado, algunas canoas, vasijas de barro y mantas, etc. y el dinero que adquieren lo emplean luego en aguardiente, dulces, carne, etc. sin atesorar nada. El gobernador del Paraguay, deseando hacer mérito, pensó hacer bautizar a los paiaguas menores de doce años. Con esta mira hizo que los españoles regalasen un vestido a cada uno y otras cosas a sus padres, y consiguió que el 28 de octubre y 3 de noviembre de 1792, se bautizasen ciento cincuenta y tres de los niños; pero al momento vendieron los regalos por aguardientes y dulces y ninguno quiso ser instruido, ni era fácil traducir el catecismo en su lengua. Se pensó entonces en violentarlos; pero amenazaron con la guerra y quedó todo como antes.

108. El idioma payaguá es diferente de todos muy nasal y gutural, y tan difícil que nadie lo ha aprendido. Alvar Nuñez cap. 17, despues de referir de estos indios un cuento ridículo y falso, los hace como gigantes, pero yo regulo su estatura media en cinco pies y cuatro pulgadas francesas: su color no es tan obscuro como el de los Guaranís, su fisonomia muy despejada, sus proporciones bellas y su agilidad y soltura parecen mayores que en los albayas, guanás y otros a quienes se parecen en arrancarse el vello, las cejas y pestañas y en el Barbote del número 13. Tambien se asemejan en lo dicho en los núms. 57, 58, 59.

109. Igualmente se parecen a la mayor parte de todas las naciones, en comer a la hora que tienen gana sin avisar a nadie, y sin usar cuchara ni tenedor, con alguna separacion de la muger y los hijos, sin beber hasta despues de haber comido; en borrecer la leche; en el modo de encender fuego sin pedernal, haciendo girar una vara del grueso del dedo chico metida la punta en el agujero de una tablita, al modo de quien bate el chocolate, hasta que la frotacion violenta desprende un polvillo o aserrin encendido; y en temer que les caigan encima de noche nuestras casas.

110. Sus toldos son lo mismo que dige núm. 99, de los Albayas aunque no son tan espaciosos ni elevados. Las mugeres los arman y desarman, hacen las esteras, las ollas de barro muy pintadas y mal cocidas, guisan las legumbres y alguna vez el pescado, siendo lo comun guisarlo el marido, el cual siempre cocina la carne y trae la leña. Las mugeres jamas comen carne, porque dicen les haria daño, y todos separan con la lengua y depositan en los carrillos las espinas pequeñas de los pescados, y las arrojan todas juntas despues de haber comido.

111. Se gobiernan por la asamblea del núm. 20, y sus caciques son los que se dijo en el núm. 54. Hace poco que se acabó entre los Tucumbás la descendencia del antiguo cacique Agace, y no han elegido otro. El de los Sarigués es el primogénito de Cuatí a quien conocí de 120 años, porque me dió las mismas señales que dige de Navidriquí núm. 93. Conservaba blancos y bien puestos todos sus dientes y cabellos, aunque estos eran canos la tercera parte. Se quejaba de no poder correr y de la cortedad de la vista; pero aun pescaba, remaba y se emborrachaba como los demas.